Recientemente se dio a conocer que Apple ha rebasado un valor de capitalización de 500 mil millones de dólares, algo que solamente han logrado alcanzar en su momento Microsoft, Exxon Mobil, Cisco y General Electric. Esta cifra pone a Apple por encima de países enteros en lo que se refiere a su poder económico y sugiere una tendencia que ya ha sido esbozada en las teorías de conspiración y en las novelas de ciencia ficción: que las corporaciones serán (o son ya) los verdaderos amos del mundo.
El capital de Apple actualmente supera al Producto Interno Bruto de países como Grecia (312,042 mdd), Argentina ( 435,179 mdd), Polonia, Bélgica, Suecia, Arabia Saudita y Taiwán.
El éxito boyante de Apple y de algunas otras corporaciones está sustenado, por supuesto, en el libre mercado y en la globalización que les permite manufacturar productos a bajos costos y venderlos en todo el mundo a costos elevados: se calcula que fabricar un iPhone cuesta entre $12 y $30 dólares, los obreros, muchos de ellos niños ganan, $1.78 dólares la hora o menos, pero este supergadget se vende entre $200 y $400 dólares en Estados Unidos y llega alcanzar hasta los $1000 dólares en algunos países. Como hemos publicado aquí y aquí, algunos de los efectos colaterales del libre mercado son una versión moderna de la esclavitud, la cual poca mella parece hacerle al imperio de marketing de Apple.
Más allá de las condiciones inhumanas en las que muchas personas trabajan, especialmente en Asia, para fabricar los productos que ávidamente consumimos en Occidente, quizás lo más alarmante del asunto es que las corporaciones tienen la capacidad de modificar las leyes a conveniencia pero casi nunca, por una alquimia legal o por el poderoso lobby que ejercen, de padecer estas leyes y ser castigadas cuando las violan.
Podríamos decir que los gobiernos a fin de cuentas trabajan para los intereses de las corporaciones: son fundamentalmente la forma en la que estas (supra)entidades pueden incrementar sus ganancias sin depender de la vicisitudes de la economía de un país.
Tenemos como ejemplo el caso de las guerras en Estados Unidos y sus países aliados. Aunque estas guerras han sido un pésimo negocio para los ciudadanos comunes y corrientes, los grandes contratistas militares, las petroleras, los bancos (HSBC tomó control del banco central de Irak) y demás compañías de seguridad y tecnología se han visto enormemente beneficiadas por estas empresas bélicas, que desde el bien común son actos irracionales. Existe un patrón: corporaciones como Haliburton, Lockheed Martin o Blackwater (hoy Xe Services), entre otras, todas tienen altos ejecutivos que han tenido puestos —o mantienen relaciones cercanas— en los más altos niveles del gobierno de Estados Unidos. Tal vez esto nos ayude a entender por qué se montan gigantescas campañas (o eventos de falsa bandera) para influir en la opinión pública y aun cuando estas no logran funcionar del todo, de todas formas se dirige una nación a la guerra: para el beneficio de una bien aceitada red de corporaciones.
Se nos ha adoctrinado —esto sucede especialmente en Estados Unidos— con un sentido patriótico de pertenecer a una nación y a una serie de valores un tanto abstractos que nos otorgan unidad y una especie de fraternidad por la cual incluso es justo morir. La defensa de estos valores, de esta identidad colectiva, es lo que sustenta involucrar a cientos de miles de personas en una guerra a decenas de miles de kilómetros para matar a cientos de miles de personas que no conocen. Todo por un símbolo un tanto ilusorio. Pero más allá de que exista toda una superestructura ideológica —la libertad, la democracia o la guerra santa cristiana o islámica— que fundamente una guerra, habría que ponernos a pensar si en muchos casos estos fundamentos no son mecanismos de control mental, propaganda viral con las que comulgan las masas y los soldados y quizás algunos políticos, pero que para las personas que verdaderamente influyen y se benefician con la decisión de iniciar una guerra son solamente estrategias de marketing. ¿Qué será más importante para Dick Cheney y Donald Rumsfeld? ¿Los millones de dólares que obtienen con estas políticas o los valores americanos y la palabra del Señor? ¿Acaso cuando lanzan una ofensiva militar a Irak o a Afganistán están pensando en el pueblo estadounidense más que en sus amigos?
Para algunos conspiracionistas los altos mandos de los gobiernos del mundo están controlados por una especie de religión secreta. Difícil saberlo. Pero también podría ser que su religión, como parece connotar el “In God We Trust” del billete de un dólar, se ha fusionado con el dinero.
Como tenemos el caso de las guerras, también tenemos el caso de los bancos y las burbujas financieras. La crisis financiera del 2008 significó para millones de personas un colapso en sus finanzas personales. Pero no para los bancos: cifras dadas a conocer por Bloomberg muestran que los grandes bancos recibieron un rescate 7,77 billones de dólares. Mientras el ciudadano promedio veía como se encogía su cuenta bancaria, los seis bancos más grandes de Estados Unidos (Goldman Sachs, Citibank, Bak of America, JP Morgan, Wells Fargo y Morgan Stanley) atravesaron la crisis financiera con un crecimiento fabuloso: de 6.8 billones de dólares en activos en el 2006 pasaron a 9.5 billones de dólares en el 2011. La verdadera cantidad de dinero que la Reserva Federal inyectó a los bancos fue ocultada por el ahora Secretario del Tesoro Timothy Geithner, según los mismos documentos declasificados de la Reserva Federal.
¿Cómo logran los bancos esta imunidad a la crisis? Por una parte son ellos mismos los que la provocan y de manera relacionada son ellos mismos los encargados de decidir cómo se resuelve la crisis: crean el problema (el caos) y luego reestablecen el orden. El caso más emblemático es el de Goldman Sachs. Este banco responsable en buena medida de la crisis inmobiliaria y uno de los grandes beneficiarios del rescate, ha colocado a sus ejectuvos consistentemente en los puestos más altos del gabinete económico de Estados Unidos, desde Rick Rubin a Larry Summers y Hank Paulson. Algo similar ha hecho con la crisis en Europa, donde los puestos de los primeros ministros de Grecia e Italia y el presidente del Banco Central Europeo son ahora ocupados por Lucas Papademos, Mario Monti y Mario Draghi, los tres con un pasado laboral común: todos trabajaron para el gigante financiero Goldman Sachs. Draghi fue vicepresidente para Europa de la firma entre 2002 y 2005, Monti es consejero internacional desde 2005 y Papademos operó cuando fue presidente del Banco Central Helénico (1994-2002) donde se le acusa de perpetrar un fraude que terminó beneficiando a Goldman Sachs.
Ya lo decía Thomas Jefferson:
Creo que las instituciones bancarias son más peligrosas para la libertad que los ejércitos. Si el pueblo estadounidense alguna vez permite que los bancos privados controlen la emisión de divisas, primero a través de la inflación, luego de la deflación, los bancos y las corporaciones que crecerán alrededor nos despojarán a la gente de su propiedas hasta que los niños se despierten sin hogar en el continente que sus padres conquistaron.
No es nuestra intención aquí evocar un sentido patriótico, sino distinguir que esta tendencia ha sido patente desde hace 200 años.
Evidentemente existen matices y es una exageración pensar que las coproraciones son malignas o que deben de ser abolidas sistemáticamente, sin cortapisas. Es también iluso pensar que dejarán de existir y tener un gran poder. Pero por otro lado recordamos la definción de Mussolini: “El fascismo debería de ser llamado corporativismo porque es la fusión entre el estado y el poder corporativo”. Esta fusión parece haberse dado, la diferencia con el fascismo de Mussolini o de Hitler es que actualmente los estados están al servicio de las corporaciones, cuando en esos casos las corporaciones estaban al servicio de estados totalitarios.
En su novela Snowcrash, Neal Stephenson imagina un mundo donde las corporaciones han constituido sus propios estados-nación y cobran a los ciudadanos por el servicio de poder vivir en su territorio. La CIA es la Central Intelligent Corporation y la Libería del Congreso es una especie de Apple Store. ¿Sucederá esto en un futuro cercano? ¿O será más cómodo para las corporaciones seguir manteniendo la fachada de los gobiernos para que éstos hagan el trabajo sucio por ellas?
Twitter del autor @Alepholo










Sí, ¿siguiente pregunta?, ¿alternativas?
@Fausto ¡Wow! Mucho texto, pero lo has clavado.
No obstante, sólo añadir un par de cosas:
Dice Orwell en 1984 (hace décadas) que, de las tres clases, la clase media utiliza a la clase baja, con promesas de libertad, para su propio interés de convertirse en la nueva clase alta.
Eso completa, en mi opinión, y explica los posible puntos “oscuros” que tu argumento no cubra, entre otros cómo históricamente se ha conseguido ensuciar ciertas teorías políticas, para que parezca que el capitalismo es la única teoría válida.
Si las filosofías que avalan el alzamiento del pueblo se han visto ensuciadas por la corrupción y un final no-feliz para el pueblo, es porque al capitalismo le interesa que así haya sido, y porque los que alzaron a las clases bajas aplicaban esas filosofías con el mismo fin oscuro del beneficio propio que el capitalismo, ya sin necesitar máscara, postula.
Me da vergüenza, por ejemplo, que diarios ultraliberales, como el mundo, tengan la excusa de decir que socialismo y comunismo son una fuente de ladrones, confundiendo personas con ideas, cuando este consumismo feroz que les hace millonarios es lo único que ha vuelto al hombre un lobo para el hombre.
Letra del signo de los tiempos de lagartija Nick
Algún día tu país
se llamara Microsoft,
invadirá Nippon Soda,
lo venderá a Motorola.
El signo de los tiempos
es el proceso,
no hay alucinaciones.
Dejo info relacionada.
http://vimeo.com/20173495
http://video.google.com/videoplay?docid=-6361307130118265925#
http://www.respuestasveganas.org/2010/06/ponerologia-politica-una-ciencia-de-la.html
Capitalismo. Esto se llama capitalismo —productivismo, esclavismo o como se os venga en gana— y pasa a todas horas, en todo el mundo. Levantaos del sillón y abrid los ojos. Os centráis en la crítica de una marca y os hacéis sospechosos de perseguir otros fines que ocultáis. Sería mejor que criticaseis con minuciosa frialdad al capitalismo y sus obras.
Dime cuanto tienes y te dire quien eres…
Me parece que el capitalismo despiadado, sera la perdicion de EU, segun representa el estilo de vida estaunidense, es lo que les han vendido los que estan en el poder las corporaciones, creo que sin temor a equivocarme que el corporativismo que pregonaba Hitler es el mejor modelo economico para las naciones, empresas al servicio del pueblo del estado y no al reves, con la proteccion de los emprendedores ya sabemos que la compentecia es sana. OJO no soy fascista pero si soy realista.
Las multinacionales cual sabandijas evaden cualquier legislación, en tiempos de crisis evaden impuestos por doquier mientras éstos son elevados para la población sin miramientos, un ejemplo que evidencia la immoralidad efectiva es la de Coca-Cola que para seguir sacando beneficios pese a la prohibición Estadounidense de comerciar con la Alemania Nazi, cambiaron simplemente de nombre y crearon “Fanta”.
Ahora en tiempos de crisis “Fanta” (y también “Coca Cola” como “Coca Cola”) bombardean a la población española (y seguramente mundial) con anuncios en los que se aprovechan y hacen propios eslóganes que aluden a “tiempos de cambio” o “revolución”, en anuncios de Fanta salen niños cantores con dulces voces, y por lo demás un anuncio “cool”, que invitan a dejar libre la frustración y en vez de enviarlo todo a “tomar por saco” a “tomar Fanta”. Es como sigilosamente (o no tanto) las grandes multinacionales se presentan como solución siendo en realidad el problema, y se evaden una vez más de sus responsabilidades respecto a la sociedad, ninguna gran multinacional se parece preguntar tan siquiera las consecuencias que pueda tener en la sociedad evadir permanentemente sus impuestos de cualquier manera factible para aumentar sus beneficios, es un robo permanente y lleva consigo un constante resquebrajamiento de la “moralidad” o los valores que puedan mantener unida a una sociedad.
Quizás el ejemplo de Fanta y los Nazis pueda parecer un ejemplo “inocente”, pero hay ejemplos de empresas Estadounidenses como Ford o “IG Farben” que proporcionaron a la Alemania Nazi con dinero y combustible sintético sin el cual los Nazis jamás podrían haber dotado de suficiente combustible a sus aviones para la guerra, por lo cual la guerra Nazi jamás se podría haber llevado a cabo.
“Fanta fue creada en 1941, durante la Segunda Guerra Mundial. Max Keith, que dirigió las operaciones de Coca-Cola (GmbH) en la Alemania Nazi durante la guerra, tuvo problemas cuando el gobierno estadounidense prohibió a las multinacionales comerciar con Alemania. Para solucionarlo, Coca-Cola cambió el nombre de sus fábricas, para hacerlas independientes y seguir sacando beneficios. Así Fanta nació exclusivamente para el mercado alemán, demostrando ser un éxito. Cuando Coca-Cola (GmbH) se restableció después de la guerra en el mercado europeo, compró la marca.3″
(Wikipedia)
mmm… Zeitgeist Addendum
alternativas?, muy claras…LUCHA A MUERTE CONTRA LAS CORPORACIONES Y LOS BANCOS.
LA REBELION NOS HARÁ LIBRES LA SUMISIÓN ESCLAVOS