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¿Te distraes mucho? Este método de 5 pasos organiza tu mente y potencia tu productividad

Por: pijamasurf - 11/15/2015

Nuestra mente tiene casi 70 mil pensamientos al día: ¿sabes qué hacer para que no afecten tus labores y, más bien, aprovecharlos a tu favor?
Imagen: Abbey Lossing

Un síntoma de nuestro tiempo es la poca capacidad de organización y concentración que tenemos para el trabajo. Salvo por ciertas ocupaciones, en buena parte de éste es común sorprendernos de pronto distraídos, haciendo algo que no deberíamos estar haciendo, y quizá ni siquiera recordamos cómo fue que nos desviamos de lo que realizábamos inicialmente. Vemos el reloj y nos lamentamos porque llevamos ya 15, 20 minutos deambulando en las redes sociales, en Internet, en sitios de entretenimiento, en videos de YouTube, etcétera.

Esto de alguna manera podría considerarse natural, pues la mente humana tiene en la divagación uno de sus movimientos naturales. Nadie nunca piensa una sola cosa, sino que al tiempo que tenemos una idea paralelamente surgen otras, en el momento mismo en que estamos experimentando el mundo (escuchando una canción, mirando a nuestro alrededor, percibiendo un olor o una sensación táctil, haciéndonos una idea de esto, etc.). En este sentido, nuestra mente se ha comparado con una colmena, siempre activa, siempre tejiendo vínculos neuronales, siempre moviéndose. El reto, entonces, más bien es encontrar la manera de dirigir dicha cualidad hacia un propósito específico.

Travis Bradberry es confundador de TalentSmart, una consultora que provee a distintas empresas el servicio de mejorar el rendimiento de sus empleados por vía de la llamada “inteligencia emocional”. Parte de sus ideas y métodos se encuentran en el libro Emotional Intelligence 2.0, que en Estados Unidos se convirtió en best seller. Se trata, pues, de una autoridad en el ámbito de la eficacia y la productividad.

Hace unos días, Bradberry publicó en LinkedIn este método mediante el cual asegura que es posible domar el flujo natural de nuestra mente en beneficio de nuestra productividad laboral. Según el consultor, el ser humano tiene cerca de 70 mil pensamientos en 1 día, muchos de los cuales pueden entorpecer nuestras actividades cotidianas, desorganizar nuestra vida, generarnos angustia y tensión. Prueba de ello son los pensamientos impulsivos y sobre todo negativos que a veces irrumpen en nuestra mente y que casi siempre, cuando les prestamos atención, no sólo nos distraen de lo que hacíamos, sino que además impactan en nuestro estado de ánimo y por consecuencia en nuestra salud.

“Una mente organizada, por otro lado, se sumerge en un estado de flujo”, escribe Bradberry, para quien la organización de estos pensamientos puede llevarnos al límite de nuestras capacidades, a explotar nuestro potencial y, sobre todo, más allá de la productividad, a disfrutar hacer lo que hacemos.

A continuación compartimos los pasos de este método:

 

1. Realiza tareas que te mantengan estimulado

Un trabajo puede ser muy sencillo o muy difícil: si es sencillo, probablemente te aburras pronto; si es difícil, quizá la angustia de tener que hacerlo sobrepasará la acción misma de realizarlo. De ahí que Bradberry aconseje elegir conscientemente tareas que sean un desafío en la justa medida, acorde con nuestras capacidades, para mantenerse a estimulado y a igual distancia del aburrimiento y el estrés.

 

2. No dejes que tus emociones te dominen

Hay ocasiones en las que no es sencillo disociar las emociones de la vida profesional; sin embargo, para poder realizar un trabajo es necesario no ignorarlas, pero sí hacer lo posible para que no impacten de manera negativa en lo que hacemos. Según Bradberry la mejor forma de desarrollar esta habilidad es, de inicio, conocernos y reconocernos como seres emocionales, aceptar que sentimos, que tenemos reacciones sentimentales, que eso no va a cambiar; en este sentido, el método es sencillo: una vez que notamos que estamos siendo asaltados por una emoción, Bradberry aconseja identificarla y respondernos a nosotros mismos qué estamos sintiendo y por qué. Asimismo, el columnista asegura que asociar emociones con palabras las vuelve “más tangibles y menos misteriosas”, con lo cual también es posible manejarlas mejor para no dejar que interfieran en nuestro trabajo.

 

3. La barrera de los 20 minutos

En nuestro tiempo, la atención es una de las cualidades menos comunes. Quizá como en ninguna otra época, en la nuestra miles de personas compiten por atraer y conservar la atención de los demás, generando así una red confusa de estímulos en los que cotidianamente quedamos atrapados y a veces incluso perdidos. Según Bradberry, nuestra mente requiere de entre 15 y 20 minutos para entrar en un estado de concentración casi completa sobre una única tarea, de ahí que su recomendación en este caso sea alejarnos de toda posible distracción (redes sociales, smartphone, televisión, etc.) durante los primeros 20 minutos a partir del momento en que comenzamos un trabajo en el que queremos poner toda nuestra atención.

 

4. Descansa

Por más que el trabajo en el que te encuentras inmerso sea apasionante, tanto el cuerpo como la mente se fatigan. Bradberry cita estudios que recomiendan trabajar ininterrumpidamente 52 minutos y después de esto tomar un pequeño descanso de 17 minutos, en un ciclo que puede repetirse tanto como sea posible y que al parecer es uno de los más productivos que se conocen.

 

5. No dudes en reorganizar

Después de la pequeña pausa es posible que al regresar al trabajo te encuentres con que no puedes continuar donde te habías quedado o que quizá ya no puedes concentrarte como antes. Según Bradberry esto es más o menos normal, por lo que sugiere no temer efectuar un cambio, reorganizar las ideas o los pensamientos, y quizá incluso rehacer el camino desde el inicio.

 

Reúne las piezas

De acuerdo con Bradberry, seguir estas cinco recomendaciones te llevará a experimentar un flujo de trabajo en el que los pensamientos y el trabajo mismo se vivirán con mayor organización.

 

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¿Quieres sabotear tu centro de trabajo? Este manual de la Segunda Guerra Mundial te dice cómo

Por: pijamasurf - 11/15/2015

Si tu trabajo es tu enemigo, quizá podrías aprovechar estas tácticas de la inteligencia estadounidense en tiempos de la Segunda Guerra Mundial para sabotearlo

16467626851_8e8e97c1b5_zEl trabajo puede ser la ocupación más satisfactoria o la más pesarosa de nuestra vida cotidiana, dependiendo las circunstancias en que nos encontremos. Hacer lo que nos gusta es sin duda placentero, pero pasar 8 horas continuas o más empleados en una actividad que nos desagrada bien puede considerarse una forma de tortura.

En tiempos de la Segunda Guerra Mundial, personal de la Oficina de Servicios Estratégicos del gobierno de Estados Unidos (el antecedente directo de la CIA) redactó un manual para sabotaje para el centro de trabajo. La premisa podría parecernos extraña o inusual ahora, pero no si pensamos que en contextos bélicos ha ocurrido que una población local termine trabajando para el bando enemigo porque, por ejemplo, sus tropas han tomado el control de su país. Así sucedió, por ejemplo, cuando el régimen nazi se extendió por buena parte de Europa central.

En ese sentido, el Simple Sabotage Field Manual guarda cierta coherencia con esa lógica de combatir al “enemigo”, atacarlo en todos los frentes posible y no sólo con las vistosas maniobras militares del campo de batalla, sino también con las acciones de todos los días que aunque pequeñas, también son importantes. O al menos ese es el discurso ideológico, la forma de convencer a los ciudadanos comunes y corrientes de que esa también es su guerra.

En su versión completa, el manual también instruye sobre el sabotaje de máquinas, cómo iniciar incendios en almacenes y otros edificios, cómo perturbar el sistema de transporte, y otras situaciones de la vida diaria. Las que compartimos a continuación son las ocho recomendaciones principales para dinamitar (figurativamente) desde dentro el lugar de trabajo: hacer que nada funcione y que poco a poco una empresa se vaya a pique, que fracase y quiebre. 

-Insista en hacer todo a través de canales. Nunca permita atajos para tomar decisiones expeditas.

-Pronuncie discursos. Hable tan frecuentemente como sea posible y con gran duración. Ejemplifique sus “argumentos” con anécdotas extensas y relatos de experiencias personales.

-Siempre que sea posible, remita todos los asuntos a comités para “su estudio y consideración”. Intente formar comités tan numerosas como sea posible, nunca menores a cinco integrantes.

-Aluda a asuntos irrelevantes con tanta frecuencia como sea posible.

-Discuta sobre la exactitud de las palabras en las comunicaciones, las minutas y las resoluciones.

-Refiérase a un asunto anterior decidido en la última reunión e intente reabrir la discusión sobre la conveniencia de dicha decisión.

-Aconseje “cautela”. Sea “razonable” y exhorte a sus compañeros a que sean también “razonables” y eviten la prisa que podría resultar después en situaciones vergonzosas o dificultades.

-Preocúpese por lo adecuado de cualquier decisión. Pregunte si la jurisdicción de ésta recae en el grupo o si tal vez entrará en conflicto con la política de una instancia superior.

Si alguno de estos comportamientos te parece conocido, quizá podrías comenzar a sospechar si alguno de tus colegas no es un espía encubierto con la misión secreta de minar la actividad productiva de tu país.

 

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