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Cómo la soledad afecta el sistema inmune

Salud

Por: Pijamasurf - 09/21/2016

Sentirse solo afecta la expresión genética del sistema inmune. Esto es particularmente un problema que asola a los ancianos, pero puedes hacer una diferencia muy fácilmente

Sentirse solo puede ser uno de los principales factores que contribuyen a una salud deficiente. Esto ha sido reforzado por diversos estudios, uno muy popular realizado por la Universidad de Harvard mostró que las personas que tenían conexiones íntimas a lo largo del tiempo vivían más años. Más recientemente, un equipo de investigadores de las Universidades de California y de Chicago estudiaron a 141 personas para correlacionar sus niveles autopercibidos de aislamiento social y la expresión de más de 400 genes del sistema inmune.

Las personas que reportaron sentirse más aisladas mostraron tener más actividad en los genes responsables de la inflamación, mientras que los genes relacionados con la defensa de infecciones virales estaban menos activos. Esto claramente indica una correlación entre personas que sufren de aislamiento social y la propensión a la inflamación y un sistema de defensa más bajo, lo que coincide con observaciones previas sobre la mayor tendencia en personas de la tercera edad que viven solas a reportar enfermedades que van desde la gripe hasta la demencia senil y que se traduce en mayores indices de mortalidad. Queda claro que el ser humano es un animal social, y la salud no está desconectada de los aspectos emocionales y psicológicos de cómo se perciben las personas. La conexión humana es el mejor placebo.

Psicólogos como Viktor Frankl o Carl Jung, entre otros, han enfatizado la importancia que tiene el significado en la vida del ser humano, y una persona aislada, sin conexiones íntimas con las demás, difícilmente puede encontrar significado en sí misma, especialmente cuando sus facultades disminuyen y pierde capacidad de trabajar (y encontrar un propósito existencial en el trabajo).

El estudio en cuestión se reforzó con una observación similar en macacos Rhesus. Un grupo de estos monos fue aislado y otro fue expuesto a nuevas relaciones sociales. Los macacos que tuvieron una vida social más rica también manifestaron una mayor circulación sanguínea de monocitos, células inmunes de primera importancia en el sistema de defensa. 

Existe un creciente consenso científico en el que, a diferencia de lo que se pensaba hace algunos años, el sistema inmune está modulado por factores sociales y emocionales y esto debe de tomarse en cuenta en el diseño de planes de salud. The Atlantic narra el caso de un plan de apoyo social, en el que ancianos en asilos no sólo reciben de voluntarios verduras y frutas crecidas localmente, sino que al entregar la comida se pasa un tiempo con ellos, compartiendo alimentos o té. Este detalle de pasar el tiempo, conversar y atender a personas de la tercera edad puede hacer toda la diferencia en su salud. Y esto es algo que todos nosotros podemos hacer, sin que nos cueste mucho tiempo ni trabajo: elegir a alguien que esté muy sólo y simplemente acompañarlo y tratar de crear una conexión empática con él. Eso es algo real y fácil de hacer con lo que podemos ayudar a alguien (y con ello nos estaremos ayudando a nosotros mismos, según enseñan el budismo y otras religiones, ya que la compasión es una forma de purificar nuestra mente y de generar mérito y virtud).

 

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Estudio indica que ciertos miedos podrían transferirse epigenéticamente a través de varias generaciones

Salud

Por: pijamasurf - 09/21/2016

Reacciones relacionadas con experiencias traumáticas podrían ser parte del legado que se pasa de padres a hijos e incluso, nietos.

Conforme el campo de la genética se desarrolla nuevas interrogantes surgen sobre qué tantos aspectos de nuestra vida son en realidad una herencia de nuestros antepasados. Esto incluye aspectos emocionales como el miedo, ya que al parecer ciertas respuestas de temor originadas como respuesta a estímulos ambientales pueden ser pasadas de generación en generación sin cambios en la secuencia genética. Al menos esto sugiere un estudio publicado en la revista científica Nature Neuroscience, los científicos a cargo de dicho estudio descubrieron que las crías de ratones entrenados a asociar los shocks eléctricos con el olor de la acetofenona,  también reaccionaron con miedo cuando fueron expuestos a este aroma, el cual es similar a las almendras y cerezas.  Además la siguiente generación de crías, es decir los nietos de los ratones originales, también heredaron esta reacción de miedo. Por si fuera poco, esta conducta se volvió a manifestar en ratones procreados a través de fertilización in vitro, utilizando esperma de los ratones entrenados para temer el olor de la acetofenona. 

Los científicos aún no están seguros de cómo se transfiere este miedo de generación en generación, ya que hasta ahora la convención es que las secuencias genéticas contenidas en el ADN son la única manera de transmitir información biológica de padres a hijos. Las mutaciones del ADN puede ayudar a un organismo a adaptarse a nuevas condiciones ambientales pero este proceso usualmente es mucho más  lento y puede tomar varias generaciones. Por lo tanto los científicos sospechan que una forma en la que los factores ambientales pueden influenciar más rápidamente la biología es a través de modificaciones epigenéticas. Ya que éstas alteran la expresión de los genes pero no sus nucleótidos, es decir que no afecta la secuencia de ADN en sí. 

A pesar de que los resultados de este estudio son una fuente de debate entre los expertos, de ser cierto podría ayudar a explicar porque los niños que fueron concebidos en Holanda durante la guerra y la hambruna en la década de los años cuarenta presentaron un mayor riesgo de desarrollar afecciones cardiacas, diabetes y otras condiciones.  Sin embargo a pesar de que se tiene conocimiento de que las modificaciones epigenéticas son importantes para el proceso de desarrollo y la inactivación de una copia del cromosoma X en las mujeres, su papel dentro de la herencia aún es objeto de discusiones y desacuerdos entre la comunidad científica. 

Mientras tanto es inevitable pensar en que a pesar de que el estudio se llevó a cabo en ratones, si las investigaciones relacionadas que indican la posibilidad de cambios similares en humanos fueran ciertos, las implicaciones son bastas. Por ejemplo, esto podría ayudar a explicar por qué ciertos problemas mentales ocasionados por factores ambientales también pueden esta  presentes tanto en los hijos como en los nietos de quienes los experimentaron originalmente. Esto podría explicar por qué ciertas familias sufren ciclos de enfermedades neuropsiquiátricas, drogadicción y otros problemas de conducta.