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Sobre la relación entre el mal humor y la inteligencia

Por: pijamasurf - 01/27/2016

Las personas malhumoradas son más propensas a desarrollar habilidades asociadas con la inteligencia

Brain

Generalmente el mal humor (que aunque todos lo experimentamos a lo largo de la vida también es sello distintivo de algunas personas) se asocia a cosas malas: una nociva actitud ante la vida, neurosis o intolerancia, entre otras. Sin embargo, pocas veces se ha profundizado en este estado desde una perspectiva científica.

Un estudio realizado por la Universidad de Nueva Gales del Sur advierte que el mal humor ofrece ciertas bondades a nuestra mente. Por ejemplo, las personas mal humoradas tienden a tomar mejores decisiones y son menos crédulas –su escepticismo se traduce en un afán de comprobar las cosas.

Screen Shot 2016-01-27 at 12.29.56 AMEncabezada por el psicólogo y especialista en conducta Joe Forgas, la investigación también concluyó que el mal humor favorece la claridad mental, un aspecto que en buena medida actúa como combustible de otras funciones cognitivas y que, por lo tanto, podría asociarse con la inteligencia. Al parecer estas consecuencias positivas del mal humor tienen que ver con la forma en la que el cerebro "promueve estrategias de procesamiento de información" durante dicho estado.

El estudio consistió en inducir estados de mal o buen humor en los voluntarios, esto a través de incitarles a recordar memorias molestas o placenteras  y exponiéndolos a determinados films que podrían quitar la sonrisa a cualquiera o, por el contrario, alegrar aun al más huraño. Posteriormente se les aplicaron ciertas pruebas, y la diferencia de aciertos entre aquellos que estaban de mal humor y los "siempre alegres" fue notoria (los malhumorados obtuvieron mucho más aciertos y demostraron capacidades comunicativas muy superiores). 

Al respecto Forgas señala, en declaraciones recogidas por la BBC:

Mientras que un ánimo positivo parece que promueve la creatividad, la flexibilidad, cooperación y aprovechamiento de atajos mentales, los estados de ánimo negativos detonan un pensamiento más atento y cuidadoso, además de fortalecer la atención que prestamos al mundo exterior. 

Otra premisa interesante que detectó el investigador australiano tiene que ver con la tristeza. De acuerdo con el estudio, las personas que están tristes tienden a expresarse mejor vía escrita, construyendo mejores argumentos y expresando su situación con más claridad. En palabras de Forgas, "un ánimo ligeramente negativo puede promover un estilo comunicativo más concreto, mejor acomodado y en suma más exitoso". 

¿Por qué escuchar canciones tristes nos hace sentir bien? (Una paradoja del equilibrio emocional)

Por: pijamasurf - 01/27/2016

Contrario a lo previsible, las canciones tristes pueden tener un efecto positivo en nuestro ánimo, una aparente contradicción que ha sido estudiada por la psicología y la neurociencia contemporáneas

Mucha de nuestra relación con la música pasa por la sensación de compañía. En no pocas ocasiones cierta melodía, cierta canción, incluso una tonada apenas, se convierten en algo muy parecido a una presencia, algo que está ahí pero que no viene solo, sino que nos enlaza a otras cosas: emociones, recuerdos, imágenes tomadas de algún lugar y que emergen de pronto.

En este sentido, uno de esos pequeños enigmas que existen en torno a la música es el vínculo que establecemos entre ésta y nuestras emociones, en especial, el extraño efecto de que una pieza musical que podría considerarse “triste” (por su melodía, dominada por notas menores, o por su letra) nos hace sentir bien, incluso puede llegar a alegrarnos. ¿Por qué sucede esto?

La psicología y la neurociencia contemporáneas han ofrecido varias respuestas al respecto. En Japón, por ejemplo, a mediados del año pasado se realizó un estudio en el que se concluyó que las canciones tristes propician las llamadas “emociones vicarias”, que en el caso específico de las emociones poco agradables o negativas, nos permiten sentir que las experimentamos pero “a distancia”. Escuchar una canción de dolor, de nostalgia o de tristeza cuando no nos sentimos especialmente dolidos, nostálgicos o tristes es, de acuerdo con esta investigación dirigida por Ai Kawakami, tener de cerca dichas emociones pero sin la amenaza que a veces representan a nuestro estado de ánimo.

Otro estudio plantea una interesante hipótesis respecto a dicho efecto, apuntando hacia la noción de equilibrio emocional. De acuerdo con la investigación del doctor Matthew E. Sachs y otros, algunos escuchan canciones tristes con el propósito un tanto inconsciente de mantenerse emocionalmente equilibrados, como si de cuando en cuando una dosis de tristeza actuara como contrapeso de otras emociones experimentadas en el día a día. El estudio destaca además por reconocer que si bien en la vida contemporánea la tristeza se vive más bien desde la negatividad, estéticamente su recepción y percepción pueden virar hacia el placer y la satisfacción. Aunque suene contradictorio, al menos en la experiencia estética es posible que sentirnos mal nos hace sentirnos bien.

Curiosamente, esa misma búsqueda de equilibrio emocional también parece extenderse hacia el disfrute de lo nuevo y lo desconocido, lo cual no necesariamente se refiere a las canciones tristes sino más bien a las caóticas. Hay quien se siente bien escuchando géneros experimentales (como el jazz), ruidosos (como el metal), disonantes (como ciertas composiciones de la música académica) o francamente cacofónicos. De nuevo esto puede parecer incomprensible, pero según esta investigación parece ser que en algunas personas ocurre un efecto positivo, de recompensa, en la escucha de música que desafía las estructuras habituales.

El enigma, en resumen, no tiene una sola respuesta, y en todo caso nos hace ver no sólo que la mente humana es contradictoria, sino también compleja, y quizá por encima de todo, que en la música, como en otras cosas de la vida, el disfrute es más importante que la explicación.

 

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