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Investigador explica cómo la ciencia ha tratado de menoscabar el deseo sexual femenino

Por: pijamasurf - 12/15/2015

La forma en que nos hacemos preguntas sobre el mundo viene previamente determinada por el tipo de prejuicios y "sentido común" con los que fuimos educados (nota libre de referencias bíblicas)

 clitoris

Daniel Bergner es un periodista que ha dedicado las últimas décadas a analizar las raíces de ciertos hábitos mentales de la cultura popular que dictan ciertas normas esperables de comportamiento con respecto al deseo femenino; los ejemplos pueden multiplicarse, pero bastan unos pocos para ilustrar: las mujeres tienden a no ser directas en sus intenciones sexuales, su deseo y su comportamiento suelen ser pasivos con respecto a los avances de los hombres que, al igual que ocurre en la naturaleza con otras especies, dominan el panorama sexual con su vigor y generosidad polígama para diseminar la semilla. El trabajo de Bergner ha consistido en desmontar estos supuestos y presentar una imagen del deseo femenino más cercana a la realidad del deseo y no a la de la publicidad.

Según Bergner, la investigación científica del deseo femenino, incluyendo los factores anatómicos y fisiológicos que uno podría creer rebasados, tiene aún varias décadas de retraso en relación con lo que salta a la vista. Por ejemplo, hasta 2005 no se contaba con una descripción fisiológica exhaustiva del clítoris ni de su funcionamiento "tras bambalinas". 

El problema es que la gente de Occidente se ve muy bien en redes sociales alarmándose por los ritos de ablación del clítoris que aún se practican en muchos lugares de África, pero no ven cómo la ciencia occidental juega un papel preponderante en mantener la sexualidad femenina en un virtual subdesarrollo. Bergner incluso ha dicho en una charla TED que la ciencia ha cortado el clítoris al negar --primero-- la existencia y complejidad del deseo femenino.

Parece increíble, pero los científicos que realizan estudios también son humanos y también están motivados por expectativas ideológicas y sociales. Esto, por desgracia, puede traducirse en marcos metodológicos que tratan de seguir reforzando lo que ya saben. Bergner habla de las falacias según las cuales los hombres son polígamos "por naturaleza" y nuestras abuelas cavernícolas se quedaban cuidando a las crías mientras los machos conquistaban el fuego. De acuerdo con observaciones de primatólogos, las hembras chimpancé tienen una especie de código morse para indicar que desean ser satisfechas sexualmente por cualquier macho disponible; la jerga científica suele relegar el papel de la hembra a condiciones cosméticas como supurar feromonas o algo así, pero las hembras de las especies genéticamente más cercanas al hombre también dirigen guerras y comienzan escarceos sexuales no con fines reproductivos, sino meramente "deportivos". 

Mientras Freud y Lacan condenaron al deseo femenino --ese "agujero negro"-- a la incomprensión y explicación teórica, la ignorancia y el prejuicio se sostienen científicamente en nombre de preconcepciones rebasadas sobre nuestra condición de especie dividida: la única donde la especie está puesta en contra de sí misma a partir del género.

¿Están enfermas las personas que leen tabloides de celebridades?

Por: pijamasurf - 12/15/2015

Una constante revisión de las publicaciones de celebrity gossip muestra una cierta tendencia a patologizar la realidad

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Pasar mucho rato leyendo revistas de celebridades es tener poca estima por nuestro tiempo: decir que lo mejor que podemos hacer es distraernos leyendo chismes, exageraciones, escándalos y toda una retahila de envidia, deseo aspiracional y proyecciones patológicas.

Obligado por su trabajo, los últimos años el periodista Peter Sheridan ha tenido que leer revistas de celebridades todos los días; en una reseña/crítica de este tipo de información publicada en Boing Boing se pregunta qué les pasa a las personas que leen estas revistas y si acaso están enfermas. Uno podría pensar que así es, juzgando por la cantidad de enfermedades y padecimientos que se se anuncian en People, por ejemplo. Sheridan dice que en esta revista para quienes aman a las celebridades hay 23 páginas de anuncios de medicamentos para tratar el asma, migrañas, gripe, osteoporosis, hepatitis C, meningitis, cáncer, resfriados... "No es de sorprenderse que necesitan que alguien los anime con reportajes como 'Los problemas de salud de Lamar Odom", "las traiciones y las infidelidades de los Kennedy" o "aventuras de sacerdotes predadores". 

La cantidad de información inane de estas revistas llama la atención. Nos enteramos en una de ellas que "La sollozante Siri extraña a su padre", Tom Cruise, o que "La prostituta transexual de Charlie Sheen podría haber estado infectada de SIDA", así como de distracciones tales como que Elizabeth Hurley siempre lleva una bufanda y unas almendras en su bolsa, Eykah Badu es dueña de 7 mil 221 piezas de joyería de tobillos y, por supuesto, de que las estrellas son como como nosotros: compran plantas, comen sushi, llevan a sus perros a caminar e incluso tienen que cargar sus bolsas de compras.

Las descripciones de Sheridan no son ni por mucho las más radicales, y en estas publicaciones se pueden encontrar demostraciones de periodismo chatarra mucho más llamativo; lo increíble es que muestran la norma, el tipo de contenido que aparece siempre en estas revistas y aún así dominan el mercado de las publicaciones de este tipo. ¿Habría que preguntarnos entonces si no estamos todos enfermos por vivir en una sociedad cuya cultura dedica tanto tiempo a admirar a personas cuya máxima virtud es que son famosas y tienen dinero o cuerpos codiciados?