*

X

Nada es lo que parece: el motto que por razones científicas y filosóficas debería guiar nuestra vida

Por: pijamasurf - 09/08/2015

Existe una brecha ineludible entre la realidad y la percepción que nuestro cerebro se hace de ella, un principio filosófico y de la neurociencia moderna que tiene implicaciones en otros aspectos de nuestra existencia
4471509276_2e77db05fd_b

Imagen: PowerPatrick (Flickr)

De todos los seres vivientes, es posible que el ser humano sea el único capaz de dudar sistemáticamente sobre su percepción de la realidad. Quizá otros animales de inteligencia superior como los chimpancés o los perros puedan atisbar algún tipo de confusión respecto de lo que ven o lo que tocan, pero el ser humano es la única especie que ha hecho de dicha duda toda una disciplina. La ciencia y la filosofía son, por ponerlo de manera general, demorados intentos por contestar a esa pregunta sobre la naturaleza de la percepción y la realidad del mundo.

De acuerdo con ciertas explicaciones es posible que ese recurso de la duda sea la manera que encontró nuestro cerebro, en el azaroso camino de su evolución, para responder a la incertidumbre propia de este mundo. Así lo afirma Beau Lotto, neurocientífico del University College London, entrevistado recientemente para el sitio Nautilus y de quien nos hemos ocupado antes aquí en Pijama Surf.

Lotto traza ahí una breve historia de nuestra percepción a partir de un motivo específico: las llamadas “ilusiones ópticas de brillo”, por las cuales podemos creer que el color de un objeto es más claro o más oscuro dependiendo del brillo que tenga el fondo contra el que se encuentra. Nuestra visión, continúa el investigador, está diseñada para notar contrastes, lo cual a su vez nos permite distinguir formas, tal y como sucede en los depredadores más refinados. Paradójicamente, este desarrollo avanzado también nos hace ver lo que no está ahí ni es la realidad objetiva. En estas imágenes, las losetas del piso tienen el mismo color, pero el contraste del fondo las hace parecer distintas a nuestra mirada: 

1

Imagen: Beau Lotto/NAUTILUS

 

2

Imagen: Beau Lotto/NAUTILUS

Todo lo que nos concierne —dice Lotto—  es un tipo de percepción. La experiencia que tenemos de nosotros mismos, de los demás, del mundo: todo aquello que pensamos, creemos, concebimos, comienza con la percepción. Y el brillo es nuestro modo más elemental de percepción. No hay nada más básico que eso: ver la luz. Las ilusiones de brillo nos revelan que incluso en el nivel más básico, no podemos verlo todo. El cerebro no evolucionó para ver absolutos. Evolucionó para ver relaciones y para ver aquello que es útil para conducirse. Si esto es cierto con el brillo, tiene que ser cierto para todo lo demás, incluso para conceptos abstractos.

Esta, en cierta forma, es la gran enseñanza de las ilusiones ópticas. Nos recuerdan que nuestra percepción es eso, la manera en que aprehendemos el mundo, pero no es el mundo mismo. Una confirmación, por otra vía, de que el mapa no es el territorio. El dilema, sin embargo, es que esta es nuestra única forma de aproximarnos a la realidad, es la imagen que tenemos de esta, su representación, y no nos es posible trascenderla. Incluso si, por ejemplo, tecnológicamente seamos capaces de reproducir la visión de un lince o el oído de un perro, lo viviríamos desde nuestra experiencia como seres humanos.

Por ejemplo, nuestra capacidad de guiarnos por medio de patrones. La información del mundo se encuentra libre, hasta cierto punto podría incluso decirse que liberada de sentido, pero para comprenderla nuestro cerebro se guía por patrones que crea apenas la percibe. En un experimento sencillo con números dictados al azar, Lacan demostró alguna vez la estructura fundamentalmente paranoica del yo, esa tendencia nuestra a mirar relaciones donde tal vez no exista nada pero que, aun así, no importa, porque es la manera que tenemos de conducirnos y sobrevivir. Para Lotto, esto es un “valor de comportamiento” y, en el caso de nuestra especie, también se trata de un recurso que se ha transmitido de generación en generación hasta quedar grabado en una suerte de código genético cultural.

La percepción, así, está asentada sobre estructuras labradas a lo largo de muchos siglos que, además, reforzamos todos los días en cada uno de los usos exitosos que les damos. Por eso, por momentos, se asemeja también a una cárcel de la cual parece imposible escapar, un encierro posiblemente enriquecido y aún enigmático, pero a fin de cuentas una suma de límites que no tenemos la capacidad de trascender. ¿O sí? Ante una pregunta expresa de la entrevistadora Claire Cameron, Lotto asegura que un cambio en nuestra percepción es posible:

Lo hermoso de las ilusiones [ópticas] es que nos muestra que todo lo que hacemos está edificado sobre la suposición. Si observas una ilusión sin saber que es tal, obtienes una percepción de la realidad. Pero tan pronto como descubres que es una ilusión, tu cerebro hace algo asombroso: mantiene en un mismo momento dos realidades que son mutuamente excluyentes. Las dos losetas se ven diferentes, pero yo sé que son la misma. Conceptualmente, no es distinto decir: “Estoy experimentando una realidad hoy, pero puedo imaginar otra mañana”. La única forma de iniciarse en el proceso de ver de manera diferente es darse cuenta de eso.

 

En este enlace, más notas sobre ilusiones ópticas en Pijama Surf

¿Quieres asustarte un poco? Descubre con esta herramienta cuánto sabe Facebook de ti

Por: pijamasurf - 09/08/2015

Likear, comentar y compartir contenido son acciones en apariencia elementales que, sin embargo, revelan más información sobre nosotros de la que suponemos
[caption id="attachment_100042" align="aligncenter" width="491"]14697904421_d353582ae4_b Imagen: Bhupinder Nayyar (Flickr)[/caption]

Todos los días, en distintos momentos del día, millones de personas utilizan Facebook, sin duda la red social más popular de nuestro tiempo. Sus usuarios activos se calculan (hasta marzo de este año), en 1.18 mil millones de personas, casi 17% de la población mundial actual. Todo el día, en distintos momentos del día, desde hace casi 10 años.

Desde el punto de vista individual, la actividad en Facebook podría parecer banal y quizá hasta inocente. El usuario publica un comentario sobre su estado de ánimo o sobre algún suceso del lugar donde vive, hace saber a sus amigos que está atorado en un embotellamiento vehicular o comparte el video de la canción que no puede dejar de escuchar en ese momento. Da like a publicaciones similares, comenta, actualiza su foto de perfil, felicita a alguien por su cumpleaños y un largo, nutrido y, se creería, trivial etcétera.

Sin embargo, en un ejercicio de perspectiva que nos sacara de dicho individualismo miope podríamos, por un lado, darnos cuenta de que quizá las acciones anodinas de una o dos personas son insignificantes, pero cuando son tantas como las de los usuarios activos de Facebook, al menos son para mirarse con más detenimiento.

Por otro lado, por más que visto así, masivamente, la actividad en Facebook nos parezca una feria de vanidades, cada una de esas interacciones es como una pequeña cifra de la subjetividad de quien la realizó. Siempre, en las decisiones que tomamos está volcado lo que somos, nuestras creencias, nuestras aversiones, las cosas que nos gustan y, por eliminación, las que nos desagradan. Por eso dar un like no es, inocentemente, sólo dar un like.

En Facebook se sabe esto. Se sabe que, hasta cierto punto, la naturaleza humana es reductible a un algoritmo, comprensible por medio de estadísticas y modelos de predicción. Que un diagrama de flujo puede trazar, con un grado aceptable de precisión, el curso que seguirá una vida. Que la información, organizada, se transforma en conocimiento –y este, orientado, en poder.

¿Qué tanto puede saber Facebook de ti tomando en cuenta tu actividad en la red social? Esa es la pregunta que responde la herramienta Apply Magic Sauce, desarrollada por el Psychometrics Centre de la Universidad de Cambridge. Además de datos básicos como edad o género, la predicción arrojada incluye tendencias de personalidad y políticas, satisfacción con la propia vida, nivel de inteligencia, orientación sexual y religiosa, nivel educativo e incluso situación sentimental, todo basado en ese cúmulo de likes, comentarios y contenido compartido.

La herramienta se encuentra disponible en este enlace y sin duda es un buen recurso para darnos cuenta de todo aquello, personal, que estamos tributando voluntaria aunque quizá no conscientemente a Facebook.