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Osorio Chong y los hoyos del gobierno en la fuga de El Chapo Guzmán

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Hasta ahora, apenas se quiere asumir oficialmente la responsabilidad de informarnos con seriedad cómo va aquello que debe concluir con la recaptura de El Chapo. Una vaga referencia del Lic. Osorio hace unos días no basta.

Por ello, hemos de conformarnos con saber, gracias a los drones y geolocalizadores que, supuestamente, estuvo en Sinaloa. Y con el desplegado que la Procuraduría General de la República publicó hace un par de semanas, donde se incluyen los lineamientos de recompensa que habrán de seguirse, en el hipotético caso de que las pistas que se filtren sirvan de algo para detenerlo. A propósito, si es el caso, puede recomendarse también cavar un túnel para cobrar la gratificación que se ofrece, porque será complicado sobrevivir a la delación que se promueve.

Así, el objetivo del desplegado de marras se cae de maduro. Pero no ha podido esconder que se trata del extravío de un grupo de políticos el que ha impuesto esta estrategia, propia de un western, y a costa del erario, para reencontrarlo.

Sin la renuncia, o cuando menos, la aportación numismática del Secretario de Gobernación para reaprehenderlo, la trama decae y se abarata. En tanto, El Chapo ha pasado a las páginas interiores de los diarios, y trata de eludírsele en los noticieros de la radio y la televisión de un país casi beltronizado. Y sin embargo, puede ser probable que, dentro de 30 años, nuestros hijos y nietos apenas se acuerden de Peña Nieto, pero sepan referir, en cambio, lo que ocurrió con este delincuente y durante este lapso.

Por lo pronto, El Chapo en libertad, el dólar a la alza y el precio del petróleo a la baja.

Los partidos políticos en tortuosa o chapucera actividad democrática, y los árbitros electorales del INE, en floración bochornosa.

Resta aguardar, frente a todo ello, día con día, la crítica a veces interesante, bien remunerada, políticamente correcta y por ende, monótona --y en el fondo inofensiva-- de quienes puntualmente analizan a este país trastabillante y sobrediagnosticado.

Pero queda el humor, en cualquiera de sus vertientes, veredicto fugaz y mundano que, por cierto, es el que infecta de manera incurable la gloria de quienes nos gobiernan y nos han gobernado.

Al tenor de lo anterior, sin duda alguna, El Chapo ha logrado revolucionar, con su fuga, la mercadotecnia de la mecánica de suelos y, al mismo tiempo, ha reanimado el conocimiento del subsuelo político, territorial y extraterritorial del país.

A esta hora y punto, se nos debe ya una ceremonia de cancelación del timbre postal conmemorativo, con motivo del primer mes de la desaparición de El Chapo, presidida por el doctor Sergio García Ramírez, forjador inapelable de un sinnúmero de convicciones atolondradas, entre ellas, la de la readaptación social, método infalible de la restitución de la conducta de los mexicanos que incurren en todo tipo de delitos, en vista de la injusticia e inequidad social prevaleciente. Y también, para empezar, debe aclarársenos, de una buena vez, si en chino túnel se dice Chong.

La viabilidad futura de la UNAM depende de una comunidad académica joven, productiva y actualizada

Está por emitirse la convocatoria con la que se inicia el proceso que culminará con la decisión de la Junta de Gobierno de la UNAM a favor de alguno de los candidatos para ocupar la rectoría de la Máxima Casa de Estudios durante los próximos 4 años. 

Un grupo de destacados universitarios, miembros de la Junta, será el que ausculte a la comunidad académica y entreviste a los candidatos interesados en dirigirla. La comunidad emitirá su opinión y los candidatos presentarán su plan de trabajo. La Junta evaluará opiniones y planes y decidirá por cuenta propia. Ni la comunidad académica, ni la opinión pública, han tenido acceso, hasta ahora, a los planes de trabajo de los candidatos. Pero el proceso, que dista de ser democrático, funciona. Ha garantizado la estabilidad y continuidad de la institución quizá más respetada y querida del país.

Lo que es inaceptable es que no falten académicos, con o sin línea, que pretendan demostrar que el proceso mediante el cual se elige al rector de la UNAM, es democrático. En lugar de gestar y defender falacias, la comunidad académica podría demandar, en cambio, la transparencia en la última fase del proceso. Difundir, en vivo y en directo, la sesión en la que se lleve al cabo el debate previo a la votación en la que se elija al nuevo rector, por ejemplo. O al menos, que se pueda tener acceso oportuno a los planes que presentan los aspirantes. Todo ello no puede sino fortalecer el proceso de esta elección sui generis.

Por lo pronto, ojalá se nos pudiera facilitar el plan del doctor Narro para sus dos períodos como rector, para poder evaluarlo. Las horas Narro a las que nos hemos rendido durante 8 largos años en los medios, nos han dejado exhaustos. Pero también insatisfechos, por lo que respecta a ciertos hechos, que apenas narró y menos resolvió. Los rufianes que, de forma auspiciada o de manera autónoma, ocupan el auditorio Ché Guevara, antes Justo Sierra, de la Facultad de Filosofía y Letras, desde hace años, perduran ahí sin que haya mediado acción legal alguna para echarlos. El ambulantaje campea también en la UNAM. No emprendió tampoco José Narro ninguna solución a la jubilación digna, pero obligatoria, de su planta de profesores, cuya edad promedio se cifra en los 57 años de edad. La viabilidad futura de la UNAM depende de una comunidad académica joven, productiva, actualizada y familiarizada con al menos tres idiomas. Durante el lapso referido, la UNAM siguió dependiendo casi exclusivamente del erario público y extendió la mano para garantizar sus proyectos, pero también para consolidar sus intereses e inercias internos. Seguimos a la espera de planes importantes vinculados a la problemática que enfrenta el país. Seguimos esperando un registro de patentes generadas por investigadores de la UNAM. Y en el ramo de las ciencias sociales y el derecho, se nos quedan a deber Facultades que dejen de ser factorías de desempleo, o comadronas de licenciados carentes de identidad placentaria, o pródigos en inmunodeficiencia intelectual adquirida.

Al tenor de lo anterior, otra Junta de Gobierno, también  funcional, la de El Colegio de México, determinó que la doctora Silvia Giorguli fungirá como presidenta de esa institución durante el período 2015-2020. Apenas unos días después, la columna "Templo Mayor", del diario Reforma, difundió la  inconformidad, por parte de un grupo de académicos que no quiso identificarse, con el consenso que sumó la demógrafa en su designación. 

El reparo consistió en señalar que la ahora presidenta no cuenta con libros reconocidos y que su nivel en el Sistema Nacional de Investigadores está por debajo del de otros aspirantes.

Supongamos que lo anterior sea cierto, aunque tengamos que recordar, por ejemplo, que el licenciado Mario Ojeda Gómez tampoco escribió un libro reconocido, eventualidad que no se contrapuso para que sea recordado como un buen presidente de El Colegio.

Y por lo que respecta al nivel de la doctora Giorguli en el Sistema Nacional de Investigadores, pues resulta que, a decir de los miembros de la Junta de Gobierno, fue su plan de trabajo para El Colegio el que se impuso sobre el de los otros aspirantes con mejor nivel en el Sistema. Prueba suficiente para responsabilizarla del destino de una institución tan extraordinaria como lo es El Colegio de México durante el próximo quinquenio.