*

X

Descubren a Sylvester Stallone en pintura renacentista de hace 500 años

Por: pijamasurf - 05/13/2012

Estudiante de Harvard asegura haber descubierto el retrato del célebre actor estadounidense Sylvester Stallone en un fresco del pintor renacentista Rafael en un palacio de El Vaticano.

Se dice, no sin humor, que todos tenemos un doble que anda por el mundo, una persona sin ninguna relación natural ni de parentesco pero que es idéntica físicamente a nosotros. Famosa e inquietantemente, Edgar Allan Poe hizo de esta creencia uno de sus cuentos más terroríficos, “William Wilson”, haciendo del doppelgänger una especie de entidad persecutoria y siniestra.

En esta ocasión, sin embargo, el asunto es mucho más liviano e incluso con cierta posibilidad de humor. Todo inicia cuando un estudiante de Harvard viajó a Italia, específicamente a El Vaticano, y recorriendo las indescriptibles obras de arte que ahí se conserva, descubrió que en uno de los frescos más célebres del pintor renacentista Rafael, uno de los retratados guarda una semejanza increíble con la persona que menos se asociaría con todo este contexto de arte y refinamiento: el actor estadounidense Sylvester Stallone.

Anthony Zonfrell, de 20 años, descubrió al hombre detrás de Rambo y Rocky en “Las virtudes cardinales y teologales”, un fresco que Rafael concluyó en 1511 en el llamado Palacio Apostólico de El Vaticano, la residencia oficial del papa. Como su nombre lo indica, la pintura es una representación alegórica de las siete virtudes ―prudencia, fortaleza, justicia y templanza, las cardinales; fe, esperanza y caridad, las teologales― que en la doctrina católica se presentan como ejes rectores del comportamiento humano.

“Las virtudes cardinales y teologales”, por cierto, forma parte de la misma época, serie y lugar que “La Escuela de Atenas”, uno de los frescos más famosos de Rafael y sin duda uno de los mejor logrados.

"La Escuela de Atenas" (Detalle)

En cuanto al parecido entre el anónimo modelo de Rafael y el ahora sexagenario histrión, quizá sea una broma de la vida o de la realidad, una demostración de que la matriz de rasgos fisonómicos es limitada y que, por probabilidad, quizá bastan pocos siglos para que la apariencia física de una persona vuelva a tener la forma que alguna vez ya tuvo.

El hecho recuerda dos fotografías por las cuales los también actores hollywoodenses John Travolta y Nicolas Cage parecen ser reencarnaciones de personajes que vivieron hace cientos de años.

[IB Times]

Recorremos, con Jung como Virgilio, el mundo sublunar del inconsciente para intentar comprender el substrato arquetípico de nuestra mente: los instintos psíquicos y las imágenes primordiales que se repiten en nosotros.

Que la historia --de la humanidad y del universo-- influye en nosotros puede comprobarse con tan sólo mirar, y se dice más fácil de lo que se hace, la profundiad de la mente humana. Existe en nuestro inconsciente un substrato in-formativo estructural que transmite en nosotros una serie de patrones que trascienden nuestra experiencia personal. Estos son los arquetipos, remanentes arcaicos que Carl Jung describió como "imágenes primordiales". No entramos al mundo con una tabula rasa; de igual manera que nuestra biología conserva las huellas instintivas de nuestra evolución --coexiste todo el reino animal dentro de nosotros-- también nuestra psique conserva los rasgos de nuestra evolución mental. Así en nosotros se repiten ancestrales imágenes: el héroe, la diosa madre, el viejo sabio, etc., y motivos como el Apocalipsis, el Diluvio, la Creación, etc. 

"El arquetipo es una tendencia a formar tales representaciones de un motivo --representaciones que pueden variar mucho en el detalle sin perder un patrón básico... Son de hecho una tendencia instintiva", escribe Jung en El hombre y sus símbolos. "Es esencial insistir que no son meros conceptos filosóficos. Son pedazos de la vida misma --imágenes que están integralmente conectadas al individuo a través del puente de las emociones".

La importancia de explorar el mar casi infinito del inconsciente no es menor. Seamos conscientes o no de los arquetipos, de cualquier forma los vivimos --como si fueramos avatares de una tendencia psíquica meta-histórica que se representa en símbolos encarnados--; pero el no ser conscientes hace que los padezcamos y que no logremos madurar nuestra personalidad para así individuarnos: la plenitud de lo que somos. Los arquetipos cumplen la función de una iniciación, un rito de paso en nuestra psique hacia un nuevo estadio que quizás permitiría  resolver una cuita que nos persigue desde el albor de la humanidad.

"Sólo es posible vivir la vida a su máxima expresión cuando estamos en armonía con estos símbolos; la sabiduría es un retorno a ellos. Esto connota que cuando una persona logra hacer las paces con los arquetipos que yacen dentro de ella puede empezar a vivir una vida más pacífica", reitera Jung. " Todas las ideas más poderosas de la historia regresan a los arquetipos. Esto es particularmente cierto de las ideas religiosas, pero los conceptos centrales de la ciencia, filosofía y ética no son excepciones a esta regla. En su forma presente son variantes de ideas creadas adaptando y aplicando conscientemente estas ideas a la realidad. Puesto que es la función de la conciencia, no sólo reconocer y asimilar el mundo externo a través del umbral de los sentidos, sino traducir a la realidad visible el mundo que yace en nuestro interior".

La comprensión arquetípica también nos permite entrar en contacto con una dimensión universal, conectarse con la fuente, por así decirlo. Una especie de proyector holográfico en el útero del mundo: "Para los alquimistas [los arquetipos] eran semillas de luz transmitidas en el caos.. el proyecto germinal de un mundo por venir... Uno tendría que concluir a partir de estas visiones alquímicas que estos arquetipos tienen cierto resplandor, o cuasi-conciencia, y esa numinosidad contiene luminosidad", dice Jung, entre cuyas aportaciones  yace el ligar los mismos procesos de transmutación de la materia encontrados en la alquimia a procesos psíquicos.

Podemos pasar buena parte de nuestra existencia enfrascados viviendo un arquetipo --como si fueramos una carta del Tarot-- y no seguir el curso de nuestra evolución psíquica, arribando a los "arcanos mayores". Si queremos acceder a estas dimensiones superiores, al héroe solar, al amor de la Diosa, a la sublimación del mago, debemos de atravesar también la oscuridad, la sombra psíquica del pasado colectivo. Debemos de mirar hacia abajo como el hombre colgado, como el loco debemos de atrevesar el bosque solitario y morir simbólicamente, para renacer en el mar pulsante cuya potencia es ilimitada. Estamos dentro de una rueda de la fortuna, pero si somos conscientes de los arquetipos --los motores que hacen girar la rueda, el software de fábrica-- tendremos al Hado de nuestro lado.

Twitter del autor: @alepholo