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Ser una persona olvidadiza te hace aprender mejor

Por: pijamasurf - 02/13/2016

Olvidar permite que la memoria se reorganice y aproveche nuevos conocimientos en tareas futuras, así como en contextos diferentes.

El olvido es una parte necesaria (y normal) del proceso de aprendizaje, y aunque pueda parecer una de esas verdades contradictorias que andan por ahí, el hecho ha sido demostrado por un estudio del profesor Edwin Robertson, del Centre for Cognitive Neuroimaging, publicado en Current Biology.

Resulta que una memoria inestable tiene la particularidad de no fijar con demasiada rigidez las nuevas habilidades y experiencias; además, la porosidad de la memoria permite la trasferencia de dichas experiencias a nuevas tareas y contextos.

Lo que la investigación trató de medir fue cómo una nueva habilidad puede traducirse en aprendizaje en una tarea diferente. Podía tratarse de ligar una habilidad motriz con una tarea de series de palabras, o viceversa; a un grupo de voluntarios se le aplicó ambas pruebas con un período intermedio de 12 horas.

Según Robertson, pudieron observar que “lo que se transfería era una relación de alto nivel entre los elementos, más que el conocimiento de los elementos individuales en sí mismos”, lo que sugiere que “la transferencia de aprendizajes a través de diversas tareas se debe a una ‘representación de alto nivel’ que sólo puede formarse cuando la memoria es inestable”.

Aquí podemos recordar la historia de Funes, el personaje de Borges que era incapaz de olvidar: su vida era un interminable catálogo de percepciones y sensaciones de una alarmante riqueza; sin embargo, su vida era miserable, pues al ser incapaz de olvidar nada, de alguna forma era incapaz de aprender; su función se limitaba a administrar su siempre creciente archivo de memorias.

Por eso es que el olvido es como el espacio en blanco que permite la articulación de palabras en el lenguaje escrito: aquello que se omite, que se deja de lado para permitir la comunicación, así como el silencio que prestamos al otro al escucharlo.

Teatro en Chicago adapta la novela "2666" de Roberto Bolaño en montaje de 5 horas

Por: pijamasurf - 02/13/2016

¿Es posible traducir la experiencia de una novela tan ambiciosa como "2666" a un montaje de 5 horas con intermedio, algunas de cuyas partes fueron filmadas como película?

Esta nota podría comenzar con un personaje bastante bolañesco: Roy Cockrum de 58 años, actor, director, se hizo sacerdote hace unos años y tomó voto de pobreza, sin saber que inesperadamente ganaría 153 millones de dólares en la lotería.

Recordando un viaje a Londres y una obra que le pareció particularmente poderosa, Cockrum decidió que si alguna vez tenía dinero lo invertiría en las artes; por ello, poco después de recibir su premio, se dedicó a visitar teatros en Estados Unidos y hablar con directores que pudieran necesitar dinero para producciones ambiciosas. Ahí entran otros dos personajes, el director Robert Falls y el dramaturgo Seth Bockley.

Falls supo por primera vez del novelista chileno Roberto Bolaño en un viaje a Barcelona en 2006. La publicidad de la novela abarrotaba las calles, y los carteles de 2666, con sus exóticas cruces rosas, lo movieron a leer las más de mil páginas del libro. Años después, un sacerdote millonario tocaría a su puerta para conocer sus proyectos más irrealizables.

2666 de fue publicada por primera vez en 2004, poco después de la muerte de Bolaño. Estaba dividida originalmente en cinco secciones que serían, cada una, un libro separado. Sin embargo fue editada en una sola pieza y lanzada al mercado. Probablemente la expresión anterior es la más acertada: a partir de su muerte, el boom Bolaño cundió entre las mesas de novedades, a lo que siguieron traducciones y la romantización de la figura por parte de editoriales y lectores por igual.

La novela en sí es bastante demandante, puesto que va y viene entre multitudes de personajes, retratos oníricos, historias de la Segunda Guerra Mundial y discusiones sobre todo, desde literatura hasta deportes. ¿Son adaptables los recursos de una novela tan ambiciosa al espacio teatral? ¿Esta "traducción"-adaptación promoverá más la lectura y disfrute de la obra de Bolaño o será sólo la puntada de un sacerdote excéntrico que quería donar algunos millones para las artes? ¿Los gringos sabrán ver algo más que las espectaculares cruces rosas en el desierto, exotizando la tragedia de las mujeres muertas en Santa Teresa/Ciudad Juárez? El reto no es menor: en 2008, Alex Rigola montó en Chile 2666, con un planteamiento similar al montaje de Chicago: cinco pequeños espectáculos de 1 hora que conformaran una unidad. Cuando se le preguntó qué hubiera pensado Bolaño de su montaje, Rigola dijo: "creo que se hubiera cagado en mí y en mi familia".

Aunque su estreno está programado para este mismo año se sabe que tendrá secciones enteras en formato de video, lo que seguramente hará todavía más "espectacular" el montaje. Aquí una entrevista con Falls y Bockley acerca del proyecto, para LitHub.