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El dominio de la electricidad también benefició al sexo: un dildo de 1894

Por: pijamasurf - 07/13/2015

Para remediar ciertos males que se creía que solo afectaban a las mujeres se inventó este protovibrador, que aprovechaba el reciente dominio sobre la energía eléctrica

1894

El dominio de la electricidad podría considerarse más o menos reciente. Aunque en su forma natural se conoce desde tiempos remotos fue solo hasta el siglo XIX cuando, gracias a la experimentación de personajes como Benjamin Franklin (quien, dicho sea de paso, tiene una serie de consejos amatorios sumamente provocadores), Alessandro Volta, Michael Faraday y algunos otros, por fin esta fuerza pudo someterse a los designios y necesidades humanas, convirtiéndose desde entonces en uno de los imprescindibles de nuestra vida cotidiana y, específicamente, de eso que a grandes rasgos podríamos denominar la “vida activa”.

Sin embargo, dichas invenciones fueron tan decisivas que impactaron incluso en los ámbitos menos esperados, por ejemplo, el sexual. Imprevisible menos por una razón moral que por una histórica: si una época intentó poner límites claros y férreos a la sexualidad esa fue el siglo XIX, especialmente en Occidente.

Quizá por eso resulta un tanto sorprendente este dispositivo que, para fines prácticos, califica como un vibrador avant la lettre, esto a pesar de que su desarrollador, Julian Petit, lo vendiera como un aparato con fines médicos para aliviar “malestares ginecológicos”.

Cuando se sitúa en el útero de la paciente será sujeto de la acción química de la mucosa, lo cual derivará en una reacción eléctrica y, al mismo tiempo, estimulará los órganos generativos, promoviendo así la cura de varias enfermedades propias del sexo femenino.

Y si eso no es suficientemente claro en cuanto al propósito del aparato, Petit añadió esto a su descripción:

[al insertar el dispositivo] ella sentirá una deliciosa corriente fresca por todo su ser.

Las drogas que nos hacen sentir más inteligentes pueden llevarnos a la ruina

Por: pijamasurf - 07/13/2015

El Adderall, la Ritalina, etc., nos dan la capacidad de interesarnos por temas que nunca nos atraerían de no ser por la sustancia; he aquí el problema

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Muchos de nosotros perdemos la capacidad de aprender en algún momento de la adolescencia debido quizás a malos hábitos. La neuroplasticidad del cerebro se ve afectada por falta de uso y puede incluso no terminar de desarrollarse a su potencial máximo. Ello, desde luego, se convierte en un serio problema a la hora de los exámenes escolares, trabajos universitarios o desempeño en la oficina. Por ello el uso de estimulantes artificiales como Adderall, Ritalina o Racetams, que ayudan a avanzar en la vida (a salir del paso) ha ganado tanta popularidad. Pero un brillante nuevo estudio lo pone en perspectiva, y en lugar de alegar que estas drogas hacen daño físico (lo cual no hace mucha diferencia para el usuario), apela más a un problema con la fuerza de voluntad artificial que adquirimos por medio de estas pastillas.

Algunos dicen que el Aderall, por ejemplo, es extremadamente seguro en comparación a otras sustancias como el café, los cigarros o la cocaína. Scientific American, sin embargo, hace una reflexión sobre por qué no deberíamos tomar drogas que nos “hacen sentir más inteligentes” precisamente porque nos ayudan a triunfar en cosas que de otra manera no haríamos.

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Hay una discrepancia peligrosa entre las medidas objetivas de la efectividad del Aderall y cómo hace a la gente sentir, dice el American Journal of Biometrics. El problema es que estos estimulantes artificiales no mejoran objetivamente el desempeño de tareas, sino que hacen que la persona que desempeña esa tarea tenga la sensación de tener una fuerza mental hiperbolizada. Algunas de las citas de personas que toman Aderall fueron:

“Todo parece mejor, y más conseguible”.

“Comienzas a sentir tanta conexión con lo que estas estudiando; es casi como si te enamoraras de ello. ¡No querrías estar haciendo ninguna otra cosa!”.

He aquí el problema. Estos estudiantes están artificialmente conectados/enamorados de temas que de otra manera nunca les interesarían. Entonces, en lugar de estar buscando su verdadera vocación, sus intereses genuinos, utilizan su voluntad para sobresalir en cosas por las cuales no tienen pasión. Los jóvenes, que son los principales consumidores de Aderall, deberían estar averiguando qué les interesa genuinamente. Scientific American apunta:

A veces no tener motivación en la vida es sintomático de un problema más profundo: una mala elección de carrera, una especialidad universitaria que no te interesa o un estilo de vida que no va contigo. En estos casos, carecer de motivación podría señalar una alienación del significado de tu vida; un sentido de incongruencia entre lo que eres y lo que haces con tu vida. Tratar esa alienación con un potenciador de motivación, en lugar de reevaluar el curso de tu vida, parece una mala idea.

Como señala BigThink, cuando pretendes por mucho tiempo, un día te despiertas y no sabes a dónde se ha ido tu vida.