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A través de su cuenta de Twitter, el fundador de Megaupload, dio a conocer que pretende otorgar recursos económicos para crear un partido, el Internet Party, en México: “¡México, estoy contigo! Una llamada global por la libertad. ¡Inicien el #InternetParty en México! ¡Lo fondearé! #EPNvsInternet”.

Kim Schmitz

Una semana después de la polémica de la ley de telecomunicaciones en México, el fundador del sitio web Megaupload, Kim Dotcom, anunció que otorgará recursos para crear un “Partido de Internet” y defender la libertad de información y expresión de los mexicanos. 

Tras la propuesta del presidente de la República Mexicana, Enrique Peña Nieto, numerosos activistas se manifestaron en contra del proyecto del gobierno. Por lo que, con el fin de defender la libertad de información y expresión, los manifestantes establecieron la importancia de los derechos básicos de los usuarios. Como por ejemplo, evitar la censura de contenidos en internet, lo cual reduciría el dominio de las corporaciones de telecomunicaciones. 

La controversia no sólo provocó que el gobierno federal anunciara la eliminación de su propuesta, supuestamente garantizando el “respeto absoluto a las libertades de los usuarios”, sino también el anuncio de Kim DotCom, quien mostró empatía hacia los activistas. 

A través de su cuenta de Twitter, el fundador de Megaupload, dio a conocer que pretende otorgar recursos económicos para crear un partido, el Internet Party, en México: “¡México, estoy contigo! Una llamada global por la libertad. ¡Inicien el #InternetParty en México! ¡Lo fondearé! #EPNvsInternet”. De acuerdo con la revista de negocios Forbes, el lanzamiento y la elección del líder del Partido de Internet seguirán un proceso similar a las pruebas del programa televisivo The X Factor

Mientras tanto, Kim DotCom, cuyo verdadero nombre es Kim Schmitz, pretende hacer pública su nueva página de almacenamiento e intercambio de archivos ultraencriptados, llamado Mega ya con un valor estimado de 180 millones de dólares estadounidenses, así como desarrollar  un nuevo servicio de música, Baboom.

¿Hasta dónde llega el poder de Facebook, especialmente cuando muestra pocos escrúpulos para modificar su algoritmo? Evgeny Morozov sostiene que Facebook no sólo ha invadido nuestra privacidad, sino también nuestra personalidad

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Hace algunos años (en 2008), cuando Facebook empezaba a volverse la red social más popular del mundo, un artículo de The Guardian cuestionaba las "amistades" de Facebook. Para dar el salto hacia convertirse en una plataforma de alcance mundial Facebook recurrió en su primera línea de inversionistas a In-Q-Tel (el brazo emprendedor de la CIA) y a Peter Thiel (dueño de Pay Pal, de ideas transhumanistas, y miembro de Bilderberg). En ese entonces había todavía más preocupación por la privacidad de la información de los usuarios, a la cual se sabía que tenían acceso aplicaciones de terceros y agencias de marketing. Hoy en día nos parece poco alarmante entregar nuestra información a Facebook quizás porque, después de las filtraciones de Snowden, sabemos que en cualquier parte estamos vigilados (incluyendo sitios como Facebook, que de manera voluntaria o coercitivamente han tenido que entregar información de sus usuarios a la NSA). Sin embargo, en algún momento, no hace mucho, resultaba casi escandaloso pensar en que le abriríamos nuestras vidas hasta el punto de compartir nuestros detalles más íntimos a una compañía cuyo interés es poder ganar más dinero con esa información --por no decir a "amigos" que apenas conocemos. El mismo Zuckerberg lo expresó en conversaciones grabadas poco después de haber lanzado Facebook: "la gente es estúpida; simplemente me da su email".

En enero de 2008 Tom Hodgkinson, el periodista de The Guardian, escribió: "El Departamento de Defensa y la CIA aman la tecnología porque hace el espionaje más sencillo". Hodgkinson claramente sospechaba que Facebook iba a ser usado con este fin (cuando tenía menos de 60 millones de usuarios; hoy tiene más de mil millones). Efectivamente, Facebook fue usado para espiarnos --de nuevo, con nuestro consentimiento o sin; eso es en la práctica lo menos importante-- y seguramente está siendo usado para espiarnos. Hay otra prefiguración en la participación de la firma de venture capital de la CIA en los inicios de Facebook: que este sitio se convertiría en un laboratorio social donde se experimentaría con el comportamiento de los usuarios y se manipularían sus interacciones, posiblemente como parte de un programa de ingeniería social --o simplemente para poder ganar más dinero, teniendo más clicks y vendiendo más publicidad.  

En junio se dio a conocer que Facebook llevó a cabo un experimento con 700 mil usuarios, modificando su algoritmo --el reglamento invisible-- para que aparecieran más posts positivos o negativos (según el grupo) en su News Feed. Los resultados mostraron que aquellos expuestos a posts positivos se sienten más felices y escriben más posts positivos (y más en total). Esto luego resulta en más clicks, y más ingresos de publicidad.

Este experimento generó cierta alerta entre críticos. Clay Johnson, el co fundador de Blue State Digital, la agencia que manejó la campaña digital de Obama en 2008, dijo: "¿Podría la CIA incitar una revolución en Sudán presionando a Facebook a promover descontento? ¿Debería ser ilegal? ¿Puede Mark Zuckerberg cambiar el resultado de una elección promoviendo ciertos sitios?" Preguntas que son todavía más alarmantes cuando sabemos que Facebook duerme con la CIA (o, al menos, con una prima cercana).

Pero, en realidad, la "mala prensa" afectó poco a Facebook, cuyas acciones se encuentran en su punto más alto. Como apunta el siempre crítico Evgeny Morozov, en realidad nada afecta a Facebook, al menos ningún cuestionamiento ético. Pero el experimento sí provee información valiosa para Zuckerberg y sus socios: pueden ganar dinero incluso permitiendo a los usuarios un mínimo respiro de  privacidad, siempre que sigan multiplicándose los clicks. Ahora Facebook, la compañía que lanzó la idea de que la privacidad era cosa del pasado y todos deberíamos abrazar lo social como una ubicua envoltura transparente, tiene una herramienta para avisar los usuarios si éstan "sobrecompartiendo" (oversharing) o les permite ver cómo están siendo medidos.

Esto parece ser de nuevo una estrategia con una agenda velada, como ha ocurrido antes en la historia de Facebook. Morozov, acusado de una radical tecnofobia (pero probablemente uno de los más lúcidos observadores de la red), advierte que a la par Facebook está comprando compañías y desarrollando aplicaciones que registran los movimientos online y offline de los usuarios, lo cual significa que podrá hacer aparecer contenido más relevante --contenido especialmente dirigido a una persona que está corriendo, manejando o andando en bicicleta, por ejemplo, como ocurre con la app Moves.

fb_mindcontrolcEl asunto de fondo es que Facebook no parece tener ningún reparo en manipular su algoritmo si este beneficia su plan de negocios o su agenda social, y no existe un mecanismo para hacerle rendir cuentas. Otro ejemplo de la alteración del algoritmo aparentemente inocuo y loable fue cuando, en 2012, se alteró su configuración para que los usarios pudieran expresar un status de donador de órganos, lo cual produjo más de 13 mil registros en el primer día. El poder de decidir qué tipo de iniciativa es buena para la sociedad y cuál no es enorme. Escribe Morozov:

La razón por la cual debemos temer a Facebook y a su clase no es porque violan nuestra privacidad. Es que definen los parámetros de la gris y mayormente invisible infraestructura tecnológica que moldea nuestra identidad. Todavía no tienen el poder de hacernos felices o tristes, pero seguramente lo harán pronto, si hacernos felices o tristes les ayuda a generar más ingresos.

Esta visión no está lejana de un tono distópico --una distopía totalitaria no sólo sería inmersiva, sino que probablemente ocurriría sin que nos hayamos dado cuenta de que está sucediendo. Morozov nos pide que nos preguntemos :"¿Qué tanto nuestra identidad está siendo modificada por los algoritmos, bases de datos y apps que extienden los esfuerzos políticos, comerciales y estatales para hacernos --como dice la canción distópica de Radiohead-- 'más aptos, más felices, más productivos' (fitter, happier, more productive)?".

Paralelamente, desde hace unos meses Facebook ha venido realizado cambios en su algoritmo, apretándolo de tal manera que los posts de las fanpages aparecen en menos cantidad a menos usuarios, claramente para hacer que las compañías que buscan recibir tráfico o dar a conocer sus mensajes masivamente tengan que pagar para que sus posts aparezcan. Esta medida ha golpeado a numerosos sitios de noticias, hasta el punto de hacer que algunos prácticamente desaparezcan. ¿Cómo estar seguros de que Facebook no privilegia en su algoritmo a sitios que pagan más o que le son más afines ideológicamente o, simplemente, que le generan mayores ingresos al fomentar una especie de ecosistema favorable para promover esta "felicidad" digital que se traduce en clicks?

Facebook es, al menos en potencia, una máquina de alcance orewelliano capaz de censurar y delimitar la realidad. Poco notamos que esto está suciendo, viviendo ya un "efecto pecera" dentro de su sistema. El algoritmo traspasa la vida digital y se convierte en parte de nuestra personalidad.

Twitter del autor: @alepholo