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¿Por qué nos atraen las personas problemáticas? Alejandro Jodorowsky tiene una conmovedora respuesta

Por: pijamasurf - 04/29/2016

Una inquietante pero al mismo tiempo esperanzadora respuesta de Alejandro Jodorowsky respecto de por qué a veces nos sentimos atraídos por personas que sólo nos provocan problemas

Desde cierta perspectiva, las relaciones personales se nos pueden aparecer como una suma de instantes placenteros, gratos, amorosos. Estamos con nuestros amigos, nuestra pareja, quizá incluso nuestra familia, y consideramos que vamos a mantenernos en la cresta de la ola, por decirlo de algún modo, siempre en el éxtasis y la satisfacción. Ahora parece ser que esa es una de nuestras tendencias de conducta, apartar con desagrado todo aquello que nos disgusta, incluso si se trata de una relación, incluso si esa relación tiene otras cualidades que sí colman nuestro deseo –por decirlo así.

En La agonía del Eros, Byung-Chul Han señala la negatividad propia del amor y sus derivaciones. Podría decirse, con cierta malicia, que no hay amor sin negatividad, pues en el amor también hay arrebatos, celos, temores, incluso cierto grado de violencia, todo ello porque en el corazón del amor reside su cualidad esencial: que se trata de un (des)encuentro con el otro, con quien siempre nos encontramos en tensión porque justamente es alguien que es distinto a nosotros.

Sólo que, nos dice Byung-Chul Han, tal parece que actualmente no recibimos de buen grado la diferencia y, más bien, queremos vivir en un perpetuo infierno de lo igual. Al amor se le desarma, se le liman las uñas y los dientes para dejarlo en la indefensión de la positividad, como si siempre todas las relaciones amorosas tuvieran que ajustarse a una “fórmula de disfrute”. “De ahí que deba engendrar ante todo sentimientos agradables. No es una acción, ni una narración, ni ningún drama, sino una emoción y una excitación sin consecuencias”, nos dice el filósofo.

Sobre esta dicotomía, en esta ocasión quisimos recuperar una breve reflexión de Alejandro Jodorowsky a propósito de algo que coloquialmente podríamos llamar “relaciones problemáticas”. Todos los vínculos amorosos tienen su negatividad, según hemos expuesto, sus problemas, pero no menos cierto es que ciertos vínculos son más problemáticos que otros. “El encuentro de dos personas es como el contacto de dos sustancias químicas: si hay alguna reacción, ambas se transforman”, dijo alguna vez Carl Gustav Jung, pero quizá cabría agregar que algunas de esas reacciones son explosivas, fulminantes, perturbadoras.

¿Por qué sucede esto? A ese porqué es adonde apunta la aseveración de Jodorowsky. Veamos:

La posición de Jodorowsky al respecto es interesante pues, contrario a lo que podría esperarse –un consejo complaciente, una recomendación moralizante, él va un poco más allá y hace ver cómo esos problemas vinculados con una relación en especial son como el trampolín que nos lanzará a otro punto de nuestro propio desarrollo, idealmente uno que signifique un progreso para nosotros, un avance en nuestra propia evolución.

En otro sentido, quizá se alcanza el punto en el que por fin podemos comprender lo que nos advierte Byung-Chul Han: “La fuerza de la negatividad consiste en que las cosas sean vivificadas justamente por su contrario”.

 

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Nuestra alimentación dice más de nuestra mente que de nuestro cuerpo

Por: pijamasurf - 04/29/2016

Comer puede parecer una necesidad fisiológica, pero en realidad lo que llega a nuestro estómago va previamente digerido por nuestra mente, nuestros prejuicios y nuestra cultura

Somos lo que comemos --o eso dicen a menudo, pero lo anterior es cierto en más de un sentido. Por ejemplo, la comida que ingerimos no solamente nos alimenta con nutrientes necesarios para mantener nuestro cuerpo con vida, sino que dependiendo de lo que comamos nuestras emociones cambian, lo que impacta positiva o negativamente nuestro estado de salud.

Según la psicóloga Judith Brisman, la forma en la que comemos actualmente es por lo menos desordenada y obedece más a factores psicológicos que fisiológicos. Por ejemplo, el hecho de comer carbohidratos algunos días y otros no corresponde a una organización racional de la alimentación, un tipo de planeación y regulación que está hecha para modificar nuestra estructura corporal (en un régimen nutricional para bajar de peso, por ejemplo) pero que sin duda no es "natural".

¿Y si comiéramos solamente lo que nuestros cuerpos piden? Sería maravilloso, de no ser porque nuestra mente es la que lleva la voz cantante en cuanto a lo que entra en nuestro cuerpo. Y no sólo eso: nuestras emociones dictan la mayor parte de las veces lo que ingerimos, lo cual se demuestra por el hecho de que los seres humanos comemos no sólo por hambre --es decir, para saciar una necesidad energética-- sino también para celebrar algunos eventos o por estrés --es decir, para compensar sentimientos negativos.

A esto Brisman lo llama "alimentación desordenada", que no debemos confundir con "desórdenes alimenticios" (instancias patológicas asociadas al comer). De acuerdo con la doctora, todos tenemos algún tipo de alimentación desordenada. Nuestra genética puede jugarnos en contra pero son nuestras emociones, la cultura circundante y la vida moderna lo que más contribuye al caos gastrointestinal.

Según la genética algunas personas siempre se sentirán hambrientas, ya sea a causa de su metabolismo o de otros factores, sin que esto deba confundirse con un desorden alimenticio. Las tablas de pesos sanos siempre deben tomarse como parámetros pero ningún cuerpo es igual a otro, y lo mismo ocurre con los hábitos alimenticios de dichos cuerpos. Factores de personalidad, como ciertas neurosis o rasgos muy controladores, tienden a desarrollar con más frecuencia el aspecto patológico de esta tendencia a comer mucho, lo que puede desembocar en anorexia.

También comemos para lidiar con el estrés: mientras más estemos rodeados de un ambiente estresante y opresivo, más tendemos a paliar nuestra ansiedad con comida u otros suplementos, como el tabaco, que no resuelven el estrés pero nos dan una sensación de control frente a los sentimientos negativos. Por si esto no fuera suficiente, la cultura de masas prescribe una serie de hábitos descabellados relacionados con comer: publicidad de modelos con cuerpos irreales comiendo grandes hamburguesas, comida procesada industrialmente y una total desconexión de las personas con las fuentes de sus alimentos (sin contar con que en una ciudad rara vez veremos a alguien que coseche o cultive su propia comida) nos ponen en una situación insostenible.

La conciencia alimentaria está en el principio de la civilización: la palabra "cultura" tiene un sentido etimológico muy claro relacionado con la tierra, el cultivo y los ciclos del crecimiento vegetal. Recobrar poco a poco el control de lo que comemos es un objetivo encomiable pero difícil de sostener en las megalópolis de hoy en día, donde lo único que cultivamos son hobbies y hábitos procesados.