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La vaquita marina, el axolotl, el kakapo y el rinoceronte blanco, son algunos de los animales que, con apenas unas decenas de sobrevivientes, están en riesgo crítico de desaparecer

portada

Pocas cosas en el mundo natural resultan más estremecedoras que el ocaso de una especie. En especial si los organismos en cuestión han sido orillados a la erradicación total por motivos que no les atañen directamente ni obedecen a procesos naturales. Historias evolutivas interrumpidas por la injerencia del Homo sapiens, linajes antiguos truncados por la destrucción masiva del entorno, cacería desmedida, calentamiento global, introducción de especies exóticas invasoras, contaminación y demás rubros que definen la oscura época del Antropoceno. Entes emblemáticos como el pájaro dodo de las islas Mauricio o el demonio de Tasmania, extintos por nuestras manos en siglos pasados, o el delfín del río Yangtsé y el sapo dorado de Costa Rica, cuyos últimos ejemplares se desvanecieron de la faz de la Tierra en años recientes. Zoologías notables como el oso plateado mexicano o el pájaro carpintero imperial, que nunca veremos más que disecados en museos. Biodiversidad perdida para siempre, grupos taxonómicos que únicamente perduran en los libros y los recuerdos, con la certidumbre inquietante de que día con día la infame lista de desapariciones biológicas incrementará conforme el desarrollo humano sea el que marque el compás de la cotidianidad del planeta.

¿Nos encontramos en las primeras fases de una nueva extinción masiva? Difícil saberlo, sólo a posteriori es posible determinar un evento de tal magnitud; los estratos fósiles que dejemos como huella de nuestro breve pero devastador paso por el mundo serán los testigos finales. Sin embargo, al menos en lo que acontece con los anfibios alrededor del mundo, todo parece indicar que el camino se dirige en esa lamentable dirección.

Muerte o encierro, a ese grado desesperado es al que hemos empujado a otra cifra considerable de especímenes que, aunque en términos formales aún no pueden ser decretados como extintos, sólo habitan en zoológicos y centros de conservación. Organismos como el lobo gris mexicano, que ya no puede ser encontrado en estado salvaje y cuyos escasos miembros restantes están condenados al cautiverio eterno. ¿Cuál es el punto de “salvar” a una especie de la desaparición si no se conserva también el sitio en donde habita? Tristemente, para numerosos casos de fauna el tiempo de encontrar una respuesta a esta interrogante se está agotando aceleradamente y, a menos que se tomen medidas drásticas y efectivas a la brevedad, sus horas en el medio silvestre están contadas. Estos son algunos de los animales que en la actualidad se confrontan con el peligro de extinción más inminente; algunos ya están virtualmente perdidos, pero para otros aún queda una ligera esperanza.

rinoceronte blanco

 

Rinoceronte blanco del norte (Ceratotherium simum cottoni)

Con toda seguridad el rinoceronte blanco del norte es el animal que hoy en día adolece de la situación más precaria. Quedan apenas cuatro ejemplares con vida, tres de ellos en un área natural protegida en Kenia (resguardados 24 horas al día por guardias armados) y una hembra en el zoológico de San Diego. El único macho que sobrevive es viejo y su posible reproducción parece improbable, y aun cuando se pudiera fraguar la inseminación artificial de alguna de las hembras, la variabilidad genética no es suficiente como para restablecer una población, así que en términos estrictos estos organismos se podrían considerar como ya extintos. Durante mucho tiempo se les consideró como una subespecie, pero estudios recientes sugieren que quizás se trate de una especie diferente que las poblaciones de rinocerontes blancos del sur de África (que dicho sea de paso, ni los del norte ni los del sur son en verdad blancos, su nombre común proviene de un desliz de los colonizadores europeos que confundieron wide con white, en realidad el mote local hace referencia a que estos rinocerontes tienen el labio cuadrado y ancho y no al color de la piel). La alta demanda de su notable cuerno –el más largo entre todos los de su tipo, alcanzando precios que rebasan los cientos de miles de dólares por pieza en el mercado negro asiático– aunada a la caería furtiva consecuente, son la razón principal de su trepidante desaparición: de 1960 a 1984 la población se redujo de más de 2 mil individuos a cerca de 15. Situación que enfrentan todas las especies de rinoceronte, diezmadas por un motivo tan trivial y cuestionable como que los chinos confieran propiedades medicinales y afrodisíacas a su cuerno. No sólo resulta deprimente estar al borde de perder a estas magnificas bestias, sino francamente estúpido.

rinoceronte asesinado por cuerno mercado negro cuerno

 

Rinoceronte de Java (Rhinoceros sondaicus)

La otra especie que en poco tiempo podría estar inmersa en un escenario igualmente fatídico que el del rinoceronte blanco del norte es el rinoceronte de Java, Rhinoceros sondaicus, variedad enana de estos mamíferos que hasta hace no mucho podía ser encontrada en las selvas de todo el sur de Asia, incluyendo Vietnam, Malasia, Camboya, Tailandia e Indonesia, pero que hoy en día tan sólo habita en un diminuto parque natural de la isla de Java. El último conteo, realizado en 2012, reportó que quedan apenas 29 ejemplares, lo cual le confiere, junto con su pariente africano, el título del “mamífero de gran porte más raro de la Tierra”.

Javan rhinoceros in Ujung Kulon National Park, Java, Indonesia

 

Vaquita marina (Phocoena sinus)

La vaquita marina es una marsopa (mamífero marino pariente de los delfines y las ballenas) endémica del alto golfo de California. Presenta cabeza achatada con manchas oscuras en los ojos y boca, es color gris plomizo y rara vez supera el metro y medio de largo. Su naturaleza es tímida (nunca se ha podido fotografiar ni filmar a un individuo bajo el agua) y suele nadar en pareja. Se trata del cetáceo más pequeño del mundo y, hoy en día, el que afronta el riesgo de extinción más inminente: su situación actual es tan lúgubre que se estima, según datos de Greenpeace y la CONAM, que solo quedan 57 ejemplares con vida.

vaquita marina

 

Totoaba (Totoaba macdonaldi)

La razón de ello es que comparte su área de distribución con la totoaba, Totoaba macdonaldi, un pez de talla grande y aspecto osco, también endémico de la región, que en tiempos pasados se contaba por cientos de miles, pero la sobrepesca y el factor de que su vejiga natatoria sea tremendamente codiciada en China –alcanzando precios de hasta 60 mil dólares por pieza en el mercado negro de Hong Kong– lo han empujado también al borde de la extinción y actualmente está prohibida su captura. Al parecer, en el oriente lejano, el órgano del pez, antes considerado como alimento afrodisíaco, en el presente representa uno de los máximos símbolos de estatus o poder posibles (pensemos, por ejemplo, en el regalo que le podría dar un empresario chino a un político ambicioso para sobornarlo). La relación entre ambas especies es desfavorable para la vaquita marina, pues aproximadamente 70% de mortandad de la especie se debe a que cae en las redes ilegales que ansían tomar parte en el poderoso flujo capital de la economía totoabera.

vejiga totoaba totoaba

 

Kakapo (Strigops habroptilus)

El kakapo es un perico de gran tamaño oriundo de Nueva Zelanda y las islas adyacentes. Se trata de un ave muy particular en lo que a pericos se refiere, es el único de su tipo que no posee la habilidad del vuelo, ostenta el título del perico más pesado del mundo (llega a pesar hasta 4kg y medir 60cm de largo) y es el único de hábitos completamente nocturnos. Su cuerpo se encuentra recubierto por una capa espesa de plumas cortas con coloración jaspeada que integra distintos tonos de verde, amarillo, café, negro y dorado. Habita en los bosques húmedos, inclinándose por una existencia solitaria. Durante la mayor parte de su historia evolutiva el kakapo no tuvo depredadores, lo que lo tornó un organismo de naturaleza más bien despreocupada. El problema surgió con la llegada de los colonizadores y la introducción de especies exóticas al ecosistema: ratas, gatos, hurones, perros y demás ejemplares de fauna domestica asociados a los asentamientos humanos. En menos de 1 siglo la población de kakapos se redujo trepidantemente hasta prácticamente ser erradicada en su totalidad, desapareció de varios lugares de su área de distribución y durante algunos años se le consideró como extinta por completo. En su peor momento se estima que no llegaba a más de 50 ejemplares, hasta que en 1989 se creó el programa de recuperación del kakapo. Realizando esfuerzos tremendos y gracias a un fondo generoso del gobierno, el grupo de conservación localizó, capturó y reubicó a los escasos sobrevivientes en tres islas pequeñas libres de especies invasoras: Codfish, Anchor y Little Barrier. Hoy en día se han recuperado ligeramente, contándose la población total en 156 individuos.

kakapo

 

Ajolote de Xochimilco (Ambystoma mexicanum)

Quizás el axolotl no necesite carta de presentación. Después de todo, poseer los secretos de la eterna juventud, ostentar el grado de deidad precolombina, haber figurado durante siglos como un enigma biológico infranqueable y ser personaje recurrente en textos literarios y científicos, no son logros que muchos otros anfibios puedan presumir. Con su impresionante regeneración morfológica –que lo dota con la capacidad de regenerar apéndices perdidos como ojos, extremidades, cola y hasta órganos internos– y su carácter neoténico –rasgo que refiere a su posibilidad de engendrar descendencia sin necesidad de realizar la metamorfosis, es decir sin atravesar por los cambios típicos a los miembros del grupo para alcanzar la etapa adulta– el pequeño monstruo del pantano mexicano es, sin duda, uno de los organismos más notables del mundo. Antes sumamente numeroso en los lagos y humedales que bañaban el gran valle de México, hoy en día sólo se le encuentra en los canales de Xochimilco. Su panorama es sombrío en extremo, debido a la degradación del área, alta contaminación y desecación de los cuerpos de agua, así como a la introducción de especie invasoras nocivas como la carpa y la tilapia y las presiones constantes del mercado ilegal de mascotas, los ajolotes actualmente se confrontan con una situación muy alarmante. De 1998 a 2008 la densidad poblacional de estos organismos decreció de aproximadamente 6 mil individuos por kilómetro cuadrado, a menos de 100. Se estima que actualmente la población total de la especie en vida libre es menor a mil; algunos investigadores incluso han determinado que no quedan más de un par de decenas. Lo que es seguro es que su extinción es inminente.

axolotl

 

Leopardo del Amur (Panthera pardus orientalis)

Es la variedad o subespecie de leopardo más rara que existe y el felino más gravemente amenazado. Su población solía extenderse desde China y Rusia hasta Corea, sin embargo, debido a la cacería con fines peleteros (explotación comercial de su piel), reducción del hábitat y matanza indiscriminada en las zonas contiguas a asentamientos humanos, hoy en día sólo se le puede encontrar en la reserva de Sijoté-Alín, Siberia. Se estima que quedan entre 25 y 34 especímenes en libertad y otros 100 repartidos en zoológicos alrededor del mundo. Lo que destaca a este leopardo del resto de sus congéneres es que su pelaje es más denso y largo, con tonos dorados y naranjas durante el invierno y amarillo pálido y ocre durante el verano.

Leopardo-de-Amur

 

Podríamos incluir varias especies más en esta lista que, aunque sus números aún no rebasan la penosa cantidad de menos de 100 ejemplares, sus poblaciones están en constante reducción y se les considera como críticamente amenazadas, tal es el caso del aye-aye de Madagascar, el delfín de Irrawaddy del sureste asiático, el elefante de Sumatra, el gorila occidental de tierras bajas, el gorila de montaña, el buey de Vu Quang de Vietnam y Laos, el tigre siberiano, el águila arpía y el lémur del bambú. Y si los acontecimientos siguen su curso en poco tiempo también habría que agregar al orangután, al pangolín, al leopardo de las nieves, al panda gigante, a varios tipos de cetáceos y otros mamíferos marinos, así como atunes, tiburones, tortugas, camaleones, armadillos, monos y un sinfín de especies de ranas y salamandras.

Pero en lugar de sentir depresión e impotencia ante la trágica perdida de biodiversidad zoológica, es mejor encausar el coraje hacia los esfuerzos de conservación. Actos tan sencillos como evitar consumir productos elaborados con aceite de palma, por ejemplo, podrían tener una consecuencia importante para los sobrevivientes salvajes de todo Indonesia. Y claro, intentar inmiscuirse en los programas locales también es fundamental, para los habitantes del D. F. esto significa sumarse a la lucha por salvar al axolotl, aún es tiempo, pero se necesita presionar a las autoridades correspondientes para que tomen medidas inmediatas. Porque al final el peor enemigo de la fauna, además de los factores que les impactan directamente, es la ignorancia y la indiferencia.   

 

Twitter del autor: @cotahiriart

Contar el desastre: réplicas a 30 años del terremoto de 1985

Por: Javier Raya - 09/19/2015

Contar los eventos trágicos, al igual que los felices, conforma la memoria colectiva y da lugar a formas diferenciadas y particulares de habitar el mundo

desastre-sismo-1985

El 19 de septiembre de 1985 mi mamá salió a despedir a mi papá que salía a trabajar. Estaban en la puerta de nuestra casa de entonces cuando se sintieron los primeros movimientos: sacudidas moderadas que poco a poco se fueron tornando violentas, hasta hacer que los postes de alumbrado público se movieran como metrónomos. La señal de televisión y radio se interrumpió, en casa no hubo teléfono hasta años después, por lo que pasó mucho tiempo antes de que pudieran informarse de la salud de nuestros familiares y la verdadera magnitud del daño. Mientras tanto, ausente de todo, yo entraba plácidamente en mi noveno mes de gestación.

Mi familia no estuvo entre las millones de afectadas, pero si le preguntan a cualquier chilango de más de 40 años seguramente podrá recordar exactamente dónde estaba en ese momento. En poco más de 1 minuto, el sismo de 8.1 grados en escala de Richter provocó daños irreparables en términos humanos, materiales y morales. Junto con la fuerte réplica del día 20, el saldo fue de unos 100 mil edificios colapsados, las pérdidas humanas ascendieron a más de 10 mil habitantes, los servicios básicos de agua y electricidad se interrumpieron en amplias zonas, y una grieta irreparable dividió el tiempo mexicano en dos. 

La memoria del terremoto del 85 quedó irremediablemente ligada a la unidad habitacional Nonoalco Tlatelolco, donde llegué a vivir con mi pareja y mis hijos hace cosa de año y medio, por un extraño azar. En el lugar donde estuvo el edificio Nuevo León hoy se puede visitar una pequeña plaza con un reloj de sol que marca siempre la hora del sismo (7:19am), así como una placa conmemorativa. 11 edificios más tuvieron que ser demolidos en la unidad por daños estructurales, e investigando un poco pude saber que el edificio donde vivo tiene nada menos que 1.5 grados de inclinación. Los residentes que decidieron quedarse --o que no tuvieron más remedio-- se enfrentaron a la incompetencia gubernamental que detonaría el famoso "nacimiento de la sociedad civil" del Distrito Federal: primero como grupos de rescatistas improvisados, filas para remover escombro o para repartir alimento a los damnificados, y posteriormente como formas de organización política comunitaria de grupos como Unidos por Tlatelolco o la Asamblea de Barrios, integrada por gente que decidió organizarse bajo lemas como "Nuestra sumisión quedó bajo los escombros" para exigir el involucramiento real del gobierno más allá de las promesas y relaciones públicas. A raíz del temblor del 85, la administración pública de Tlatelolco (que alberga aún a más de 10 mil familias) sigue recayendo en gran medida en los vecinos.

Supongo que solamente los chilenos y los japoneses tienen una conciencia tan clara de lo que es vivir en una zona sísmica. Se vuelve costumbre improvisar sismógrafos en lámparas o cualquier objeto pendular; las conversaciones se interrumpen súbitamente, y el tono cambia del júbilo a la alarma: "¿Está temblando?". Después del evento --frecuente, es cierto, pero nunca desde el 85 realmente caótico, la pregunta entre preocupada y cándida es "¿Cómo te fue de temblor?", porque los movimientos sísmicos, sin importar su magnitud, son el origen de crónicas animadas, medio trágicas y altamente subjetivas que dicen más de los improvisados cronistas que de los sismos en sí: la crónica colectiva ayuda a paliar el miedo, ahuyenta y llama por su nombre a los fantasmas y forma el sentido de la comunidad a través del relato y la memoria en la medida en que un evento colectivo, especialmente los desastres, adquiere una dimensión humana cuando es contado.

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Esta mañana, a las 7:19am, sonaron las campanas de la iglesia, se detonaron cohetes y sonó en las plazas el inexplicable toque de bandera, como en las ceremonias oficiales, en la conmemoración de los 30 años del terremoto. Me parece triste que cualquier ocasión solemne de naturaleza colectiva en este país, desde un partido de futbol hasta la inauguración de un edificio público, implique la música oficial, el toque de bandera y el Himno Nacional. Es increíble que nuestra imaginación, tan productiva en otros ámbitos, sea tan limitada para la celebración y el luto, esos polos de lo social. Ignacio Padilla aborda el tema en Arte y olvido del terremoto (Almadía, 2015), donde acusa la falta de narrativa literaria del suceso, el cual es clave para la renovación periodística y gráfica del período. A pesar de que falte la "gran novela" del 85, Padilla afirma en entrevista con Excélsior que "el terremoto está implícito en todo cuanto escribimos quienes lo vivimos hace 30 años. Fue para mis contemporáneos una marca generacional indisputable, junto con otros dos derrumbes: el del Muro de Berlín, el 10 de noviembre de 1989, y el de las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001".

Una de mis citas favoritas es aquella donde escribe María Zambrano que "no es completamente desdichado el que puede contarse a sí mismo su propia historia". Así como la generación anterior falló en integrar los aprendizajes de la organización civil posterior al terremoto, seguramente mi generación fallará en concretar una alternativa democrática al partido oficial, en habitar formas de vida que se opongan a la corrupción como forma de gobierno, y en un ámbito más modesto, en una propuesta estética que no deje sin contar --que no deje sin memoria, doblemente olvidados-- los sucesos que nos marcaron a nosotros: el terremoto de 1985 es uno de ellos, pero se me ocurre también el fracaso de nuestra participación en las elecciones de 2006 y 2012, o la impunidad insultante en la guerra contra el narcotráfico del calderonismo y las reiteradas violaciones a los derechos humanos del peñismo, en casos como Atenco, Tlatlaya y Ayotzinapa. Así como fallaremos en dar un recuento sólido de estos eventos (¿la generación de Homero fue realmente exitosa en su recuento de la caída de Troya? ¿Los cronistas de Indias agotaron el espectro posible del choque y dominación de culturas durante la Conquista?), tal vez fallaremos también en narrar las cosas que nos alegran y nos emocionan. Entonces hay que traer a colación otra de mis citas favoritas, esta vez de Samuel Beckett: "Siempre lo intentaste. Siempre fallaste. No importa. Inténtalo otra vez. Falla otra vez. Falla mejor".

 

Twitter del autor: @javier_raya