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La sublime versión de Angá Díaz de 'A Love Supreme' de John Coltrane

Arte

Por: pijamasurf - 10/23/2017

El genio cubano, Angá Díaz, dejó una magistral obra de ritmo y espíritu antes de morir a los 45 años de edad

Miguel "Angá" Díaz es considerado por algunos expertos el más grande conguero de todos los tiempos y su versión de "A Love Supreme" es quizás el más grande cover que se ha hecho de la música de uno de los más grandes jazzistas de todos los tiempos. La oda al adiós de Coltrane o, como Angá lo llama, "el himno nacional de la espiritualidad", es llevada a una fresca apoteosis. Angá señala que supo que el último proyecto de Coltrane era africano, así que hizo esta rica continuación espiritista de la idea de Coltrane como homenaje.  

Angá se hizo famoso por sus solos explosivos y por disolver las barreras entre ritmos latinos, el jazz, el reggae, el funk y el hip hop, todos trastocados por sus innvoaciones en el desarrollo de la conga. Además, fue un un destacado profesor de música en diversas universidades de diferentes partes del mundo. 1 año después de grabar su único disco como solista, Echu Mingua, el disco en el que aparece su cover de Coltrane, Angá murió en el 2006 en Barcelona de un ataque al corazón, a los 45 años. Sus hijas gemelas forman el conjunto Yirabi; una de ellas empezó a tocar el cajón (una percusión peruana) a los 11 años de edad, el día en que su padre murió. Ominosamente, llevan el espíritu de su padre en música hipnótica que mezcla la electrónica, el R&B y otros ritmos con música afrocubana. 

El siguiente video es un pequeño documental detrás de escenas de la grabación de su obra maestra, Echu Mingua, con una congregación de estrellas de la música cubana y un breve esbozo biográfico de este genial músico; constituye, sin duda, un material sumamente valioso para los aficionados de la música. Echu Mingua es el nombre de su santo en la religión yoruba, el santo que abre caminos. Según Angá, se trata de una misa espiritual.

Estos son los mejores libros según el Premio Nobel de Literatura, Samuel Beckett

Arte

Por: PijamaSurf - 10/23/2017

En sus inicios, bajo las enseñanzas de James Joyce, mostró un particular sentido de humor negro y sórdido, "desprestigiando a la palabra como medio de expresión artística"

Sombrío, minimalista y profundamente nihilista, Samuel Beckett fue uno de los personajes más importantes del experimentalismo literario del siglo XX. En sus inicios, bajo las enseñanzas de James Joyce, mostró un particular sentido de humor negro y sórdido, desprestigiando -según su traductora, Antonia Rodríguez-Gago- “la palabra como medio de expresión artística y creando una poética de imágenes, tanto escénica como narrativa”.

Mediante sus conocimientos de literatura, teatro, filosofía, psicoanálisis, música y medios audiovisuales, Beckett logró retratar la tragicomedia de la condición humana. Gracias a ello, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1969, tomando en consideración su renovación de la novela y el drama. Para el autor que consideraba que “Todos nacemos locos. Algunos continúan así siempre”, existe una serie de libros indispensables para cambiar las premisas de vida. La lista fue publicada por Cambridge University Press en el 2011:

Andrómaca (1668), de Jean Racine. Beckett releyó este libro “con una mayor admiración que nunca y con una mayor comprensión, al menos con una mayor comprensión sobre las posibilidades del teatro en la actualidad”.

– La vuelta al mundo en ochenta días (1873), de Julio Verne. En palabras de Beckett: “Tiene vitalidad”.

El castillo (1926), de Franz Kafka. Según Beckett: “Me sentí como en casa, demasiado –quizá eso fue lo que me hizo no dejar de leerlo. Caso cerrado ahí y entonces”.

El guardián entre el centeno (1951), de J. D. Salinger. De acuerdo con Beckett: “Me gustó mucho en realidad, más que cualquier cosa en mucho tiempo”.

Crooked House (1949), de Agatha Christie.

Effi Briest (1895), de Theodor Fontane. Beckett menciona al respecto: “Lo leí por cuarta vez el otro día con las mismas lágrimas en los mismos espacios viejos”.

El jorobado de Notre Dame (1831), de Víctor Hugo.

Viaje al fin de la noche (1932), de Louis-Ferdinand Céline.

Lautréamont y Sade (1949), de Maurice Blanchot. “Algunas excelentes ideas o inicios de las ideas, y un poco de verborrea para ser rápido de leer. Lo que emerge a través de un verdadero gigante Sade, celoso de Satán y de sus tormentos eternos”.

Destino del hombre (1933), de André Malraux.

Mosquitos (1927), de William Faulkner.

El extranjero (1942), de Albert Camus. En palabras de Becket: “Inténtalo y léelo, creo que es importante”.

La tentación de existir (1956), de Emil Cioran.

La 628-E8 (1907), de Octave Mirbeau. “Es una jodida buena pieza de trabajo”.