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Paradójicamente, entender a la sociedad puede volver solitaria a una persona (ESTUDIO)

Por: pijamasurf - 08/17/2015

Un experimento psicológico demuestra que las personas catalogadas como solitarias tienen una comprensión refinada de las normas sociales en torno suyo pero, al mismo tiempo, la angustia de interactuar bajo presión les impide ponerlas en práctica
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Imagen: Nishad T R (Flickr)

La soledad es una condición paradójica. En la modernidad se trata de una de las situaciones dialécticas que mayor asombro y confusión provocó entre poetas, artistas, filósofos y demás espíritus sensibles: ¿cómo podía ser que en sociedades de miles y aun millones de habitantes haya gente que se sienta sola? De ahí, por ejemplo, el tópico romántico del individuo que en medio de una multitud se siente solo. Este fenómeno podría tener una explicación psicológica que, más allá de desmitificarlo, parece otorgarle aún más misterio.

Hace unas semanas, un equipo de investigadores publicó un estudio a propósito de la manera en que las personas consideradas “solitarias” aprenden y ponen en práctica las llamadas habilidades sociales y cuál es la relación de dicho comportamiento particular con su propia soledad.

El experimento ―dirigido por Megan L. Knowles, profesora en el Franklin & Marshall College― consistió en examinar las habilidades sociales de 86 estudiantes universitarios pidiéndoles que reconocieran, sobre la pantalla de una computadora, la emoción desplegada en 24 rostros: enojo, miedo, felicidad o tristeza. Los voluntarios, sin embargo, fueron divididos en dos grupos: a uno se le dijo ambiguamente que sólo se trataba de una prueba teórica, y al otro que quienes fallaran demostrarían su dificultad para entablar y mantener relaciones de amistad. Este experimento se complementó además con un cuestionario con el que se indagó sobre el grado de soledad que cada persona percibía sobre sí misma.

Grosso modo, el propósito de esta diferencia era conocer la influencia de la presión social sobre la puesta en práctica de las habilidades mencionadas. Por estudios anteriores se sabe que, paradójicamente, las personas solitarias entienden mejor que otros las normas sociales, tácitas y explícitas, pero es su incapacidad de ejercerlas cuando se necesitan lo que provoca su aislamiento de los otros.

Conforme a la hipótesis planteada, los psicólogos encontraron que las personas más solitarias fueron las mismas que tuvieron un desempeño deficiente en la prueba cuando se sintieron bajo una presión excesiva.

Para confirmar que este era un factor decisivo en la dificultad para codificar las emociones mostradas, los investigadores repitieron el ejercicio pero ahora ofreciendo a los voluntarios una bebida que, aseguraron, contenía elevados niveles de cafeína, por lo que cualquier inquietud sentida sería producto de esta sustancia. Esto, en realidad, fue una sugestión, pero saberlo hizo que aquellos participantes que en la prueba anterior se habían sentido nerviosos por el temor a fracasar, en esta ocasión mejoraran su desempeño.

Los psicólogos explican esta singular respuesta por el hecho de que, con cierta frecuencia, las personas solitarias son quienes tienen un mejor entendimiento de las habilidades sociales; paradójicamente, esto provoca una suerte de pánico cada vez que tienen que emplearlas. Como dice Melissa Dahl en el sitio Science of Us, de alguna forma ese es dilema que enfrentan los solitarios, pues si quisieran abandonar ese estado, antes tendrían que prestar atención a la angustia que les provoca una relación personal, entenderla y resolverla.

 

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Tu información personal vale mucho más de lo que crees (y Facebook tendría que pagarte por ella)

Por: pijamasurf - 08/17/2015

La información personal que cotidianamente regalamos a plataformas y servicios en Internet vale mucho más de lo que recibimos a cambio

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Tal vez, el aspecto más costoso de nuestra inmadurez como usuarios sea el poco valor que hasta ahora hemos dado a nuestra información personal. Seducidos por nuevas aplicaciones y plataformas nos volcamos a entregar inicialmente una porción de nuestros datos y luego, durante el uso de estas, nos dedicamos a generar cantidades desmesuradas de data que en el mercado se cotizan cada vez más. Y lo anterior lo hacemos sólo a cambio de lo que esta red social o aquella herramienta nos facilitan. 

En pocos años hemos pasado de la emoción que nos generaba la supuesta gratuidad de muchos servicios digitales a darnos cuenta, poco a poco, de que en realidad están lejos de ser gratuitos y que de hecho estamos haciendo un intercambio tácito en el que, hoy sabemos, estamos siempre perdiendo. Ello se manifiesta, como en ningún otro caso, en Facebook. Si bien muchas compañías están operando bajo este nuevo modelo, comercializando la información personal de los usuarios, sin duda la que mejor lo ha logrado es esta red social –en buena medida porque es la que más y más precisa información guarda sobre los usuarios. 

En este sentido, Douglas Rushkoff nos advertía desde hace años:

Pregúntate quien está pagando por Facebook. Generalmente aquel que paga es el cliente. Y en este caso los anunciantes son los que pagan. [...] Nosotros no somos los clientes de Facebook, nosotros somos el producto. Facebook nos vende a los anunciantes.   

En un artículo recientemente publicado en The New Yorker, Tim Wu refuerza está noción, alegando que "la más valiosa innovación en el núcleo de Facebook no es haber concebido una red social (Friendster ya lo había pensado) sino la creación de una herramienta que convenciera a cientos de millones de personas de entregar tal cantidad de información a cambio de tan poco".

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El propio Wu cita el caso de Zeynep Tufekci, una socióloga que estudia las redes sociales y que escribió a Facebook solicitando una opción de paga a cambio de que su información no fuese utilizada bajo ningún fin comercial. Tufekci calculó en 20 centavos de dólar lo que Facebook gana por mostrarle a ella anuncios "targeteados". Obviamente su solicitud fue ignorada, y es que evidencia que la data personal que ella cede a cambio de usar Facebook es mucho más valiosa que el servicio o producto que está obteniendo a cambio.

Actualmente Facebook vale 270 mil millones de dólares, lo cual le implicó ganancias de 3 mil millones de dólares el año pasado. Y esto sin considerar que la información que acumula, y que sigue reuniendo mientras lees esto, no está siendo completamente explotada, y en un futuro podrían encontrarse nuevas formas de sacarle jugo. Es decir, Facebook no sólo genera inconmensurables cantidades de dinero, sino que va acumulando un capital que eventualmente podrá monetizar de muchas otras maneras. Todo su modelo de negocio se basa en nuestra data personal, aquella que dócilmente le cedemos cada día, en cada sesión. 

Aquí lo más importante es, primero, darnos cuenta de que servicios como Facebook están lejos, muy lejos de ser gratuitos. En realidad nos cobran contra dos capitales que cada vez parecen más valiosos, mucho más de lo que recibimos a cambio de ellos: la atención y la información personal. Una vez que hacemos esto consciente entonces tendríamos que ejercer presión para dar a entender a estas compañías, en este caso Google, que finalmente sabemos que como producto valemos mucho más de lo que nos dan a cambio. Con un poco de presión colectiva Zuckerberg y otros tendrían que, al menos, empezar a considerar repartir el monumental pastel del cual llevan ya unos años disfrutando. 

Recuerda que, si usas Internet, entonces ya es hora de que defiendas tu privacidad y le des a tu información personal el valor que realmente tiene.