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"Complot para la paz" cuenta la historia de Jean-Yves Ollivier, empresario francés cuya participación en el conflicto sudafricano llevó a la liberación de cientos de prisioneros, terminó la guerra de Angola, selló la independencia de Namibia y contribuyó decisivamente a la liberación de Nelson Mandela
Imagen de: http://www.plotforpeace.com/premiere/success-london-premiere-curzon/attachment/23/

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De los archivos de una fundación privada para preservar la historia oral del continente africano surgió un personaje emblemático de una época vital para la región, cuya identidad estaba resguardada tras un velo de misterio. Mandy Jacobson, codirectora y productora de Complot para la paz (Plot for Peace), dio con un francés conocido como Monsieur Jacques, condecorado por el gobierno sudafricano del apartheid de P. W. Botha por haber ayudado a la liberación de prisioneros de guerra. Con esa información en la mente el nombre volvió a aparecer, ahora siendo condecorado por el presidente Nelson Mandela por su colaboración en la caída del régimen de segregación racial. Fue la única persona reconocida por ambas facciones antagónicas. Pocos sabían quién era ese hombre, ajeno al país, olvidado por la historia de varias naciones en las que jugó un papel preponderante, siempre tras las sombras. 

Complot para la paz cuenta la historia de Jean-Yves Ollivier, conocido con el alias de Monsieur Jacques, un acaudalado empresario francés nacido en Argelia antes de la independencia. Su participación en el conflicto sudafricano es doblemente extraordinaria: por un lado, su labor diplomática, sin tener puesto público alguno, llevó a la liberación de cientos de prisioneros, terminó la guerra de Angola, selló la independencia de Namibia y contribuyó decisivamente a la liberación de Nelson Mandela; y lo hizo sin ser partidario de ningún bando, absorbiendo costos económicos individualmente para que el nudo en el que se encontraban varios países fronterizos desapareciera. Los frutos de su participación son enormes. 

A mediados de la década del 80 la Guerra Fría tenía uno de sus escenarios en África. Angola era comunista, apoyado por la Unión Soviética y por tropas y armamento cubano, mientras Sudáfrica era suministrada por Estados Unidos. El campo de batalla era Namibia, bajo el yugo sudafricano. Como el resto de países africanos alrededor de Sudáfrica, Mozambique era uno más de los que estaban en contra del apartheid, apoyando a las fuerzas armadas del Congreso Nacional Africano del que Mandela era parte esencial, aunque no compartiera el método bélico. 

Este es a grandes rasgos el contexto en el que se desenvuelve esta compleja historia, con decenas de aristas y varios personajes que la cuentan en primera persona. Con el objeto de llegar a un público más amplio que un documental tradicional, Jacobson se asoció con Carlos Agulló para cubrir el recuento histórico de una narrativa clara y contundente, con herramientas prestadas de la ficción. Complot para la paz se asemeja más a un thriller político o a una cinta de espías que a un documental sobre un fragmento de la historia de África. Es una suerte de versión real de Juego de espías más que algo similar a ABC África. Y aquí hay otra cuestión doble: la historia que se rescata es increíble, pero también lo es que haya salido a la luz. Si algo caracteriza a Ollivier es su facultad para permanecer en la oscuridad, lejos de cualquier reflector, nunca en busca de crédito. Es un hombre de acción que con eso se conforma. Sin embargo Jacobson y su equipo no sólo lo convencieron a él, sino que lograron que el resto de los involucrados contaran también su parte, desde ex presidentes a agentes extranjeros de Estados Unidos, Sudáfrica, Angola o Cuba, una trama tan intrincada que ninguno de ellos la conocía en su totalidad, quizá ni siquiera Ollivier. Por la apariencia de los entrevistados en sus distintas contribuciones es evidente que el equipo de filmación regresó varias veces con algunos de ellos para clarificar tal o cual tema, tal o cual detalle, un método de investigación corroborado por Jacobson. 

“Fue como armar un rompecabezas”, uno cuyas partes estaban regadas por el mundo. Hubo equipos de rodaje en Johannesburgo (Sudáfrica), París, Nueva York, Washington D.C., Marrakech (Marruecos), Oyo (Nigeria), Brazaville (Congo), Pretoria (Sudáfrica), Timbavati (Sudáfrica), Luanda (Angola), La Habana, Lisboa, Maputo (Mozambique) y Madrid, y está hablada en francés, inglés, portugués, español y afrikáans. Los políticos que aparecen en las imágenes de stock van del citado Mandela a Ronald Reagan, Jacques Chirac y Fidel Castro. Todos tienen su parte en este drama de intriga internacional en el que un solo hombre cambió el destino de millones de personas sin que nadie más que un puñado de enterados lo supiera. Hasta ahora. 

Lo que no cuenta Complot para la paz son los intereses económicos que llevaron a Ollivier a meter su cuchara en África de la forma tan intrusiva como lo hizo. Desde un inicio confiesa que los hubo, pero no se indaga en ellos. Es harina de otro costal que podría ser un buen pie de página, porque sería difícil igualar la historia que sí cuenta. 

El multipremiado documental se exhibe a partir del 14 de agosto en la ciudad de México en la Cineteca Nacional, y posteriormente en Cine Tonalá, Casa del Cine y Cinemanía. 

 

Twitter del autor: @jpriveroll

Kensho, un viaje hacia el centro enteógeno del sueño que es la vida (VIDEO)

Arte

Por: pijamasurf - 08/10/2015

¿El mundo y nuestra experiencia de vida es el sueño de la divinidad que en realidad somos?

Kensho es una palabra utilizada en el budismo japonés para significar una revelación o epifanía que nos acerca a la iluminación pero que no es todavía el despertar completo. La visión espiritual debe aplicarse a la vida cotidiana para transformar al ser. Parece adecuada la elección de este título para este corto animado de Aaron Paradox en el que se ilustra una narración de Alan Watts. El filósofo y teólogo británico explora la idea de que el mundo y nuestra experiencia de vida es el sueño de la divinidad que en realidad somos, y que se divierte, se oculta, se seduce, se enriquece a sí misma experimentando todas las posibilidades del sueño, incluyendo perderse en el olvido de sí. 

Watts especula que después de soñar mundos paradisíacos de éxtasis total, el soñador probablemente se aburriría y soñaría mundos más allá del placer para experimentar todas las posibilidades, aventurándose a la materia, la dualidad, el sufrimiento, etc. Dentro de todas las posibilidades llegaría el momento en el que soñador soñaría "el sueño de vivir la vida que estás viviendo hoy, esta sería una dentro de la infinita multiplicidad de opciones. Y cuando estés listo te vas a despertar y mientras no estés listo no te vas a despertar". Despertaremos cuando asimilemos, nos dice Watts, todo el abanico de la existencia, la muerte y la vida, la luz y la oscuridad como polos complementarios más allá de la dualidad, la conciencia del ser individual en completa identidad con la existencia misma que permea todas las cosas.

Kensho es básicamente un tour de force hacia el corazón enteógeno de la vida, un disparo de diamante en el que atravesamos mundos, galaxias, moléculas, pirámides, selvas, flores, ojos, mandalas, fractales, miradas y sueños para descubrir que somos todo eso.

 

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