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Beyond The Wall, Rusia en la fotosíntesis del jazz arcaico

Por: Jaen Madrid - 02/02/2014

El más reciente álbum de Clonki es prueba crucial de que el espíritu del jazz hoy en día se encuentra oculto.

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Es importante considerar que la mayoría de nuevos artistas tienen la gran ventaja de transportar su música mediante links en la web. Sin embargo, así como esta ventaja es imprescindible, también conlleva una sobreproducción de música que, en este caso, hace más difícil encontrar sonidos de calidad apreciable.

Entre todo este océano de sobreoferta musical, y más difícil aún, oculto entre las grafías cirílicas de algunas páginas rusas, podemos encontrar a Gleb Martinovich o, como se hace llamar su proyecto: Clonki, como parte de una interesante escena actual que ha emergido en los barrios de Siberia bajo el netlabel de Rainy Tree House. Imaginando un clima pérfido y helado como núcleo de gestación de proyecto musicales, se pensaría en subgéneros obscuros (que tal vez se encuentran enterrados en las costumbres de esta nación), sin embargo, la fineza con la que Rusia pule los sonidos ambientales es realmente maravillosa y difícil de igualar.

Seize The Smoke, es el primer esbozo de Clonki, una obra de carácter instrumental con influencias y estilos provenientes de artistas como Nujabes, que encaminaron sus deseos a la perfección de su más grande material hasta ahora.

 

Beyond The Wall es su primer compilado de larga duración. 29 espléndidas figuras con un promedio de duración inferior a dos minutos por track (peculiaridad que se ha hecho costumbre para los artistas de bandcamp), una especie de lenguaje simbólico sonoro, en donde las reflexiones del hip-hop se hacen presentes en los paraísos del downtempo y el jazz onírico.

Comienza por un track diseñado para la odisea, definida por un flautín fugaz que prepara la mente del receptor para el siguiente track (que titula el disco), un deleite armonioso. Mucho de su esencia furtiva se encuentra en el repeat hipnótico y los sampleos lo fi al estilo trip hop que sellan con tinta de oro cada uno de sus riffs vaporosos. Tracks como “The Brothel” o “Shaolin” son ejemplos destacables de ello, llevando mucha de su influencia de Dj Kush a flote. “Smelling Like Angel’s Vagina”, es uno de esos dulces paisajes sonoros en donde se imaginan, tal vez, vibraciones de árboles rojizos.

Seguimos atentamente el desenvolvimiento del disco, y cuando ya nos hemos preparado para lo melancólico, canciones como “Can’t Help” logran imponernos un estado de beatitud insondable, del que no podemos escapar: 1 minuto y 16 segundos de eternidad, compuesto por unos cuantos beats de mezclas instrumentales y jugueteos de tonalidades. Clonki tiene bien definido su espíritu trip hop, y “Amour” es uno de esos complejos sonoros ejecutados con saxofón sobre una secuencia exquisita que finaliza el álbum.

Cada sonido de este álbum se sitúa en el seno del todo y cada pieza funciona con la ayuda de la otra. Las brillantes métricas indefinibles sobre este jazz contemporáneo, han dado la pauta para la fotosíntesis de un género que puede emanar organismos de vida alternativos a los distintos subgéneros de jazz que conocemos; podría considerarse un álbum de romanticismo fiel y una vehemencia extraordinaria hacia la calidad vintage de la improvisación en un tocadiscos arcaico.

Twitter de la autora: @surrealindeath

 
Con un line up épico, como suele ocurrir con este evento, este año el Big Ears incluirá al maestro Steve Reich, así como John Cale, Ensemble Signal, Jonny Greenwood, Vladislav Delay y Nils Frahm, entre muchos otros.

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La música siempre fue uno de los catalizadores más importantes de la energía humana. Lo anterior puede comprobarse en los conciertos, eventos en los que, particularmente los jóvenes, encuentran un refugio para abrirse a los estados de ánimo, y de conciencia, que solo pueden florecer a través de estímulos musicales colectivamente disfrutados. En años recientes resulta evidente que el mercado ha sabido aprovechar este fenómeno, gracias a lo cual han surgido decenas de festivales musicales patrocinados por grandes marcas que, ávidas de programar los hábitos de consumo del sector juvenil, gustosamente fondean dichas 'experiencias'. 

Afortunadamente, entre esta ola de festivales que canalizan la rebeldía brandeada de las nuevas generaciones, también se mantienen ciertos eventos que, más allá de servir como escaparate para exhibir los logos de las marcas –a cambio de la promesa de diversión, soltura, y una buena dosis de cerveza–, se concentran en la esencia de lo que, supongo, debería ser un concierto: la experiencia musical.

Fundado en 2009 y realizado en Knoxville, Tennessee, el Big Ears se ha caracterizado por reunir a integrantes de uno de los sectores más refinados de la producción musical. En su primer año reunió a gente como Philipp Glass, Matmos, Dan Deacon, Fennesz y Pauline Oliveros. Al año siguiente se dedicó la edición al maestro Terry Riley con motivo de su cumpleaños 75. Además del festejado, ese año se presentaron Sufjans Stevens, Nosaj Thing, The Books, Clogs y Bang on a Can.

Tras un par de años en los que el evento se suspendió, para este 2014, fiel a su elegante curaduría, el Big Ears se llevará a cabo del 28 al 30 de marzo, y tendrá a Steve Reich como acto principal. Además del virtuoso compositor neoyorquino, la presencia de Jonny Greenwood (integrante de Radiohead), John Cale (ex Velvet Underground), Vladislav Delay, Marc Ribbot, Nazoranai y Nils Frahm, entre muchos otros, fácilmente reubicará este evento entre las epifanías sonoras del año.   

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Twitter del autor: @ParadoxeParadis