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En los sutras se encuentra la fascinante visión cosmológica del budismo, de la cual desentrañamos los aspectos referentes a la creación de la Tierra y el pasado de la humanidad.

La cosmología no es lo principal de la doctrina budista. En el Canon Pali se reitera cómo el Buda se rehúsa a contestar a ciertas preguntas de orden metafísico. La tradición entiende que esto no ocurre porque el Buda no conozca las respuestas (a cosas como si el mundo es  eterno o no), sino porque en la condición en la que fueron hechas las preguntas, las respuestas no ofrecerían beneficio a las personas que buscaban tales respuestas. En otras palabras enredarse en cuestiones metafísicas desde la sabiduría limitada de la mente relativa puede distraer y desviar del dharma. Incluso es posible que simplemente no existan respuestas a estas preguntas que podamos entender satisfactoriamente desde una mente lógica o racional, en categorías de ser o no ser y demás limitantes de nuestra epistemología. En este caso es mejor dedicarse a practicar el dharma en nuestra vida inmediata, como se expone por ejemplo en la parabola de la flecha evenenada, en la que un hombre que ha recibido una herida que puede ser mortal posterga ser atendido preguntando sobre las credenciales del doctor que lo va a atender o sobre las características de la flecha que lo ha herido, y así sucesivamente.

Habiendo dicho eso, debemos mencionar que la doctrina budista, en la vastedad de su literatura, sí hace referencias a la cosmología, al origen de nuestro universo, de la Tierra y de la humanidad misma, así como también describe su proceso de destrucción (véase "El dermón de los siete soles"). Mencionar también que en realidad los principios que rigen las leyes de transmigración y el karma implican que la humanidad no se originó en la Tierra, sino que es la continuidad kármica de procesos sin un principio ni final, pero que necesariamente deben de haber tenido antecedentes en otros sistemas o mundos (lokas). Esto es así debido a que el budismo no concibe la existencia --ya sea desde la perspectiva de la ignorancia (el samsara) o desde la perspectiva de la sabiduría (nirvana)-- como teniendo un origen absoluto y un final absoluto, sino que es un perpetuo devenir, una perpetua concatenación de causas. Siendo que el budismo enseña que es el karma (la acción con intención) lo que genera los mundos, los cuerpos y toda la procesión de la existencia samsárica que vemos, de aquí se infiere necesariamente que la semilla de la Tierra y la humanidad debió de haber existido anteriormente en otro mundo dentro de la infinita red de universos, los cuales se crean y se destruyen pero sólo desde una perspectiva relativa y en un flujo incesante. 

Ahora bien, es necesario decir que una perspectiva cosmológica que habla sobre la creación de mundos y diferentes planos de existencia, algunos que han sido descritos como cielos e infiernos, y seres que son similares a dioses, todo esto, sólo tiene una existencia relativa. Y por eso se dice también que el budismo no es una religión teísta --no hay un dios creador-- y que no considera que exista un alma inmortal. Esto puede ser difícil de entender, pero la diferencia yace en que si bien en el budismo se puede hablar sobre la existencia de seres que viven miles de años y que pueden llegar a generar mundos con su intención y su karma positivo, estos seres que popularmente llamamos dioses (devas, brahmas) en realidad no tienen una existencia inherente, son solamente hábitos kármicos que existen debido a que existen ciertas causas y condiciones relativas y una vez que estas causas y condiciones desaparezcan entonces ellos también dejarán de existir. Igualmente se puede confundir la idea de un alma inmortal con la noción de la reencarnación, pero aquí también los "seres" que reencarnan no tienen existencia inherente, son solamente hábitos kármicos o agregados (skandhas) los que reencarnan. No reencarnan Juan o Pedro, reencarnan patrones habituales que la mente confunde y cree que se trata de alguien que conceptualiza en Juan o Pedro. Eventualmente estos hábitos desaparecerán y entonces cómo podemos decir que realmente existió un Juan o un Pedro. La mente existe desde siempre, más allá de todo mundo particular o individuación, teniendo la característica esencial de luminosidad y darse cuenta; y siendo infinito e ilimitado su potencial de aparecer le es posible caer en la ignorancia de pensar que es una entidad como Juan o Pedro y hasta Brahma. Sin embargo, en la naturaleza esencial de la mente, que es igual a Buda, el tiempo es una ilusión, y así todos los eventos que podemos experimentar como sucesiones, como una línea de causas y efectos, de pasado y futuro, para la mente despierta, según el budismo, realmente nunca han ocurrido, son como espejismos, como arco iris, como sueños.

EL ORIGEN DEL MUNDO SEGÚN EL BUDISMO

Habiendo hecho esa introducción, que me parece necesaria para no caer en ciertos extremos, analicemos ahora lo que dicen las escrituras budistas sobre la formación del mundo y el origen de la humanidad y cómo es que, aunque pueda sonar un poco escandaloso o estrambótico, ésta tiene un origen extraterrestre. 

En el Abhidharmakosa de Vasubhandu, el filósofo indio a quien le debemos la sistematización del cuerpo de conocimientos budistas, se habla de que la semilla de un nuevo universo es "el viento del Rupadhatu", un viento que lleva la agencia de los actos de los seres. Ruphadhatu es el mundo o espacio de las formas, el cual se cristaliza por la acción del karma. "Los vientos vienen gradualmente y, finalmente, constituyen un círculo de viento; luego emergen todos los receptáculos como hemos descrito antes: un círculo de agua, una esfera de oro, el Monte Meru, etcétera". 

El Abhidharmakosa dice que un tipo de seres divinos llamados abhasvara, inmersos en los proceso de destrucción y creación de los kalpas (eones), reencarnan aquí, esto es, Jambudvipa (nuestro mundo). Estos seres del primer eón (prathamakalpa) eran pura mente, pura luz. Los abhasvara (término que significa luz clara), en un tiempo de contracción, viven en un mundo divino o Brahmaloka "y ahí residen, hechos de mente, alimentándose en delicia, autoluminiscentes, moviéndose por el aire, gloriosos --y ahí permanecen por mucho tiempo. Pero tarde o temprano, después de un muy largo período, este mundo vuelve a empezar y se expande otra vez. Durante un tiempo de expansión, la mayoría de los seres del mundo Abhasvara Brahma, habiendo cumplido su tiempo ahí, renacen en este mundo", esto según el Agañña Sutta, es decir, palabras atribuidas a Gautama Buda.

El Abhidharmakosa describe cómo estos seres --que eran pura luz, pura mente, incorpóreos-- toman cuerpos. Por un largo tiempo habitan en este plano de luz y deleite, pero después de un tiempo la Tierra o lo que se conoce como el mundo-receptáculo empieza a cobrar forma, en su evolución que es el resultado del karma de estos seres. Ahí también se explica que al principio sólo había una masa de agua, pero después apareció una esencia de tierra, similar a una especie de miel que le fue irresistible a los seres divinos que flotaban por sobre esta masa incipiente.

Apareció entonces el 'jugo de la tierra', el sabor del cual tenía la dulzura de la miel. Un ser, de temperamento codicioso habiendo percibido el olor de este jugo, sintió placer en él y lo comió; luego los otros hicieron lo mismo... Este comer hizo que sus cuerpos se volvieran gruesos y pesados y su luminosidad llegó a un final: entonces apareció la oscuridad. Y luego aparecieron el Sol y la Luna.

Esto se ha interpretado como que al tomar cuerpo y perder luminosidad entonces estos seres, que eran como devas (que brillaban por sí mismos), percibieron el mundo que ya los rodeaba, la luz y la oscuridad. Así entonces al probar este alimento se formaron los sentidos de percepción y los diferente sexos, siendo que antes existían como andróginos. Esto es consistente con la noción del budismo de que siempre es un tipo de comida, ya sea física o mental, la que le da su solidez aparente a la existencia y hace que los seres sigan renaciendo. Sin alimentos, físico o mental, la existencia se extingue y queda el nirvana.  

Tsongkhapa, el fundador de la tradición gelugpa del budismo tibetano, dice: "Estos hombres del primer eón, los seres que han muerto y han transmigrado de la clase divina Abhasvara y así sucesivamente, a un nacimiento como hombre de Jambudvipa, están en acorde con los méritos (guna) de las treinta y dos características y las ochenta marcas menores, así que están ornamentados con los méritos de un Buda". Esta es la visión tántrica de la creación, a diferencia de la visión de los sutras. Tsongkhapa llama a la esencia de la tierra ambrosía (amrta) y la división de hombre y mujer la división entre los medios o método (upaya) y la sabiduría (prajna), la cual es una de las características de los tantras. Esto es también consistente con la idea de que todos los seres tienen un embrión de Buda o tathagatagarbha y quizás algo similar a la descripción de la mitología griega que dice que la humanidad fue creada con una mezcla de las cenizas de los titanes y el cuerpo de Dionisio y por lo tanto tiene una chispa divina. Otro interesante parangón tiene que ver con la noción de que en el principio el ser humano era andrógino, algo que se encuentra en la cábala, en las religiones indígenas de China y en muchas otras tradiciones. Tsongkhapa agrega que estos seres de Abhasvara "habían obtenido posesión de un 'cuerpo de conocimiento' (jnana-deha) --el cuerpo superior como el de un dios del Rupadhatu, libre del cuerpo burdo que sufre desarrollo; pero lo perdieron por toda la acción (karma) y la corrupción (klesa) que surgió de su propia mente". 

EL PASADO EXTRATERRESTRE DE LA HUMANIDAD

En el apéndice a su traducción de uno de los termas de Padmasambhava, Self Liberation Through Seeing with Naked Awareness, John Myrdhin Reynolds hace una glosa del "Génesis budista" basada en el Abhidharmakosa, en el Agañña Sutta  y otros sutras. Escribe ahí:

Contestando a preguntas de sus discípulos, el Buda explicó que la humanidad de este planeta alguna vez habitó otro sistema planetario. Eras atrás cuando el sol de ese sistema se convirtió en una supernova y el planeta fue destruido en las subsecuentes erupciones, el grueso de sus habitantes, como resultado de su laboriosa práctica del Dharma por decenas de miles de años, renació en uno de los planos más altos del Mundo de la Forma o Rupadhatu, un plano de existencia conocido como Abhasvara o "la luz clara". Aquí disfrutaron de inconcebible dicha y felicidad por innumerables eones. Pero, una vez que su karma pasado llego a fruición, nuestro propio sistema solar y el planeta tierra evolucionaron y algunos de ellos renacieron en los planos más bajos del Rupadhatu en la vecindad de la Tierra naciente. 

Mydrhin Reynolds explica que los primeros en encarnar en este plano entraron en un proceso de confusión en el cual se creyeron creadores del mundo y del cual se generó la identificación y la concepción del ego, por primera vez en nuestro universo "la creencia en la existencia real de un yo". Pero este mundo en realidad era "el resultado del karma colectivo".

El maestro budista Traktung Rinpoche similarmente explica:

Uno podría decir que el mundo y todos los mundos se sostienen como forma por la intención condicionada y habitual de la conciencia. Nuestro mundo particular se sostiene conjuntamente por la intención de los seres humanos. Los mundos de otros seres se sostienen por la fuerza de su intención condicionada. Las estructuras de la existencia no son "reales" en un sentido último.

Esta intención condicionada es lo mismo que el karma.

Con esto concluimos esta exposición de la cosmología budista, solamente advirtiendo que estos eventos no conforman una historia absoluta, sino solamente relativa (desde nuestra perspectiva condicionada) y no deben tomarse como realidades absolutas ni demasiado literalmente. Constituyen una mitología, y como mitología contienen una enseñanza, un misterio. Nos enseñan algo esencial para el budismo: la preciosidad de un nacimiento humano. En varios sentidos el estadio humano es superior al de los dioses ya que en él somos libres de practicar el dharma y tenemos una especial perspectiva del modo en el que opera el karma (mientras que los dioses viven en estados extáticos en los que realmente no tienen motivación para practicar el dharma aún cuando su karma positivo algún día se agotará). Tsongkhapa sugiere, en relación a esta historia de creación, que el ser humano puede revertir, por una suerte de alquimia, al estado y sabor de la "tierra primordial", como los hombres del primer eón, pero lo hace a través de la sabiduría y la disciplina, de tal forma que ha eliminado su propensión al odio, a la lujuria y a la delusión. Es decir, tiene más cerca la posibilidad de ser verdaderamente libre. El profesor Alex Wayman comenta sobre lo que dice Tsongkhapa en su libro The Buddhist Tantras: Light on Indotibetan Esotericism que "esta etapa es llamada Nirvana por los budistas y Moksha por los hinduistas".

 

Twitter del autor: @alepholo

El secreto místico de la máxima "Conócete a ti mismo" es que al hacerlo reconocerás a Dios

Si haces tu perspectiva aquella de la sabiduría, descubrirás que el mundo es Dios.

Ramana Maharshi

En todas las tradiciones religiosas en su aspecto místico encontramos la idea de que el autoconocimiento lleva al conocimiento de Dios o del Ser que existe más allá del tiempo --trascendente a la vez que inmanente-- y cuya naturaleza es la esencia de todos los seres y fenómenos de la existencia. Este conocerse a sí mismo no implica una exaltación de la individualidad o un viaje de poder del ego, sino más bien una eliminación de todo lo inesencial, de todo lo que está sujeto a las circunstancias, condiciones y conceptos. Este proceso de inquisición y purificación se basa en la noción fundamental del monismo y del advaita (no dualidad) de que siempre existe unidad dentro de la diversidad y que la expresión diversa del Uno es una extensión de la unidad esencial en la que no se pierde la naturaleza, como un rayo de luz solar que no pierde su esencia solar al separarse del Sol (el efecto debe de ser igual a su causa). La diversidad es considerada en distintas tradiciones como una ilusión o una especie de sueño del cual se debe despertar o, también, como una manifestación de la gloria y la belleza creativa de la unidad que tiene la facultad de expresarse de todas las formas posibles y la cual se entiende al disfrutarse en el goce cumpliendo el significado del misterio: ese perpetuo ocultarse y desocultarse, como la luna, la marea o el rostro de una mujer detrás de un velo. Dice el cabalista David Chaim Smith:

El mensaje central de la alegoría edénica es que cuando la percepción no oscurece a la Divinidad, todo es dicha. De hecho, la palabra Edén significa DICHA.  

Sin duda una de las expresiones más contundentes y místicamente poderosas de esta noción de la unidad gnóstica entre Dios y el individuo es la que  hace el místico sufí Ibn Arabi en su Tratado de la unidad:

Por eso ha dicho el Profeta: "Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor" y: "Yo conozco a mi Señor por mi Señor". El profeta de Allah ha querido mostrarte que tú no eres tú, sino Él: Él y no tú...

Quiero que entiendas que tú no eres, que tú no posees cualidad alguna, que no existes y que no existirás jamás, ni por ti mismo, ni por Él, ni en Él, no con Él. Tú no puedes dejar de ser porque no eres. Tú eres Él, y Él es tú, sin mediación alguna y sin causa. Sólo si logras reconocer en tu existencia la cualidad de la nada podrás conocer a Allah.

Ibn Arabi agrega a esto que los que dicen que el conocimiento de la divinidad surge de la extinción de la existencia se equivocan ya que no se puede extinguir lo que no existe. "Si te conoces a ti mismo y  alcanzas a comprender que no existes y que, por lo tanto no puedes dejar de existir, sólo entonces conoces a Allah". Tenemos aquí una visión de gnosis no dual radical que nos remite a tradiciones no duales como el budismo vajrayana y el shivaísmo de Cachemira (las dos grandes tradiciones tántricas). En la primera, la realidad es la vacuidad que es energía potencial infinita e impersonal que tiene una cualidad mental de cognición, la cual se manifiesta de todas las formas posibles; en la segunda el mundo es el juego a través del cual la divinidad, que es pura conciencia, se disfruta a sí misma, en toda su maravillosa potencia creativa.

downloadEn el budismo existe la doctrina del tathagatagarbha o de la naturaleza búdica esencial. En lo que es llamado el tercer giro de la rueda del Dharma, el Buda enseñó que todos los seres íntimamente son budas, son la mente despierta, el núcleo indestructible de la iluminación. No es necesario emprender una gran hazaña para conseguir el despertar, sólo descubrir nuestra esencia, es decir conocernos a nosotros mismos. "El término budeidad no es más que una etiqueta para referirse al simple reconocimiento de la más pura esencia del ser", dice el gran maestro del dzogchen Longchen Rabjam.

De la misma manera que Ibn Arabi, el budismo mahayana enseña que la sabiduría más alta es el conocimiento de la vacuidad --la vacuidad y la sabiduría son en el budismo lo mismo, por eso se habla de que el vacío o sunyata es radiante: la luz es una cualidad de cognoscitividad. Asimismo el cuerpo de Buda o cuerpo de la realidad absoluta, el dharmakaya es igual a la vacuidad, una infinita potencialidad de la cual todas las cosas emergen (en esto coincidiendo con nociones de la física moderna como la energía del punto cero y la totalidad implicada de David Bohm). Al igual que Ibn Arabi, maestros budistas enseñan que en realidad toda la gran procesión del samsara nunca ha existido, esta es la esencia del camino medio madhyamika, que está más allá del ser y del no-ser, del eternalismo y el nihilismo. Longchen Rabjam escribe en The Precious Treasury of the Way of Abiding (traducción de Richard Barron):

 Al igual que las ilusiones ópticas, al manifestarse de cualquier forma, están vacías por naturaleza y no tienen sustancia,

así todos los fenómenos --el mundo de las apariciones y las posibilidades-- incluso al manifestarse

no se alejan de la mente despierta y no tienen sustancia.

Y en The Precious Treasury of the Basic Space of Phenomena:

Vacía en esencia, continua por naturaleza, nunca ha existido como algo en particular y sin embargo surge como todas las cosas... 

La mente en sí misma es una vasta extensión, el reino del espacio inmutable.

Su indeterminado despliegue es el vasto espacio de la expresión mágica de su propia capacidad de respuesta.

Todas las cosas son sólo adornos del espacio absoluto.

Internas o externas, la proliferación y resolución de todas las cosas es la energía dinámica de la mente despierta.

[...]No importa cómo parezcan o suenen las cosas, dentro del inmenso reino del espacio absoluto no se desvían en lo más mínimo de su identidad espontánea como dharmakaya, la mente despierta.

Esta "mente despierta", la cual es igual a Buda, es también nuestra mente y todos los fenómenos, aquello que no cambia pero que se manifiesta como cambio perpetuo. Por ello se utiliza la metáfora de que la mente es como el espacio, el cual es el terreno en el que suceden todas las cosas pero en sí mismo no se altera por las apariciones fenoménicas. La budeidad entonces es solamente un reconocimiento de este espacio base de toda la existencia. Un reconocimiento que es posible a partir de descubrir que el individuo no tiene existencia inherente, lo cual lo sitúa en un estado de apertura ilimitada e inefable.

La otra gran tradición mística no dual es el shivaísmo de Cachemira, donde el universo es concebido como el extático juego de escondidillas de la Conciencia (Shiva) consigo misma. Javier Rouzaut, en su introducción al monumental Tantraloka de Abhinavagupta, escribe:

Porque esta Conciencia [Shiva] es soberanamente libre, puede negarse a sí misma, esconderse ante ella misma, oscurecer su esencia luminosa con la ayuda de su mâya-shakti (energía de ilusión), dividirse entre sujeto y objeto, “yo” (aham) y “esto” (idam), aparecer bajo la forma de un mundo múltiple y cambiante, en el cual ella jugará a perderse (siendo el juego la expresión misma de la libertad) y del cual aspirará mas tarde a liberarse, ella a la que nada podría encadenar.

El universo entero con toda su multiplicidad de reinos, fenómenos y seres surge como la expresión natural, gozosa y espontánea de la conciencia de hacerse conocida. El gran maestro Abhinavagupta explica que todo el mundo de las apariencias, el cambio y el ciclo de muerte y renacimiento no es una mera ilusión, es más bien la expresión espontánea del placer de ser de Shiva:

Shiva, el ser puro e independiente que siempre vibra en la mente, es el Parashakti [la manifestación suprema de la conciencia en su aspecto de energía] que surge como alegría en las diferentes experiencias sensoriales. Así la experiencia de este mundo externo aparece como su Ser. No se de dónde viene esta palabra "samsara". 

En el shivaísmo de Cachemira para alcanzar el conocimiento de la realidad como solamente Conciencia, como el juego no dual de la divinidad, es necesario desplazar o relajar el centro de conocimiento del cerebro hacia el corazón. Esto es el corazón espiritual que es descrito como una vacuidad en la que se reconoce a la divinidad. La esencia de la sotierología, trascendencia o iluminación del ser es una doctrina de reconocimiento (pratyabhijñâ), que se logra al reconocer que todo es Shiva, la conciencia absoluta, e identificarse con Shiva como goce absoluto, libre de todo límite:

Para encontrar este Corazón Universal –lo cual es una manera de hablar ya que en verdad no hay nada que adquirir, nosotros somos ya ese corazón–, se habla, según las escuelas, de reconocimiento (pratyabhijñâ) o de impulso (udyama), dos maneras bastante cercanas de subrayar el carácter puramente intuitivo, inmediato y dinámico de esta búsqueda. Según la primera concepción, basta para recobrar su verdadera naturaleza, con reconocerla en el corazón a través de una toma de conciencia fulgurante que no deja ningún lugar a la alternativa y a la duda, iluminación no progresiva, no programada, posible en cada instante en la percepción de un objeto cualquiera (uno «está ahí» o «no está ahí», no se puede estar a medias). 

Si bien es otra forma de "vacuidad", el shivaísmo de Cachemira, como el budismo, también encuentra la sabiduría en la vacuidad y se sirve de la energía de las emociones y las formas que, como explica el Sutra del Corazón del mahayana, finalmente no son más que vacuidad (y la vacuidad es forma), para reconocer en el surgimiento de todas las cosas su esencia: la Conciencia (Shiva) en su radiante despliegue:

En el instante preciso de su surgimiento, toda emoción o pasión, toda tendencia psíquica es pura, única, indiferenciada; está totalmente penetrada por la conciencia, la dualidad no existe en ese momento. El error y el peligro nacen cuando el «yo», al principio uno con la experiencia, se separa de ella (lo cual ocurre muy rápido), se piensa y se coloca como sujeto, agente, experimentador...

El silencio, el vacío, la desposesión, reemplazan al tumulto y, no teniendo nada a lo que agarrarse, el ser puede encontrase cara a cara con su verdadera naturaleza. Es ahí, más que nunca, que él debe sumergirse en la vacuidad de su corazón y realizar ese vacío no como una nada, no como un refugio consolador o provisional, sino como su esencia original e intemporal.

En el caso del hinduismo su texto más popular, el Bhagavad Gita, hace alusión a la misma idea, si bien lo expresa desde la identidad que designan los Upanishad entre el alma individual y la deidad (Atman es Brahman) y no desde la perspectiva de la vacuidad o ausencia de naturaleza inherente. En medio de una cruenta batalla Krishna le explica a Arjuna cómo nadie muere, los diversos cuerpos que cumplen los diversos actos, que encajan la espada o la reciben no son más que un único Ser inmortal que es la naturaleza de todos los seres:

Si crees que ese Ser puede matar

o crees que este ser puede ser matado

no entiendes bien

los caminos sutiles de la realidad.  

Nunca nació; habiendo sido,

nunca no será.

Nonato, primordial,

no muere cuando el cuerpo fallece.

 

Sabiendo que es eterno, nonato,

más allá de la destrucción,

¿cómo podrías tú matar?

¿Y a quién matarías, Arjuna?

 

De la misma manera que te deshaces de ropa usada

y te pones nuevas vestiduras

el Ser descarta sus cuerpos usados

y se reviste con otros nuevos.

En las tradiciones más cercanas a la cultura occidental esta misma noción aparece recurrentemente entre místicos. La famosa frase del oráculo de Delfos, "Conócete a ti mismo" (gnōthi seauton), ha sido reinterpretada como "Conócete a ti mismo y conocerás al universo y a los dioses" por el filósofo Édouard Schuré, quien mantiene que los pitagóricos inscribían esta frase en sus habitaciones. Más allá de que no se encuentra una fuente fidedigna de esta aseveración, el sentido de la frase es consistente con la tradición pitagórico-platónica. En su Teología platónica Marsilio Ficino dice que Platón:

considera que el alma del hombre es como un espejo en el que la imagen del divino semblante se refleja prontamente; y en su entusiasta búsqueda por Dios, mientras que rastrea cada huella, en todas partes se vuelca hacia la forma del alma. Porque sabe que este es el significado más importante de las famosas palabras del oráculo: "Conócete a ti mismo", esto es: "Si quieres ser capaz de reconocer a Dios, debes primero aprender a conocerte a ti mismo".

Antes que Ficino en esa cadena áurea de filósofos platónicos nos encontramos con Porfirio quien escribió sobre este tema en un texto del cual sólo tenemos fragmentos y el cual nos brinda la otra parte de la ecuación, la parte de "el universo" en la frase supuestamente pitágorica mencionada anteriormente:

Otros filósofos, que admiten que el hombre es un microcosmos, dicen que el precepto de Apolo manda sin duda conocerse a sí mismo, pero que, siendo el hombre un microcosmos, el mandato de conocerse a sí mismo equivale a entregarse al estudio de la filosofía. Si queremos entregarnos al estudio de la filosofía sin extraviarnos, apliquémonos a conocernos a nosotros mismos y llegaremos a la recta filosofía elevándonos desde la contemplación de nosotros mismos a la contemplación del universo.

Otro filósofo con ascendencia platónica, el norteamericano Ralph Waldo Emerson escribe en su poema "Gnothi Seauton" ("Know Thyself"):

Give up to thy soul-

Let it have its way-

It is, I tell thee, God himself,

The selfsame One that rules the Whole.

 

(Entrega tu alma-

deja que obtenga lo que quiere-

Es, te digo, Dios mismo,

el Uno autosemejante que rige la Totalidad).

Para no dejar de lado a la tradición más cercana al pensamiento occidental, tres grandes místicos cristianos que completan nuestro tema del autoconocimiento como reconocimiento de la divinidad y de vaciarse (kenosis) de lo condicionado (cualquier cosa como un "yo" o un "tú") para así depurar la percepción y dejarse poseer por lo divino en ese silencio o en esa vacuidad íntima. (Ese es también el significado del término "éxtasis" (ékstasis), que significa salirse de uno mismo o hacerse a un lado, esto para que surja desde dentro sin obstrucciones lo divino. "El éxtasis no es personal; el éxtasis no es tuyo ni mío, de la misma manera que el amor no es tuyo ni mío", escribió Krishnamurti). Recordemos primero la frase del Evangelio de San Juan: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre", es decir, el que conoce al hombre en la clara expresión de su potencial conoce a Dios. 

Angelus Silesius escribió en El peregrino querubínico

Dios es una pura Nada, que ignora el aquí y ahora / Cuanto más le sigues para agarrarle, más se te deshace.

El ojo con el cual veo a Dios es el mismo ojo con el que Él me ve a mí.

Soy el otro yo de Dios, Él puede en mí apercibir lo que desde la eternidad fue irradiado en su propia imagen.

Meister Eckhart, el místico alemán, en sus Consejos sobre el discernimiento

Si renuncio a mi voluntad, y no quiero nada para mí mismo, entonces Dios deberá quererlo para mí, y si me falla en esto, se estará fallando a sí mismo... ¿Qué es lo que Dios quiere para mí que yo no quiero para mí? Cuando me vacío de yo, él necesariamente debe querer para mí todo lo que él quiere para sí...

Entre más vacío es un espíritu más poderosa es la oración y más glorioso, digno, provechoso y perfecto es el trabajo. Un espíritu vacío puede hacer lo que sea. ¿Qué es un espíritu vacío? Un espíritu vacío es uno que no se confunde con nada, no se apega a nada, no adhiere su valor a ninguna forma fija de actuar y no tiene ninguna consideración por su propio beneficio puesto que se ha hundido profundamente en la más querida voluntad de Dios y ha abandonado la suya.

Y por último, para recalcar que no es el yo individual el que accede a la divinidad sino que la divinidad se impone a la falsa construcción perceptual del yo que se considera real, amo y señor, las palabras de la mística francesa Marguerite Porete, quien fue quemada en la hoguera por herejía y quien nos recuerda que "el espíritu no siente alegría, es alegría". No hay nadie ahí para sentir alegría y sin embargo la alegría existe, es la existencia misma. 

 

Twitter del autor: @alepholo

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