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Desfase de 15 segundos en nuestro cerebro evita que alucinemos con la realidad cotidiana

Por: pijamasurf - 04/12/2014

De acuerdo con una investigación reciente, el cerebro humano desarrolló cierta protección contra la cascada de estímulos sensoriales de la realidad al establecer un desfase de hasta 15 segundos entre la percepción y la comprensión del mundo. Lo que llamamos "realidad" no es más que una edición constante del mundo.

cerebro

This the very coinage of your brain.

-Shakespeare, Hamlet, III, iv

¿La realidad puede ser alucinante en sí misma? Por nuestra vida diaria pensaríamos que no. Cotidianamente vivimos en la normalidad, un estado cuyas características aprendemos a reconocer mejor cuando lo confrontamos con otro, por ejemplo, el mundo del sueño, o el de las sustancias psicoactivas y las fabulaciones que provocan.

Sin embargo, esto se debe a una función de nuestro cerebro. Si por un momento nos detenemos a registrar cada uno de los cientos o miles de estímulos sensoriales que coexisten en un solo fragmento de realidad, nos daremos cuenta de que esta es suficientemente delirante por sí misma, sólo que evolucionamos para no aprehenderlo de esa manera.

De acuerdo con un estudio llevado a cabo por los investigadores David Whitney, de la Universidad de California en Berkeley, y Jason Fischer, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), nuestro cerebro cuenta con una especie de filtro que nos protege contra la locura y la alucinación. Se trata de un retraso de entre 10 y 15 segundos entre la recepción de los estímulos visuales del mundo (colores, formas, matices, diferencias de perspectiva, etc.) y la comprensión de los mismos.

"Lo que estás viendo en este momento presente no es una imagen instantánea del mundo sino un promedio de lo que has visto en los últimos 10 a 15 segundos", dijo Jason Fischer, de MIT. "Esto es sorprendente, ya que muestra que nuestro cerebro sacrifica la precisión a favor de la continuidad y la estabilidad perceptual de los objetos", agrega Whitney.

Esto significa que, en cierto modo, eso que llamamos realidad y que en esencia es una creación de nuestra percepción, es también una mezcla de pasado y presente, pues lo que vemos en cierto modo ya transcurrió, ya existió bajo una forma cuando lo consideramos aprehensible. Nuestro cerebro funciona como una computadora que sintetiza matemáticamente el flujo de la realidad para que pueda operar con cierta estabilidad. Al hacer esto, sin embargo, obliga a que no percibamos el mundo como tal, sino como una constante edición de las cosas. 

De acuerdo con los científicos, de no contar con esta función nuestra manera de experimentar la realidad sería un tanto parecida a lo que sucede bajo los efectos de sustancias alucinógenas: cambios súbitos e imprevisibles de colores, juegos de sombras, explosiones de luz, flujos caóticos y otras consecuencias de la percepción liberada.

También en Pijama Surf: ¿Es la realidad consensual  sólo una alucinación colectiva?

 

El Sol realiza naturalmente estos trazos sobre el cielo (descubre aquí por qué)

Por: pijamasurf - 04/12/2014

A lo largo de un año un par de físicos solares grabaron con una cámara especial el movimiento del Sol durante un año, registrando estos inquietantes trazos.

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Alcé la cara al cielo,
inmensa piedra de gastadas letras:
nada me revelaron las estrellas.

-Octavio Paz, "Analfabeto"

El cielo nos ofrece signos que actualmente, las más de las veces, nos parecen incompresibles. Y no se trata sólo de aquella significación esotérica que alguna vez se le atribuyó al movimiento de los astros y el fluir del firmamento, sino incluso a esas señales que, racionalmente, nos hablan del clima y las condiciones meteorológicas, de la hora del día en que nos encontramos y más.

Por otro lado, hay otro tipo de signos que se nos escapan. Por ejemplo, aquellos que por distintos motivos nos son imperceptibles. Los rayos del Sol cuyas frecuencias simplemente no podemos ver.

Durante un año, de marzo de 2013 a marzo de 2014, los físicos polacos Maciej Zapiór y Łukasz Fajfrowski capturaron tomas de 1 minuto del cielo, tres veces al día, desde un balcón de Wrocław, la ciudad más grande del este de Polonia. Lo hicieron sin embargo con un dispositivo especial, una cámara estenopeica que, en términos generales, se trata de una cámara fotográfica sin lente, de uso común para registrar eclipses solares.

Y si bien se trata de un fenómeno conocido por los científicos, no por ello es menos sorprendente. El tránsito del Sol desde nuestro punto de observación, la Tierra, forma estos “ochos” que corresponden a los altibajos que experimenta en distintas épocas del año: arriba en el verano, abajo en el invierno. El nombre técnico de dichas figuras es analema o lemniscata.

En cuanto a las sutiles variaciones de color en el trazo lumínico, éstas se deben al papel donde fue revelada la imagen y las condiciones de temperatura y humedad de cada momento del año en que esto ocurrió.

“Me interesan las conexiones entre la ciencia y el arte, y los aspectos estéticos de la ciencia. La solarografía y especialmente este proyecto de analemas es una esencia de eso”, declaró al respecto Zapiór.