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¿Las neuronas espejo son “la conciencia de la conciencia”?

Por: pijamasurf - 02/10/2016

La neuroplasticidad podría ayudarnos a construir un modelo de experiencia donde la división entre identidades quede relegada a un plano secundario, intelectual

Con la aparición de los humanos, se ha dicho, el universo ha cobrado súbita conciencia de sí mismo. Este es, en verdad, el mayor misterio de todos.

Prof. Vilayanur Ramachandran

El descubrimiento de las neuronas espejo ha abierto un campo insospechado de experimentación no sólo a nivel fisiológico, sino también colectivo. ¿Qué son y qué hacen las neuronas espejo? Su descubrimiento se debe a neurofisiólogos italianos que notaron que el cerebro de un mono conectado a electrodos reportaba ciertas señales cuando comía una fruta, pero también cuando el mono observaba a uno de los investigadores comer la fruta. En otras palabras, las neuronas espejo apuntan a un comportamiento mimético a nivel de recepción de los fenómenos: comer esta manzana es (para el cerebro) lo mismo que ver a alguien comer la manzana.

Su función en los campos del aprendizaje, la creatividad e incluso el tratamiento del trauma —al reconfigurar el camino de ciertas asociaciones dolorosas en la memoria a largo plazo, estableciendo nuevas conexiones a través de la neuroplasticidad— propone fascinantes perspectivas para el futuro, pero también podría decirnos algo sobre una cuestión mucho menos concreta que un cerebro: la identificación de un ser consigo mismo.

¿Qué nos hace pensar que cada uno de nosotros es un “yo” separado de todos los demás “yoes”? ¿Por qué tú eres “tú”? ¿La conciencia es un producto de la función neuronal o, por el contrario, es el resultado de una autoobservación (o metaobservación) de cada uno sobre sí mismo —una función que depende del lenguaje para perpetuarse como memoria, como identidad y ulteriormente como vida individual?

Pensemos por ejemplo que existe un nivel de sensibilidad colectiva que se deja pensar muy bien desde las neuronas espejo: cuando escuchamos un choque de autos en la calle, todos volteamos instintivamente hacia la fuente del ruido; lo mismo ocurre al percibir las primeras señales de una tormenta inminente. De pronto, cada par de ojos y oídos percibe el ruido, el cambio de temperatura, de luz, de humedad, y la lluvia que cae sobre uno también moja al resto. Si nos desentendemos un segundo de lo que Cioran llamó “el odioso yo”, la experiencia de uno no es fundamentalmente distinta que la de los demás: somos cuerpos mojados.

¿Podríamos seguir esta línea especulativa hacia el terreno de la empatía? Pongamos un ejemplo: hace poco el mundo entero volteaba a ver la misma fotografía de un niño sirio ahogado en las aguas del Mediterráneo; las reacciones de empatía personal y solidaridad internacional no se hicieron esperar. ¿Sería posible fortalecer esos lazos de empatía entre los seres humanos sin necesidad de una imagen tan dramática? La diferencia entre lo mío y lo tuyo es una categoría intelectual, puesta en operación por la mente y sustentada por un consenso social de propiedad, que alienta la envidia y la competencia; pero si pensamos un segundo desde esa metapercepción a la que nos referimos hace poco, las cosas solamente existen en una larga (larga) continuidad de la materia en continua transformación. Vivimos en el mismo “día” del Big Bang, simplemente porque la medición del tiempo implica una escala humana, hasta ahora bastante limitada, de percepción.

Nuestra experiencia del mundo depende de la retroalimentación y presencia de los otros. ¿Qué hace una persona al estar en completo aislamiento, como Robinson Crusoe en su isla? Fabricarse otro, un fantasma, hablar con su reflejo en las cosas. En última instancia, esta forma de pensar nos permite vernos como otros, así como ver el mundo de los otros como ellos lo ven, ¿y no es eso de lo que se trata la empatía? Lo que reflejan las neuronas espejo cuando dejan de “apropiarse” de las percepciones e identificarse con ellas debe parecerse mucho a la vacuidad descrita en distintas corrientes filosóficas y de meditación, del budismo al nihilismo: no una ausencia de cosas, sino una ausencia de sujeto-de-la-percepción, la conciencia consciente de sí misma, que resume a nivel experiencial la sensación de estar vivos.

Teatro en Chicago adapta la novela "2666" de Roberto Bolaño en montaje de 5 horas

Por: pijamasurf - 02/10/2016

¿Es posible traducir la experiencia de una novela tan ambiciosa como "2666" a un montaje de 5 horas con intermedio, algunas de cuyas partes fueron filmadas como película?

Esta nota podría comenzar con un personaje bastante bolañesco: Roy Cockrum de 58 años, actor, director, se hizo sacerdote hace unos años y tomó voto de pobreza, sin saber que inesperadamente ganaría 153 millones de dólares en la lotería.

Recordando un viaje a Londres y una obra que le pareció particularmente poderosa, Cockrum decidió que si alguna vez tenía dinero lo invertiría en las artes; por ello, poco después de recibir su premio, se dedicó a visitar teatros en Estados Unidos y hablar con directores que pudieran necesitar dinero para producciones ambiciosas. Ahí entran otros dos personajes, el director Robert Falls y el dramaturgo Seth Bockley.

Falls supo por primera vez del novelista chileno Roberto Bolaño en un viaje a Barcelona en 2006. La publicidad de la novela abarrotaba las calles, y los carteles de 2666, con sus exóticas cruces rosas, lo movieron a leer las más de mil páginas del libro. Años después, un sacerdote millonario tocaría a su puerta para conocer sus proyectos más irrealizables.

2666 de fue publicada por primera vez en 2004, poco después de la muerte de Bolaño. Estaba dividida originalmente en cinco secciones que serían, cada una, un libro separado. Sin embargo fue editada en una sola pieza y lanzada al mercado. Probablemente la expresión anterior es la más acertada: a partir de su muerte, el boom Bolaño cundió entre las mesas de novedades, a lo que siguieron traducciones y la romantización de la figura por parte de editoriales y lectores por igual.

La novela en sí es bastante demandante, puesto que va y viene entre multitudes de personajes, retratos oníricos, historias de la Segunda Guerra Mundial y discusiones sobre todo, desde literatura hasta deportes. ¿Son adaptables los recursos de una novela tan ambiciosa al espacio teatral? ¿Esta "traducción"-adaptación promoverá más la lectura y disfrute de la obra de Bolaño o será sólo la puntada de un sacerdote excéntrico que quería donar algunos millones para las artes? ¿Los gringos sabrán ver algo más que las espectaculares cruces rosas en el desierto, exotizando la tragedia de las mujeres muertas en Santa Teresa/Ciudad Juárez? El reto no es menor: en 2008, Alex Rigola montó en Chile 2666, con un planteamiento similar al montaje de Chicago: cinco pequeños espectáculos de 1 hora que conformaran una unidad. Cuando se le preguntó qué hubiera pensado Bolaño de su montaje, Rigola dijo: "creo que se hubiera cagado en mí y en mi familia".

Aunque su estreno está programado para este mismo año se sabe que tendrá secciones enteras en formato de video, lo que seguramente hará todavía más "espectacular" el montaje. Aquí una entrevista con Falls y Bockley acerca del proyecto, para LitHub.