*

X

Sobre los beneficios de tener una personalidad abierta a las experiencias

Ciencia

Por: PijamaSurf - 07/01/2017

La apertura a las experiencias brinda una mejor implementación de herramientas adaptativas ante cualquier circunstancia y, por tanto, un cada vez más fuerte empoderamiento frente a la vida

Cuando el empirismo surgió, esta corriente que considera que la experiencia facilita el conocimiento se mostró como un atentado en contra del racionalismo; sin embargo, luego del paso de los siglos y los estudios, la investigadora Anna Antinori ha demostrado que la apertura a las experiencias tiene un impacto positivo en varios aspectos del ser humano. 

La apertura, menciona Antinori en el Journal of Research in Personality, se correlaciona con la inteligencia a nivel neuronal y cognitiva y con la reducción de los efectos dañinos de la demencia. Tras el análisis de 134 estudiantes se encontró que, de hecho, este rasgo de personalidad afecta a cada aspecto básico de la percepción visual, resultando en una concepción más segura del mundo y el entorno. 

Mediante una serie de preguntas y unos binoculares con dos diferentes imágenes para cada ojo, los investigadores pidieron a los alumnos describir su percepción sobre esta experiencia. Dado que el cerebro usualmente se enfrenta a ese golpe al suprimir alternativamente las imágenes, se esperaba que los estudiantes desarrollaran una experiencia subjetiva de ver una imagen más que la otra o ambas al mismo tiempo, y a partir de ahí retomaran la receptividad a las nuevas experiencias. Sorprendentemente, los participantes con una personalidad con necesidades más creativas experimentaron una percepción mezclada en un menor tiempo que los individuos con un menor rango de apertura a la experiencia. 

Los investigadores no consideran que una respuesta simple, como decir que las imágenes están mezcladas, represente completamente la apertura a la experiencia; por ello, en una experimento final, se indujo a los participantes a un estado de ánimo positivo mediante una herramienta de imaginación y música, lo cual incrementó la intensidad de la experiencia perceptual en estudiantes con mayor rango de apertura: “Ofrecimos la primera evidencia de que los individuos con mayor apertura a la experiencia puedan también tener niveles característicamente diferentes de las experiencias perceptuales visuales”.

Esto quiere decir que el proceso neuronal de una mayor experiencia diverge en la manera de percibir el mundo y, por lo tanto, de desarrollar las habilidades cognitivas. En otras palabras, la apertura a la experiencia brinda una mejor implementación de herramientas adaptativas ante cualquier circunstancia y, en consecuencia, un cada vez más fuerte empoderamiento frente a la vida. Podría tratarse tan sólo de seguir y creer en el precepto griego del Panta rei o “Todo fluye”. 

Te podría interesar:
El síndrome del orgullo es verdadero y se manifiesta cuando la persona con poder se siente poderosa

En numerosas tradiciones místicas se ha advertido de la importancia de llevar una vida sencilla para cultivar la simpleza de espíritu y, con ello, alcanzar más fácilmente la virtud.

Pero más allá del tabú cultural hacia el poder, de sus mieles que hacen perecer la razón y la sensibilidad (está comprobado que el poder es tan adictivo como la cocaína), ¿qué tan sano es? Cuando se experimentan altos niveles de poder se pierde la empatía, la capacidad de sentir a los demás y disminuye la acción de las determinantes neuronas espejo --no podríamos tener relaciones significativas ni intercambios profundos si prescindiéramos de las neuronas espejo, también llamadas neuronas de la empatía.

 

El poder de la burbuja

Es paradójico, ya que las personas que ejercen el poder toman decisiones que conciernen a la vida de millones de personas, y, al mismo tiempo, mientras más poder experimenta un individuo tiene menos capacidad de empatía. ¿Por qué?

Uno de los motivos es la burbuja. Las personas con mucho poder generalmente se rodean de gente que se beneficia de ese poder, como empleados o negociantes, lo que privilegia un ambiente de condescendencia que empodera más el ego del individuo.

Aunque más allá del nivel de poder de la persona, el verdadero problema pareciera radicar en el valor que le confiere. Es decir, lo que mata la empatía es sentirse poderoso. A la pérdida de empatía como resultado del poder se le llama síndrome del orgullo y ha sido estudiado desde hace décadas. Uno de sus analistas ha sido Jonathan Davidson, quien lo define así:

Es un desorden de posesión del poder, particularmente cuando está asociado a un gran éxito, sostenido por pocos años y poca coacción de un líder.

Este síndrome, a grandes rasgos, se manifiesta en desprecio por otros, pérdida de contacto con la realidad, acciones impulsivas y demostración pública de la incompetencia de otros.

Un estudio de la Universidad de Ontario arrojó, gracias a mediciones por resonancia magnética, que los individuos con poder tienen menor capacidad de detectar las emociones de otros en fotografías, o bien, la activación de sus neuronas espejo es mucho menor.

Y aunque quizá lo mejor sea simplemente no comprar la idea de que el éxito es reconocimiento, y que mantengamos sanas nuestras mentes dando valor a la historia de cada persona, aparentemente la verdadera diferencia está englobada en qué tan poderoso se siente el poderoso.

Y tú, sea cual sea tu posición social, ¿te sientes poderoso?