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Las enseñanzas de Iyengar (1918-2014), el hombre que popularizó el yoga en Occidente (FRASES, VIDEOS)

Sociedad

Por: pijamasurf - 08/22/2014

A días de su fallecimiento recordamos a B.K.S. Iyengar, el hombre que trazó un puente entre Oriente y Occidente y cuya influencia permea el edificio del yoga moderno

iyengar

Este miércoles murió B. K. S. Iyengar, una de las figuras más influyentes del yoga en el siglo XX. Su muerte ocurrió en la ciudad de Pune, en la India; tenía 95 años y se dice que hasta hace un par seguía haciendo parados de cabezas y complicadas asanas. Iyengar visitó Estados Unidos en 1956 y, a partir de sus enseñanzas, una corriente del ashtanga yoga se popularizó en ese país y de ahí a otras partes del mundo.

Aunque la versión que hemos asimilado del yoga tiene que ver más con el fitness y la cultura pop del bienestar que con la meditación y con los antiguos sutras, Iyengar enseñaba una disciplina mucho más férrea y comprometida, si bien es cierto que fue el primer maestro en enseñar yoga a clases de decenas de personas y no sólo a una como rezaba la tradición. Además incorporó una serie de props o aditamentos para la corrección del yoga, incluyendo cinturones, bloques o ligas que modernizaron su instrucción. Sin embargo sus clases eran sencillas y se concentraba solamente en la práctica: no había incienso, música o demás parafernalia espiritual; sólo yoga, el encuentro entre el ser y el cuerpo, haciendo el yunque divino.

En el siguiente clip de 1938 (vía The Atlantic) se puede ver a Iyengar practicando con una perfección hipnótica entre el contorsionismo y la armonía gimnástica al servicio de la llave del yoga: la respiración (se cuenta que antes de sus clases Iyengar ponía el micrófono cerca de su rostro y simplemente respiraba: el poder y la claridad de su respiración eran la primera enseñanza y la gran motivación para poder absorber esas bocanadas de prana que significan el beneficio más cuantificable del yoga). "La respiración es la reina de la mente", escribió.

En la filosofía de Iyengar, expuesta en su popular libro The Light of Yoga, el maestro dice que el cuerpo físico es una manifestación del cuerpo divino. "El cuerpo material tiene una realidad práctica que es accesible. Existe aquí y ahora, y podemos hacer algo con él. Sin embargo, no debemos olvidar que nuestra parte interior más profunda también está ahí para ayudarnos. Quiere salir a la superficie y expresarse a sí misma". En cierta forma, el yoga es esa disciplina o tecnología física que permite penetrar la superficie y acceder al núcleo donde el cuerpo divino del ser inmanente se funde con la presencia y puede actuar sobre nosotros. "Es a través de la alineación del cuerpo que descubro la alineación de mi mente, ser y conciencia".

Iyengar era consciente de la comercialización del yoga y las críticas que había recibido la disciplina en Estados Unidos como una versión light de la ancestral práctica --que se remonta a la época de los Vedas--; sin embargo creía que, después de todo, la expansión de la disciplina había tenido más cosas buenas que malas y consideraba que la mayoría de sus seguidores habían seguido su camino de forma suficientemente fiel como para que los beneficios del yoga pudieran hacerse sentir y tener efectos positivos a nivel global.

De Iyengar se recordará su gracia y elegancia para transmitir y predicar con el ejemplo. El yoga es esencialmente la meditación en movimiento que germina el ser interno: "La acción es movimiento con inteligencia. El mundo está lleno de movimiento. Lo que el mundo necesita es más movimiento consciente, más acción".

 

¿Alguna vez recibiste un mensaje de actualización escolar? ¡En el mundo educacional no hay actualizaciones!

Is-It-Time-to-Upgrade-Your-Networking-Equipment“Si no la actualizas, se traba”.

¿Será la escuela?

Ya me gustaría. Nadie se ruboriza porque en el mundo digital las aplicaciones nos exijan la actualización. Es normal. Lo vemos normal. Y si no nos actualizamos, simplemente se traba, deja de funcionar, queda obsoleto y se muere.

Y esa actualización no es debatida infinitamente por todos los usuarios y negociada en foros interminables que tienden a cero. Un grupo inteligente, ligado mediante un sensor también inteligente a los usuarios y su uso, genera todo el tiempo actualizaciones, que son en rigor de verdad –no vamos a engañarnos-- modificaciones siempre y algunas veces, también transformaciones. Todo sin escándalo y sin opción.

Si no, se traba.

O vienes o te quedas. O vamos o te quedas. Y desapareces.

Upgrade sobre upgrade van escalando y el Safari de entonces poco tiene que ver con el de hoy, ni Youtube, ni WhatsApp, ni los otros. Y un buen día le agregan voz y va con voz para todos… o se traba.

Pero nosotros los educadores no operamos así. Antes de admitir o no que le agregaremos al mensaje de voz, abrimos el debate, escuchamos los mil y un (que quiere decir los infinitos) argumentos para al final ya no saber ni qué queríamos, ni para qué y, sobre todo, ya no tener ni ganas de agregarle voz. Nos preguntamos mil veces si la voz es realmente necesaria; si contribuye con el proceso comunicacional en juego; si todos los usuarios sabrán usarla; si no distrae la atención; si no habría que hacer antes una capacitación de los usuarios (600 millones hoy en WhatsApp) para que aprendan a usar mensajes de voz dentro de la aplicación; si no hay contraindicaciones por el impacto sobre los sordos, los mudos, los que no ven de cerca, mi abuela, los bebés y los animales en general; si no habría que esperar un poco; si no habría que dejar que cada uno escoja si desea o no la actualización, y cuándo y cuál y de qué color y con qué tipografías… Y así logramos que no haya actualizaciones.

¿Alguna vez recibiste un mensaje de actualización escolar?

¡En el mundo educacional no hay actualizaciones!

…Por eso no se traba. Por eso no avanza. Por eso está muerto.

Discutimos la presentación de actualizaciones y discutimos mucho más –hasta lo inaudito-- que traben lo que ya había. Nos resulta insoportable pensar que algo o alguien o unos cuantos nos podrían obligar a actualizarnos, aunque tuvieran razón. Nos desesperaría quedar obsoletos y fuera de ecosistema. Nos indigna que nos crean incompatibles.

Dos culturas. Muchas veces, las mismas personas que en un contexto aceptamos y gozamos del vértigo de la transformación y de la innovación en otro las negamos, indignados y sindicalizados. Nos disociamos para proteger un tótem. Nos ridiculizamos para sobrevivir de recuerdos. Nos inmolamos para no ceder en nuestra mezquina lógica del poder. “Escolarizados”, somos primates.

Queremos que la escuela siga siendo la que es y la que fue. Nos imponemos –violentamente, si es necesario-- para que nadie se nos imponga. Estamos decididos a seguir imponiéndonos.

¿Quiénes? ¿A quiénes?

Los maestros del saber, los viejos lobos de mar del mundo erudito, a los alumnos, a las nuevas generaciones, a ellos, los que siguen, a los que vienen.

Prueba, si no. Echa un reactivo eficiente en cualquier situación escolar suficientemente institucional y mira qué sucede. Te acordarás de mí.

(Di, por ejemplo, que no encuentras razonable tanto esfuerzo de la escuela por normalizar la ortografía de los alumnos; o di que no te parece importante la caligrafía; o di que el saber está vivo y abierto y la verdad no es su mejor síntesis; o di que te gustaría ver a tu hijo equivocarse en paz y olvidarse sin pena…).

Se te vendrán encima. Aún los tímidos emergerán de sus sombras para atacarte, quitándote entidad moral para hablar y poniéndote en el lugar del imputado. Serás aciago protagonista del momento. Virarás foco. Estarás solo, o casi solo. Padres, madres, autoridades y maestros te acosarán. No saldrás con vida. Los lugares comunes te caerán encima y te sepultarán. Pesan como piedras. Intentarás defenderte con armas nobles, pero no podrás. Serás agresivamente desactivado.

No vaya a ser que quieras actualizarlos. No fuera a ser que de pronto, como por arte de magia, lograras trabarlos. (Ni se te ocurra decirles que te encantaría crear una actualización escolar compulsiva –como un IOSx/escuela-- incompatible con sus antecedentes, que trabara todo lo que había antes.) Te comerán antes de cualquier probabilidad.

No lo intentes. Antes preparémonos mejor.

Twitter del autor: @dobertipablo