*

X

La desaparición del "5anto" y otros casos en los que el narco o el gobierno mexicano parece haber atacado a periodistas digitales

Política

Por: pijamasurf - 10/02/2012

La desaparción del bloguero conocido com "El 5anto" y el vacío informativo de su paradero, así como otros casos en los que voces notorias que se oponían al régimen en Internet han sufrido ataques, hace pensar que tal vez estemos viendo un nuevo estado de represión y censura en México.

¿Persigue el gobierno mexicano, o los poderes en la sombra, a las voces que se oponen al régimen en Internet? Existen algunos casos que parecen sugerir que algo en este sentido está ocurriendo --lo cual seriá un serio atentado en contra de la libertad de expresión. El sitio Aristegui Noticias publica una nota sobre 8 casos de ataques a periodistas en internet, blogueros y tuiteros en México, la cual ciertamente describe una situación preocupante.

La reciente desaparición de Ruy Salgado, conocido como "el 5anto", del sitio El5antuario, ha generado ciertas sospechas sobre si existe una marcada persecución en contra de las voces disonantes que se expresan en el suspuestamente libre terreno de Internet. El sitio de Ruy Salgado reiteradamente se manifestó en contra del gobierno de Calderón, su guerra contra el narco y la cargada que se realizó a favor de Enrique Peña Nieto; el espacio se dedicó a publicar datos incriminantes y teorías de  la conspiración (que podrían ser verdaderas) en contra de lo que podemos llamar el sistema dominante. Y aunque muchos podrían pensar que un blog difícilmente puede influir o inclinar la balanza en una elección o en las postrimerías agitadas de la misma --pese a que el sitio El5antuario actualmente ha cobrado relativa importancia con un tráfico que supera ya las 50 mil visitas diarias-- el hecho de que el titular de este sitio haya desaparecido en este clima es delicado (actualmente el caso es investigado por Reporteros Sin Fronteras). ¿Acaso una muestra del exceso y la inconciencia autoritaria que caracteriza a los largos y torpes brazos del Estado y del status quo? ¿O se trata del narco, ya una especie de brazo militar clandestino del poder político?

Reproducimos aquí la suma de los 8 casos que compila el sitio de la periodista Carmen Aristegui:

 

 1-En agosto del 2011, María de Jesús Bravo y Gilberto Martínez, tuiteros veracruzanos, fueron encarcelados un mes bajo los cargos de "terrorismo" y "sabotaje", señalados por el propio gobernador del estado, Javier Duarte, de perturbar "el orden público".

2-En agosto del 2011, el portal "Plumas Libres" de Xalapa, Veracruz, fue hackeadodurante varios días; el periodista Luis Velázquez cuestionó ¿quién encabezaba el ataque y con qué fin?

3-En agosto del 2011, el portal "E-consulta", de Puebla, fue inhabilitado, tras una campaña que encabezó el vocero el gobernador Rafael Moreno Valle, Sergio Ramírez Robles.

4-El 27 de octubre del 2011 se encontró el cuerpo decapitado de María Elizabeth Macías, conocida en internet como "la nena de Laredo", quien colaboraba en el sitio web"Nuevo Laredo en Vivo", donde se reportan actividades del crimen organizado en la región.

5-El 9 de noviembre del 2011 encontraron decapitado al internauta conocido como "El Rascatripas", en Nuevo Laredo, Tamaulipas. El sujeto, de quien no se reveló su nombre, colaboraba con el sitio Nuevo Laredo en Vivo.

6-En noviembre del 2011, el portal de internet sinaloense "Riodoce.com.mx" recibió un ataque cibernético. De acuerdo con el directivo de la revista, Ismael Bojórquez Perea, la agresión vino por la información que difundía el sitio sobre el proceso judicial contra Vicente Zambada, Niebla, "el Vicentillo".

7-En septiembre del 2012, se reportó la desaparición del popular bloguero y tuitero conocido como "el 5anto" o "Ruy Salgado". Aunque se informó que el caso estaba en manos de sus familiares, el blog en el que difundía opiniones y noticias sobre que dejó de realizar publicaciones.

 8-En septiembre del 2012, Aleph Jiménez, vocero de #Yosoy132 en Ensenada, Baja California, se escondió ante la sospecha de un ataque en su contra. Jiménez pertenece al movimiento estudiantil surgido en las redes sociales en agosto pasado.

 

 

Te podría interesar:

La simplificación del mundo como mecanismo de control social

Política

Por: pijamasurf - 10/02/2012

El mundo es infinitamente más complejo de como lo quieren mostrar entidades que hacen de su simplificación un mecanismo elemental —pero sofisticado y sutil— del control social.

El control social no es una idea: es una realidad. El control social es también una de las estrategias elementales de quienes ejercen el poder, básica aunque al mismo tiempo sumamente sofisticada y sutil —porque para ser eficaz, no puede ser de otro modo.

Aunque no es reciente, el control social ha encontrado en los últimos años un fuerte apoyo en la noción de “trivialización”. Paradójicamente, a la complejidad de nuestra realidad contemporánea se opone sistemáticamente una voluntad de reducirla la realidad misma a un inmenso aunque desdeñable incidente sin importancia. Conflictos sociales que se multiplican en diversas partes del mundo, aumento en las tasas de crímenes, pérdida de derechos que antes se creían impermutables, situaciones que, en general, podrían considerarse algún tipo de síntoma, la señal de que las cosas no van tan bien como algunos aseguran, y sin embargo son asimiladas en el discurso dominante como anomalías simples pero esperadas, o limitadas a ideas que, como el concepto de “depresión”, se repiten en incontables ocasiones hasta volverlas huecas y carentes de sentido.

Es cierto que, en cierto nivel, la vida cotidiana requiere de la simpleza para desarrollarse. Para vivir necesitamos ser parcialmente simples. Pero, como propone Colin Todhuntern en el sitio del Centro para la Investigación de la Globalización, cuando dicha necesidad vital por lo simple es tomada por los medios de comunicación y los políticos, por personas y grupos que tienen poder y lo ejercen para su beneficio o el de sus intereses personales o de clase, entonces la simpleza se convierte en una de las formas de la manipulación.

La banalización, la simplificación, la trivialización: métodos que se ponen en marcha, iterados, para hacer parecer que una situación determinada, si no es parte de la norma, tampoco merece más atención que la que se le da a cualquier hecho nimio de la vida cotidiana.

Tómese como ejemplo la conversión a veces disimulada, a veces evidente, que los propagandistas del statu quo —en la vida económica, la social, la cultural, la política — hacen de palabras o consignas históricamente identificadas con grupos subversivos o disidentes. Canciones pop que toman como motivo la rebeldía de generaciones pasadas; programas de televisión que, so pretexto de la parodia, transforman la vida política de un país es una gracejada; eslóganes políticos que vuelven cliché o lugar común lo que alguna vez fue exigencia novedosa y radical; productos que al comercializarse transforman en objeto de todos los días —para consumirse y desecharse— la irrupción de la disidencia en el orden social.

Así, los asistentes a una protesta pública son personas sin ocupación fija, rijosos, inconformes que no tienen razón para estarlo, vándalos que al recibir esta u otras denominaciones pierden toda oportunidad de exponer sus motivos, sus intenciones, los fines que persiguen.

Así, realidades complejas como la inmigración, asuntos de salud pública como el aborto o el suicidio, la precaria situación laboral de los países subdesarrollados, la pobreza creciente de los supuestamente desarrollados, el asesinato por parte de las autoridades de personajes juzgados previamente como “malvados” por la opinión pública dominante, en última instancia son “cosa de todos los días” o, si extraordinarios, sepultados en el olvido del siguiente canal sintonizado, de la siguiente página pasada, del siguiente hecho que la lógica de la sociedad del espectáculo eleva a los nuevos titulares. Por poner un ejemplo, ¿cuánto tiempo se le ha dedicado en los noticieros con más auditorio, cuánto espacio en las revistas o los periódicos de más tiraje, a la pesadilla diaria que viven miles de migrantes que buscan llegar a los Estados Unidos pasando por Centroamérica y México? ¿Cuánto en comparación con un hecho más o menos aislado, pero infinitamente más comprensible y asequible intelectualmente, que un hecho más propio de la nota roja o de las páginas del corazón?

¿Qué mejor manera de controlar una población —escribe Todhuntern— que induciendo la apatía y la banalidad y promoviendo la trivialización de las causas, ideas o situaciones difíciles de algunos? ¿Qué mejor manera de controlar a los disidentes que ridiculizándolos o, si esto no funciona, en el caso del gobierno indio, levantando cargos de sedición contra 7 mil legítimos manifestantes antinucleares en Kudankulam —simples aldeanos y pescadores?

Es cierto, parcialmente cierto, que en la vida diaria no podemos vivir angustiados por la descomunal miseria que el mundo lleva consigo —y, de alguna manera, tampoco podemos hacernos responsables de ella. Pero quizá este sea un enfoque equivocado (que, además, incluso incurre en esa misma trivialización: quejarnos como hábito y modo de vida, ¿no es también una manera de reducirlo todo a un vasto problema sin solución ante el cual solo queda resignarse?).

Quizá la salida de este callejón sea dar la vuelta y comenzar no a angustiarnos ni preocuparnos, sino a actuar: en la medida de nuestras posibilidades y en el horizonte a nuestro alcance. Y parte de esto es entender que el mundo no es tan simple como otras entidades con sus intereses propios intentan presentarlo.