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La clave del bienestar en la vida: las relaciones íntimas (según el estudio más extenso hasta la fecha)

Sociedad

Por: pijamasurf - 03/01/2013

Más que una infancia feliz, una infancia en la que se formaron lazos emocionales íntimos parece ser el más claro predictor de una larga y disfrutable vida.

En 1938 se inició en Harvard el estudio más completo sobre el bienestar y el desarrollo de hombres adultos. En 1966, George Vaillant, en ese entonces de 32 años tomó las riendas de lo que se conoce como el Grant Study. Básicamente: dar seguimiento a la vida de 268 hombres que estudiaron en Harvard y determinar que factores predicen el bienestar. Hace unos meses Vaillant publicó las conclusiones de décadas de entrevistas, investigación y viajes para visitar a los sujetos de estudio en el libro "Triumphs of Experience", donde sugiere que el común denominador del bienestar son las relaciones íntimas. Al parecer la esencia de nuestra existencia en este mundo es el ser-con, y la otredad es la llama de la vida que permite vivir más y mejor.

Cuando se formuló este experimento, los investigadores, según los prejuicios de la época, consideraban que los factores más importantes a seguirse tenían que ver con la fisonomía de un hombre: su estatura, su tipo de cuerpo "masculino" e incluso el tamaño de su pene. Pero el Grant Study no permite aseverar que el cuerpo (al menos no su tamaño) es destino (o felicidad). En cambio las características más decisivas tienen que ver con el aspecto cualtitativo de las relaciones formativas. De entrada, los hombres que venían de un entorno familiar cálido tuvieron una mayor ascendencia en el ejército, durante la Segunda Guerra Mundial, que aquellos que crecieron en hogares más fríos y con relaciones parentales menos amorosas.

El tipo de cuerpo resultó inútil para predecir cómo le iría a un hombre en la vida.  Tampoco su afiliación política o incluso su clase social, pero tener un alto coeficiente de cariño en la infancia fue un predictor muy alto de bienestar --curiosamente, en hombres, auqellos que mostraron tener un mejor vínculo emocional con su padre lograron vivir más tiempo y encontrar mayor bienestar, según el índice de Vaillant.

De los 31 hombres en el estudio que no lograron desarrollar vínculos íntimos, sólo cuatro siguen vivos. Mientras que de aquellos que sí lograron formar relaciones íntimas, más de una terecera parte siguen vivos. Pareja e hijos, ese parece ser el éxlir de la longevidad dentro de nuestra sociedad.

Vaillant considera que las personas pueden sortear experiencias negativas en la infancia siempre y cuando tengan una influencia íntima positiva, la cual, sugiere, opaca aquello que pudo haber salido mal tempranamente. Así que más que hablar de idilios infantiles, lo importante es establecer una relación íntima que guíe el desarrollo, más allá del cariz de las vicisitudes. Otro de los factores que descubrió se correlacionan son el orden, la disciplina y la capacidad afectiva.

Aunque para algunos este estudio podría parecer como una condena psicológica (un poco freudiana), Vaillant notó que algunas personas lograron cambiar ya en la madurez, incluso a los 80 y 90 años y aprender nuevos trucos: básicamente abriendo su corazón a la expresividad y a la vinculación emocional. Algunos hombres lograron "florecer" entre los 60 y 70 años, abriendo una brecha de esperanza en el viejo saco de los huesos.

Según escribe  David Brooks para el NY Times: "Los hombres del estudio frecuentemente se volvieron más conscientes de sus emociones al envejecer, más aptos a reconocer y expresar emociones. Parte de esta explicación es biológica. Las personas, especialmente los hombres, se vuelven más alerta de sus emociones al envejecer[...] Parte de esto es probablemente histórico. En los últimos 50 años, la cultura americana ha descubierto el poder de las relaciones. La masculinidad ha cambiado, al menos un poco".

La visión de Brooks sugiere que existe una pequeña revolución emocional --incluso habla de un efecto Grant similar al efecto Flynn (que describe un progresivo aumento en los puntajes de I.Q.) pero en cuestiones de incremento de "inteligencia emocional masiva", o "el corazón se vuelve más inteligente", con la edad y con la evolución cultural. Esto es discutible, algunas personas podrán considerar que en realidad los hombres adultos se vuelven más duros --son los ancianos y los niños los que tienden a la ternura. Pero quizás sí estemos atravesando un periodo de reconocimiento del valor emocional, una preponderancia sobre lo racional y material que anticipa un cambio de paradigma  --algo quizás relacionado a un gradual giro de una sociedad de dominio masculino a una mayor igualdad y a una mayor admisión de las cualidades relacionadas históricamente con lo femenino. Sabemos científicamente que el contacto humano (físico y psicológico) tiene efectos positivos en la salud (y entre más íntimo más poderosos). Sabemos que la forma principal en la que se encuentra este contacto humano, esta intimidad, es a través de la apertura emocional, fundamentalmente del desarrollo de capacidades empáticas. Sería interesante realizar pruebas psicométricas y electroencefalográficas a los hombres del estudio para determinar su facilidad de formar lazos de empatía -- esto y su correlación con un índice de felicidad. De cualquier forma queda, para aquel que quiere emular a los viejos felices del estudio de Grant, la tarea de aguzar su sensibilidad y  recorrer el camino de la desnudez emocional con ahínco, de esta forma quizás pudiendo subvertir la predeterminación de los primeras experiencias.

Nexos con la dictadura y oposición a la homosexualidad: ¿Quién es Jorge Bergoglio, el nuevo papa Francisco I?

Sociedad

Por: pijamasurf - 03/01/2013

"Humano, demasiado humano": esa podría ser también la divisa de Francisco I, el nuevo papa que cuando era todavía el cardenal Jorge Bergoglio estuvo implicado en una cuestionable connivencia con el regímen dictatorial de Videla, uno de los más sanguinarios y crueles en la historia de Argentina, además de otras actitudes que revelan la conservadora decisión de El Vaticano.

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El Vaticano ha sorprendido al mundo con la elección de Jorge Mario Bergoglio como sucesor de Benedicto XVI en el llamado Trono de San Pedro, la posición de papa que representa la cúspide de la jerarquía católica.

El resultado final del cónclave cardenalicio fue inesperado porque esta es la primera ocasión en que se elige a un papa del “Nuevo Mundo”, interrumpiéndose así la continuidad europea y de alguna manera, quizá, reconociendo la importancia vital que América ha tenido para El Vaticano, sin la cual es posible que este no hubiera sobrevivido los últimos quinientos años.

Asimismo, la pertenencia de Bergoglio a la Compañía de Jesús —una orden históricamente progresista, intelectual, lindante incluso con cierta heterodoxia—  o su apelativo de Francisco I (se dice que en alusión a San Francisco de Asís), se miró al inicio como una suerte de nueva etapa dentro de la sucesión papal.

Sin embargo, apenas se supo de esta elección, han comenzado a surgir datos que revelan el lado oscuro del prelado argentino, en algunos casos una aquelarre franca contra el nuevo pontífice y en otros solo un esfuerzo por equilibrar la información, por mostrar que, después de todo, el conservadurismo de El Vaticano es su principal recurso de supervivencia.

De entrada Bergoglio, como usualmente ha sucedido con las élites del poder en los países latinoamericano, tuvo una relación sólida con los regímenes dictatoriales de Argentina, especialmente el de Jorge Rafael Videla, bajo la premisa de que no apoyar a los gobiernos militares conduciría a un gobierno de inclinación marxista, corriente de pensamiento proscrita en la época por El Vaticano mismo

Según Horacio Verbitsky, periodista que desde hace varios años ha documentado los actos moral, ética o jurídicamente cuestionables del jerarca, Bergoglio omitió un par de frases comprometedoras en la transcripción de una reunión que miembros del episcopado argentino sostuvieron con la Junta Militar de Videla, durante la cual dichos sacerdotes se arrogaron la capacidad de fijar la posición de la Iglesia católica en Argentina frente al gobierno, la cual no fue sino de cooperación absoluta. “De ninguna manera pretendemos plantear una posición de crítica a la acción de gobierno [dado que] un fracaso llevaría, con mucha probabilidad, al marxismo”, sostuvieron entonces los prelados, encabezados por Bergoglio.

Esto, por desgracia, puede ser que no sea del todo sorprendente, pues en América Latina la complicidad entre las cúpulas religiosas y las políticas ha sido cosa corriente, pues en buena medida ambas comparten el mismo tipo de poder, aquel que se fundamenta en el sometimiento de las masas, en la alienación como factor imprescindible de su existencia. Sin embargo, que sea común no significa que sea aceptable.

Por otro lado, dicha conveniencia entre Bergoglio y los dictadores argentinos, en especial Jorge Rafael Videla, se manifestó en acciones concretas que incluso llegaron a acusaciones de dos sacerdotes, Francisco Jalics y Orlandio Yorio, ambos pertenecientes a la Compañía de Jesús que en cierto momento comenzaron a defender con vehemencia los derechos de los pobres, una actitud que, paradójicamente, no es bien vista dentro de la Iglesia Católica, por lo cual dichos curas perdieron su licencia religiosa por decisión de Bergoglio, para justo inmediatamente después ser aprehendidos y torturados por personal de la Escuela Mecánica de la Armada. A Bergoglio se le acusó en este caso de delatar y prácticamente entregar a ambos sacerdotes.

También a esta época pertenecen las imputaciones hechas por las Madres de Mayo (el conocido grupo que lucha por el esclarecimiento de casos de personas desaparecidas durante la dictadura) sobre cierto nivel de participación de Bergoglio en el robo de niños nacidos en prisiones argentinas y sobre el cual, según se acusó hace algún tiempo, el cardenal tenía que ser presentado para que declarase al respecto, pues posee información sobre estos crímenes que ha evitado revelar a las autoridades argentinas.

Por último, no es menos importante la oposición indoblegable que hace un par de años Bergoglio manifestó hacia las uniones civiles entre homosexuales aprobadas por el gobierno de Cristina Kirchner, llamando incluso a, sic, una “guerra santa contra el matrimonio gay”.

Así, recurriendo a la frase de Nietzsche, parece claro no solo que Francisco I es “humano, demasiado humano”, y a pesar de todos los supuestos símbolos que lo rodean —ser argentino, ser jesuita, haber elegido el nombre de un santo humilde y que según la leyenda recibió el encargo divino de limpiar la podredumbre de la Iglesia, San Francisco de Asís—, tal parece que su pontificado dista mucho de la transformación renovadora que algunos quisieran para la Iglesia Católica, cuyo poder e influencia bien podría ser un factor decisivo, de quererlo y ejecutarlo, en la transformación del mundo mismo, en su tránsito hacia una realidad menos desigual, más justa, trabajar realmente por la implantación del Reino de los Cielos en este mundo.

También en Internet: Recordando con ira: Jorge Bergoglio en la dictadura argentina, de Horacio Verbitsky