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¿Por qué el cielo es azul? La física detrás de los colores del atardecer

Por: pijamasurf - 08/02/2012

Los violetas, anaranjados, rosas, dorados y azules del cielo dependen de los rayos de luz, de la posición de las nubes y otros factores físicos que explican por qué cada amanecer y cada atardecer son diferentes del resto.


Los cientos de colores del cielo son fascinantes, y también, la explicación física detrás de ello. Tantas combinaciones son posibles por las propiedades de los rayos de luz y por la posición de las nubes.

En la escuela nos enseñaron que la luz viaja en diferentes ondas y frecuencias. Los colores rojos, naranjas y amarillos viajan en ondas largas; mientras que los azules y violetas, en ondas cortas. Cuando la luz del sol entra en la atmósfera y choca con objetos como gotas de agua o partículas de polvo, rebota en todas direcciones. Por otro lado, las partículas de gas absorben las ondas de luz, las retienen un tiempo y luego las liberan.

Los colores de alta frecuencia como el azul son absorbidos e irradiados más que los colores de baja frecuencia, que pasan derecho por la atmósfera. Por eso vemos el cielo azul, mientras que los rayos del sol nos parecen amarillos (a este fenómeno se le conoce como “Dispersión de Rayleigh”).

Cuando el sol se acerca al horizonte, los rayos de luz deben recorrer más distancia a través de la atmósfera. Como resultado, la mayoría de las ondas azules y violetas son dispersadas, y el sol parece más rojizo y de un brillo menos intenso.

Contrario a lo que muchos creen, los colores rojos de los atardeceres no tienen nada que ver con la contaminación del aire. De hecho, el smog opaca y desluce los colores. Por otro lado, en cielo limpio, las nubes reflejan colores vívidos. Una razón más para cuidar la calidad y limpieza del aire.

 

 

 

[EnvironmentalGraffiti]

Los mitos detrás del basilisco, el rey de las serpientes

Por: pijamasurf - 08/02/2012

Al basilisco se le ha temido por siglos en Europa y el Norte de África. Diversos bestiarios lo describen como un animal híbrido: una serpiente con cabeza o cresta de gallo, a veces alado, cuya mirada era mortal. Conoce las diferentes versiones que rodean a esta criatura mítica.

Esta criatura híbrida ha sido temida por siglos en Europa y el Norte de África. Cientos de diferentes historias cuentan cómo nace y cómo muere un basilisco. Un bestiario alemán de la Edad Media afirma que su aliento puede congelar campos enteros y su mirada sola es mortal. Antes de ello, Historia Natural de Plinio el Viejo describe al basilisco como una serpiente con cresta de gallo, que nace si un huevo es incubado por un sapo. Como rey de las serpientes, avanza con la cabeza erguida.

En Roma se creía que era originario de Libia y que el Sahara había sido fértil hasta que una infestación de basiliscos lo convirtió en desierto.

El poeta Lucano agregó que el poder del basilisco era tan fuerte que el sólo hecho de que los pájaros volaran sobre sus cabeza hacía que cayeran muertos al suelo, que si un jinete atravesaba a este monstruo con una espada, el veneno se arrastraría por el arma hasta el hombre y lo mataría junto con el caballo. Además agrega que la comadreja era la única criatura que el basilisco temía, pues masticaba plantas que la hacían inmune al veneno y podía matarlo.

Después de la caída del Imperio Romano, la criatura pasó de considerársele un animal híbrido a una criatura infernal. Por ejemplo, el bestiario de Pierre de Beauvais afirmaba que un gallo que había perdido su virilidad podía poner un huevo, el cual empollado por un sapo originaría a una criatura con la parte superior de un gallo, alas de murciélago y la cola de una serpiente.

A partir de ahí, surgieron numerosos avistamientos de basiliscos, desde pueblos en Viena, en Holanda, Suiza, Dinamarca.

Una de las leyendas más famosas es originaria de Varsovia, a finales del siglo 16: todo el que se acercaba a un cierto sótano moría por los vapores que de ahí surgían, además los cadáveres aparecían con los ojos saltados de las órbitas. Se le dijo a un sentenciado a muerte, Johann Faurer, que si se vencía a la criatura se le otorgaría el perdón. Faurer se cubrió con un traje de cuero que tenía cientos de espejos y se protegió los ojos con lentes. Armado con sólo una antorcha y un rastrillo, se internó en la oscuridad. Cuando emergió, había capturado a un animal vivo entre los dientes del rastrillo. Se comprobó que era un basilisco: una serpiente con cabeza de gallo y ojos de sapo.

De hecho, según Mike Dash, en su blog, quizá esta historia haya sido una forma de disimular las actividades de alquimia que varios hombres realizaban en la época. Como era una afición no bien vista en aquel entonces, pudieron aprovecharse del mito que rodeaba al basilisco.