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Estas 21 películas sacudirán tu conciencia y te llevarán a preguntas que quizá no te has hecho

Arte

Por: pijamasurf - 07/14/2016

Una veintena de películas para llevar los límites de tu realidad más allá de lo que consideras usual o establecido

El cine es sin duda uno de los mejores vehículos para la reflexión, en buena medida porque desde hace varias décadas nuestra cultura es ya notablemente visual; nos formamos en un lenguaje que pasa necesariamente por las imágenes.

En este sentido, existen ciertos filmes en los que la expresión creativa de sus realizadores está orientada justamente a eso: provocar una especie de “despertar” en el espectador, suscitar una pregunta del tipo “¿y qué si…” en la cual los límites del horizonte inmediato de realidad se cuestionan.

A continuación compartimos una lista de 21 películas que, consideramos, cumplen con esta cualidad. Esperamos que las disfruten y, claro, contribuyan con sus propias sugerencias.

 

Upstream Color, Shane Carruth (2013)

Eres hombre y te atrae una mujer. Eres mujer y te atrae un hombre. Sin que ninguno de los dos lo sepa, ambos se contagian de un parásito que no muere y lleva siglos existiendo y por el cual se vuelven parte de un ciclo de vida ajeno. En este contexto, ¿es posible hablar de identidad personal? ¿O todos no somos más que fragmentos de un algo mayor que nos supera?

 

TiMER, Jac Schaeffer (2009)

Si existiera un dispositivo que contara el tiempo que falta para que conozcas al amor de tu vida, ¿lo usarías?

 

Solaris, Andrei Tarkovsky (1972)

Afuera, en el universo, existe un planeta cuya cualidad distintiva no tiene que ver con la gravedad o con su atmósfera sino con el hecho de que confronta al ser humano directamente con sus más profundos deseos y traumas.

 

Stalker, Tarkovsky (1979)

Una zona de excepción en la Tierra que por un extraño fenómeno hace realidad cualquier deseo, con la sola condición de que quien lo quiera debe saber formularlo.

 

Primer, Shane Carruth (2004)

Dos jóvenes ingenieros adquieren de pronto la capacidad de hacer lo que sea que imaginen y tener lo que sea que deseen. ¿Qué pedir entonces? ¿Qué hacer?

 

Frequencies, Darren Paul Fisher (2013)

Las leyes físicas rigen también las relaciones humanas. Una persona se siente atraída a otra únicamente si ambas emiten la misma frecuencia. ¿Pero realidades como el amor, el destino o la suerte pueden sujetarse a ese imperio?

 

Waking Life, Richard Linklater (2001)

Una de las películas más interesantes de Linklater, una exploración a medio camino entre la ficción y el videoensayo que navega por temas como los sueños, la conciencia, el sentido de la vida y el albedrío, esto además con una técnica de animación conocida como rotoscopía que si bien no es novedosa sí le otorga una estética singular.

 

Ikiru, Akira Kurosawa (1952)

Un burócrata se enfrenta de pronto al fin de su vida por causa de una enfermedad terminal, razón más que suficiente para intentar entender qué ha hecho de su existencia y si ésta tiene algún sentido.

 

Abre los ojos, Alejandro Amenábar (1997)

Un joven despierta sin poder recordar más que tres cosas: que era rico y apuesto, que acababa de conocer al amor de su vida y que esto culminó con un terrible accidente automovilístico que deforma su bello rostro. ¿O es posible que todo no sea más que una demorada pesadilla de la que no puede despertar?

 

The Congress, Ari Folman (2013)

Una versión virtual de una persona, ¿sigue siendo esa persona o es ya alguien distinto? ¿Y qué pasa con la persona real que sirvió como modelo? ¿Qué tanto sigue siendo real? Esta película explora esas interrogantes con una trama que involucra el star system de Hollywood y alusiones a El congreso de futurología, la novela breve de Stanislaw Lem.

 

The Frame, Jamin Winans (2014)

Una trama extraña que tiene como propósito plantear esta pregunta: ¿y qué si, en cierto momento de tu vida, pudieras detenerte y reescribir todo lo que has experimentado hasta entonces?

 

Days of Being Wild (1990), In the Mood for Love (2000), 2046 (2004); Wong Kar-wai

Una trilogía sobre el amor, el tiempo y la memoria. Cada una –a su manera y desde distintos ángulos– analiza la manera en que los recuerdos determinan nuestras decisiones y nuestros actos.

 

Under the Skin, Jonathan Glazer (2013)

Una misteriosa mujer vaga por las calles de Glasgow, Escocia, en busca de hombres solitarios, a quienes seduce y con quienes se acuesta al parecer sin un sentido de sus acciones, salvo que quizá las acciones son el sentido mismo: la búsqueda incesante de la identidad propia.

 

Himizu, Sion Sono

Una película de terror para repensar las promesas de la civilización y la sociedad.

 

Relatos salvajes, Damián Szifron (2014)

La sátira también es un gran instrumento para la crítica. En seis episodios, el argentino Damián Szifron cuestiona instituciones sociales básicas como la familia, el gobierno y el matrimonio, entre otras.

 

Melancolía, Lars von Trier (2011)

Con una finura pocas veces vista en el cine, Lars von Trier plantea la idea de que, en nuestra época, amar parece posible únicamente ante la inminencia del fin del mundo.

 

Enter The Void, Gaspar Noé (2009)

La representación visual del paso entre la vida y la muerte según se experimenta con el uso de ciertas sustancias psicoactivas.

 

Paprika, Satoshi Kon (2006)

¿Qué nos revelan los sueños sobre nuestra identidad? ¿Y qué esconden que parece siempre inalcanzable? Este anime explora con originalidad esa vieja oposición entre lo real y lo onírico.

 

BONUS

The Pervert's Guide to Cinema (2006), The Pervert's Guide to Ideology (2012); Sophie Fiennes

En estos dos documentales, el filósofo de origen esloveno Slavoj Zizek cuenta sendas historias: en el primero, la historia de cómo el cine nos ha enseñado a desear; en el segundo, cómo nos han enseñado a codificar el mundo. 

 

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Con casi 90 años, Ennio Morricone no conoce a ningún artista pop y comienza a componer a las 9am

Arte

Por: pijamasurf - 07/14/2016

En entrevista con The Guardian el veterano compositor Ennio Morricone expresa su crítica a la música pop, su aversión a los gatos, su gusto por la pizza napolitana y la rutina y obsesiones que a pesar de su edad lo mantienen activo creativamente

Hace un par de días el diario inglés The Guardian publicó una breve entrevista, casi a manera de cuestionario, a Ennio Morricone, uno de los compositores fundamentales en la historia del cine y autor de algunas de las tonadas que resuenan en nuestra memoria colectiva. Con una trayectoria que se cuenta ya en décadas, Morricone ha trabajado con muchos de los grandes directores, actores y productores del medio, desde algunos consagrados como Pier Paolo Pasolini hasta otros en algún punto emergentes como Dario Argento o Terrence Malick y otros más cercanos al star system como John Huston o, más recientemente, Quentin Tarantino, para quien compuso la música de The Hateful Eight, trabajo que a su vez le valió el reconocimiento del Óscar que se le había escapado toda la vida.

En dicha entrevista el compositor hace un breve repaso por varios temas que, reunidos, resultan en una especie de perfil pequeño pero sustancioso de su vida creativa. La ansiedad que le provoca su ánimo perfeccionista, la compañía amorosa que encuentra en su pareja de casi toda la vida, la disciplina con que realiza su trabajo, elementos todos ellos que, sumados, en cierta forma explican por qué a los casi 90 años, además de tener el reconocimiento unánime del mundo cinematográfico, Morricone mantiene viva su labor creativa.

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Me estoy volviendo más y más ansioso. Aunque ahora tengo más confianza en mí mismo, mi necesidad de hacer siempre lo mejor y perfeccionarme a mí mismo es más fuerte. Seguramente me veo muy preocupado e intranquilo casi todo el tiempo, y es porque lo estoy. Mi trabajo implica gran responsabilidad.

Mi infancia fue difícil. Crecí en la Roma de la Segunda Guerra Mundial. Primero la ciudad estuvo ocupada por los alemanes, después llegaron los aliados. A veces no teníamos suficiente para comer. Cuando la guerra terminó, descubrí todas las cosas terribles que habían pasado en otros lugares y me sentí afortunado.

Estoy contento de haber ganado un Óscar. Por fin. Tarantino no me mostró la película cuando me preguntó si quería escribir la música para The Hateful Eight. Sólo me envió la transcripción en italiano del guión. Me gustó, a mi esposa también, así que acepté.

Conocer a mi esposa María y casarme con ella han sido los momentos más románticos de mi vida. Era amiga de una de mis hermanas. Hemos estado casados por 60 años. Cuando yo tenía 40, le dije que dejaría de componer música para películas y dedicaría mi tiempo a lo que llamo “música absoluta”. Lo dije de nuevo a los 50, los 60, 70 y a los 80. Tal vez cuando cumpla 90 me detenga.

No me gustan los gatos. Me gustan los caballos, algunos monos y los perros dulces que no son demasiado agresivos. Solía tener un gran, maravilloso gato, pero un día entré a la cocina y estaba sobre la mesa, arruinando toda la comida que estábamos a punto de comer. Me enojé tanto que lo llevé a casa de un amigo en el campo.

Al principio, Sergio Leone no me reconoció. Muy jóvenes, fuimos juntos a la escuela durante 1 año, pero cuando se me acercó para pedirme que escribiera la música para A Fistful of Dollars, no sabía que era aquel niño Morricone de la escuela primera. Pronto ambos nos dimos cuenta, y dije que sí.

Mi pizza favorita es la napolitana: tomates, mozzarella y algunas pocas anchoas. Con masa delgada.

No sé el nombre de ningún músico pop. La música pop está estandarizada, hecha para complacer a la mayor audiencia posible. Yo también compongo para complacer a una audiencia amplia, pero cuando escuchas mi música entiendes que he estudiado y aplicado ahí toda la historia de la composición.

A veces digo: “No. No haré eso”. Trabajar con Pier Paolo Pasolini fue magnífico, pero al principio me pidió que adaptara algunas piezas clásicas en vez de componer piezas originales. Me negué a eso, y él dijo: “Está bien. Puedes escribir la música que quieras siempre y cuando uses estas notas mayores en algún lugar”. Era una especie de superstición, así que le di gusto.

Me despierto muy temprano y también me duermo temprano. En un día común, comienzo con algunos ejercicios y después leo el periódico. Cerca de las 9am comienzo a componer, y sigo hasta la hora de almuerzo. Como con mi esposa y platico con ella y después reanudo mi trabajo hasta bien entrada la tarde.

Todos tienen que morir. No estoy particularmente asustado por eso. Lo que de verdad me atemoriza es que si me voy antes que mi esposa, la dejaré sola, y viceversa. Lo ideal sería morir juntos.

 

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