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The Light, una lámpara inteligente y open source que lleva la iluminación a una nueva frontera

Por: pijamasurf - 12/08/2012

Habla con la luz, el fuego digital ha llegado. The Light, un elegante proyecto de iluminación interactiva inteligente diseñado por Mark Pesce.

El Internet de objetos ya está aquí y The Light, de Moore's Cloud (la nube de la singularidad tecnológica) es uno de los heraldos.  Combinando una lúcida estética con una adaptabilidad informática de punta de lanza, este gadget es capaz de acercarte a una deliciosa inteligencia ambiental. 

The Light, luz de luces, está disenada en su interfaz por Mark Pesce, una de las mente más activas en la innvoación tecnológica, pionero de la realidad virtual. La idea del Internet de cosas es crear una red de información intercomunicada entre los objetos de la vida cotidiana, de una manera que  no sea invasiva, que incremente la funcionalidad y , como en este caso, lleve un poco de ese lado mágico que tiene la tecnología a la experiencia diaria. The Light se conecta a Internet vía Wi-Fi y responde a comandos de un smartphone o tableta --aunque estén del otro lado del mundo (puedes programar un show de iluminación para tus hijos aunque estés de viaje en Hong-Kong). Puedes hacer esto programando a The Light para que refleje automágicamente la temperatura de Vladivostok en California. The Light puede capturar el color del vestido de una mujer en una habitación, de las flores, del cielo de una película, o un DJ puede sincronizar su música para crear efectos ambientales complementarios.

Puedes usar The Light para armonizarte con la naturaleza. Seguir el curso del sol, teñir la habitación con el atardecer, sincronización biorrítimica para la sociedad alejada de la naturaleza. En vez de usar un despertador The Light puede recrear el sol y encenderse sutilmente para despertarte de manera menos abrupta. 

Las cosas que se pueden hacer con The Light aún no han sido sondeadas: con una interfaz a código abierto. Con una computadora Linux embebida, un acelerómetro, una interfaz REST Y 52 LEDs con dos millones de colores las posibilidades son innumerables. Algunas de las aplicaciones que se están haciendo ya: un indicador de niveles de contaminación y rayos ultravioleta, animaciones, una paleta de colores touchscreen y la creación de fuego digital.

The Light en Kickstarter

¿Cómo se construye la realidad? (estímulo + percepción + procesamiento): Nuestro cerebro resuena, literalmente, con el entorno, existe una relación de correspondencia oscilatoria entre lo que esta afuera y lo que esta adentro (de nuestra cabeza).

Desde cierta perspectiva, los seres humanos funcionamos bajo un modelo pendular, regido por patrones cíclicos que determinan un cierto cause de estímulos. Nuestras funciones corpóreas oscilan resonando con los ritmos del medioambiente –en una dinámica que depende, en buena medida, de la presencia de luz o oscuridad, es decir día o noche, pero también incluidas otras variables como temperatura, altitud, etc–, y las condiciones naturales del entorno mantienen una injerencia significativa en nuestra percepción y y en nuestra conducta.

Un paso más allá, dejando atrás las funciones meramente corporales y penetrando la región del comportamiento neuronal, o cognitivo, muchos de nosotros sabemos que, por ejemplo, la capacidad de concentración que logramos desplegar varía según el momento del día, algunos logramos enfocar nuestra mente en una tarea en particular durante las mañanas, otros por el contrario somos más nocturnos.  De algún modo parece que los ritmos circadianos, ese rítmico oscilar de las variables biológicas impresas en nuestro cuerpo, actúan como un protocolo, cíclicamente dinámico, que moldea una porción considerable de nuestra existencia –o que al menos marca la pauta de las inercias perceptivas y conductuales–. 

Pero ¿qué tan íntimo es el diálogo que mantiene nuestro cerebro con el medioambiente? ¿qué tan profunda es la sintonía rítmica entre nuestro cerebro y el entorno? Interrogantes similares a esta son, imagino, las que llevaron a los científicos Molly Henry y Jonas Obleser, del Max Planck Research Group “Auditory Cognition”, a realizar un experimento para determinar el grado de resonancia entre el ambiente (afuera) y la actividad cerebral (adentro), particularmente enfocado en la relación entre el entorno sonoro y el procesamiento neuronal de los sonidos.

Tras exponer a un grupo de voluntarios a sonidos sutiles, los investigadores comprobaron que existe una correlación directa entre el estímulo externo, en este caso el sonido, la capacidad de percibirlo, es decir lo que se refiere al procesamiento cerebral de dicho estímulo, y los ritmos del cerebro. "Las incrementos y decrecimientos de la actividad cerebral. Estos regulan nuestra capacidad de procesar la información entrante", explica Henry Molly, mientras que Jonas Obleser añade "a partir de estos resultados, se desprende una conclusión importante: Todas las variaciones acústicas que encontramos parecen conformar la actividad de nuestro cerebro. Al parecer, nuestro cerebro utiliza estas fluctuaciones rítmicas para estar mejor preparado para el procesamiento de la venidera información importante".

En pocas palabras, según lo que yo entiendo, es como si la realidad perceptible resultara de una especie de ecuación interactiva entre lo que 'hay', lo que percibimos que hay, y el procesamiento de dicha data. Más allá de las significativas repercusiones que este descubrimiento podría tener en el futuro de la ciencia médica orientada a problemas auditivos y a procesos neuronales, el experimento resulta fascinante en nuestro intento de entender como es que construimos la realidad. De algún modo se sugiere que la realidad no es "real" ni absoluta como tal, pero tampoco es una mera construcción perceptiva. Más bien se trata de un hiper-sofisticado cocktail en el que participan al menos tres ingredientes (el estímulo, la percepción, y el procesamiento).

Hace poco escribía sobre la posibilidad de que las personas estamos, permanentemente, alucinando –actuando de acuerdo a una realidad que no existe independientemente de nuestra interpretación–. Hoy, en cambio, creo que la realidad es producto de una exuberante sinergia entre ingredientes, una especie de pirámide traslúcida cuya punta es el aquí y cuya base es el ahora. Mañana no se cual será mi conclusión provisional, pero ese nomadismo interpretativo es el que dota a nuestra existencia con una esencia ineludiblemente mágica: las delicias del tal vez.  

Twitter del autor: @paradoxeparadis