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Así es la vida cotidiana en el espacio exterior (GIFs)

Ciencia

Por: pijamasurf - 06/21/2013

Chris Hadfield debe ser el astronauta más conocido de nuestra época. Sin embargo, a diferencia de otros como Yuri Gagarin o Neil Armstrong, su fama se cimenta menos en la épica y el heroísmo que usualmente asociamos con quienes tuvieron como destino salir del planeta y pasar una temporada en el espacio sideral, y más con la elocuencia a veces modesta pero siempre expresiva de los actos cotidianos.

Un poco como si siguiera la consigna zen de que la vida diaria es el único camino a la iluminación, Hadfield documentó con profusión su estancia en la Estación Espacial Internacional (ISS) en sus detalles más mínimos. Se trató también de un proyecto didáctico, pues los videos que grababa y transmitía en el canal de YouTube de la Agencia Espacial Canadiense, sirvieron para echar un vistazo a las similitudes y diferencias existentes entre la vida en la Tierra y la vida en el espacio, cómo las circunstancias de esta última ―en especial la fuerza de gravedad en cero y las limitaciones de un espacio como la ISS―modifican notablemente algunas de las operaciones que para la mayoría de nosotros son más bien triviales.

Cortarse las uñas, exprimir una toalla, rasurarse y aun llorar se transforman así en acciones de ejecución inesperada, complicada incluso, que requieren de una adaptación especial, como si de pronto tuvieran sentido solo cuando se realizan en nuestro planeta. Y con todo, si bien es cierto que es una cotidianidad distinta, modificada, a fin de cuentas también es el curso diario de los hechos.

Los gifs que compartimos ahora fueron creados por el usuario de imgur TozzaG a partir de los videos de Hadfield.

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[My Modern Met]

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Ciencia

Por: pijamasurf - 06/21/2013

Antoni Tudurí, violinista, recién se doctoró en informática con un sistema que analiza los patrones en las obras de un compositor, con lo cual es posible determinar la verdadera autoría de determinadas piezas; descubre 8 preludios equivocadamente atribuidos a Bach.

Johann_Sebastian_BachLa noción de autoría y la preocupación en torno a esta,  pueden considerarse un tanto moderna o recientes, pues durante muchos siglos los quehaceres creativos y artísticos se fundamentaron en prácticas como la imitación, la apropiación y otras afines, con la anuencia tácita tanto de los creadores como del público, sin que existiera un prurito mayúsculo (como el que ahora es tan común) en torno a la pretendida originalidad de los contenidos. Asimismo, los “autores” tenían poca preocupación por ver sus obras reunidas bajo el sello de su nombre y más bien dejaban que estas circularan con cierta caprichosa libertad.

Sin embargo, conforme las creaciones culturales comenzaron a personalizarse y se consideró casi imprescindible aparejar a estas con su autor, estas prácticas generaron algunos conflictos, uno de los cuales fue, por ejemplo, encontrar que determinada obra podría ser de un artista pero al mismo tiempo no tener certeza total de ello.

Este ha sido un poco el caso de escritores, músicos, poetas y pintores que tuvieron como característica común una sorprendente fertilidad artística en épocas en las que, en contraste, no se llevaba un registro puntual de esta. Shakespeare, Leonardo da Vinci y Johann Sebastian Bach son tres de los ejemplos más emblemáticos de esta situación.

Al menos para Bach es posible que ahora su catálogo (que supera las mil composiciones conocidas y atribuidas) sufra algunas modificaciones, pues recientemente Antoni Tudurí, violinista y doctor en informática por la Universidad de las Islas Baleares, presentó un sistema que analiza partituras y establece patrones para determinar si determinada pieza pertenece o no al corpus de un músico.

En concreto este programa toma en cuenta el porcentaje de uso de las diferentes notas, los intervalos melódicos empleados y la frecuencia de las figuras, un sofisticado método de comparación pensando para zanjar la duda ahí donde una pieza solo se atribuye a un compositor sin que haya razones contundentes para demostrar su autoría.

Así, de acuerdo con Tudurí, de los ocho preludios catalogados como BWV 553-560, solo tres de ellos ―los BWV 556, 559 y 560― fueron compuestos por Bach, mientras que los otros son obra de Johann Ludwig Krebs, alumno del compositor en Leipzig. Por otro lado, los preludios BWV 692, BWV 693 y BWV 748, al parecer son en realidad obra de Johann Gottfried Walther, primo de Bach.

 

Con información de Vanguardia