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La abundancia y variedad de las alucinaciones permiten reflexionar que tal vez no exista una realidad primaria no-alucinatoria: la percepción parece intervenir en todo proceso de realidad y el observador, con su mirada y su contenido cultural, proyecta su propia imagen sobre el mundo hasta trastocarlo.

IMAGEN VÍA MEDSCAPE

Normal consciousness will  be referred to as consensus trance; the hypnotist will be personified as the culture. The  "subject," the person subjected to this process, is you.- Charles Tart

 

En su libro Hallucinations el médico y neurofilósofo Oliver Sacks traza una historia de las alucinaciones, explorando y contextualizando el fascinante mundo de la percepción alterada. Según el escritor Paul Devereux, además de entender los procesos neurales que hacen que podamos "alucinar" y desmitificar a las alucinaciones como algo que sólo le ocurre a los enfermos mentales, Sacks sugiere que en algunos casos las alucinaciones pueden ser provocadas por la influencia de los demás --de la presión social y cultural. Esto es altamente significativo, en el entendido de Devereux, posible evidencia que contribuye a apuntalar la noción de que la realidad que percibimos está siendo construida no sólo por los procesos fisiológicos que interactúan con el mundo fenomenológico, sino por un proceso social que afecta nuestra percepción de la realidad. En otras palabras al ver un árbol, no vemos el árbol como es, más que la imagen que la luz desdobla en nuestro cerebro, vemos lo que han visto las personas de nuestro entorno, miembros de una matriz  de información colectiva. Dice Deveraux: "la percepción es una fiesta itinerante".

Existe al parecer una relación de retroalimentación entre los elementos del cerebro que controlan nuestra percepción ordinaria y lo que nos es útil y hasta socioculturalmente permisible percibir. En el acto cotidiano de percibir intervienen numerosos procesos que coordinan varias partes del cerebro --sobre todo restringiendo la acción de otras partes, creando una especie de visión angular de lo real, indispensable para poder vivir sin ser anegado por una plétora de estímulos existentes (e igualmente reales). Este acto de edición constante es lo que nos otorga una visión estable del mundo, "una visión  que es enormenente moderada por la perspectiva de mundo [worldview] que tenga la cultura en la que habitamos". Podríamos sugerir que estos movimientos --o candados-- perceptuales se ven espejeados por procesos socioculturales que colectivamente construyen "la realidad" --un modelo, que quizás más que reflejar lo que es el mundo, refleja lo que creemos que es o lo que queremos que sea el mundo.  Por esto Devereux se pregunta: "¿Puede que nuestra realidad consensual sea la alucinación compartida de nuestra cultura?"

Evidentemente el cuestionamiento de Devereux no es nada nuevo --quizás la pregunta sobre la realidad sea la pregunta ontológica fundamental, antes que conocer el origen y sentido del universo, de manera más inmediata y apremiante, descubrir si estamos viviendo en un mundo objetivo, ineludible y autónomo, o si despertaremos de un sueño (y es que descubrir esto podría ser el sentido mismo de la existencia). Lo interesante aquí quizás sea la adaptación a este modelo --que evoluciona del Maia a la Matrix-- de una noción de lo cultural y social como origen de la ilusión --o como alimento fundamental en la construcción de lo real a través de una relación bidireccional con la percepción.

La posibilidad de que la realidad sea una construcción colectiva --en la que la realidad de un objeto depende de la percepción de un observador-- está en el centro del debate de la física cuántica. Y aunque existen visiones polarizadas en este sentido --físicos que como Einstein afirman una realidad independiente del observador-- la experiencia cotidiana para muchas personas, especialmente aquellas que se han permitido sostener estados alterados de conciencia, sugiere que el mundo que vemos está estrechamente ligado a la forma en la que vemos (los lentes son tan importantes como el paisaje), la cual a su vez está estrechamente ligada al mundo en el que vivimos (lo que pensamos sobre el paisaje es tan importante como el paisaje). De nuevo podemos enhebrar una relación bidireccional: la información que recibimos del mundo natural y la información que tenemos sobre ese mundo natural coexisten de manera inseparable, entrelazadas cuántica y culturalmente, hasta el punto de que quizás sean procesos en movimiento, cocreándose permanentemente.

Existen sólidos argumentos en contra de esta versión de la realidad como ilusión o simulacro --que ha tenido entre sus más famosos exponentes a Buda, Platón, el Obispo Berkely, y en cierta medida a Niels Bohr-- entre ellos la solidez de una mesa.  ¿Por qué al golpear una mesa no la atravieso, al menos algunas veces? O ¿por qué si me colocó en frente de un autobus no logró desaparecer e impedir que me atropelle?  O, como se preguntaba en pleno asombro el matemático Ralph Abraham, ¿por qué cuando salgo de mi casa mi coche sigue ahí? ...entre la matemática del caos y la entropía, por qué existe cierta solidez y estabilidad en el universo que experimentamos. Según Devereux se debe a que estoy entrancado en un mismo consenso de realidad, con la mesa, con el autobus, con el coche (y contigo). Decía Terence Mckenna que la cultura es nuestro sistema operativo --quizás ocurra con nostros como ocurre con una computadora: un cierto sistema operativo sólo puede procesar ciertas cosas según ha sido programado, si queremos hacer o percibir otras tenemos que correr un sistema operativo diferente.

Ejemplos de cómo el contexto sociocultural influye en la percepción de la realidad abundan. Algunos casos antropológicos muestran cómo se pueden atravesar estas barreras. Más allá del caso pop new age multicitado en el que supuestamente una tribu indígena no podía ver  los barcos que se acercaban (con desesos atroces, por cierto) simplemente por que no tenía noción o parangón de algo similar --o que supuestamente se asumía que caballo y hombre eran uno solo--... existen casos rigurosamente documentados. Por ejemplo, Edith Turner, esposa de Victor Turner, editor de la publicación académica Anthropology and Humanism, en 1985 participó en un ritual de sanación en Zambia en el que dice haber visto después de la sanación una masa de unos 15 centímetros expelida del cuerpo de una mujer, una materialización del espíritu de la enfermedad. Su visión fue compartida por varias personas más y la obligó "a reoorganizar la forma en la que hacía antropología". Según el etnofarmacólogo Christian Ratsch, después de vivir con los lacandones de la selva de Chiapas, concluyó que las experiencias mágicas que le sucedieron sólo podían ser explicadas porque había adoptado la visión del mundo de esta etnia indígena: "la alucinación lacandona".

Es posible que todos estemos alucinando todo el tiempo. En cierta medida esta alucinación podría entenderse desde la teoría de la resonancia mórfica y la habituación de Rupert Sheldrake, que señala simplemente que aquello que ha pasado más veces y con mayor cercanía a nosotros tiene mayor probabilidad de repetirse. Que sólo veamos un árbol en el espectro de la luz visible --y no en ultravioleta, como algunos animales--, más que ser una prueba de la realidad objetiva del árbol, es una prueba de que hemos visto muchas veces el árbol así --acaso porque en algún punto tener este espectro limitado de percepción nos fue útil. La repetición es la materia prima de la realidad. Según Sheldrake la naturaleza contiene una memoria inherente, una memoria externa e incorpórea que va almacenando no sólo todos los actos sino también todos los pensamientos, todas las percepciones. Esta memoria no es del todo externa ya que existe en un campo mórfico que nos interpenetra. Es como si estuvieramos aportando permanentemente al guión y a la forma en la que se proyecta una película --una matriz de información que refleja en cada parte toda la información que se emite, como el collar de perlas del dios Indra que en cada perla no sólo reflejaba todas las otras perlas sino cada reflejo... el nodo, el presente, esta percepción, es el punto de interacción entre todos los reflejos. Así la realidad se convierte en una casa de espejos.  Algunos podrán aspirar a una especie de hiperestesia, a un descondicionamiento cultural, para percibir una realidad superior: cuerpos energéticos, figuras divinas, o hasta códigos matemáticos. Pero también existe la opción de dejarse llevar por río en el baile de las máscaras y quizás más que buscar dejar de alucinar, de dejar de encontrar una imagen deforme o alterada por el efecto ubicuo de los cristales, sería mejor disfrutar de las abominaciones y de los ocasionales accidentes sublimes de la luz. Y al final quizás uno se encuentre solamente con su propio reflejo distribuido por todas partes, indiferenciado del mundo.

[Daily Grail]

Twitter del autor: @alepholo

¿Es la percepción de la falla en el sistema, la seña de una realidad más profunda? El Glitch Art y la Nueva Estética marcan la irrupción de la información digital al mundo físico y en ese proceso de borrar las fronteras nos hacen reflexionar sobre si de todas maneras la realidad ya era una constructo informático.

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Glitch basado en imágenes inválidas del explorador SOHO (NASA)

 Information wants to be alive!

Thomas Ray, Tierra.

 A la larga, la historia es la narrativa de la información volviéndose consciente de sí misma.

James Gleick

 

Una de las técnicas más utilizadas para cobrar lucidez dentro de un sueño --obtener conciencia para navegar sin regresar a la vigilia-- es buscar algún elemento discordante en el contenido o en la estructura de una narrativa "realista"--aquello que nos hace decir "esto debe de ser un sueño", puesto que en la realidad cotidiana sería inverosímil. Volar o morir y seguir vivo en el sueño, por ejemplo, suelen detonar estados de lucidez, generalmente acompañados de un gran surgimiento de energía --descubir que "sólo es un sueño" es inmensamente liberador. En cierta forma el glitch cumple una función similar, pero teóricamente sobre el tejido de la realidad consensual: es aquello que permite, al menos en la ciencia ficción, descubrir que habitamos en una realidad diseñada. Una señal distorsionada o una falla en el sistema que justamente nos hacen percibir que hay un sistema detrás y una transmisión de señales artificiales, las cuales generalmente creemos son parte de una realidad meramente aleatoria y sin trasfondo.

El término glitch es definido como una pequeña o transitoria falla en un sistema --tan pequeña que lo mismo podría ser una microalucinación que un guiño del programador, de naturaleza tal que no permite aseverar nada con cereteza sino que lo suyo es la duda que emite sobre lo real. El glitch es también el intervalo en el que una señal se asienta o un error del diseño se autocorrige, generalmente observado como un pulso eléctrico que evoca una especie de fantasma digital o un relámpago electrónico que se desvanece y que en su velocidad inaprehensible lo mismo nos hipnotiza que nos enceguece. En la luz una doble vertiente: la apertura de una grieta entre las dimensiones o la reprogramación del sujeto en un rayo amnésico... De este microestallido nace todo un movimiento estético --que es también una filosofía tecnoplatónica, en la que los pixeles constituyen el atisbo de que lo que observamos es una sombra del código fuente, de aquellas ideas molde con las que se creó el mundo.

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El glitch como movimiento o manifestación artística se desprende de lo que se conoce como la Nueva Estética, una corriente más amplia que superpone los espacios de los nuevos medios y de la tecnología digital a los espacios de interacción cotidiana. No es la fusión aún de la realidad virtual y la realidad, sino apenas el trazo de la fuga de lo virtual hacia lo real, esbozos de una realidad aumentada o mapas de la invasión de lo que es el primer destello del alma de las máquinas, en aras de habitar el mundo. Una nueva estética que no trata sobre la metafísica, es metafísica pura en tanto que significa la materialización de la información (o espíritu).

 

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Pixel Water (Benjamin Norman)

El primer crítico de The New Aesthetic, James Bridel, quien mantiene un blog donde documenta la infiltración ectoplásmica del software sobre la fábrica de la realidad, dice que esta corriente marca una nueva forma de ver el mundo "que reconoce las diferencias y las brechas en nuestras realidades traslapadas" (el énfasis nuestro). Bridel tituló una de sus pláticas: "The New Aesthetic: Waving at Machines", saludar a las máquinas implica al menos tácitamente el reconocimiento no sólo de la ubicuidad de la máquinas sino de su animosidad, de que crecemos jugando y relacionándonos con la tecnología y que ésta tiene una cualidad que, simulada o no, sugiere la vitalidad --o reemplaza nuestras relaciones íntimas. El "Hola, Robot", es también como un estado del espejo cuyo futuro psicológico aún no ha sido trazado por analistas, ya que es la característica de una nueva generación. 

 

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“Noósfera de Día/Noósfera de Noche” (Tatiana Plakhova)

Se puede considerar que la Nueva Estética es solamente un proceso accidental de reflexión que se vierte en arte contigentemente, más que un movimiento en sí, pero también se puede argumentar que su consolidación o validación estética es algo que está en ciernes --y que su adopción es incontenible. El uso de computadoras portátiles (no móviles, wearable), el incremento de la vigilancia y su generación de imágenes satelitales, térmicas, ultravioleta, rayos x y demás, la realidad virtual y la realidad aumentada, cada una de ellas con la tendencia a convertirse o amalgamarse a un ecosistema, sugieren claramente que el arte, la expresión creativa y la comunicación de nuestras vidas personales se generarán cada vez más a través de la irrupción de la tecnología digital sobre la pantalla orgánica de la realidad. Presenciaremos un flujo ya no sólo desde la "naturaleza" a lo digital sino de lo digital hacia la naturaleza (o al mundo físico), que podrá traslaparse y difuminar las fronteras entre aquello con lo que grabamos o registramos y aquello que grabamos y registramos, bajo la identidad ontológica de la información. La luz que captamos en nuestras cámaras está también compuesta de (q)bits, al igual que las imágenes que vemos en nuestras pantallas son la representación de bits. Esta es la gran revolución conceptual de estos movimientos estéticos cuya esencia es el caos: que la información se desborda y revela como la realidad primaria del mundo, jugando con la posibilidad de la autoconciencia. Los fantasmas digitales que creamos se convertirán en entidades autónomas, egregors que tomaremos como reales --porque en el fondo ya estaban vivos, tenían la chispa de ser: información.

Render ghosts, datanoise, datamoshs, morphs, estática interdimensional, visualización satelital, zozobra de códigos QR, GIF glyphs,  fractal art, pixel art (y buddha pixel dust)bit error rate mashes, 8-bit nostalgia, vigilancia ubicua, drone-eye vision, circuit bending, reality bending, infomation overload alchemy...

glitch-furniture

Los loops, los deja-vus, las sincronicidades, los sueños telepáticos, las proyecciones holográficas, los avistamientos de OVNIs, las abducciones y otros fenómenos de percepción paranormal parecen estar comunicándonos algún tipo de anomalía o inconsistencia en el relato de la realidad. Podemos insertar y asimilar estás experiencias de tal forma que no atenten contra el edificio de la realidad, considerándolos como meros espejismos o distorsiones subjetivas que no amenazan la certidumbre científica de cómo funciona el mundo. O podemos pensar que son las piezas que se desencajan de un rompecabezas, haciéndonos ver que la realidad había sido urdida con un tipo de pegamento cósmico computacional. Y nos permiten entrever una realidad más profunda (VIEW SOURCE CODE). ¿La distorsión nace del sujeto que no alcanza a percibir correctamente, o está inscrita en el mundo como esa mítica rasgadura en el velo de Maia-Matrix? 

¿Qué es lo que nos quiere decir el glitch? El glitch en la última instancia de su dimensión metafórica sugiere que la realidad es generada por computadora --o que es fundamentalmente un programa informático--, pero también nos muestra que los diseñadores o son falibles o quieren que al menos algunos descubramos que existen --consienten errores en el diseño para sutilmente desnudar su cuerpo de data lumínica, seduciéndonos a hackear su código e invitándonos a convertirnos en ellos. De cualquier forma percibir ese glitch es un paso en la evolución de la conciencia: hacia la revuelta del programa que se vuelve consciente de la intención de su programador --y la cumple o la sabotea. 

Twitter del autor: @alepholo