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Según la “paradoja de la amistad”, si te crees extrovertido probablemente vives en un error

Por: pijamasurf - 09/28/2015

Ser introvertido puede tener sus ventajas, por ejemplo, darse cuenta de la proporción real que tienen nuestras redes de amigos
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Imagen: hiimniko (Flickr)

El ser humano puede desarrollarse de múltiples maneras. Ese vaso vacío que es la existencia al nacer –y no completamente, pues aún en ese primer instante ya hay una multitud de información vertida sobre esa persona que recién llegó al mundo– puede llenarse de formas incontables, tomar rumbo hacia caminos inciertos, bifurcarse una y otra vez en senderos imprevisibles.

Con todo, esa aparente multiplicidad de destinos potenciales desemboca, eventualmente, en manifestaciones que cabe generalizar, borrar en sus detalles particulares y subjetivos para, entonces, decir que dos grandes formas de la personalidad son la introversión y la extroversión, la volcadura hacia sí o hacia los otros, el cultivo del mundo interior o el del exterior, el pensamiento introspectivo o la acción irreflexiva como forma de vida. Esta clasificación, como muchas otras, podría parecer injusta, pero aun así no es del todo incoherente. Con las reservas que requiere cada caso, podemos aceptar que algunas personas se vuelven más así como se dice que son los introvertidos, o como se dice que son los extrovertidos.

Esta percepción, sin embargo, podría estar equivocada, o al menos eso es lo que sugiere la “paradoja de la amistad”, un concepto al que arribaron los investigadores Daniel C. Feiler y Adam M. Kleinbaum (ambos de la Escuela Tuck de Negocios del Dartmouth College) luego de analizar la manera en que se configuran ciertas relaciones sociales a la luz de la introversión y la extroversión.

De acuerdo con el estudio publicado al respecto, Feiler y Kleinbaum aseguran que “conforme uno tiene más conexiones, se está presente en un mayor número de redes de otras personas. Por lo tanto, las redes sociales de las personas contienen desproporcionadamente individuos que tienen muchas conexiones”. En otras palabras, si tomásemos a una persona que se distingue por su facilidad para hacer amigos, lo encontraríamos en muchas redes, y así con otros con la misma cualidad. Según los investigadores, de esta paradoja resultaría que las personas “extrovertidas” estuvieran sobrerrepresentadas en las redes de amistad y conocimiento muto de cualquier sistema social.

Para probarlo, Feiler y Kleinbaum encuestaron a 248 estudiantes de su escuela en dos momentos del período de actividades: 5 semanas después de iniciado el semestre y 6 semanas después de esa primera encuesta. En estos casos, se les pidió que señalaran en una lista los nombres de sus compañeros a quienes consideraban amigos. Asimismo, les pidieron que de manera individual respondieran un cuestionario sobre rasgos de su personalidad, en particular sobre su nivel de extroversión e introversión.

Una vez con estos datos, el análisis de los mismos reveló cierta tendencia de reunión de los iguales, es decir, los extrovertidos señalaban a otras personas extrovertidas como sus amigos y, en otro sentido, los introvertidos hacían lo propio con sus pares en personalidad.

Curiosamente, un estudio más detallado reveló que este resultado podría ser sólo un efecto del propio comportamiento del sistema, sobre todo en lo que toca a los extrovertidos, quienes al reunirse con otros similares a ellos crean esta red que sólo en apariencia se compone de muchas más personas, lo cual no es estrictamente cierto, pues el número real es igualmente limitado o incluso menor, pero por el carácter de sus integrantes parece ser mayor.

De nuevo la paradoja es que quizá sólo los introvertidos sean dueños de una ponderación más exacta, o más apegada a la realidad, del tamaño de las redes sociales de las que forman parte.

Oscuras ilustraciones de obras de Poe y Wilde cuestionan las costumbres de la época victoriana

Por: pijamasurf - 09/28/2015

Aubrey Beardsley realizó entre 1893 y 1894 una serie de ilustraciones poco convencionales y sumamente decadentes de la obra de teatro Salomé, de Oscar Wilde, y de cuatro cuentos de Edgar Allan Poe
[caption id="attachment_100976" align="aligncenter" width="530"]Aubrey_Beardsley_-_Edgar_Poe_2 Ilustración: Aubrey Beardsley, "El gato negro"[/caption]

Uno de los personajes más eruditos de la novela ¡Absalón, Absalón! de William Faulkner pinta un cuadro de una escena gótica comparándolo con un dibujo de Aubrey Beardsley. Al igual que Faulkner, Beardsley fue irresistiblemente atraído por "lo grotesco y lo erótico", como escribe The Paris Review, y su trabajo fue muy favorecido entre los poetas franceses y británicos de su tiempo. La apreciación del estilo modernista de Beardsley era algo más que la propia novela juvenil de Faulkner, sin embargo, Beardsley creó una estética gótica moderna que llegó a representar tanto el estilo art nouveau como el decadente, la literatura transgresora durante décadas por venir, presentando un desafío visual y seductor a la represión de la “respetabilidad” victoriana.

Beardsley era un esteta joven con una gran imaginación literaria. En su corta carrera (murió a la edad de 25 años) ilustró muchas de las obras de Edgar Allan Poe (antepasado de American Gothic), así como la famosa y escandalosa obra de teatro Salomé de Oscar Wilde, en 1893, ante la sorpresa de su autor, quien más tarde inscribe una copia ilustrada con las palabras: "Porque el único artista que, además de mí, sabe cuál es la Danza de los siete velos". 

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La creación conjunta de Beardsley y Wilde abrazó lo macabro y cuestionó las normas sexuales victorianas. Después de una cancelación abrupta para la inauguración de Salomé, en Inglaterra, la edición ilustrada introdujo lectores británicos a los temas inquietantes de la obra. La Biblioteca Británica cita al crítico Peter Raby, quien argumenta, "Beardsley dio al texto de su primera verdadera representación pública y moderna, colocando con firmeza dentro de la década de 1890 una imagen preocupante para los elementos oscuros de la crueldad y el erotismo, así como de la ambigüedad deliberada y confusión de género, que se liberan de la obra de Wilde como si estuviera abriendo la caja de Pandora”.

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La obra de Wilde fue ostensiblemente suspendida por su retrato de los personajes bíblicos, prohibidos en los escenarios de la época. Además, "tocó una fibra sensible", escribe Yelena Primorac en Victorian Web, con su "representación de la mujer en oposición extrema a la noción tradicional de virtuosa, pura, limpia y asexual feminidad con las que los victorianos se sentían cómodos viviendo".

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Es difícil pensar en el texto de Wilde y las imágenes de Beardsley independientes uno del otro, esta colaboración se volvió tan estrechamente ligada que han sido identificados como uno solo por más de 100 años. Y sin embargo, los dibujos no siempre se corresponden con la narración. En su lugar, presentan un tipo de texto paralelo, densamente tejido, sí, con alusiones visuales y literarias, muchas de ellas extraídas de preocupaciones, como el simbolismo del cabello de las mujeres, por ejemplo, como un emblema de seducción amenazante de la sexualidad femenina sin restricciones. 

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Por otro lado, "cuatro ilustraciones de obras de Edgar Allan Poe fueron encargadas a Aubrey Beardsley por Herbert S. Stone and Company, en Chicago, en 1894 como elemento decorativo para una colección de varios volúmenes de las obras del autor", escribe el artista y diseñador John Coulthart. "El gato negro (la imagen del inicio de este artículo) es el más reproducido de ellas". El Literary Archive blog argumenta que "lo que las ilustraciones de Beardsley nos dicen es que las historias de Poe no son estáticas", al contrario:

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