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Detienen a proxenetas en Madrid que marcaban a prostitutas con códigos de barras

Sociedad

Por: pijamasurf - 03/28/2012

Detienen en Madrid a 22 miembros de una mafia de prostitución que además de torturar a las mujeres con las que traficaban, les imponían una marca en su piel que las distinguía como propiedad suya.

El pasado 24 de marzo se dio a conocer que la Policía Nacional española detuvo en Madrid a 22 personas que operaban una red ilegal de prostitución teniendo su centro de actividad en la calle de Montera. Los sujetos, organizados en dos grupos, se caracterizaban por torturar cruentamente a las mujeres que tenían a su disposición, la mayoría de ellas de nacionalidad rumana, a quienes sometían a diversas agresiones físicas que iban de golpizas inhumanas a cortarles el cabello y las cejas e incluso tatuarlas con códigos de barras que hacían las veces de señal de propiedad y recordatorio de la deuda que las mujeres mantenían con estos grupos criminales.

De acuerdo con las investigaciones policiacas, el primer grupo de esta red la dirigía un ciudadano rumano de nombre Iancu T. que en su país de origen fue condenado a 5 años de prisión por el delito de proxenetismo. Como regularmente sucede en estos casos, Iancu atraía a sus compatriotas con falsas promesas de empleo en territorio español y, una vez ahí, las sumía en el infierno de la prostitución.

Por otro lado, un sobrino del hombre, Iulian T., siguió después los pasos de su pariente, aunque con un grado mucho mayor de crueldad hacia las mujeres que mantenía cautivas, entre las que se encontraba una joven de 19 años que luego de un primer intento de escape recibió un trato mucho peor que antes, al grado de que le fue tatuado en la muñeca un código de barras con el dinero que adeudaba al proxeneta: 2,000 euros.

[Huffington Post]

El nuevo trend en Suecia: oficinistas salen a bailar en su hora de comida

Sociedad

Por: pijamasurf - 03/28/2012

Lugares en Suecia promueven la peculiar combinación de la hora de la comida (ese hábito tan oficinil) con una sesión de clubbing, imponiendo una nueva tendencia entre aquellos cuyas ocupaciones determinan sus horarios cotidianos.

La hora de la comida, uno de los hábitos más propios de los oficinistas y en general de las personas con horarios laborales fijos y ocupaciones que los determinan, está tomando entre los asalariados suecos una de las manifestaciones más extrañas —y no sin cierto coolness— de los últimos tiempos, pues en vez de emplearla según lo acostumbrado o variándola con, digamos, extravagantes platillos, la combinan con una sesión de baile en un lugar que se creería de exclusivo uso nocturno.

Asiduos al Lunch Beat concurren a las sesiones de una hora justa de música que este establecimiento ofrece a sus clientes para que bailen al mismo tiempo que comen —y que no vuelvan así hambrientos a sus reducidos cubículos. Una sesión que cuesta alrededor de 100 coronas suecas, unos 15 dólares que cubren el derecho de entrada y algunos bocadillos.

Abierto desde 2010 en Estocolmo el lugar ha ganado desde entonces una enorme popularidad entre los trabajadores locales, al grado de que otras ciudades de Suecia, Finlandia, Serbia y Portugal se han unido a la tendencia.

El éxito del negocio ha movido a los dueños a constituir una fundación paralela denominada Lunch Beat Branch Bank cuyos fondos, aseguran, se emplearán en abrir nuevos sitios de este mismo corte.

Uno de los impulsores de este proyecto, Daniel Odelstad, de 31 años, asegura que a los clientes del lugar solo se les impone una obligación: “La primera regla del Lunch Beat es que tienes que bailar. Si no quieres bailar durante tu hora de comida, entonces tendrás que comer en algún otro lugar”.

Sin duda una práctica interesante_ en vez de salir a comer y hacer lo mismo de siempre, pasar un rato clubeando para  regersar estimulado a la oficina.

[TIME]