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¿Son más poderosas las corporaciones que las naciones?

Más que en una democracia es posible que vivamos ya en una corporatocracia: Apple tiene más dinero que Argentina, Goldman Sachs más poder que Grecia. ¿Trabajan los gobiernos, fachadas burocráticas facilitadoras, para las corporaciones?

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 06/03/2012 a las 01:03:33

Recientemente se dio a conocer que Apple ha rebasado un valor de capitalización de 500 mil millones de dólares, algo que solamente han logrado alcanzar en su momento Microsoft, Exxon Mobil, Cisco y General Electric. Esta cifra pone a Apple por encima de países enteros en lo que se refiere a su poder económico y sugiere una tendencia que ya ha sido esbozada en las teorías de conspiración y en las novelas de ciencia ficción: que las corporaciones serán (o son ya) los verdaderos amos del mundo.

El capital de Apple actualmente supera al Producto Interno Bruto de países como Grecia (312,042 mdd), Argentina ( 435,179 mdd), Polonia, Bélgica, Suecia, Arabia Saudita y Taiwán.

El éxito boyante de Apple y de algunas otras corporaciones está sustenado, por supuesto, en el libre mercado y en la globalización que les permite manufacturar productos a bajos costos y venderlos en todo el mundo a costos elevados: se calcula que fabricar un iPhone cuesta  entre $12 y $30 dólares, los obreros, muchos de ellos niños ganan, $1.78 dólares la hora o menos, pero este supergadget se vende entre $200 y $400 dólares en Estados Unidos y llega alcanzar hasta los $1000 dólares en algunos países. Como hemos publicado aquí y aquí, algunos de los efectos colaterales del libre mercado son una versión moderna de la esclavitud, la cual poca mella parece hacerle al imperio de marketing de Apple.

Más allá de las condiciones inhumanas en las que muchas personas trabajan, especialmente en Asia, para fabricar los productos que ávidamente consumimos en Occidente, quizás lo más alarmante del asunto es que las corporaciones tienen la capacidad de modificar las leyes a conveniencia pero casi nunca, por una alquimia legal o por el poderoso lobby que ejercen, de padecer estas leyes y ser castigadas cuando las violan. Podríamos decir que los gobiernos a fin de cuentas trabajan para los intereses de las corporaciones: son fundamentalmente la forma en la que estas (supra)entidades pueden incrementar sus ganancias sin depender de la vicisitudes de la economía de un país.

Tenemos como ejemplo el caso de las guerras en Estados Unidos y sus países aliados. Aunque estas guerras han sido un pésimo negocio para los ciudadanos comunes y corrientes, los grandes contratistas militares, las petroleras, los bancos (HSBC tomó control del banco central de Irak) y demás compañías de seguridad y tecnología se han visto enormemente beneficiadas por estas empresas bélicas, que desde el bien común son actos irracionales. Existe un patrón: corporaciones como Haliburton, Lockheed Martin o Blackwater (hoy Xe Services), entre otras, todas tienen altos ejecutivos que han tenido puestos —o mantienen relaciones cercanas— en los más altos niveles del gobierno de Estados Unidos. Tal vez esto nos ayude a entender por qué se montan gigantescas campañas  (o eventos de falsa bandera) para influir en la opinión pública y aun cuando estas no logran funcionar del todo, de todas formas se dirige una nación a la guerra: para el beneficio de una bien aceitada red de corporaciones.

Se nos ha adoctrinado —esto sucede especialmente en Estados Unidos— con un sentido patriótico de pertenecer a una nación y a una serie de valores un tanto abstractos que nos otorgan unidad y una especie de fraternidad por la cual incluso es justo morir. La defensa de estos valores, de esta identidad colectiva, es lo que sustenta involucrar a cientos de miles de personas en una guerra a decenas de miles de kilómetros para matar a cientos de miles de personas que no conocen. Todo por un símbolo un tanto ilusorio. Pero más allá de que exista toda una superestructura ideológica —la libertad, la democracia o la guerra santa cristiana o islámica— que fundamente una guerra, habría que ponernos a pensar si en muchos casos estos fundamentos no son mecanismos de control mental, propaganda viral con las que comulgan las masas y los soldados y quizás algunos políticos, pero que para las personas que verdaderamente influyen y se benefician con la decisión de iniciar una guerra son solamente estrategias de marketing. ¿Qué será más importante para Dick Cheney y Donald Rumsfeld? ¿Los millones de dólares que obtienen con estas políticas o los valores americanos y la palabra del Señor? ¿Acaso cuando lanzan una ofensiva militar a Irak o a Afganistán están pensando en el pueblo estadounidense más que en sus amigos?

Para algunos conspiracionistas los altos mandos de los gobiernos del mundo están controlados por una especie de religión secreta. Difícil saberlo. Pero también podría ser que su religión, como parece connotar el “In God We Trust” del billete de un dólar, se ha fusionado con el dinero.

Como tenemos el caso de las guerras, también tenemos el caso de los bancos y las burbujas financieras. La crisis financiera del 2008 significó para millones de personas un colapso en sus finanzas personales. Pero no para los bancos: cifras dadas a conocer por Bloomberg muestran que los grandes  bancos recibieron un rescate 7,77 billones de dólares. Mientras el ciudadano promedio veía como se encogía su cuenta bancaria, los seis bancos más grandes de Estados Unidos (Goldman Sachs, Citibank, Bak of America, JP Morgan, Wells Fargo y Morgan Stanley) atravesaron la crisis financiera con un crecimiento fabuloso: de 6.8 billones de dólares en activos en el 2006 pasaron a 9.5 billones de dólares en el 2011. La verdadera cantidad de dinero que la Reserva Federal inyectó a los bancos fue ocultada por el ahora Secretario del Tesoro Timothy Geithner, según los mismos documentos declasificados de la Reserva Federal.

¿Cómo logran los bancos esta imunidad a la crisis? Por una parte son ellos mismos los que la provocan y de manera relacionada son ellos mismos los encargados de decidir cómo se resuelve la crisis: crean el problema (el caos) y luego reestablecen el orden. El caso más emblemático es el de Goldman Sachs. Este banco responsable en buena medida de la crisis inmobiliaria y  uno de los grandes beneficiarios del rescate, ha colocado a sus ejectuvos consistentemente en los puestos más altos del gabinete económico de Estados Unidos, desde Rick Rubin a Larry Summers y Hank Paulson. Algo similar ha hecho con la crisis en Europa, donde los puestos de los primeros ministros de Grecia e Italia y  el presidente del Banco Central Europeo son ahora ocupados  por Lucas Papademos, Mario Monti y Mario Draghi, los tres con un pasado laboral común: todos trabajaron para el gigante financiero Goldman Sachs. Draghi fue vicepresidente para Europa de la firma entre 2002 y 2005, Monti es consejero internacional desde 2005 y Papademos operó cuando fue presidente del Banco Central Helénico (1994-2002) donde se le acusa de perpetrar un fraude que terminó beneficiando a Goldman Sachs.

 Ya lo decía Thomas Jefferson:

Creo que las instituciones bancarias son más peligrosas para la libertad que los ejércitos. Si el pueblo estadounidense alguna vez permite que los bancos privados controlen la emisión de divisas, primero a través de la inflación, luego de la deflación,  los bancos y las corporaciones que crecerán alrededor nos despojarán a la gente de su propiedas hasta que los niños se despierten sin hogar en el continente que sus padres conquistaron.

No es nuestra intención aquí evocar un sentido patriótico, sino distinguir que esta tendencia ha sido patente desde hace 200 años.

Evidentemente existen matices y es una exageración pensar que las coproraciones son malignas o que deben de ser abolidas sistemáticamente, sin cortapisas. Es también iluso pensar que dejarán de existir y tener un gran poder. Pero por otro lado recordamos la definción de  Mussolini: “El fascismo debería de ser llamado corporativismo porque es la fusión entre el estado y el poder corporativo”. Esta fusión parece haberse dado, la diferencia con el fascismo de Mussolini o de Hitler es que actualmente los estados están al servicio de las corporaciones, cuando en esos casos  las corporaciones estaban al servicio de estados totalitarios.

En su novela Snowcrash, Neal Stephenson imagina un mundo donde las corporaciones han constituido sus propios estados-nación y cobran a los ciudadanos por el servicio de poder vivir en su territorio. La CIA es la Central Intelligent Corporation y la Libería del Congreso es una especie de Apple Store. ¿Sucederá esto en un futuro cercano? ¿O será más cómodo para las corporaciones seguir manteniendo la fachada de los gobiernos para que éstos hagan el trabajo sucio por ellas?

Twitter del autor @Alepholo

 


  1. El Nene el consentido dice:

    Y justo cuando me estaba cuestionando que los gobiernos solo sirven para limpiarle los zapatos a las corporaciones. Yo les recomiendo este video: http://www.youtube.com/watch?v=Z07t6yXGLBQ

  2. Lucas dice:

    Les recomiendo las peliculas de ZEITGEIST

  3. Jebuschrist Superstar dice:

    Genial! curiosamente hace unos días le di una repasada a este video, que marcha paralelamente a éste artículo:
    https://www.youtube.com/watch?v=jmaMxkb5LTs

  4. Fausto dice:

    Desde el más profundo respeto y la más sincera modestia, me gustaría hacer algunos comentarios al respecto del artículo.

    En primer lugar, creo que la pregunta está mal formulada, lo cual, aunque parezca banal, puede hacer que cambiemos totalmente la perspectiva desde la cual analizamos la cuestión. La pregunta ‘¿Son más poderosas las corporaciones que las naciones?’ no debería realizarse así, sería más correcto preguntarnos: ¿es el Estado, en mayúsculas, el encargado de preservar el status quo social del capitalismo? Esto en el supuesto que con ‘nación’ quisieses referirte a ‘estado’, que es lo que creo que has hecho por como hablas de la nación.

    Al respecto, creo que la respuesta debe ser rotunda: si. El Estado es, tanto para Marx como para Lenin, el ‘instrumento’ del capital para mantener a dos clases irreconciliables ‘unidas’. Como titula un capítulo el propio Lenin en su libro ‘El Estado y la Revolución’: ‘el Estado, arma de explotación de la clase oprimida’. Obviamente, este trabajo sucio del Estado lo realiza a favor del capital que, en este caso, tu llamas ‘corporaciones’. Quiero decir con esto, que la cuestión no es que en la actual situación, las corporaciones hayan asaltado el poder político del estado democrático burgués, no han asaltado nada, simple y llanamente porque en la naturaleza misma del Estado está el servir al Capital y oprimir a las clases trabajadoras.

    La cuestión que subyace aquí es que ahora estamos viviendo una etapa en la cual las contradicciones entre clases se están incrementando a pasos agigantados y este control del capital sobre las instituciones democráticas se hace mucho más patente y evidente o, mejor dicho, esta función del Estado al servicio del capital.

    Por lo demás, salvo esta pequeña ‘corrección’ me parece interesante y acertado tu artículo. Además, creo que es conveniente que denunciemos este tipo de cosas…

    En último lugar, soy consciente que el marxismo clásico tiene aspectos que han de ser adaptados a la actualidad, sin ir más lejos, la sociedad no es tan simple como lo era en el siglo XIX en que podíamos identificar claramente dos clases sociales. Te digo esto porque no quiero que estas carencias desprestigien la argumentación.

    Te dejo un pequeño extracto de El Estado y la revolución

    ‘La república democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo y, por lo tanto, el capital, al dominar esta envoltura, que es la mejor de todas, cimenta su poder de un modo tan seguro, tan firme, que ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos que ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos, dentro de la república democrática burguesa, hace vacilar este poder’

    Mi humilde opinión…

  5. Pavo Real dice:

    Al leer acerca de las corporaciones rápidamente viene a mi mente aquel discurso de la película Network(Un mundo implacable 1976)
    En la cual Howard Beale es avasallado por las palabras y que mejor los hechos que le muestras el empresario “El orden natural de las cosas” en el cual un sistema de sistemas es quien funge como juez, jurado y verdugo. Ya no existen naciones como tales son tan solo fachadas. Su primitivo orden natural pero inmutable basado para vivir y perpetuarse en su única religión llamada: Negocios.

  6. Thrive movement dice:

    Todo ésto sobre este tema en:

    http://www.thrivemovement.com

    Toma conciencia, y ayudanos!

  7. Fabian dice:

    “Las 40 instituciones economicas mas poderosas de la tierra son empresas con fines de lucro. No son gobiernos.” Les recomiendo ver el documental “La historia de las cosas”.

  8. Prixiestark dice:

    Bueno, Aleph. la cita de Jefferson, no se si historicamente sea valida, en ese sentido peco por ignorancia. sin embargo tomando en cuenta el resto de elementos de tu escrito, me parece sin lugar a dudas entretenido y bien logrado, obviamente uno termina apretando dientes y con el general sentimiento de impotencia que caracteriza la voluntad de mi : un ciudadano promedio que es una esclavo, sin la valentia de destruir sus billetes. quien contra la bestia?

  9. Y estoy seguro de que habrá más de uno que no se lo creerá. Hay que ser iluso y desinformado para no darse cuenta de quién gobierna realmente. Ya no hablamos de conspiraciones ni flipadas de estas, hablamos de sentido común y de darse cuenta; de ser observador e investigar por tu propia cuenta.
    Gran reportaje chicos,a ver si así alguien más le da por investigar y deja de creer todo lo que dicen por los medios.

    Saludos.