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Escritores del Cielo en Hades (9/10: Profanando lo Sagrado, Sacralizando lo Profano)

AlterCultura

Por: Jasun Horsley - 07/27/2011

En la penúltima entrega de su memorable ensayo, Aeolus Kephas discurre lúcidamente sobre los vínculos entre pornografía e individuación y analiza la estimulación comercial del deseo sexual como una herramienta de programación grupal.

imagen de ilustracion chamanica por lucinda horan

«Los escritores no son sólo personas que se sientan a escribir. Se exponen a sí mismos. Cada vez que compones un libro tu propia composición está en juego».

—E.L. Doctorow

Concluiré con una interrogante metafísica que la ciencia no puede responder. No puedo definir si esta pregunta es especialmente trivial o profunda. La llamo el problema del "punto vintage", el cual fue previsto en los Upanishads, antiguos textos filosóficos de la India compuestos en el segundo milenio A.C, y también por Erwin Schroedinger. Me refiero a la asimetría fundamental del universo entre un punto de vista privado, el ‘subjetivo’, versus el mundo objetivo de la física. La física depende de la eliminación de lo subjetivo: no existen colores, solo ondas de luz; no existen frecuencias, solo niveles; no hay caliente o frío, solo actividad cinética en las moléculas; no hay un yo subjetivo, solo actividad neural. La física no requiere ni reconoce el ‘aquí y ahora’ subjetivo, tampoco el ‘Yo’ que experimenta el mundo. Sin embargo, para mí, mi ‘Yo’ lo es todo. Es como si fuese el único diminuto rincón del desdoblamiento del tiempo-espacio que se encuentra ‘iluminado’ bajo la luz de mi conciencia. Al parecer la raza humana está eternamente condenada a aceptar esta esquizofrénica perspectiva de la realidad: la mirada en ‘primera persona’ y la mirada en ‘tercera persona’.

Regresando al ejemplo inicial (sobre pornografía y ritual chamánico), lo que el chamán representa en nuestro actual contexto —y por qué la identificación con un chamán tiene un potencial tan curativo— es el otro, el externo. Tradicionalmente los chamanes no eran parte de la comunidad a la cual servían, debido a que literalmente pertenecían a otro mundo: el mundo de los espíritus. Un chamán es un rescatista de almas, un viajero astral, un soñador, un acompañante de las almas al otro mundo (tal como Cristo lo fue cuando viajó a Hades, luego de la crucifixión). El chamán viaja, no físicamente sino a través de su conciencia, a la materia subatómica y al interior de los mundos de ADN, y ahí se reúne con la inteligencia (accede a la información) contenida. En pocas palabras, un chamán es sinónimo de un ser integralmente individuado —aquel que ha muerto y renacido en vida. Por lo tanto, un “ser individuado” es sinónimo de chamán. Entonces, empatar con el estado mental de un chamán, tal como en nuestro ejemplo inicial sobre neuronas espejo, equivale a experimentar un “exilio” temporal de la mente colectiva, pero también implica una conexión empática con el inconsciente colectivo. Podría argumentarse que todos mantenemos una conexión con el inconsciente colectivo, lo cual precisamente lo hace colectivo. La diferencia es que el chamán, o ser individuado, hace consciente esa conexión,  a través de la empatía, y transforma su lealtad a la mente grupal (que es algo así como una costra formada encima del cuerpo orgánico de la humanidad) y a la psique colectiva. De esta forma el chamán se mueve de la perspectiva de “primera persona” —aquella del individuo aislado— a la de la tercera persona del universo completo. A través de esta vía el chamán se mueve de la realidad subjetiva a la objetiva.

Regresando al tema de la empatía, los poderes curativos de un chamán provienen precisamente de sus propias heridas. Cualquier cosa que el chamán haya sufrido en vida lo dota del entendimiento necesario para asistir a otros con patrones similares de lastimaduras. En pocas palabras, si siendo un niño el chamán fue abusado sexual o físicamente, y sufrió la resultante impresión psicológica, esas experiencias se convierten en los nudos que deben desatarse para que el chamán se individue y cure así su propia psique. Al curarse a sí mismo de esta manera, el chamán desarrolla la habilidad especifica  para curar  aquellas heridas originales que requieren sanar. Entonces el chamán atraerá gente con heridas similares, magnéticamente (el universo siendo un espejo al igual que nuestros cerebros), y desarrollará los poderes necesarios para completar el proceso de sanación. Pronto veremos cómo todo esto se relaciona con la empatía y las neuronas espejo. La tarea acumulada de esta memoria empática, que ya discutimos, se convierte en aquello que hace a un chamán calificar como tal. Cuando un chamán encuentra a alguien con patrones similares —un programa similar que quieren desinstalar— el chamán se empalma con el estado mental del paciente y empáticamente accede a sus propias experiencias de un programa igual o similar. El chamán entonces recuerda o reactúa (ritualmente y por medio de un diálogo con el paciente) su propia desprogramación, y el paciente, en respuesta, se sintoniza con la frecuencia cerebral del chamán y se libera de su condición. En pocas palabras, se sana. La sanación no es tanto el fin sino el medio de este ritual: el fin es la individuación. De otra manera, simplemente curar a una persona es una medida temporal, por que si el condicionamiento permanece, el programa continua corriendo y el sistema tarde o temprano volverá a averiarse como antes, o incluso empeorará. Un chamán en realidad no está en el negocio de la sanación, sino que se dedica a desprogramar personas: sacándolas de la mente grupal e introduciéndolas al reino de los espíritus en el inconsciente colectivo, también conocido como hades. La vieja palabra en ingles hele significa “inconsciente” y es la raíz del Hell (infierno) cristiano, pero también de la palabra heal (sanar). Esta es la ecuación completa contenida en una nuez —o en una granada.

Ese tu Narciso

ya no se ve en el espejo

porque es el espejo mismo.

—Antonio Machado

Si el chamanismo representa la perspectiva de la tercera persona (transpersonal), la pornografía responde a la perspectiva en primera persona, como un morboso decreto en el espejo psíquico de las especies. La pornografía se trata exclusivamente del las ganancias económicas: ¿Qué hay para mí? Hay un fin específico que el porno persigue y es la complacencia, la gratificación del deseo. Y el deseo —en especial el deseo sexual— es lo que mantiene a la mente grupal unida. Es tanto la corriente como la señal que mantiene al programa corriendo. El sexo es lo que todos tenemos en común: es lo que todos quieren. Todos coincidimos (abiertamente o no) en que el sexo es bueno, y por lo tanto deseable. Así que por supuesto todos lo practican, y si no lo podemos practicar, entonces ahí esta el porno para hacernos sentir como si lo estuviésemos haciendo. Este programa de deseo sexual incluye todas las cosas que se requieren para tener sexo: dinero, estatus, éxito, imagen, belleza, estar en forma, confianza, carisma social y otros. Todas estas cosas son deseables para nosotros de acuerdo con un fin especifico: tener sexo. La publicidad es un recordatorio constante de lo anterior, lo mismo que el porno. Actualmente los dos se han fundido: la publicidad es frecuentemente pornográfica y los sitios de pornografía (al igual que los de encontrar pareja) y sus anunciantes han inundado, literalmente, el Internet. Las imágenes pornográficas refuerzan el deseo sexual y crean un loop de retroalimentación energética: al capturar nuestra atención y detonar respuestas sexuales en nuestro interior, la energía de nuestra atención y nuestro deseo es propulsada para alimentar la mente grupal (de la cual Internet es una especie de representación concreta). Esto mantiene cargada y vibrante a la matrícula con nuestra atención y nuestro deseo. Magnetiza a la mente grupal y previene a sus “miembros” (que de hecho son “presos”) de salir, de individuarse. En pocas palabras, la promesa del sexo nos mantiene regresando una y otra vez por más, sin importar lo sofocante que puede ser el vivir en el Hotel Californication.

Por esta razón el celibato es tan común en las disciplinas espirituales: inhibir la respuesta sexual es una manera de reducir el deseo, con el paso el tiempo, y nos permite colocar nuestra atención en otro lugar, ajeno a lo que todos los demás están haciendo —al interior y no al exterior. Es entonces cuando descubrimos el grado en el que nuestro deseo sexual ha sido conectado a nosotros mismos vía el condicionamiento y cómo nuestras hormonas (que en realidad son el menor de nuestros problemas) han sido tomadas por el aparato social orientado a succionar almas. Del otro lado del espectro, los chamanes son tradicionalmente polígamos, tienen muchas esposas, lo cual es presumiblemente una ruta alternativa para nadar a contracorriente. Nuestra cultura promueve, por un lado, la monogamia, mientras que por otro promueve sutilmente la promiscuidad, y el resultado es que la mayoría de los individuos modernos practican una monogamia serial. Al tener muchas esposas un chamán resuelve esta dicotomía, pero también (tal vez) evade el verdadero problema, a menos de que fuese a practicar el celibato al interior del matrimonio (lo cual sería una historia completamente distinta). Los chamanes, a diferencia de los célibes, tienden a ser seres terrenales, pero mientras que pueden estar completamente enganchados con los vicios de la carne, todo lo que un chamán hace es buscando la individuación y el fortalecimiento de su conexión con el otro lado —existir fuera de la mente grupal. Así que para el chamán el sexo es una vía para lograr un fin transpersonal o colectivo, y no un fin en sí mismo.

Leer Parte 1 / Pornografía y Sanación Chamánica

Leer Parte 2 / Sanación Autoliteraria y Diálogo Con Uno Mismo

Leer parte 3 : El Espejo Mágico y la Escritura Telepática

Leer Parte 4/ Sueños Lúcidos y el Trauma Original

Leer Parte 5 / Comunicación de Cerebro a Cerebro y las Neuronas Espejo

Leer Parte 6/ La Afinidad entre Autor y Lector Genera una Gran Escritura

Leer Parte 7/ Indiviudación, Empatía y Transmisión Holográfica

Leer Parte 8 / La Mente Grupal y la Programación de la Multitud

* Aelous Kephas, nuevo colaborador de Pijama Surf, es uno de los más reconocidos autores del alterocultismo y la metanarrativa contemporánea. Entre sus obras publicadas destacan: Matrix Warrior: Being the OneThe Lucid View: Investigations Into Occultism, Ufology and Paranoid AwarenessHomo Serpiens: A Secret History of DNA from Eden to Armageddon.

Blog del autor: aeoluskephas.blogspot.com

 

 

Educar a las siguientes generaciones para expresar su individualidad sin las improntas de la autoridad podría significar instaurar una nueva realidad colectiva; Robert Anton Wilson y Aleister Crowley, los alumnos más rebeldes e inquietos, trazan el camino hacia fuera del instituto, hacia el universo y el caos mágico.

"Al universo le gusta jugar".- Hakim Bey, Anarquismo Ontológico y Terrorismo Poético

Cualquier persona reconoce la importancia de la educación, tanto que, como si fuera una especie de panacea social, se le suele tener como solución profunda a todos los problemas. De manera reduccionista y algo ingenua se cree que la solución educativa es simplemente matricular a todos los niños del mundo, darles alimento, acceso a la tecnología y luego permitirles estudiar en las "mejores universidades". Esto casi se considera un bien universal. Pero en muchos casos esto es solo una manera sistemática de formar personas bien adaptadas al orden mundial, muchos de ellos autómatas que difícilmente encontrarán  lo que son y harán lo que quieren.

Existe, sin embargo, otro paradigma, que no es nuevo pero que ha sido marginado por el poder, el de educar para desprogramarse de esta realidad colectiva enajenante con el fin de hacer que una persona pueda acercarse lo más posible a la totalidad de la expresión de su ser más íntimo. Lo que alguna vez dijo, a manera de mantra, el profesor de Harvard Tim Leary:  tune in, turn on, drop out. A nosotros, los que hemos sido educados a la usanza formativa estándar,  nos compete más desaprender,  desconectarnos del sistema operativo de la cultura dominante; pero aquellos que vienen podrían tener el campo abierto para jugar y crear sin tener que pasar por todo un arduo proceso de decondicionamiento, liberando la energía del inconsciente para echar a volar la serpiente al cielo.

Fundamentalmente podemos decir que la educación debe de ser aquello que permita a una persona ser ella misma ("asistir al alma para expresarse a sí misma", en palabras de Aleister Crowley). Para esto, entonces, lo principal es no imbuirle a los niños todas las improntas y patrones de pensamiento de nuestros padres (de nosotros) y del mundo en general (evidentemente es imposible mantener una tabula rasa, pero la clave está en saber limpiar el pizarrón y, si acaso, proveer los gises). Hacer esto no significa, ni mucho menos, criar un niño feral o implementar un libertinaje donde la personalidad fluya con el viento de las circunstancias sin ninguna intención. Significa cultivar las herramientas de la autonomía, de la autodeliberación, de  la autodefinición: hay que primero ver y conocer el mundo para poder abandonarlo y así ser todo él.

En este sentido recurrimos a dos extraños maestros (uno de ellos acusado de satanismo y beber sangre de bebés) cuya sublime lucidez, aunque intermitente, puede constatarse precisamente en sus recomendaciones educativas. Aleister Crowley y Robert Anton Wilson tuvieron dos de las naturalezas más inquietas e inquietantes,  listas siempre para explorar diferentes realidades ("túneles", según las llamaba Wilson), lo cual, después del viaje permanente, los hizo llegar a un espacio esencialmente antidogmático, tanto como pocos en la historia del pensamiento humano (de manera análoga la filosofía griega nació del concurso de las diferentes visiones del mundo que otorgó el contacto con diferentes civilizaciones, en este caso fueron "realidades"). La visión y la experiencia vital de Crowley y de Anton Wilson coinciden en la importancia de explorar todas las realidades posibles sin casarse con ninguna: la más grande riqueza del viajero es atravesar el universo y regresar a casa sin ninguna posesión, sin ningún peso en la valija, para después poder fundar el propio imperio de la imaginación. Esta "creatividad" de sistemas de realidades se libera al darse cuenta de que todos los sistemas políticos, económicos, filosóficos, etc., que se le habían impuesto, no tienen ningún carácter absoluto, son solamente el conjunto de creencias y caprichos de una serie de personas que reemplazaron el mundo por su forma de ver el mundo. Pero dejemos a los maestros dictar el anti-sermón:

«Cada niño debe de desarrollar su propia individualidad y voluntad, sin considerar ideales ajenos [...]. La educación es asistir al alma a expresarse a sí misma. Cada niño debe de ser presentado con todos los posibles problemas y se le debe permitir registrar sus propias reacciones; debe de ser enfrentado con todas las contingencias de turno hasta que logre sobreponerse a cada una. Su mente no debe ser influenciada, sino solamente expuesta a todo tipo de nutrición. Sus cualidades innatas harán que seleccione el alimento adecuado para su naturaleza. Respeta su individualidad. Preséntale la vida en todas sus manifestaciones para que la inspeccione, sin comentarla. Desde la infancia, los niños deben encarar los hechos, sin explicaciones adulteradas. Deja que actúen y piensen por sí mismos; deja que su integridad innata se inicie a sí misma. Haz que exploren todos los misterios de la vida, que se sobrepongan a sus peligros. El engaño y el miedo son sus únicos enemigos. Deja que sean testigos del nacimiento, el matrimonio y la muerte; deja que escuchen poesía, filosofía e historia; llama al aprendizaje pero no a la expresión articulada. Haz que enfrenten desfiladeros, olas, animales, encontrando su propia fórmula de conquista. Confía en la verdad  en ellos sin descanso, con cuidado solo en hacer su amplitud comprensible; confía en que la usen [...] Deja que los niños se eduquen a sí mismos a ser ellos mismos. Aquellos que los entrenan en estándares los lisian y deforman. Los ideales ajenos imponen perversiones parásitas. Cada niño es una Esfinge: nadie sabe su secreto más que ella misma».


"Every child is absolute.


Dare not bias it or bind!


Give the seed fair play to shoot!


At maturity its mind


Shall perfect its proper fruit,

Self-determined, self-designed!"

["Cada niño es absoluto:

¡Que nadie influya en él ni lo obligue!

¡Que la semilla crezca en campo limpio!

Al madurar su mente

madurará el fruto:

¡determinado por sí mismo, diseñado por sí mismo"]

(Aleister Crowley, "On the Education of Children" , The Revival of Magick)

Ahora acerquémonos en el tiempo a Robert Anton Wilson, el genial escritor y psiconauta, cuya mayor aportación, la misma que la de Sócrates, es hacernos pensar por nosotros mismos, esta vez con alta conciencia de cómo funciona el cerebro humano, ese poderoso instrumento capaz de transmitirse y reflejarse en el universo —al menos en el universo que percibimos.

«El cerebro de la humanidad ha sido lavado por Aristóteles por los últimos 2500 años. La creencia, inconsciente, no del todo articulada, de la mayoría de los occidentales, es que existe un mapa que representa adecuadamente la realidad. Por pura buena suerte, todo occidental cree que tiene un mapa que encaja. La ontología de guerrilla, para mí, involucra estremecer esa certidumbre.

»Cada modelo que construimos nos dice más sobre nuestra mente que sobre el universo [...], el universo es más grande que cualquiera de nuestros modelos [...], cada descripción del universo es una descripción del instrumento que utilizamos para describir el universo (la mente humana)».

Robert Anton Wilson hace referencia a la lógica aristotélica que dictamina y horada en la profundidad de la mente humana un modelo unívoco, como unas gafas cul-de-sac sobre nuestros ojos, en el que si una cosa es algo, por definición no es todo lo demás (lo que en inglés se conoce como el either or).

«"Es", "es" "es" —la idiotez de esta palabra me persigue. Si fuera abolida, el pensamiento humano podría empezar a tener sentido. Yo no sé lo que “es” nada; solo sé lo que me parece a mí en este momento.

»La certidumbre solo es posible para las personas que tienen una sola enciclopedia», dice Robert Anton Wilson.

Más allá de que la física cuántica indica que la luz puede ser una onda y una partícula, que un gato puede estar vivo y muerto —y esto debe de tener implicaciones en nuestra macro-realidad—, lo vital aquí es que en el plano educativo, bajo el gran mito de la objetividad, se nos infunde una creencia undimensional y excluyente de las cosas que va confundiéndose con la realidad. No soólo le decimos al niño que una pelota es una pelota nada más (y no un planeta), le decimos que algo es bueno o malo y lo que es posible y lo que no es posible (pero eso que es malo, que es imposible y solo es una pelota, es solo para nosotros).

«Todos los niños nacen desnudos, hambrientos y con una inmensa curiosidad. Ser padre consiste básicamente en seguirlos por la casa y decirles "no te metas eso en la boca" [...], solo porque el sistema oral de biosobrevivencia se enciende después del nacimiento y lo primero que quieren es el pecho de su mamá y lo segundo que quieren es probar el resto del mundo para saber si sabe tan bien como los pechos de su mamá [...]. Y luego empiezan a hacer preguntas [...].

»La función del sistema educativo estatal es detener esto [...]. Si tuviéramos una población adulta que hubiera mantenido la curiosidad de los niños pequeños, las personas irían por todos lados intentando saber las cosas por sí mismas, y tal curiosidad desmoronaría el edificio de la sociedad moderna», señala el gran humorista de nuestra época, Robert Anton Wilson (simplemente no matar la curiosidad ya sería un logro monumental para la educación).

La educación es la forma básica en la que la autoridad asegura que se mantendrá en el poder y que el mundo que ha proyectado seguirá existiendo. Puesto que una generación que ha sido educada a experimentar las cosas por sí misma —por consiguiente a cuestionar las cosas que le dicen los demás— y que busca simplemente expresar lo que piensa y hacer lo que quiere, seguramente no tendrá mucha consideración por lo que le dice la autoridad, por su administración "de milagros y misterios",  y no reparará en trasponer sus espectrales límites de control. Y entonces no solo correrá peligro la autoridad, sino el mundo entero que sustenta y se reproduce al ser repetido por las masas a las cuales les ha sido implantado tautológicamente. La realidad de este mundo podría empezar a desvanecerse, a agrietarse, y en esos espacios en blanco, de vacío radiante, podría empezar a consolidarse una nueva realidad. 

Por último regresemos a la eterna máxima labrada como una joya gnóstica en el oráculo de Delfos, en cuyo dintel se dice que estaba inscrito: "Conócete a ti mismo". Misma frase recuperada de manera pop-inspiracional en la película The Matrix. Esta máxima encierra (o libera) la clave de la conciencia humana, desde el génesis hasta el siguiente eón (el del niño, el de Horus, el hijo de la pareja sagrada). Conócete a ti mismo y conóceras al universo. "Haz lo que quieras", como decía Crowley, y harás lo que el universo quiere.

«Cuando hacemos la voluntad de nuestro Ser verdadero, inevitablemente estamos haciendo la voluntad del universo. En la magia esto es visto de manera indistinta: que cada alma humana es de hecho el alma del universo en sí mismo. Y siempre y cuando estés haciendo lo que el universo quiere, entonces será imposible hacer algo mal».

Alan Moore, The Mindscape of Alan Moore.

Twitter del autor: @alepholo

[Dreaming the Void]