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Entre orgías creativas y placenteras está el café: el estimulante favorito de los creadores

Por: pijamasurf - 04/24/2013

Los hábitos de los artistas: Balzac acostumbraba beber 50 tazas de café al día, Frank Baum unas 4 o 5 con el desayuno, Beethoven una sola taza con 60 granos.

images (13)Muchas personas son incapaces de comenzar su día sin una buena taza de café. Sea por el delicioso sabor reconfortante o por la dosis de cafeína que conlleva una taza de la adictiva bebida, esta ha sido una parte primordial de la existencia y convivencia social de la raza humana por siglos.

Desde que el café se convirtió en una actividad tradicional en la vida diaria occidental en el siglo XVI, este ha sido utilizado por las mentes más brillantes cómo una fuente de energía y ha llegado a constituir parte de la rutina sorprendentemente normal de muchos genios.

Un artista que disfrutaba empezar su día con una taza de café era Beethoven, cuya precisión al componer música se reflejaba en la minuciosidad con la que preparaba, él mismo, su taza de café en las mañanas. El compositor estaba completamente seguro de que la taza perfecta de café debía llevar 60 granos, por lo que con frecuencia las contaba en la mañana.

El filósofo Søren Kierkegaard prefería una mezcla mucho más dulce; tomaba una bolsa de azúcar y la vertía con entusiasmo en una taza hasta que el polvo blanco rebasara el tope de la taza, después vertía café negro muy concentrado y observaba mientras que la pirámide de azúcar se disolvía. Cuando se sentía satisfecho con su preparación, Kierkegaard la bebía en un solo trago.

El escritor de El Mago de Oz, Frank Baum, también empezaba su día con un buen desayuno y 4 o 5 tazas de café con azúcar y crema. El matemático Paul Erdös creía que “Un matemático es una máquina que puede convertir el café en teoremas”, y gustaba de tomar expresos y tabletas de cafeína (con la anfetamina ocasional).

Entre los  otros genios que no podían vivir sin una taza de café se encuentran Proust, Glenn Gould, Francis Bacon, Jean Paul Sartre, Gustav Mahler y Balzac. Sin lugar a dudas el amor (o quizá dependencia) de Balzac supera a todos los demás. Parte de la rutina diaria del escritor incluía cenar ligeramente a las 6 pm y después acostarse. A la 1 am se despertaba y se sentaba frente a su mesa a escribir por 7 horas sin interrupción alguna. A las 8 am se permitía el lujo de tomar una siesta de hora y media, al despertar se ponía a trabajar bebiendo entre las 9.30 am y 4 pm taza tras taza de café negro; podía tomar hasta 50 tazas de café mientras escribía. El biógrafo de Balzac Herbert J. Hunt describió su rutina extrema como “orgías de trabajo puntuadas por orgías de relajación y placer”, el café era para Balzac tan placentero cómo necesario para trabajar.

Balzac describe su admiración de la siguiente manera:

“El café acaricia la boca y la garganta y pone todas las fuerzas en movimiento: las ideas se precipitan como batallones en un gran ejército de batalla, el combate empieza, los recuerdos se despliegan como un estandarte. La caballería ligera se lanza a una soberbia galopada, la artillería de la lógica avanza con sus razonamientos y sus encadenamientos impecables. Las frases ingeniosas parten como balas certeras. Los personajes toman forma y se destacan. La pluma se desliza por el papel, el combate, la lucha, llega a una violencia extrema y luego muere bajo un mar de tinta negro como un auténtico campo de batalla que se oscurece en una nube de pólvora."

Tal pareciera que las fuerzas en movimiento de 50 tazas de café al día terminaron perjudicando la salud de Balzac; hacia el final de su vida tenía la presión alta, dolores de cabeza crónicos, espasmos faciales y cólicos. Murió a los 51 años de edad a causa de un fallo cardiaco. El café se ha vuelto una pieza irremplazable dentro de nuestra cultura, no importa cómo lo tomemos: expreso, cortado, negro, ristretto, chemex, frío, y cientos de otras maneras, seguirá inspirando a genios, impulsando nuestros sueños y llenando de energía nuestro día a día.

¿Necesitas más razones para beber café?

[Slate]

El arte como vehículo de curación en "The Healing Machine" de Emery Blagdon (FOTOS)

Por: pijamasurf - 04/24/2013

Una curiosa instalación nacida del dolor trató de sanar a la vez que asombrar, en una mezcla de alquimia, terapéutica y reciclaje sagrado.

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En la rara y noble estirpe de artistas secretos, Emery Blagdon se ganó un lugar a pulso a pesar de haber muerto hace casi medio siglo. Con "La Máquina para Curar" (The Healing Machine), que comenzó a construir en 1955, Blagdon se proponía un ambicioso proyecto que conjuntaba la ciencia, el arte y la medicina tradicional, alejándose de tendencias del arte moderno que priman la expresión del yo del artista para dar paso libre a la experiencia del espectador en la instalación.

Viajero empedernido, Blagdon comenzó a experimentar con materiales en los 30; lo que podemos ver en "La Máquina para Curar" es tanto el proceso como el resultado de esa exploración, donde el artista-chamán utiliza un elaborado sistema compuesto de madera pintada, alambre finamente doblado, placas de acero, papel aluminio, luces de Navidad, sales curativas e incluso alas de mariposa para crear extraños candelabros colgantes que pretendidamente debían capturar el campo electromagnético de la Tierra; al pasar por la máquina, el espectador-paciente veía sus dolores aliviados.

Expuesta actualmente en el Kohler Arts Center, la instalación reconstruye el estado original en que la pieza debía ser montada, pues como muchos creadores introvertidos, dejó instrucciones de montaje pero también un gran desorden. Dan Dryden trabajaba en una farmacia cercana a donde Blagdon trabajaba, por lo que pudo asistir a la creación de la pieza; luego de experimentar la poderosa presencia de la obra se fue a Nueva York para perseguir su sueño de dedicarse a la música. Cuando volvió a Callaway, Nebraska, a finales de los 80, se encontró con que el artista había muerto; para él fue natural comprar la obra y tratar de exponerla tal como él la había experimentado.

La intención de Blagdon con esta pieza, según sus curadores, fue el expiar el dolor por la muerte de sus padres, quienes fallecieron después de largos dolores. Blagdon consideraba que era capaz de sentir más nítidamente la electricidad de la Tierra que otras personas, por lo que sus exploraciones fueron el resultado de tratar de hacer sentir a otros lo que él sentía naturalmente. Por desgracia, ni siquiera su máquina logró salvarlo del cáncer, enfermedad que cobraría su vida en 1986. 

"La Máquina para Curar" será exhibida en el Kohler Arts Center hasta enero del 2014, luego de lo cual se planea una gira por otras galerías y centros de arte alrededor del mundo.

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[Atlas Obscura]