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De cómo una infección estomacal puede disparar síntomas de enfermedades mentales (ESTUDIO)

Por: pijamasurf - 08/17/2015

Una bacteria común del sistema digestivo podría ser la causa de violentos e inesperados cambios de comportamiento pediátrico que antes eran considerados dentro de la gama de las enfermedades mentales
Streptococcus agalactiae (Wikimedia)

Streptococcus agalactiae (Wikimedia)

Un controversial diagnóstico parece relacionar los cambios súbitos de comportamiento en niños (que muchas veces son interpretados y tratados psiquiátricamente, con desastrosas consecuencias) con un estreptococo muy común; conocido como Desórdenes Pediátricos Autoinmunes Neuropsiquiátricos Asociados con Estreptococos, o PANDAS, por sus siglas en inglés, dicho diagnóstico le ha devuelto la infancia a muchos niños, aunque las investigaciones no son todavía concluyentes.

Un caso típico de PANDAS puede comenzar como el de Isak McCune, quien a los 3 años presentó una carraspera de garganta muy agresiva, que eventualmente lo hacía tener horribles temores, lo incapacitaba para ir al baño solo y lo bombardeaba con la imagen de la muerte. Según sus padres, el niño oía voces y tenía alucinaciones visuales, lo que se relaciona con un cuerpo creciente de testimonios donde los niños afectados por PANDAS presentan síntomas de Alicia en el país de las maravillas, como cambios súbitos en la percepción del tamaño y alucinaciones.

Los padres de Isak agotaron los pabellones psiquiátricos y se prepararon para la posibilidad de internar a Isak definitivamente. Estuvo un tiempo en Prozac sin signos de mejora (sino al contrario). Sin embargo, a 3 años y medio de que comenzaran los síntomas, un pediatra de Boston le suministró a Isak azitromicina, un antibiótico común; los síntomas del niño desaparecieron en cuestión de días.

Revisando la historia de los McCune, sus otros hijos también presentaron estreptococos en el sistema digestivo durante el tiempo en que su hermano estuvo enfermo; pero ¿por qué para algunos los síntomas se manifiestan en la conducta y la cognición mientras que en otros únicamente aparecen como una infección estomacal común? Según su padre, Adam McCune, "es como si él hubiera sido prisionero de guerra durante 4 años, y luego hubiera regresado un día de la nada. Tener a mi hijo de vuelta en cuestión de semanas fue increíble".

Susan Swedo, investigadora del Instituto Nacional de Salud Mental en Bethesda, Maryland, comenzó a explorar la relación entre el sistema inmune y el desorden obsesivo-compulsivo, y también con un misterioso síndrome conocido como 'mal de San Vito' o corea de Sydenham, que produce tics acumulativos en niños, como una versión agravada del DOC. Los síntomas aparecen de la nada y van acompañados de tics, carrasperas, ansiedad de separación, incontinencia nocturna e incluso cambios en la escritura debidos al declive de la función motora. En un estudio de 1998, Swedo analizó algunos casos, y notó que a menudo iban acompañados o precedidos de infecciones de estreptococos, por lo que acuñó el término PANDAS para sugerir una asociación --aunque no necesariamente una causalidad-- entre un estreptococo, el sistema inmune y la salud mental. 

Según los investigadores, la asociación de enfermedad mental e infecciones en otros sistemas del cuerpo solía ser la norma en la medicina del siglo XIX. Los enfermos de sífilis a menudo presentaban desordenes cognitivos que se parecen a la psicosis; la corea de Sydenham puede parecer para algunos una especie de posesión demoníaca paulatina que se va apropiando del cuerpo de los niños; en términos bioquímicos, los bacilos del estreptococo se disfrazan de proteínas para infectar el receptor; pero en algunos casos, cuando el sistema autoinmune trata de contrarrestar la enfermedad, los anticuerpos atacan el tejido cardíaco e incluso el cerebro. En la corea de Sydenham, los anticuerpos atacan el ganglio basal, una especie de semáforo que activa o inhibe la función de los músculos; si esta zona es atacada, el impulso motor se ve afectado y se presentan los perturbadores movimientos involuntarios.

Nuestra flora y fauna digestiva todavía no ha sido comprendida en su relación con la vida anímica: el siglo XX privilegió las explicaciones psiquiátricas o psicoanalíticas de la conducta, olvidando la continuidad de los sistemas del cuerpo en su imbricada interrelación; pero aunque PANDAS es un diagnóstico promisorio, sólo se presenta en uno de cada 2 mil casos de infección estomacal; Swedo estima también que PANDAS aparece apenas en 10 o 20% de los casos pediátricos de desorden obsesivo-compulsivo. Establecer si las bacterias nos controlan o nosotros nos servimos de ellas como parte de una milenaria relación simbiótica sigue siendo motivo de investigación.

Con información de Nautilus

 

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Paradójicamente, entender a la sociedad puede volver solitaria a una persona (ESTUDIO)

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Un experimento psicológico demuestra que las personas catalogadas como solitarias tienen una comprensión refinada de las normas sociales en torno suyo pero, al mismo tiempo, la angustia de interactuar bajo presión les impide ponerlas en práctica
[caption id="attachment_98931" align="aligncenter" width="538"]3431183668_29166c5a1c_o Imagen: Nishad T R (Flickr)[/caption]

La soledad es una condición paradójica. En la modernidad se trata de una de las situaciones dialécticas que mayor asombro y confusión provocó entre poetas, artistas, filósofos y demás espíritus sensibles: ¿cómo podía ser que en sociedades de miles y aun millones de habitantes haya gente que se sienta sola? De ahí, por ejemplo, el tópico romántico del individuo que en medio de una multitud se siente solo. Este fenómeno podría tener una explicación psicológica que, más allá de desmitificarlo, parece otorgarle aún más misterio.

Hace unas semanas, un equipo de investigadores publicó un estudio a propósito de la manera en que las personas consideradas “solitarias” aprenden y ponen en práctica las llamadas habilidades sociales y cuál es la relación de dicho comportamiento particular con su propia soledad.

El experimento ―dirigido por Megan L. Knowles, profesora en el Franklin & Marshall College― consistió en examinar las habilidades sociales de 86 estudiantes universitarios pidiéndoles que reconocieran, sobre la pantalla de una computadora, la emoción desplegada en 24 rostros: enojo, miedo, felicidad o tristeza. Los voluntarios, sin embargo, fueron divididos en dos grupos: a uno se le dijo ambiguamente que sólo se trataba de una prueba teórica, y al otro que quienes fallaran demostrarían su dificultad para entablar y mantener relaciones de amistad. Este experimento se complementó además con un cuestionario con el que se indagó sobre el grado de soledad que cada persona percibía sobre sí misma.

Grosso modo, el propósito de esta diferencia era conocer la influencia de la presión social sobre la puesta en práctica de las habilidades mencionadas. Por estudios anteriores se sabe que, paradójicamente, las personas solitarias entienden mejor que otros las normas sociales, tácitas y explícitas, pero es su incapacidad de ejercerlas cuando se necesitan lo que provoca su aislamiento de los otros.

Conforme a la hipótesis planteada, los psicólogos encontraron que las personas más solitarias fueron las mismas que tuvieron un desempeño deficiente en la prueba cuando se sintieron bajo una presión excesiva.

Para confirmar que este era un factor decisivo en la dificultad para codificar las emociones mostradas, los investigadores repitieron el ejercicio pero ahora ofreciendo a los voluntarios una bebida que, aseguraron, contenía elevados niveles de cafeína, por lo que cualquier inquietud sentida sería producto de esta sustancia. Esto, en realidad, fue una sugestión, pero saberlo hizo que aquellos participantes que en la prueba anterior se habían sentido nerviosos por el temor a fracasar, en esta ocasión mejoraran su desempeño.

Los psicólogos explican esta singular respuesta por el hecho de que, con cierta frecuencia, las personas solitarias son quienes tienen un mejor entendimiento de las habilidades sociales; paradójicamente, esto provoca una suerte de pánico cada vez que tienen que emplearlas. Como dice Melissa Dahl en el sitio Science of Us, de alguna forma ese es dilema que enfrentan los solitarios, pues si quisieran abandonar ese estado, antes tendrían que prestar atención a la angustia que les provoca una relación personal, entenderla y resolverla.

 

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