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Cómo puedes usar la música para concentrarte y hasta para curarte

Ciencia

Por: pijamasurf - 12/24/2015

Un breve recuento de cómo la música puede utilizarse como terapia contra el dolor, como antidepresivo, para concentrarse y más

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La noción de que la música es medicina es tan vieja como nuestra cultura y por ello ha sido utilizada en todo tipo de rituales sagrados como interfase con lo divino. En la antigüedad se creía que las enfermedades eran castigos por desobediencias a las leyes cósmicas y, de igual manera, que la curación venía de los dioses.

Tenemos en Pitágoras, el sabio griego que acuñó el término "filósofo", al gran antecedente del uso terapéutico de la música, y no sólo como un medio de acceder a lo sagrado sino como un regulador del hombre e incluso de las ciudades. De ahí que luego Platón pensara, en su visión política, que la música podía utilizarse para regular el comportamiento de los ciudadanos. La vida de Pitágoras está envuelta en leyendas; una de las principales es que podía escuchar la armonía de las esferas. Es a esta concepción de la música como algo que existe en el cosmos y refleja su orden que debemos en gran medida la innovación, que hoy forma parte del saber común, de que la música es una estructura matemática.

Se dice que Pitágoras utilizaba cantos para curar y también para llevar a sus discípulos a un estado mental propicio para la enseñanza filosófica. Sabemos también que recitaba versos homéricos para tratar a personas trastornadas. En todo esto los griegos seguían la tradición de Orfeo, el gran héroe antiguo de los cultos mistéricos, cuyos vientos musicales podían sanar e incluso conmover a los dioses.

En el Renacimiento, el médico y astrólogo Marsilio Ficino retomó esta idea de la música como terapia y la combinó con lo que podemos llamar una medicina astrológica. Ficino consideraba que ciertos sonidos estaban ligados a ciertos planetas y por lo tanto capturaban su esencia. Así, algún melancólico podía alegrarse si escuchaba cierta música jovial o alguna música solar. Para Ficino la música era necesaria para el alma de la misma forma que el alimento lo era para el cuerpo. Pico della Mirandola, su alumno protegido, escribió: "La medicina sana al alma por el cuerpo, mas la música sana al cuerpo por el alma". 

Ya en la época moderna, son numerosas las investigaciones que muestran que la música puede usarse para fomentar la concentración y mejorar el desempeño cognitivo. Se ha difundido la idea del "efecto Mozart", que sugiere que escuchar música de este compositor mejora el desempeño cognitivo. Existe información contradictoria en este sentido, y parece que no es específicamente la música de Mozart sino la atención concentrada que genera casi cualquier música que satisfaga al escucha. Aunque evidentemente se podría argumentar con fundamentos que cierta música, por su armonía y ritmo, debe de favorecer cierto tipo de pensamiento; alguna relaja más que otra; otra energetiza más. 

Otro estudio, realizado por la Universidad de Utah, concluyó que la música es capaz de aliviar la sensación de dolor. Por investigaciones previas se sabe que la música libera dopamina, uno de los químicos más importantes y poderosos tanto para el cerebro como para el sistema nervioso en general, asociado con el buen humor, el bienestar y la sensación de placer.

Un estudio reciente mostró que las canciones que están compuestas en acordes mayores y que tienen una velocidad mayor al promedio en beats por minuto son favorables para elevar el estado de ánimo.

La posibilidad de la música como medio para acceder ya no sólo a la concentración sino hasta a la creatividad fue mostrada por una investigación que sugiere que la música puede usarse para despertar el inconsciente; incluso se cita el caso de una niña que salió de un coma luego de escuchar su canción favorita.

En su libro Natural Prozac, Joel C. Robertson cita un estudio que sugiere que escuchar a Bach ayudar a generar serotonina en el cerebro, el neurotransmisor ligado con los estados de ánimo. Así que la música tal vez puede considerarse un antidepresivo natural.

Al parecer la clave es probar con tipos de música que resulten agradables al escucha y que tengan ciertas bases rítmicas; los beneficios pueden ser enormes. 

 

Nota cortesía de Figo, el nuevo auto de Ford 

Maestra detecta un importante problema al utilizar iPads para educar a los niños

Ciencia

Por: pijamasurf - 12/24/2015

Esta es la razón por la que deberías pensar dos veces antes de utilizar un iPad para educar o entretener a un niño

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Desde hace ya varios años, gobiernos y organizaciones internacionales han lanzado campañas educativas apuntaladas en la distribución de tecnología. Desde la famosa "one laptop per child" del MIT y la ONU hasta más recientes campañas en todo el mundo que entregan iPads en las escuelas a niños pequeños. La idea motriz, casi siempre aceptada sin cuestionarse, es que estas herramientas son muy poderosas para llevar al mundo a ñiños marginados y darles grandes oportunidades. Poco se discuten algunos efectos secundarios.

La maestra de escuela de Virginia (Estados Unidos), Launa Hall, ha escrito un artículo en el Washington Post relatando lo que ocurrió cuando fue obligada a darles a iPads a sus estudiantes, luego de que su escuela recibiera un financiamiento que significó un iPad o computadora por niño, bajo el entendido de que estos aparatos aumentarían la experiencia de aprendizaje de los niños.

Hall cuenta que los iPads tuvieron algunas cosas positivas. Sus estudiantes los utilizaron para grabar minicomerciales, se grabaron explicando problemas de matemáticas, hicieron videos y canciones y ella grabó una minitarea para que ellos la vieran en casa. Pero esto fue contrarrestado por algo quizás más importante que este pequeño boom de creatividad mediática.

Según la maestra de tercer grado de primaria, pocos días después de que cada uno empezara a usar su iPad notó una preocupante tendencia: los niños dejaban de hablar entre ellos. Por una parte esto podría parecer bueno, discutían menos y se peleaban menos (y útil para quien no tiene tiempo de escuchar y lidiar con los problemas), pero habían dejado también de compartir e involucrarse. Un día la maestra sacó un juego de LEGO, que antes había sido celebrado, y ningún de los niños quiso jugar. Todos los que han mostrado un iPad a un niño saben que su touch screen y los juegos que suelen traer son el juguete perfecto (o el caramelo perfecto, si los niños son muy pequeños), hecho a la medida para cautivar su atención. Hall explica:

Los niños necesitan aprender habilidades de comunicación --cómo llevarse con los demás y mantener su propia posición. Necesitan hablar y escuchar en la escuela, con sus compañeros y con adultos con los que puedan modelar habilidades conversacionales. Los iPads sutilmente mermaron esta importante tarea. Mis pequeños ruidosos y entusiastas habían dejado de hablar y adoptado la posición del cuello encorvado, conectados, pulsando y tecleando. 

Según informa el sitio Quartz, esto parece ser un problema ya entre preadolescentes que están teniendo problemas para conversar, de acuerdo con la investigadora Sherry Turkle, autora de Reclaiming Conversation: The Power of Talk in a Digital Age.

Por otro lado un reciente estudio realizado por la Organization for Economic Cooperation and Development notó que los países que han invertido mucho en tecnología de la información para la educación no han visto mejorías en el desempeño en lectura, ciencia ni matemáticas.

Algunos analistas sugieren que el problema de llenar a los niños de apps en las que realizan ciertas tareas, ejercicios o experiencias virtualmente es que esto está sustituyendo que las hagan en el mundo real. Construyen una casa o resuelven un problema de matemáticas en la pantalla pero nunca lo han hecho en el mundo real; entonces las sustituciones no pueden apreciarse como metáforas, ya que no tienen el referente. Esto hace que en vez de que los ensayos virtuales enriquezcan la experiencia real --como puede ocurrir en personas que tienen ya la experiencia de lo real-- en algunos casos las aneguen y las vayan haciendo cada vez más difíciles.

Hall menciona que los iPads ciertamente tienen importantes aplicaciones, el problema es que son demasiado poderosas y llegan a "abrumar el ambiente". Evidentemente, es necesario educarnos a nosotros mismos sobre los efectos que tiene la tecnología antes de buscar educar a los niños con ella.

Sabiendo esto, uno entiende por qué Steve Jobs no permitía que sus hijos pequeños usarán un iPad.