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El sexo y el yoga tienen varios paralelos y pueden ser empleados conjuntamente para alcanzar experiencias de éxtasis espiritual

Una de las definiciones más precisas de la palabra sánscrita yoga es "yugo" o "yunta", es decir, aquello que junta o une (de la raíz sánscrita yug tenemos palabras como "ayuntamiento", "cónyuge" o "conjugar"). Yoga, sin embargo, es usado principalmente como aquello que une con lo divino, que une al ser con el Ser (atman con brahman, por usar términos de la tradición de la cual se deriva el yoga). 

Evidentemente, el sexo como lo experimentamos los seres humanos (no solamente como reproducción) tiene este sentido también de unirnos, y algunos incluso podrían pensar que unirnos también con lo divino, que encontramos encarnado en una persona que queremos y que es de alguna manera el emblema viviente del amor. 

Esta doble comunión del yoga y el sexo se amplía aún más con el hecho de que tanto el yoga como el sexo lidian con los procesos energéticos del cuerpo de manera muy puntual. Aunque a veces en el sexo no tenemos mucha conciencia de esto, es evidentemente que presenciamos cómo la energía se mueve por el cuerpo, por ejemplo, en una erección con el flujo sanguíneo que se dirige al pene o al clítoris. Asimismo, podemos notar fácilmente cómo la respiración afecta la sensación de placer o nos permite retener el orgasmo. El yoga en su sentido tradicional es una manipulación del prana (un término que engloba tanto el aire como la energía) para conseguir estados extáticos y gnósticos.

Para ser más específicos, podemos mencionar que existen prácticas en tradiciones tántricas que literalmente funden el yoga con el sexo (y quizás nos hacen pensar que éste es el entendimiento más elevado del sexo, un yoga con la divinidad inmanente, que es en sí mismo el cuerpo humano). Una de ellas es el llamado karmamudra, que se practica dentro del budismo tántrico. El académico Roger Jackson explica en su libro Tantric Treasures:

Una de las razones por las cuales la sexualidad puede usarse yóguicamente es que, más que cualquier otra actividad humana, el intercambio sexual, incluso en un contexto "ordinario", tiene el efecto de hacer que fluya la energía en el canal central, aquietando la mente conceptual, induciendo placer y derritiendo la gota blanca del chakra corona, que luego es "emitida" en el momento del orgasmo.


Jackson describe aquí la anatomía del cuerpo sutil que encontramos descrito en las tradiciones tántricas que se derivan de la India. Se habla de la gota o bindu blanco del semen y la gota o bindu rojo de la sangre, de las cuales se forma el cuerpo físico, extendiéndose como una línea recta (el canal central, el tronco). El tantra busca unir estas gotas en una especie de alquimia en el centro del cuerpo produciendo un calor interno que derrite las obstrucciones (esto es similar a lo que se conoce popularmente como el despertar de la kundalini). Para hacerlo, lleva la energía al canal central, que es el canal que se considera como siempre puro, el canal de energía-conciencia iluminada donde yace lo divino inmaculado. El placer sirve como un medio para llevar la energía a este canal y derretir la solidez y el bloqueo de los diferentes canales que son conceptos, pensamientos y emociones coaguladas. De alguna manera, sin tener conciencia de esto, el sexo pone la atención y focaliza la energía en el canal central: la boca, el corazón (en un sentido emocional e imaginal) y los genitales juegan el papel principal. Sin embargo el sexo yóguico, en el contexto tántrico (el tantra es esencialmente la continuidad de la experiencia de la luminosidad primordial), no es sexo ordinario. Explica Jackson:

En general, los éxtasis del tantra son posibles si, en vez de ser emitida al tiempo del orgasmo, la gota blanca se retiene, y el propio gozo es combinado con el entendimiento de la naturaleza vacía de los fenómenos, lo cual puede ser la base para la propia transformación en una deidad búdica. Por lo tanto, las prácticas tántricas requieren de enorme disciplina y autocontrol físico y mental. Irónicamente utilizan el "deseo" para acelerar el logro de la iluminación, pero no pueden ser practicadas de manera exitosa por personas en quienes el deseo no es controlado y la realidad no es entendida. 

El principio fundamental en el que se basa el tantra budista es que el cuerpo no es realmente sólido sino que contiene una esencia indestructible que es energía pura de gozo indivisible de la conciencia primordial (el embrión búdico, la esencia vajra). Eso que nos parece tan sólido, nuestra columna, nuestro torso y demás, es sólo luz-gnosis-dicha, luz que (se) sabe. Se busca conseguir un estado que "involucra tanto gnosis absoluta como la experiencia de embeleso, gozo y éxtasis", algo que comúnmente podemos llegar a atisbar a través del sexo, aunque "de una manera mucho menos intensa, duradera y sin el importe soteriológico".

Fundamentalmente, el tantra busca transformar las emociones en sus aspectos más burdos y groseros (el enojo, los celos, la frustración y demás) en sabiduría y gozo (que esotéricamente son descritos como inseparables en un gran sello). A diferencia de los caminos de renuncia no las evita, sino que las sublima. Para esto se sirve del sexo, una poderosa herramienta evolutiva, no sólo para procrear una descendencia, sino para recrearnos o simplemente reconocernos a nosotros mismos como seres divinos.

Las 4 experiencias transpersonales que provoca el LSD en psicoanálisis

AlterCultura

Por: PijamaSurf - 07/13/2017

El LSD es un “catalizador de los procesos mentales que activa material inconsciente proveniente de diversos niveles profundos de la personalidad"

Más que un psicoactivo, el ácido lisérgico –LSD, por sus siglas en inglés– fue en un inicio una herramienta de investigación en torno al “modelo de la psicosis”. Se trataba de una sustancia capaz de producir cambios profundos en el funcionamiento mental de un individuo; se decía incluso que al imitar los síntomas de la esquizofrenia, sería útil para el estudio de este trastorno y tipo de personalidad. No obstante, ese no era el único fin terapéutico del LSD en las sesiones psicológicas y psiquiátricas en la década de los 60. 

De acuerdo con el psicólogo trascendental Stanislav Grof, el LSD produce una reacción “sumamente específica, en función de la personalidad del sujeto”. Él explica que más allá de tan sólo causar una “psicosis tóxica”, es un:

catalizador de los procesos mentales que activa material inconsciente proveniente de diversos niveles profundos de la personalidad. Muchos de los fenómenos observados durante estas sesiones podían ser entendidos en términos psicológicos y psicodinámicos y tenían una estructura bastante similar a la de los sueños.

Es decir, en las psicoterapias esta sustancia era usada como un amplificador de los procesos bioquímicos y fisiológicos del cerebro. 

A lo largo de su investigación, Grof identificó que el LSD facilita la emergencia de cierto material del inconsciente de distintos niveles de la personalidad, el cual se bosquejaba en cuatro tendencias empíricas: 

 

Experiencias abstractas o estéticas

Representan el nivel más sensorial y superficial, pues “no revelan el inconsciente del sujeto ni tienen significación psicodinámica alguna”. Según Grof, los aspectos primordiales de estas experiencias son “la estimulación química de los órganos sensoriales y reflejo de su estructura interna y de sus características funcionales”. Los pacientes que solían usar LSD en terapias psicológicas expresaban encontrarse en “un mundo abstracto lleno de torbellinos de formas geométricas y colores exuberantes, más vivos y más radiantes que cualquier cosa que hubiera visto en mi vida”. Como una vivencia de hipnosis caleidoscópica. 

 

Experiencias psicodinámicas

Este tipo de experiencias se relacionan con recuerdos importantes, problemas emocionales, conflictos no resueltos y material reprimido de diversos períodos de la vida de una persona. Es como revivir sucesos “de muy alta importancia emocional y una nueva y vívida activación de recuerdos, sean traumáticos o excepcionalmente placenteros, provenientes de la infancia, la niñez o períodos posteriores de la vida.” 

Aquí, las vivencias aparecen mediante fantasías, dramatización de deseos recuerdos en forma de pantallas lejanas y “complejas combinaciones de fantasía y realidad”. Grof define este tipo de experiencias como un “disfraz simbólico, deformaciones defensivas y alusiones metafóricas”, las cuales, a su vez, concuerdan en “buena medida con los conceptos básicos del psicoanálisis clásico”.

En palabras del psicólogo: 

La fenomenología de las experiencias psicodinámicas observadas en sesiones con LSD concuerda en buena medida con los conceptos básicos del psicoanálisis clásico. […] La dinámica psicosexual y los conflictos fundamentales de la psique humana, tal como los describe Freud, se manifiestan con excepcional claridad y nitidez incluso en sesiones efectuadas con sujetos ingenuos. […] Bajo la influencia del LSD, tales sujetos sufren regresiones a la niñez, incluso a la primera infancia, vuelven a vivir diversos traumas psicosexuales y sensaciones complejas relacionadas que ponen en juego las actividades de diversas zonas libidinales. Tienen que afrontar y elaborar algunos de los problemas psicológicos básicos que describe el psicoanálisis, tales como los complejos de Edipo y Electra, la angustia de castración y la envidia del pene.

 

Experiencias perinatales

Se trata de una “complicada interacción con el medio, influye selectivamente sobre la percepción que tiene el sujeto de sí mismo y del mundo, sobre sus sentimientos, su ideación e incluso sobre muchos procesos somáticos”. Esta experiencia “podría ser la similitud dinámica entre un determinado incidente traumático en la niñez y cierta faceta del trauma del nacimiento –o traumatización perinatal–”, de modo que “el impacto traumático de una situación posterior se debería en realidad a la reactivación de cierto aspecto del recuerdo psicobiológico del nacimiento”.

Las experiencias perinatales y el punto en que se centran son los problemas del nacimiento biológico, el dolor y el sufrimiento físico, el envejecimiento, la enfermedad y la decrepitud, el morir y la muerte. Es un enfrentamiento entre la existencia humana, la comprensión profunda de la fragilidad e impertinencia del hombre como criatura biológica y una angustiosa crisis existencial. También puede surgir un fenómeno de la muerte como “apertura de territorios de la experiencia espiritual y religiosa que parecen ser parte intrínseca de la personalidad humana y que son independientes de la formación y la programación cultural y religiosa del individuo”.

En estas experiencias es, de acuerdo con Grof, “de suprema importancia las dimensiones espirituales y religiosas en el esquema universal de las cosas”, pues aquellos que:

no establecen esta relación y conceptualizan su encuentro con la muerte y la experiencia muerte-renacimiento dentro de un marco filosófico y espiritual, muestran regularmente el conjunto de síntomas físicos que pueden ser perfectamente interpretados como derivados del nacimiento biológico. Además, asumen posturas y pasan por complejas secuencias de movimientos que muestran una similitud sorprendente con las de un niño durante las diferentes etapas del parto. Por otra parte es frecuente que estos sujetos tengan visiones de, o se sientan identificados con, embriones, fetos y recién nacidos. 

[…] La intensidad de estas experiencias trasciende todo lo que habitualmente se considera como el límite de la experiencia individual. Frecuentemente se ven acompañadas de identificación con otras personas o con la pugna y el sufrimiento de la humanidad; tales como la evolución, elementos del inconsciente colectivo y ciertos arquetipos junguianos, forman parte de las matrices perinatales. […] Las matrices prenatales son etapas del nacimiento biológicos, las cuales parecen tener una contrapartida espiritual específica: para la existencia intrauterina, libre de perturbaciones, es la experiencia de la unidad cósmica; el comienzo del parto encuentra su paralelo en sentimientos de ser devorado por el universo. 

 

Experiencias transpersonales

Las experiencias transpersonales son raras en las sesiones de terapia psicoanalítica, cuyo denominador común es la “sensación que tiene el individuo de que su conciencia se expande más allá de los límites habituales del ego y de las limitaciones del tiempo y del espacio”. Se dividen en las siguientes vivencias: 

I. Extensión vivencial dentro del marco de la “realidad objetiva”

 A. Expansión temporal de la conciencia

1. Vivencias embrionarias y fetales

2. Vivencias ancestrales

3. Vivencias colectivas y raciales

4. Vivencias filogenéticas –evolutivas–

5. Vivencias de encarnaciones pasadas

6. Precognición, clarividencia, clariaudiencia y “viajes por el tiempo”

B. Expansión espacial de la conciencia

1. Trascendencia del ego en las relaciones interpersonales y vivencia de la unidad dual

2. Identificación con otras personas

3. Identificación con el grupo y conciencia de grupo

4. Identificación con animales

5. Identificación con plantas

6. Unidad con la vida y con toda la creación

7. Conciencia de la materia inorgánica

8. Conciencia planetaria

9. Conciencia extraplanetaria

10. Vivencias extracorporales, “viajes” por clarividencia y clariaudiencia, “viajes especiales” y telepatía

C. Constricción espacial de la conciencia

1. Conciencia de los órganos, tejidos y células 

II. Extensión vivencial más allá del marco de la “realidad objetiva”

1. Vivencias espiritistas y de médium

2. Vivencias de enfrentamientos con entidades espirituales suprahumanas

3. Vivencias de otros universos y enfrentamientos con sus habitantes

4. Vivencias arquetípicas y secuencias mitológicas complejas

5. Vivencias de enfrentamientos con diversas deidades

6. Comprensión intuitiva de símbolos universales

7. Activación de los chakras y ascenso del poder de la serpiente kundalini

8. Conciencia de la mente universal

9. El vacío supracósmico y metacósmico