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La nueva moda en California: clases de yoga potenciadas con cannabis

Por: pijamasurf - 01/17/2013

La marihuana puede ayudar a relajarse y profundizar en la práctica del yoga según algunos controversiales instructores del estado de California.

Liz McDonald, maestra de yoga en el estudio Brazilian Yoga, inicia su clase a las 4:25 de la tarde como cortesía e invitación a los stoners de Glendale, California --no muy lejos de ahí, en San Rafael, Los Waldos acuñaron el hábito de reunirse a las 4:20 a fumar marihuana. La clase, "4:20 Remedy Yoga",  se mueve con lentitud; McDonald invita a sus alumnos a relajarse y sentir que su mat es una alfombra mágica.

Este guiñó a la marihuana viene de que, en una sociedad donde la marihuana médica está ampliamente difundida, McDonald ha descubierto que ésta puede ser una herramienta útil para potenciar el aprovechamiento del yoga, una disciplina donde la relajación y la introspección son claves. "He descubierto que [la marihuana] es una herramienta valiosa en la ensañanza. La incredulidad es mi más grande obstáculo. La gente no cree que puede sentir su propio latido o que puede enviar aire a sus apéndices. Un poco de marihuana los relaja hacia la comprensión. Y si quieres solamente echarte en el suelo en mi clase, eso está bien", dice McDonald.

En San Franciso, la instructora Dee Dussault imparte la clase Ganja Yoga, en donde mezcla las técnicas ancestrales del tantra, el yoga y la estimulación psicoactiva sagrada. "El yoga tántrico dice que debes de usar las herramientas que están disponibles para llegar a la trascendencia", sostiene Dussault. Algunos promotores de esta fusión argumentan que en los sutras se habla de la "hierba" como uno de los cinco métodos para alzar el velo de la ignorancia, o la barrera entre la mente consciente y la mente  inconsciente --pero los críticos señalan que esa hierba podría ser cualquier otra.

Este tipo de prácticas sincréticas tienen numerosos opositores más puristas. "Una de las cosas que enseña el yoga, incluso en que algo que puede ser tan simple como sostener una posición incómoda, es cómo tolerar la realidad", dice la instructora Nancy Romano. "Cualquier sustancia que altera nuestra habilidad de estar con aquello que realmente está pasando debería ser evitada". 

Sin duda un tema polémico, border del doping, de lo profano y sagrado, de lúdico, lo irreverente y lo tradicional. ¿Quién tiene la mente más abierta, el que admite que se puede beneficiar del uso de drogas como la marihuana para aumentar su capacidad de entender y explorar una disciplina ancestral, o el que no necesita de un aditamento para profundizar en el presente, relajándose y asimilando la totalidad de una práctica? ¿O en realidad hay conflicto entre estas dos visiones?

El yoga sin duda es una de las disciplinas físico-espirituales que más innovación ha generado en su propio ejercicio: yoga con marihuana, yoga teórico en el espacio sideral, o doga (yoga con perros), son algunas de las más estimulantes recreaciones de esta tecnología de unión espiritual a través del cuerpo.

[NY Times]

Transformar información en conciencia, y esta a su vez en cotidianidad, es el proceso básico que define el reto de nuestra generación: ser congruentes.

*Imagen tomada de Instagram (paradoxeparadis)

"Walk the talk"

Generacionalmente somos un grupo  privilegiado. Disponemos hoy de una cantidad de información que apenas hace unas décadas era difícil de concebir, y los flujos de data circulan con inédita soltura y velocidad. Sin embargo, los retos que enfrentamos de manera colectiva se han complejizado, de manera proporcional,  a esta facilidad informativa. 

Si bien antes acceder a cierta información  calificaba como proeza, algo asequible solo para los más osados, los más afortunados o para unos cuantos "iniciados", ahora estamos ante un par de interrogantes cruciales: ¿cómo reforzar la transformación de información en conciencia? y sobretodo ¿cómo hacer que esa conciencia se proyecte tangiblemente en nuestra vida diaria?

Si intentáramos definir un modelo en el cual se basa nuestra evolución consciente, podríamos proponer una dinámica basada en lo siguiente: obtención de información, procesamiento de data, construcción de conciencia y, finalmente, materialización de esta conciencia. Y, por cierto, este último paso podría considerarse como el máximo reto de nuestra generación. 

Información en Conciencia

Acumular información selecta ya no implica un gran merito (esto a pesar de que distinguir en un maremágnum de data cuáles son las hebras más lúcidas o benéficas, sin duda requiere de una cierta dedicación). El procesar dicha información, para eventualmente traducirla en conocimiento y luego en conciencia, es una especie de obligación existencial, sobretodo si partimos de la premisa que la data por sí sola no implica beneficio alguno y, en cambio, si puede intoxicarte o inclusive alimentar tu ego, sugiriéndote que ‘sabes mucho’.

Desconozco si existen reglas o fórmulas para guiar este proceso, pero por lo pronto propondría dos acciones esenciales para alcanzar con éxito este objetivo. Por un lado tenemos el ‘ejercer’ la información, experimentándola para lograr así su “desconceptualización” y carearla con lo mundano –recordemos que a fin de cuentas este terreno será el receptor final, o semifinal, de toda esta alquimia informativa–. Como complemento a este ‘vivir’ la información que vas recolectando, creo que el segundo acto sería, en esencia, el compartir los frutos de esa experiencia, honrando así su naturaleza de flujo. 

Conciencia en Congruencia

Una vez sensibilizados los bits de información que vamos recolectando, proceso al cual podríamos atribuirle el carácter de ‘construcción de conciencia’, aún resta una fase fundamental para consumar la gran obra de data-alquimia: sumergirte genuinamente en esa conciencia y embalsamar con ella tu vida cotidiana. Para lo anterior existe un término que si bien es popularmente dimensionado, lo cierto es que pocas veces se aplica como una filosofía de vida: la congruencia.

La congruencia podríamos definirla como una pulcra sincronía entre lo que sabes, es decir aquello de lo que eres conciente, lo que predicas, y lo que haces. Esta sintonización de pensamientos, palabras y actos, ha sido enaltecida como fundamento en múltiples tradiciones místicas, modelos filosóficos, y postulados éticos. Incluso hay quienes afirman que esta virtud es la clave para la felicidad –Gandhi afirmaba que esta última “ocurre cuando lo que piensas, lo que dices, y lo que haces, se encuentran en completa armonía”. Sin embargo, créanme, se trata sin duda  del paso más complicado. ¿Cuántas veces hacemos algo que sabemos que no será benéfico para nosotros o nuestro entorno? Al menos yo, demasiadas.

El reto (¿estás listo?)

Resulta relativamente fácil, considerando la cantidad de data accesible, entretejer vistosos discursos evolutivos, teorizar sobre la posibilidad de alcanzar en un futuro próximo radiantes escenarios de vida, o trazar emocionantes panoramas. Pero también es claro que la pirotecnia retórica –aunque no niego que puede ser inspiradora, y en este sentido juega rol de cierta relevancia– está lejos de ser suficiente para poder completar nuestra ‘gran obra’ generacional (la cual consiste en gestar un nuevo programa de realidad que manifieste cabalmente principios como la justicia, la equidad, el bienestar compartido, etc).

Y a propósito de esto, creo que vale la pena retomar unas líneas incluidas en el texto “Revolución no, Renacimiento sí (sobre el aquí, el ahora, y la congruencia)”, publicado aquí mismo, en Pijama Surf, a mediados del año pasado:

Pero estos ecos propositivos ya no son suficientes. Si yo (que a la vez soy tú) no me hago responsable de mi vida, de cada instante que se trenza a lo largo de cada día de mi vida, si no tengo la voluntad para materializar esa conciencia en cada uno de mis actos, si no soy capaz de traducir mi discurso evolutivo en ese axis del momento presente, si no logro sintonizar mis pensamientos con mis acciones y mi discurso con mi corazón, entonces habremos perdido, una vez más, la oportunidad de compartir un dorado amanecer. […] El verdadero heroísmo descansa en micro-decisiones concertadas de manera permanente (la épica es una secuencia tan larga como microscópica). La conciencia está (afortunadamente) de moda. Pero la única ruta posible hacia un ‘algo’ mejor es la congruencia. Los tiempos de presumir nuestra disposición a participar en un futuro más luminoso han terminado.

* Zig Zag mantra

Congruencia no es transmitir el eco de los grandes maestros ni dibujar potenciales paraísos evolutivos. Congruencia no es predicar acciones inspiradoras o emitir tuits de misticismo pop. Congruencia no es hablar sobre el camino, ni presumir proyectos de vida. Congruencia no es acumular información opulentamente sofisticada, o estudiar el trayecto de personas ejemplares. Y ciertamente congruencia no es escribir un artículo en Pijama Surf sobre las mieles de ser congruente (lo cual admito que, desde cierta perspectiva, es francamente grotesco).

Poiesis

Para concluir, me gustaría aludir brevemente a la poiesis, antecedente etimológico del término poesía, que se refiere a “hacer, a consumar un acto continuo de transformación del mundo", a ejercer la poética de manera vivencial. Hagamos pues poesía. Culminemos la obra o disolvámonos en el intento, de cualquier forma no hay mucho más que alguna de estas dos opciones. 

Twitter del autor: @paradoxeparadis / Javier Barros del Villar