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¿Cuánto cuesta producir un iPhone, en cuánto nos lo venden y cuánto pagan a los empleados que lo manufacturan?

Por: pijamasurf - 02/23/2012

Los costos de producción del iPhone, y los salarios de aquellos que los manufacturan, contrastan con las ganancias que obtiene Apple y, en particular, con lo que la marca gasta en mercadotecnia y diseño.

cuanto cuesta un iphone

Recientemente el equipo del programa "Nightline", de la cadena estadounidense ABC, pudo echar un vistazo tras bambalinas de las fábricas donde se producen los iPhones en China.  Durante el recorrido se pudieron observar algunos de los procesos de manufactura de este codiciado gadget y el blogger, analista de tecnología y ex gerente del Área de Desarrollo de Negocios de Nokia, Horace Dediu, aprovechó esta información visual para obtener algunas conclusiones, entre ellas, el costo estimado de producción del más cool de los teléfonos móviles. 

Entre las conclusiones a las que llegó Dediu encontramos que, en promedio, cada dispositivo se tarda alrededor de 24 horas en producirse —esto incluyendo la adaptación del software y una fase de prueba. Por otro lado, y tal vez auxiliado por información complementaria, el especialista hace énfasis en que los empleados que laboran en estas fábricas ganan $1.78 dólares por cada hora de trabajo. Posteriormente calculó el costo aproximado que le implica a Apple producir cada iPhone: entre $12 y $30 dólares (no hay que ser muy diestro en matemáticas para alarmarse ante esta cifra o, mejor dicho, ante lo que cada propietario de un teléfono de Apple debe pagar para obtenerlo, es decir entre $200 y $400 dólares en Estados Unidos, mientras que en otros países puede superar los $1000).

Es importante aclarar que a la cantidad de producción debe sumarse los costos que implica recubrirlo en ese halo implacable de mercadotecnia que distingue a esta marca. Es decir, desde lo que cobran sus equipos de diseño de producto, paquetería, etc., hasta lo que invierten en publicidad y demás (el propio Dediu calcula que esto podría elevar el costo del producto en un máximo de 300%). Finalmente hay que agregar los costos de traslado a las diversas tiendas de Apple alrededor del mundo y los costos de la compañía para responder a cualquier falla que aún se encuentre dentro de los tiempos de garantía.

Y tras esta revisión podemos obtener al menos tres conclusiones:

1. Lo más valioso de Apple —y en particular del iPhone— no son los productos en sí, sino el diseño y, en especial, el despliegue de marketing que afecta en la psique del comprador y de la sociedad que le rodea. 

2. Los empleados que trabajan en las fábricas de China están a años luz de poder acceder a un estilo de vida cool, que es precisamente la promesa que te ofrece, entre líneas, Apple. Y sus sueldos, independientemente del contexto propio del país en que se producen, podría ser considerado anti-cool, o incluso miserables. 

3. Apple es, sin duda, la marca que mejor comercializa algo absolutamente abstracto, como lo son el status y la imagen. 

 

 

Dormir 8 horas seguidas podría ser una práctica antinatural y nociva

Salud

Por: pijamasurf - 02/23/2012

¿Es natural dormir 8 horas en un solo periodo o es esta una práctica reciente que contraviene lo que durante siglos realizó la humanidad para descansar? Algunos de los trastornos cada vez más abundantes como el estrés o el alcoholismo podrían deberse a esta contradicción.

Los hábitos pueden llegar a ser una tiranía que si bien no siempre se obedece, están ahí como un recordatorio de lo que debemos hacer y que si no hacemos quizá una parte de nosotros se siente culpable por dicha omisión.

En este sentido, cumplir con 8 horas de sueño como un periodo ideal de descanso y recuperación ha sido hasta ahora uno de los lineamientos cotidianos más repetidos desde edades tempranas.

Sin embargo, asegura Stephanie Hegarty en su colaboración para la BBC que cada día surge más evidencia científica e histórica que podría echar abajo esta creencia e incluso concluir en que 8 horas de sueño son antinaturales.

Hegarty  traza un amplio recorrido por diversas disciplinas que han experimentado o investigado sobre estos procesos, muchos de ellos realmente sorprendentes como el del historiador Roger Ekirch, quien luego de 16 años de hurgar en las prácticas noctámbulas de varias sociedades, encontró que la humanidad acostumbraba durmió durante siglos de una manera sumamente especial y al parecer hoy olvidad: dos horas después del atardecer, después una o dos horas de vigilia y después otro lapso de sueño.

En ese periodo intermedio las actividades realizadas iban de solo levantarse, orinar, defecar o fumar, hasta visitar a los vecinos. También se leía, escribía o rezaba, se platicaba con el compañero de cama y, en situaciones afortunadas, se podía entablar una relación sexual (un manual de medicina francés del siglo XVI recomendaba este intermedio como el mejor momento para concebir).

Con el tiempo esta manera de dormir se perdería, al parecer definitivamente para inicios del siglo XX a causa, entre otras circunstancias, de las mejoras en el alumbrado público y doméstico y, curiosamente, el aumento de cafeterías que permanecían en servicio durante toda la noche, todo lo cual contribuyó a que el tiempo dedicado al descanso disminuyera. Además, desde una perspectiva simbólica, la asociación de la noche con la maldad (en varios sentidos), persistente hasta el siglo XVII, poco a poco se contrarrestaría justo con la percepción contraria: la noche se volvió el tiempo de la gente respetable.

El problema es que esta variación en las horas dedicadas al descanso no fue gratuita, pues podría ser la fuente de trastornos del sueño nacidos de la contradicción entre naturaleza y cultura.

Para el psicólogo Gregg Jacobs, es perfectamente natural que despertemos en medio de la noche y, en contraste, hacer del periodo de sueño un solo e indivisible bloque iría incluso en contra de cómo evolucionaron nuestros ritmos de descanso.

Esta perspectiva también puede sostenerse desde la neurociencia. Según Russell Foster, profesor de neurociencia circadiana en Oxford, el pánico que muchas personas sienten por ver interrumpido su sueño es injustificado, pues se trata de un patrón regresivo que nada tiene de anormal. De ahí que Foster también acuse a la tradición médica que sostenidamente ha relegado este forma “bimodal” del sueño como uno de los factores principales que podrían explicar varias enfermedades que aquejan actualmente a las personas.

Cuando se dormía, se despertaba y después se volvía a dormir, la gente se obligaba a entrar en etapas sucesivas de descanso y relajación, con los cual habrían desarrollado la capacidad de regular el estrés naturalmente. Sin embargo, como dice Jacobs, “hoy dedicamos menos tiempo a esas cosas”, y abunda: “No es una coincidencia que, en la vida moderna, el número de personas que padecen ansiedad, estrés, depresión, alcoholismo y abuso de drogas haya aumentado”.

Así, estos testimonios de personas que han estudiado con cierta profundidad el asunto tal vez nos hagan pensar un poco qué tanto de los hábitos que creemos incuestionables —muchos de ellos escandalosamente recientes— lo son de verdad.

[BBC]