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Escritores del Cielo en Hades (6/10: La afinidad entre autor y lector genera una gran escritura)

AlterCultura

Por: Jasun Horsley - 07/06/2011

El lúcido Aeolus Kephas nos comparte una reflexión sobre la sintonía mental entre lector y autor, a través de la obra, como un requisito indispensable para revestir con magia una pieza literaria: el triángulo telepático entre creador, creación y audiencia.

Imagen Cortesía de Lucinda Horan

Imagen: Cortesía de Lucinda Horan

“Las neuronas espejo son multimodales —se activan no solo al observar una acción, también al escuchar o leer sobre ella. En un esfuerzo encabezado por Lisa Aziz-Zadeh, una neurocientífica de la Universidad del Sur de California, se descubrió que la corteza pre-motora del cerebro muestra la misma actividad cuando una sujetos observan una acción que cuando leen palabras que la describen… Esto indica que además de la ejecución, la observación de una acción y los sonidos de esta acción, estas neuronas podrían activarse por representaciones abstractas de acciones, en otras palabras, con el lenguaje... 'Investigaciones en los últimos años parecen sugerir que la percepción y la acción están estrechamente vinculadas y no separadas’, afirmó Aziz-Zadeh”.

—«Mirror Neurons Also Respond to Language and Sound», SEED, 21 de Septiembre de 2006

En el estudio citado en Up From Dragons: The Evolution of Human Intelligence, un grupo de personas imaginándose ejercicios físicos incrementó su fuerza en un 22%, en comparación con un grupo que estaba practicando dichos ejercicios que la aumentó en un 30%. No es una gran diferencia. ¡Y por eso no nos sorprende que el video de ejercicio de Jane Fonda haya tenido tal éxito! Las implicaciones de esto son sorprendentes, pero a la vez un tanto perturbadoras. Si nuestros músculos pueden fortalecerse con solo mirar un video de rutinas de ejercicio, o incluso leer sobre el trabajo físico que realiza alguien más, ¿qué hay de los incontables actos de violencia que experimentamos a diario en películas, novelas, series de televisión y canciones de rap?  Tal vez no debiera sorprendernos que el ejército sea uno de los principales investigadores en tecnología de videojuego: si las neuronas espejo existen, entonces un soldado que recibe entrenamiento no distingue —a un nivel psicológico— entre actos de simulación bélica y la verdadera guerra. Es una ironía típica de nuestra era que las neuronas espejo —apodadas "las neuronas Ghandi" por Ramachandran porque son las responsables de la empatía— actualmente se utilicen para… incurrir en la violencia contra nuestro prójimo. Pero este es un tema para una discusión completa y por ahora solo quiero enfocarme en la eficiencia del lenguaje para comunicar (vía neuronas espejo) no solo imágenes (como en el ejemplo de King) sino estados de ánimo e incluso estados alterados de conciencia y cómo esto ocurre en compañía de cambios psicológicos.

Cuando leemos Crimen y Castigo nos encontramos dentro de la mente —debajo de la piel— de Raskólnikov: nos identificamos a tal extremo con el personaje que, durante el libro, sus pensamientos se vuelven los nuestros y, en menor medida, sus acciones se vuelven nuestras acciones. Sin embargo, en tanto que Raskólnikov es la creación de la mente de Dostoievski —el hijo de su psique— no está tomando en sí Raskólnikov, sino su creador. Una combinación entre Buena escritura con buena (atenta) lectura crea en nosotros un estado de trance que involucra un empalme entre nuestro estado mental y aquél del autor al momento de escribir. Más allá de la conexión telepática a través del tiempo y el espacio que describe King, esto implica que, contenida dentro de las propias palabras, existe una carga de información oculta que sobrevive a cualquier número de traducciones o reimpresiones y permanece invisible e indetectable en el texto mismo. Lo que hace a Dostoievski un gran escritor, por encima de muchos otros millones que no lo son tanto, a mi juicio, es que el ruso se sumerge tan entrañablemente en el proceso de escribir, tanto que se consumía a sí mismo, que su frecuencia cerebral se sintonizaba con la de los personajes imaginados, lo que provocaba que hubiese una mínima distancia entre el creador y su creación. Toda buena ficción logra esto en alguna medida: crea en el lector una sensación de autenticidad, de inmediatez, como si los eventos descritos estuviesen ocurriendo espontáneamente mientras los leemos y no que fueron trabajados a lo largo del tiempo (años o incluso siglos atrás) por alguien sentado en un escritorio masticando un lápiz. Un escritor que crea personajes y escenas convincentes lo logra al penetrarlos hasta el límite: el texto escrito se torna en una especie de escáner cerebral tomado en ese momento, capturando los más íntimos pensamientos y sentimientos del escritor, cada bit, lo mismo que sucede al grabar a un cantante o como la fotografía que alguien captura de lo que está sucediendo al interior de cierta persona en ese preciso momento —asumiendo que somos lo suficientemente sensibles para sintonizarnos con esa información y “decodificarla”.

Mientras Sherlock Holmes podía deducir una buena porción de la información al estudiar un texto, grabación o fotografía, para la mayoría de nosotros esta transferencia ocurre inconscientemente, sin que nuestro entendimiento ni nuestra conciencia intervengan. Sin embargo, sucede. No podemos evitar el recolectar esta carga de información oculta (esa fotografías del cerebro del autor), al igual que el autor no puede evitar adherirla a su obra. El ejemplo opuesto a aquel de un artista consumado como Dostoievski sería un escritor que es incapaz o que no desea estrechar la separación entre su intento consciente (al escribir) y lo que sea que esté sucediendo en su inconsciente. Él o ella pueden estar escribiendo sobre un asesino pero a la vez pensando sobre qué comerán a la hora del almuerzo o si recordaron pagar la cuenta del agua; el resultado será un retrato diluido, deslavado, del asesino, anémico, “poco involucrante”, porque el autor claramente no ha permitido ser plenamente poseído por el acto de creación. El resultado es lo que se conoce como algo “ingeniado”: pueden verse los hilos que lo mueven, es decir, podemos sentir las discrepancia entre las palabras dentro de la página y el estado mental del autor. Las palabras son poco convincentes, porque mientras tratamos de hacer que los demás las crean, o de sumergirnos nosotros mismos en ellas, estamos inconscientemente empalmándonos con el estado mental del autor —y pensando qué habrá de comer.

 

Un ejemplo personal

Para mí el mayor placer de escribir no es sobre lo que se trata, sino la música interna que las palabras generan.

—Truman Capote

Ahora citaré un ejemplo personal. En 2002 escribí un libro llamado Matrix Warrior: Being the One. Era una sátira de auto-ayuda basada en la película de 1999 The Matrix y tenía la intención de ser un best seller. Mi título original para el libro era “How to Succeed in the Matrix Without Trying” y mi inspiración era que el libro probase su propia premisa al hacerme millonario. Me tomó dos semanas escribirlo y dos semanas después tenía el trato para publicarlo. Todo parecía ir de acuerdo con lo planeado. Pero después algo comenzó a salir mal. Lo primero que salió mal fue que la secuela de The Matrix, que salió al mismo tiempo que mi libro, era una basura y como resultado casi inmediato el interés en la franquicia de la película —y las ideas que mi libro exploraba— se derrumbaron. Lo otra cosa que “ocurrió” —y que es más pertinente para esta pieza— fue la recepción que mi libro tuvo. Mientras que algunos lo recibieron como un comentario profundo sobre nuestros tiempos, otros se ofendieron y lo ridiculizaron, utilizando términos como “fascismo Zen”, “didáctico”, “crecido”, “falto de humor”, amargado, egocéntrico, carente de compasión u originalidad, entre otros. Ninguna de éstas era una descripción acertada del libro, pero tal vez se acercaban más a describir el estado mental del autor. Y si bien hubo muchos lectores que encontraban el libro como algo iluminador e incluso entretenido, muy pocos lo tomaron como una sátira. El libro fue tomado en serio por casi todos (seguidores y detractores), siendo la razón de esto, independientemente de mi diseño consciente, que yo mismo tomé en serio las ideas que contenía (una mezcla entre mitología de Matrix con Carlos Castaneda y mi propia filosofía post-Nietzscheana del momento). No lo había escrito simplemente para ir más allá de la matrix, lo había escrito para menoscabar los valores y significados aceptados alrededor del mundo. En pocas palabras, yo era Noam Chomsky (o Jean Baudrillard) jugando a ser Douglas Adams. Nadie me lo compró.

Dos años después de escribir el libro, y un año después de publicarlo (cuando para entonces ya todas las esperanzas estaban muertas) esto fue lo que dije:

“La ingenuidad que me inspiró para escribir Matrix Warrior (usar un fenómeno cultural de proporciones potencialmente  revolucionarias como un conducto hacia el mainstream), esta astuta porción de oportunismo de un escritor/artista cansado de prosperar en la oscuridad, se me revirtió... Las mentes consciente e inconsciente corren en pistas distintas. Trabajan agendas completamente diferentes y la mayoría de las veces esas agendas están en desacuerdo. Y porque realmente creí en mi libro y en su premisa —que este mundo es una ilusión de la cual todos somos esclavos— no podía creer en su “supuesto” punto de venta, en su truco, el de explotar la situación para beneficio personal. Matrix Warrior no se trata en realidad sobre cómo ir por delante de la matrix: se trata de conseguir salir de ella. Y si su mensaje pudiera llevarse a su más pura esencia (una esencia que lo vuelve poco gustoso al paladar de la mayoría de las personas), entonces no tendría nada que ver con mi beneficio personal... La más profunda súplica de este libro es vencer las obsesiones y trampas de nuestra egomanía auto-complaciente y engancharnos en una agenda, más profunda, ancha y vasta, fuera de lo meramente personal, aquella agenda que va más allá del Universo. Pero como estaba decidido a ocultar esta grandiosa y presuntuosa petición a cualquier costo, la oculté incluso para mí. Y realmente pensé que estaba escribiendo Matrix Warrior para ganar dinero fácil”.

Derrota épica

En los términos actuales: mi texto no empató con el estado de mi cerebro y fue esto último lo que se comunicó con mi audiencia. Considerando el tipo de audiencia que un libro de esta aparente naturaleza podría atraer, es entendible que no querían tener nada que ver con el estado mental del autor. Olieron una rata y se mantuvieron apartados de mi buffet. Y aquellos que sí estaban dispuestos a sintonizarse con el estado cerebral del autor (al momento de escribir su libro) eran mucho menos en número y, aún más importante, no eran la audiencia para la cual el libro estaba diseñado y pensado para atraer (los fans de la película). La discrepancia entre la envoltura y el contenido reflejó una discrepancia más profunda y fundamental en el propio libro, entre el texto y el subtexto, el mensaje consciente comunicado y el medio (el estado mental) por el cual éste se comunicó. El medio y el mensaje discrepaban entre sí y por lo tanto el mensaje, como  siempre debe de ser, estaba perdido.

Como dice G.K. Chesterton: “Una buena novela nos dice la verdad sobre su héroe: pero una mala novela nos dice la verdad sobre su autor”. Matrix Warrior decía las dos porque el héroe de la “novela”... era su propio autor.

Leer Parte 1 / Pornografía y Sanación Chamánica

Leer Parte 2 / Sanación Autoliteraria y Diálogo Con Uno Mismo

Leer parte 3 : El Espejo Mágico y la Escritura Telepática

Leer Parte 4/ Sueños Lúcidos y el Trauma Original

Leer Parte 5 / Comunicación de Cerebro a Cerebro y las Neuronas Espejo

* Aelous Kephas, nuevo colaborador de Pijama Surf, es uno de los más reconocidos autores del alterocultismo y la metanarrativa contemporánea. Entre sus obras publicadas destacan: Matrix Warrior: Being the OneThe Lucid View: Investigations Into Occultism, Ufology and Paranoid AwarenessHomo Serpiens: A Secret History of DNA from Eden to Armageddon.

Blog del autor: aeoluskephas.blogspot.com

 

Sexo con vehículos motorizados, con botargas, estatuas o excitación por tener insectos en el cuerpo o crema de maní son algunos de los fetiches de esta lista.

En la búsqueda del placer y el bienestar que otorga el sexo las diferencias imperan, cada persona tiene un universo en su cuerpo y llegar al éxtasis o a la metaestimulación consiste en rutas igualmente diversas. En el sexo, decía Octavio Paz, siempre hay al menos tres protagonistas: una pareja y la fantasía (evidentemente si se trata de tercios u orgías habrá más: el fantasma erótico que también participa). Esta fantasía a veces se materializa en un objeto animista. Pero hay de objetos a objetos, y la parafilia o el fetichismo a veces desbarra por bizarros linderos.

A continuación los diez fetichismos y parafilias sexuales más extraños que tienen cierta recurrencia en el espectro sexual (una mención honorífica al futuro del fetichismo merece Thad Roberts, el hombre cuyo fetiche fueron las rocas de la Luna: copular con su novia sobre una cama de rocas lunares que robó de la NASA).

Ursusagalamatofilia

A algunas personas les gusta vestir de felpa o hasta de botargas y buscar otras personas similares para copular. Esta parafilia es bastante popular en otro mundo (dentro de éste).

"Hay una gran escena de 'felpa' y parece estar basada en personas que gustan de proyectar cualidades antropomórficas a los animales y les adscriben cualidades humanas", dice el terapeuta sexual Ian Kramer.

A diferencia de la zoofilia, donde la personas literalmente disfrutan de tener sexo con cabras, perros, caballos, o la avisodomía (con aves), aquí lo que sucede es el deseo de tener sexo con humanos que tienen características de animales, pero a la vez son lindos y dulces, de ahí la felpa.

Hace un año surgió el caso del Pato Donald que inició contacto sexual con una mujer, tratando de borrar la frontera entre la caricatura y lo erótico. Esta botarga habría tenido más suerte si hubiera abordado a una mujer ursusagalamatofílica.

Parcialismo

A algunas personas les excita una parte del cuerpo específica, por ejemplo el pie de una mujer con tacones. Incluso existen sitios dedicados en su totalidad a estas fascinaciones, por ejemplo, a chicas en tacones apoyando su piernas sobre un auto y especialmente los pedales, conocidas como gas pedal honeys. Esta fragmentación del deseo hace que algunas personas lleven esto al extremo y durante el sexo busquen copular solamente con un pie o con una mano: en vez de talk to the hand: fuck the hand.

Agalmatofilia

La atracción por maniquíes es bastante común, esto incluye también la excitación erótica generada por estatuas y por la inmovilidad (lo que  podría ser un sucedáneo de la violación). Muchas personas no sólo contemplan a los maniquíes cuyos cuerpos torneados se muestran en las tiendas de ropa, algunos incluso los roban para tener sexo con ellos.

Formicofilia

Este es el placer sexual derivado de tener insectos arrastrándose por el cuerpo, especialmente en los genitales (¡¿esa sexy hormiga en la vagina, o la abeja meliflua en el pene?!). Se cree que esta parafilia se ha desarrollado especialmente entre personas cuyos hogares son infestados por insectos y, por el divino azar, experimentan durante la cópula la participación de algún insecto que incrementa el placer. Aunque claro que hay personas que simplemente gustan de llevar voluntariamente insectos a la cama y usarlos estratégicamente en zonas erógenas.

En Japón existe la costumbre entre ciertas personas de utilizar anguilas para el sexo anal o para la masturbación femenina.

Dacrofilia

Un poco menos bizarra, ya que las lágrimas tienen químicos, incluso llegan a tener oxcitocina (la llamada hormona del amor), hay muchas personas que incrementan su excitación al lamer, untarse o hasta beber lágrimas. No es extraño que las emociones extremas se acrisolen en el sexo, y pasar del llanto al orgasmo no es algo tan raro, pero existen personas que buscan propiciar las lágrimas por cualquier motivo para llegar excitarse, lo que puede derivar en violencia.

A esta parafilia está relacionado el placer que se obtiene por lamer los ojos de una persona, el oculolinctus.

Acrotomofilia

Algunas personas se excitan con miembros amputados, ya sea con su ausencia o con su prótesis.

Mecanofilia

Como resultado de la sexualización de las máquinas, particularmente de los autos, que se ha generado en la publicidad, existen personas que no sólo se ven excitadas por las máquinas —por tener sexo en un Corvette rojo— sino que tienen sexo con vehículos. Tal es el caso de Edward Smith, un hombre que dice haber tenido sexo con más de mil autos y uno que otro helicóptero.

No hay duda que la mecanofilia es uno de los fetiches que más en común tiene con la llegada de los robots sexuales y demás máquinas de uso erótico.

Simorofilia

El placer sexual que genera montar accidentes o desastres, como un choque automovilístico. Este fetiche ha sido popularizado por J. G. Ballard en su novela Crash, en la que el clímax del placer se sincroniza con el momento de un choque: excitación in extremis que coquetea también con la muerte —el reverso del orgasmo. Cercano al placer que se obtiene de las cicatrices y de tener sexo en un paisaje destrozado.

Por otro lado, esto también comprende la fascinación por copular en un desastre natural, tener sexo en un huracán, tsunami, incendio, etc., y la máxima  dádiva de la simorofilia: copular durante el fin del mundo, el coito apocalíptico.

Hierofilia

La hierofilia es la excitación sexual derivada por los objetos religiosos. Esto se asocia con la devoción religiosa llevada a su literalidad. Algunas personas fanáticas, por ejemplo, que suelen asegurar "pertenecerle a Cristo", llevan esto a un extremo y disfrutan usar cruces, Biblias u otros objetos en el acto sexual. Otras simplemente eligen masturbarse con imágenes o figuras religiosas. Esta "hereje" parafilia es una consecuencia de la misma represión sexual que la religión ha implantado históricamente.

Arachibutyrophilia

Este es el extraño fetiche por embadurnar a una persona alérgica a la crema de maní con esta sustancia y copular, en un melangerie, con ella y otra persona, viendo cómo su cuerpo se trastorna. El placer es doble: la crema de maní en los cuerpos y el pasmo criptozoológico de su mutación provocada por el alergénico. Este fetiche fue registrado por primera vez por un sexólogo en la revista Nerve.

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No sabemos si la excitación sexual que generan los extraterrestres en ciertas personas sea un fetiche o no, pero es ciertamente una fuerte tendencia, con numerosas personas describiendo en Internet lujuriosas escenas de sexo cósmico en naves espaciales o en planeta lejanos. En tanto se decide o no, les dejamos este gran video musical de porno extraterrestre de Tobacco .

[CBS]