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Los dioses borrosos de Google Street View

Arte

Por: pijamasurf - 10/13/2014

Google trata a todo rostro igual: como datos; dios o humano son lo mismo para el algoritmo

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Google, en su ya borrosa política de privacidad, hace que las imágenes que toma el carrito de Street View tengan un blur de los rostros de las personas que capta en su peregrinación mapeando las calles del mundo. Ya sea por la "imagen hecha en semejanza" o por la falta de habilidad tecnológica para distinguir, Google.

Hay cierto proceso democrático en el algoritmo: ya seas una celebridad en un espectacular, un rey, un simple trabajador pedestre o una estatua de un dios, aparecerás con el rostro borroso, en el anonimato.

Para la artista Marion Balac, del proyecto Anonymous Gods, esto es sintomático de la incipiente comunicación entre humanos y robots, donde ambos tienen problemas para reconocerse y diferenciarse. 

Google ha logrado identificar rostros-no-humanos emblemáticos, como el Monte Rushmore, pero la mayoría de las estatuas de dioses asiáticos siguen con la cara borrosa, porque su algoritmo trata a todo rostro como datos, lo cual por el momento significa que el gigante tecnológico puede ser engañado.

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Paga por lo que ríes: el espectáculo teatral que cobra sólo lo que consumes

Arte

Por: pijamasurf - 10/13/2014

Esta iniciativa borra las fronteras entre lo que es una compañía de teatro, un think tank y una agencia de marketing

Sufriendo un duro golpe fiscal propinado por el gobierno español, el TeatreNeu tuvo que recurrir a un ingenioso recurso para sobrevivir: cobrar sólo por lo que el público consume en términos de risas (que es lo que el público busca "adquirir" cuando va al teatro a ver una comedia). En una era donde todo es cuantificable y las personas quieren "hacer valer" su dinero, esta idea resulta completamente apropiada --si bien, con algún dejo de sarcasmo.

Las entradas para ver las obras montadas por esta compañías catalana son inicialmente gratuitas. Cada unidad de risa, medida con una pantalla de reconocimiento facial, cuesta 0.30 euros y existe un límite de 80 risotadas que hace que, al final, el boleto más caro llegue a costar 24 euros.

El precio se da a conocer al final del evento, donde la cuota es de 30 centavos de euro por risa. Pero el público no debe preocuparse por reír demasiado, ya que hay un límite de 80 risas, es decir que el máximo a pagar es 24 euros por persona.

Sobra decir que las respuestas fueron positivas a esta iniciativa que borra las fronteras entre lo que es una compañía de teatro, un think tank y una agencia de marketing. Al parecer, el problema con el modelo es que la tecnología para medir las risas supone una inversión que no muchos teatros están dispuesto a hacer, además de que existe también el argumento de que hay algo incuantificable en el teatro y medirlo todo es un despropósito.