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¿El nuevo poder? Facebook manipuló a sus usuarios durante las elecciones en Estados Unidos

Política

Por: pijamasurf - 11/05/2014

Otro experimento masivo de Facebook con sus usuarios, esta vez en el contexto de las elecciones de 2012 en Estados Unidos, con el propósito de medir su influencia en el comportamiento político de la sociedad.

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Una de las premisas elementales en torno al poder es que este, simplemente, no puede no utilizarse. Esta noción ha sido explorada lo mismo en tratados de política que en novelas, películas, series de televisión e incluso desde el conocimiento popular. El poder es una entidad extraña que obliga al ejercicio y la ejecución; es una fuerza que no puede quedarse quieta y de hecho nunca lo hace: no termina de abandonar a uno de estos agentes cuando ya se encuentra en posesión de otro. Por eso mismo es casi imposible tener poder y no emplearlo tanto como sea posible.

De ahí que, para algunas personas, con todo lo conspiracionista que pudiera sonar esta idea, sólo era cuestión de tiempo antes de que Facebook se decidiera a utilizar todo el poder que tiene a su disposición. En efecto, ¿quién actualmente tiene tal capacidad de penetración en las sociedades de todo el mundo? ¿Quién puede presumir tal número (poco más de mil millones, hasta junio de 2014), tan activo (40 minutos diarios, en promedio) de usuarios? Disimulado en el sopor inocente del entretenimiento y el tiempo ocioso, Facebook ha sabido colarse a la vida diaria de muchísimas personas en el mundo, ha sabido ganar nuestra atención, con todo lo que ello implica.

Ahora las sospechas se confirman, pues según reveló la propia compañía, 3 meses antes de las elecciones que se celebraron en 2012 en Estados Unidos, Facebook puso en marcha un experimento relacionado con este proceso, el cual consistió en dar prioridad de visibilidad a las noticias políticas compartidas por los usuarios en menoscabo de las actualizaciones de estado habituales. Así, por ejemplo, si alguien compartía una nota sobre Barack Obama o Mitt Romney (quienes se disputaron la presidencia del país), esta tuvo más importancia para el algoritmo de Facebook que un “Este día ha sido hermoso” que cualquiera pudo haber escrito.

De acuerdo con Lada Adamic, quien como científico trabaja para Facebook, este cambio en el feed cotidiano de los usuarios estadounidenses consiguió que, en general, el nivel de compromiso político reportado por los propios usuarios creciera de 64% al 67% en el periodo mencionado. Asimismo, en el artículo publicado al respecto, se asegura que:

Estos resultados sugieren que las emociones expresada por amigos en las redes sociales influyen en nuestro propio ánimo, lo cual constituye, en nuestro conocimiento, la primera evidencia experimental para el contagio a escala masiva de emociones a través de las redes sociales […].

En cuanto a si dichos “experimentos” violan las políticas de uso de Facebook, tal parece que estos pueden entenderse como las “operaciones internas” que una persona permite cuando abre su cuenta en la red social.

¿Cuál será el siguiente paso de Facebook? ¿O será que ya lo ha dado y ni siquiera nos hemos dado cuenta? Y si lo advertimos, ¿nos llamarán paranoicos?

Los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos parecen haber sido víctimas de una nueva "guerra del opio"

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En los últimos años México se ha convertido en el segundo productor mundial de opio del mundo; esto coincide con el incremento en el consumo de heroína en Estados Unidos que ha sido recientemente tema noticioso, particularmente después de la muerte del actor Philip Seymour Hoffman. Iguala es el epicentro del negocio de la adormidera que es transformada en la "heroína negra" mexicana que ha inundado el mercado estadounidense. En ese mismo municipio del estado de Guerrero, uno de los más pobres del país (pero con una poderosa industria clandestina) 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa fueron desaparecidos, detonando una ola de protestas e indignación en todo el país.

Escribiendo en el diario El Universal, Hector de Mauleón abre la caja de Pandora de sospechas, alertando que 10 días antes de la desaparición de los normalistas, la Casa Blanca había redactado un documento en el que manifestaba su preocupación por el incremento en el decomiso de heroína de más de 300% en los últimos 4 años en la frontera mexicana. Existen diversas versiones, pero las cifras señalan que entre 60% y 98% del opio en México se produce en Guerrero. Se cree que el opio representa por lo menos un negocio de 17 mil millones de dólares para Guerrero; esto sería más de la mitad de todo su producto interno bruto, lo cual significa claramente una "adicción" al opio en un sentido económico.

Por otro lado el escritor Luis González de Alba cree que: "El pleito de Iguala es porque produce el 98% del opio que México envía a EE.UU. 'Los muchachos' novatos fueron usados por los mayores. Quedaron en medio de la Guerra del Opio sin saberlo. El 68 fue un movimiento por mayor democracia. 2014 en Iguala es una guerra de narcos por montes sembrados de amapola".

No es necesario hilar demasiado fino para suponer que este boom del opio --el cual en su carácter relativamente incipiente debe de tender a generar enfrentamientos entre grupos de poder-- pudo haber cobrado víctimas, directa o indirectamente, más allá de la abyecta corrupción y colusión de los gobiernos locales. Iguala es tierra caliente en todos los sentidos, entre pobreza y analfabetismo y ahora enormes plantíos de adormidera (para sumarse a los grandes yacimientos de oro con los que cuenta la región, ciertamente no para el beneficio de los pobladores locales) y la Normal Rural Raúl Isidro Burgos es históricamente también semillero de guerrilleros. Cierta lógica perversa (¿o simplemente no-ingenua?) podría hacernos pensar que existe algo que va más allá de la teoría del abuso de poder local, aislado del Estado, con sus casualidades de guerra, y su posterior detonación de un movimiento de nivel nacional de protesta e indignación. Esta misma lógica teñida de una mirada esquiva es también la que nos sugiere que el mismo negocio de drogas como los derivados del opio no es controlado solamente por organizaciones rurales de narcotráfico, sino que en él participan veladamente organizaciones gubernamentales a escala global --no sólo alcaldes y gobernadores insubordinados. Esta lógica se mueve sólo en el terreno de la suposición, la de la persona común y corriente que especula y busca hacer sentido de lo que le es esencialmente insondable --acaso operando como el mecanismo de defensa de una víctima.

Siguiendo con este tren de ideas, consideremos el caso de Afganistán, el primer productor de opio en el mundo por mucho. En 1980 Afganistán no producía más de 1% del opio en el mundo. En esa misma época inició la Operación Ciclón de la CIA con presupuesto que llegó hasta a 630 millones de dólares en 1987, y que fondeaba (bajo la dirección del director George H. W. Bush) y armaba a los mujahideen en la guerra Afgano-Soviética. En 1986 Afganistán ya producía con sus cultivos de amapola 40% de la heroína en el mundo. En 1999 esto había llegado al 80%. Justo entonces subieron al poder los talibanes, quienes prohibieron el cultivo de amapolas y redujeron dramáticamente la producción de opio en más de un 80%. Esto, ¿casualmente? no duró mucho ya que después del ataque a las Torres Gemelas, Estados Unidos invadió Afganistán y los talibanes perdieron poder. Para 2005 Afganistán  había vuelto a hacer de las suyas y producía 87% del opio en el mundo, una cifra que siguió creciendo pese a que más de 50 mil soldados estadounidenses patrullaban tierras afganas. Existen versiones, no del todo infundadas, que vinculan a la CIA con el tráfico de drogas en distintas partes del mundo, incluyendo por supuesto, el opio en Afganistán. El dinero que se recauda con las drogas, alegan estas versiones, es utilizado para los llamados "black budgets", que fondean guerrillas y golpes de Estado en distintas partes del mundo.

El opio tiene un gran linaje como instrumento político, su cultivo ha financiado imperios y guerras por cientos de años. Vienen a la mente por supuesto las llamadas "Guerras del Opio", en las que el Imperio Británico se benefició enormemente de los recursos que obtuvo vendiendo opio en China así como del efecto narcótico que tuvo en la población (disminuyendo la capacidad la resistencia, por así decirlo). Por mucho tiempo después China fue el principal productor del mundo; sin embargo, con la llegada de Mao Zedong al poder y la constitución de una república comunista en 1949, el gobierno chino logró controlar su consumo y producción interna. La prohibición de la producción de opio en China desplazó su cultivo hacia el sudoeste de Asia, en particular a Laos, Burma y Tailandia para crear un “triangulo de oro”, para luego continuar hacia el corazón de Asia: Afganistán, Irán, Pakistán y Turquía. Por décadas, pero en particular en los años más álgidos de la Guerra Fría, la producción de opio fue el mecanismo favorito de las agencias de inteligencia para financiar gobiernos títere, ejércitos y guerrillas en la región.

No existe evidencia, que yo sepa, para decir que lo que sucede en México es una nueva articulación de esta "guerra del opio" que parece atravesar la historia de los últimos tres siglos solamente con el espejismo de interrumpirse (al menos no en el sentido de una clara estrategia política sirviéndose del opio como un medio para conseguir doblegar al pueblo, sí como un efecto colateral). Pero la coincidencia geográfica entre la desaparición de los estudiantes y la nueva industria clandestina del opio es ciertamente un fértil punto de partida para la investigación que hace casi inevitable jugar a especular y a conectar los puntos en la madeja. La teoría de la conspiración más maquiavélica que surge, de nuevo sin una base contundente, siguiendo esta línea histórica de las "guerras del opio", es que se trata de una desestabilización intencional del país --una forma de administrar opio a las masas, lo mismo con la miseria y la violencia que con las ideas distractoras de revolución, levantamiento y protesta; un teatro de guerra y manipulación donde los actores que se alzan y caen son solamente títeres de poderes que yacen por definición en la sombra, operando sus agendas ocultas y cosechando los dividendos de sus movimientos en un tablero de ajedrez invisible. Esta versión es frustrante y cognitivamente disonante, ya que por definición es insondable. La conspiración es una forma --en ocasiones patológica-- de lidiar con una realidad que nos agrede y que no podemos asimilar o al menos significar de manera coherente. Una forma de encontrar un aparente orden en algo que probablemente sea meramente caótico y sin un control piramidal. 

Una última reflexión. Se dice que en el caso de Ayotzinapa "fue el Estado"; ¿esto es porque el Estado es, ya de facto, un narcoestado? Y si es así, ¿quién es el verdadero capo?; ¿está en el cerro, está en Los Pinos, está en Estados Unidos? Estas son cosas que mistifican e indignan, pero que seguramente nunca sabremos. 

 

*       *     * ACTUALIZACIÓN

A casi un año de lo sucedido, este 7 de septiembre del 2105  El País publica una nota en la que sugiere una tesis muy similar:

"Según las informaciones recogidas", dice el informe de los expertos, "Iguala es un lugar de tráfico de heroína muy importante y una parte de ese tráfico se haría mediante el uso de autobuses que esconden la droga camuflada".

La conjetura, que los especialistas consideran "la más consistente", sería que sin percatarse los estudiantes se llevaron un cargamento escondido en uno de los buses y los narcos emprendieron un ataque feroz a los cinco autobuses para recuperarlo. "El negocio que se mueve en Iguala podría explicar la reacción extremadamente violenta y el carácter masivo del ataque", plantean.

 

Twitter del autor:@alepholo