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Sasha Grey, la indigo porn star, se desnuda para PETA

Por: pijamasurf - 01/25/2010

Los animales están contentos: Sasha Grey los protege. La pornointelectual estrella de 22 años posa para PETA a favor del control natal en los animales.

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Recientemente PETA (People for the Ethical Treatment of Animals) ha lanzado una nueva campaña que promueve el control de natalidad entre las mascotas, utilizando la imagen de la dangerous brat de la industria porno, Sasha Grey.

Con una peculiar personalidad en la que convergen la sexualidad desbordada con un refinado desarrollo intelectual, Sasha Grey se ha encargado de disolver cualquier estereotipo relacionado a las actrices porno: niñas bobas, poco educadas, y muy voluptuosas. Se puede afirmar que de su mano la industria del porno se ha replanteado algunos de sus pilares ideológicos e incluso se ha dado vida a una nueva relación psicosocial con el fenómeno de las niñas desnudas y mediatizadas teniendo sexo.

Fanática de Jean Luc Godard, Alaister Crowley y Joy Division, Sasha, de apenas 22 años, ha mantenido una explosiva carrera en la industria del porno. En 2007, con apenas 19 años, ya había obtenido cotizados reconocimientos como “Mejor fellatio en una película porno” y “Mejor escena de trío”.

En cuanto a PETA, se trata de una asociación dedicada a la protección de animales, que ha encontrado en los cuerpos desnudos de distintas celebridades una sexy y contundente herramienta de comunicación para difundir sus mensajes. Entre las niñas lindas que han colaborado con la causa se cuentan Joanna Krupa, Christian Serratos y Marissa Lewis.

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Sasha Grey, la indigo child del nuevo porno

 

Muere J.D. Salinger, el enigmático autor de "The Catcher in the Rye"

Por: pijamasurf - 01/25/2010

Muere a los 91 años el escritor J.D. Salinger. Recluido en el silencio y en la excentricidad alimentada por su renuncia a la fama literaria, Salinger es el dueño de una sensibilidad imperecedera: en el tránsito de la inocencia a la destrucción, se erige la lucidez del mundo que desintegra.

popupEl escritor Jerome David (J.D.) Salinger (1919-2010) murió ayer a los 91 años de edad de causas naturales en su casa de Cornish, New Hampshire. Salinger es considerado uno de los más grandes escritores estadounidenses de la posguerra, autor de la novela de culto "The Catcher in the Rye" (1951) o de joyas como "Nine Stories" y mitificado como una leyenda urbana por dejar de publicar en el apogeo de su carrera literaria (más de 40 años en silencio), negando entrevistas a la prensa, alimentando la imaginaria popular como el epítome del genio excéntrico.

Salinger es recordado principalmemnte por el personaje de "El Guardian en el Centeno" (¿aquel que cuida la pureza del mundo en medio del yermo fantasmagórico?), Holden Caulfield, el máximo referente literario de la adolescencia. Con el mismo corazón que Donnie Darko, pero a la deriva, entre la depresión y la más lúcida percepción del mundo, Holden se escapa a Nueva York después de haber sido expulsado de un internado. En la Gran Manzana Holden tiene una serie de aventuras que, filtradas por su aguda observación, retratan impercederamente el entusiasmo y el desencanto de la juventud que avanza (como Holden caminando por la calle rezándole a su hermano muerto Allie) hacia su propia desaparición.

Every time I’d get to the end of a block, I’d make believe I was talking to my brother Allie. I’d say to him,

Allie don’t let me disappear.’”

La sensibilidad del antiheroe Holden Caulfield, quien sintiera el extravío del mundo en ese FUCK YOU pintarrajeado en un edificio en las calles de Nueva York (multiplicado e indeleble) FUCK YOU cotejado con la pureza de su hermana de 8 años, Phoebe (la única persona con la que se pude comunciar verdaderamente); una sincronía simbólica que externa en la realidad lo imposible de mantener la inocencia. ¿Qué es de los patos cuando se congela el lago de Central Park, a dónde van? Salinger es el creador de una estética de la ternura desgarradora, de la lucidez dentro del libido inmarcesible de la perversión, que es el mundo adulto, del deseo y el dinero (como su hermano .

Salinger, "famoso por no querer ser famoso" es en vida ese bastión ejemplar de su propia integridad: una hiperestesia que no soporta participar en el mundanal ruido, en el sol de las vanidades, porque la belleza del mundo es demasiado terrible. Asceta de la posmodernidad, deja de particpar, deja de escribir para los demás (en un secreto departamento de Nueva York, en una casa de verano en New Hampshire), "estoy en el mundo pero no soy de él": escoge como Renton en Trainspotting, vivir, sólo que para vivir hay que abandonar los reflectores y germinar en la sombra, ser hasta última consecuencia él mismo. Un freak o un heroe de la voluntad individual.

"Hay una paz maravillosa en no publicar. Es pacífico. Calmo. Publica es una terrible invasión de mi privacidad. Me gusta escribir. Me encanta escribir. Pero sólo escribo para mí y para mi propio placer".

Sin embargo, la pureza melancólica y la ética esteta de J.D. Salinger fueron cuestionadas en el vacío de información, dentro del mito de su silencio. Joyce Maynard, amante de Salinger por 10 meses en los 70s, escribio unas memorias (probablemente sensacionalistas) en las que resalta que Salinger estaba obsesionado por su salud, era manipulador y sexualmente controlador. Además, bebía su propia orina, se sentaba en una caja de energía orgónica por 4 horas al día, practica la acupuntura y tenía una rara afición religiosa que mezclaba aves casi irreconciliables: el budismo zen, el hinudismo vedanta, la ciencia cristiana y la cientología.

El texto de Salinger "The Catcher in the Rye", fue citado por Mark David Chapman, el asesino de John Lennon, como la clave secerta de su motivo; John Hinckley, quien intentara asesinar a Ronald Reagan y otros asesinos asocian también el texto. En los círculos de conspiración se dice que de alguna manera, la CIA, en operaciones de control mental, como el Monarch, utiliza esta novela como parte de su programación. Todo esto sólo aumenta el mito alrededor de Salinger, siempre entre la inocencia y la perversión.

Al final de "The Catcher in the Rye", Holden, (el que detiene) desde una institución psiquiátrica, habla de cómo, pese a todo, extraña a los bullies de su prepa, a la prostituta que contrató sólo para platicar y al proxeneta que lo golpeó. Esa es la nostalgia luminosa que queda, las cosas y las personas son extrañas, pero (y por eso) las extrañamos. El placer de lo perdido, de perdernos. Por alguna razón lo que no está es lo que más ejerce influencia sobre nosotros. De esta forma Salinger perdura.

Artículo de J.D. Salinger en el New York Times