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Inhalando rayas de espárrago y otras drogas prebióticas

Por: pijamasurf - 10/12/2014

Alimentos prebióticos podrían ser los precursores de mecanismos antidepresivos, nootrópicos y antiinflamatorios, abriendo un nuevo reino de salud y exploración psiconáutica modulada

esparrago

Entre el gourmet lúdico y la fanfarronería, algunos foodies londineneses pusieron de moda hace un par de años el consumo de polvo de espárrago a la manera usual en la que se esnifa la cocaína. Esta tendencia  conjuga la "comida molecular" con un aspecto teatral, tecnoemocional que se imprime a los alimentos, en este caso hacerlos sucedáneos de las drogas, una fantasía sana. La empresa que creó este particular microplatillo --síntesis de nutrientes, comida de astronautas o ejecutivos demasiado cosmopolitas-- se llama Bubble Food (una burbuja en la economía culinaria). 

Más allá de lo pretencioso o ridículo que suena inhalar ciertas verduras --y pagar por ellas como si fueran cocaína-- cuando seguramente es mejor disfrutarlas al vapor o con salsas (los buenos yonkis saben que la vía de administración es parte fundamental de la experiencia de una droga), hay algo que vale la pena rescatar de esta tendencia. Los usuarios del "espárrago" reportaban sentir un cierto bienestar --más allá del high simulado-- y esto fue lo que llevó a que este fructooligosacárido fuera la verdura de preferencia. Tal vez porque el espárrago es una "superfood", en tanto que es un alimento prebiótico, predilecto de las bacterias comensales que fermentan cierto tipo de carbohidratos y producen ácidos grasos de cadena corta como la acetona y el butirato, los cuales son importantes para el funcionamiento del cuerpo y el control de la inflamación. De manera indirecta, podemos decir que los espárragos son nootrópicos. La fibra de estas verduras alimenta a ciertas bacterias que ayudan al cuerpo a producir neurotransmisores como Gaba, dopamina y serotonina.

Existen estudios científicos que han encontrado propiedades antidepresivas y adaptógenas en los espárragos. Por otro lado su consumo puede alterar el olor de la orina, lo cual puede ser un problema si se practican, en fiestas orgiásticas inhalando vegetales, los llamado "baños dorados".

Aunque suene un poco a "pasarse de la raya", existe otro ejemplo de uso de prebióticos como una sustancia psicoactiva. Se trata del almidón resistente tipo 2, el cual puede encontrarse en los plátanos verdes, en las papas frías y en otros alimentos (así como en seudoharinas como el famoso Bob's Unmodified Potato Starch). Este almidón no se digiere y se convierte en alimento de bifidobacterias (las bacterias estrellas del microbioma). Lo que es interesante de esto es que uno de los efectos de consumir este potente prebiótico es que genera intensos sueños. Una moda entre la comunidad paleo y los seguidores de la ciencia del microbioma que, más allá de esta tendencia, parece tener una base científica.

Como muestra este fascinante post de Mr. Heisenbug, los ácidos grasos de cadena corta modulan la expresión de ciertas proteínas citocinas, incluyendo interleucinas asociadas con el sueño REM, por lo cual hay un mecanismo de acción plausible para explicar casos como este.

Los prebióticos, junto con los probióticos, son parte de un binomio que no sólo entregará nuevas medicinas y formas integrales de lidiar con problemas de salud en los siguientes lustros; también configurará una plantilla de nuevas drogas de diseño --los psicobióticos-- específicamente desarrolladas para navegar nuevas realidades y aumentar las funciones cognitivas.

 

Premio Nobel de Medicina 2014: ¿cómo está representado el espacio en nuestro cerebro?

Por: Olga Rodriguez Sierra - 10/12/2014

Este año el Premio Nobel en la especialidad de medicina se entregó a un par de investigadores que exploraron el funcionamiento de nuestro "GPS" interno: las partes de nuestro cerebro que nos permiten ubicarnos y navegar espacialmente

brEste año el Premio Nobel de Medicina fue otorgado a los neurocientíficos John M. O’Keefe, May-Britt Moser y Edvard I. Moser, por sus fascinantes descubrimientos de células en el cerebro que permiten la representación de los lugares y  navegación espacial, nuestro “GPS interno”. Sus trabajos cientifícos revolucionaron nuestro entendimiento de cómo el cerebro realiza funciones mentales complejas, como sería la percepción de ubicación de nuestro cuerpo en relación con el ambiente y los objetos que nos rodean.

Desde siglos atrás, numerosos filósofos se han cuestionado sobre la naturaleza del espacio. Immanuel Kant dedicó gran parte de su obra a este concepto, desde su "Disertación Inaugural" (1770) apuntaba que:

El espacio es una intuición pura que contiene la forma fundamental de toda sensación externa, no es algo objetivo y real, no es substancia, accidente ni relación, sino algo subjetivo e ideal. Es continuo, y aunque no sea objetivo ni real es, sin embargo, no sólo completamente verdadero respecto a todas las cosas sensibles (sensibilia), sino también el fundamento de toda verdad en la sensibilidad exterior.

Es decir, Kant argumentaba que la noción de espacio era una intuición a priori que existía en nuestra mente independientemente de la experiencia. Muchas décadas después, el psicólogo Edward Tolman (1948), a partir de sus experimentos con animales, propuso que ellos eran capaces de representar el espacio mediante un mapa cognitivo que incluía relaciones entre los lugares y eventos, lo que les permitía navegar de un lugar a otro. Hay que recordar que en esa época la psicología experimental asumía que todo el comportamiento se podía entender mediante el análisis  de relaciones del tipo estímulo-respuesta; la propuesta de Tolman de un mapa cognitivo se distanciaba fuertemente de este paradigma.

Fue hasta 1971 que John O'Keefe y Jonathon Dostrovsky descubrieron unas neuronas en el hipocampo que se activaban cuando la rata se encontraba en lugares específicos del ambiente, por eso las llamaron “células de lugar” (place cells). O'Keefe mostró que estas células no reflejaban meramente una preferencia sensorial sino que representaban el ambiente de forma holística como una gestalt. Además, sus resultados apuntan a que la actividad combinada de varias neuronas (ensamble de neuronas) pueden codificar, de forma única, los diferentes lugares. El ensamble de neuronas es un concepto teórico que ya antes había sido introducido por Donald Hebb. Sin lugar a dudas, sus hallazgos estimularon numerosos estudios dentro de  la subdisciplina de neurociencia de sistemas, la cual busca relacionar los procesos cognitivos con las respuestas fisiológicas del cerebro al nivel celular y molecular.

Por algún tiempo se creyó que la señal que generaba el campo de lugar preferido para cada neurona de lugar provenía del mismo hipocampo. Sin embargo, estudios con lesiones hipocampales revelaron que la señal provenía de fuera, en específico, de la corteza entorhinal. May-Britt y Edward Moser decidieron registrar las señales de neuronas en la corteza entorhinal y encontraron que las células se activaban en múltiples lugares del ambiente, formando una rejilla de patrón hexagonal y equidistante. A estas neuronas se les llamó células de rejilla (grid cells). Los Moser encontraron que la distancia representada en las células de rejilla variaba a lo largo de la corteza entorhinal, siendo la parte ventral la que albergaba las células con campos más grandes. A partir de estos experimentos se piensa que el cerebro está organizado en módulos funcionales, pudiendo codificar el espacio con rejillas de espacimiento diferente dependiendo de las características del lugar. Además, sus investigaciones identificaron células que responden a la dirección de la cabeza (head direction cell) o al límite del medio ambiente (border cells), siendo importantes para dar noción de ubicación de nuestro cuerpo en relación con el mundo exterior.

[caption id="attachment_85630" align="alignleft" width="193"]neu Una neurona en acción[/caption]

Desde tiempo atrás se sabe que el hipocampo está relacionado con los procesos de memoria espacial y episódica. El ejemplo emblemático es el caso de Henry Molaison (mejor conocido como H. M.), un paciente que recibió como tratamiento contra la epilepsia la remoción bilateral de sus hipocampos. Después de la cirugía podía recordar memorias antiguas pero no podía formar memorias nuevas de eventos que él mismo experimentaba; técnicamente, había perdido su capacidad de formar memorias episódicas. Actualmente, está establecido que el deterioro de la formación hipocampal es un marcador anatómico para neuropatologías como la demencia y la enfermedad de Alzheimer. Por otro lado, estudios con fMRI en conductores de taxi en Londres reportan que sus hipocampos son mucho más grandes en comparación con los hipocampos de personas que no tienen que usar la memoria espacial de forma frecuente. La evidencia sugiere que la memoria episódica y espacial están ligadas, pero hasta ahora no existe una teoría que unifique estos dos procesos; partiendo de una idea kantiana, podemos especular que las medidas de espacio y tiempo codificadas en el hipocampo ayudan a anclar las memorias en relaciones temporales de pasado y presente.

Actualmente se sabe que existe una relación recíproca entre las células de rejilla (grid cells) en la corteza entorhinal y las células de lugar (place cells) en el hipocampo. En particular, las células de rejilla forman un sistema de coordenadas espaciales métrico que determina la actividad de las células de lugar en el hipocampo. Los dos tipos de células se han encontrado en otras especies de mamíferos como son ratones, murciélagos y monos. Además, existen estudios en pacientes neurológicos con electrodos implantados en la corteza temporal que indican que los humanos también tenemos células de lugar y de rejilla. Muchos de estos estudios son recientes, menos de una década o si no, un par de años de su publicación, por lo que no deja de sorprender que el comité del Nobel haya elegido galardonarlos. No le resto mérito a sus extraordinarios descubrimientos; sin duda, una de las funciones más complejas del cerebro es su habilidad de navegación espacial, ya que requiere la integración de información multisensorial para poder organizar las memorias y la ejecución del comportamiento de los organismos. Estos tres eminentes neurocientíficos fueron pieza clave para abrir paso a investigaciones biológicas sobre funciones cognitivas, mostrando una vez más que nuestra mente no está separada de nuestro cuerpo biológico.

Twitter de la autora: @hjolko