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El cuerpo femenino normal vs el cuerpo femenino de las celebridades (INFOGRÁFICO)

Sociedad

Por: pijamasurf - 07/19/2015

A lo largo del siglo XX, el cuerpo femenino fue llevado por distintos caminos en la búsqueda de una perfección imposible
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Marilyn Monroe en fotografía de Milton H. Greene

A lo largo de la historia, el cuerpo humano ha transitado por múltiples definiciones y maneras de concebirlo, representarlo y vivirlo. En Occidente estamos habituados a la dualidad cuerpo/mente que, al menos desde Platón, implica una oposición, por momentos incluso un lastre, como si la mente fuera superior al soporte de carne y hueso en donde se asienta. El cuerpo también ha sido objeto de conocimiento, no solo fisiológicamente sino, como indagó Michel Foucault, en relación con el poder y su ejercicio. 

Y si esto ya es potencialmente complejo, en el caso específico de las mujeres cabe añadir el factor de la conceptualización histórica del género. Al hecho de que el cuerpo se viva desde un marco cultural específico se suma que desde el descubrimiento de la agricultura las sociedades humanas se perfilaron hacia la hegemonía del hombre sobre la mujer, con consecuencias culturales que hasta hoy vivimos, por ejemplo, la objetificación de su cuerpo, la represión de su sexualidad o la valoración de ciertas características físicas en detrimento de otras (piel clara, cabello lacio, cuerpo delgado, etc.), en un catálogo móvil y en cierta forma abrumador que, de existir, mostraría el desarrollo de ese moldeamiento del cuerpo femenino, casi siempre en función de directrices masculinas.

Por el momento podemos observar el infográfico que ahora compartimos, el cual recorre brevemente a las mujeres del siglo XX para encontrar las cualidades que en cada década se consideraban propias de un cuerpo perfecto. Asimismo, en su segunda parte da cuenta de algo aún más perturbador: la enorme distancia existente entre las mujeres icónicas de cada época (aquellas que parecían cumplir el ideal físico dictado) y las medidas promedio que las mujeres comunes tenían.

En nuestros días, es cierto, sabemos bien que las supermodelos no se parecen ni siquiera a sí mismas, pero por lo que deja ver este infográfico, esa ha sido la constante histórica.

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En un gesto de fisiología empática, las pupilas de dos personas tienden a igualar su tamaño cuando se encuentran

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Los ojos son micromundos. Basta mirarlos detenidamente para darte cuenta que en este órgano están contenidas propiedades físicas y metafísicas suficientes para provocar literal fascinación. Pero si el simple acto de contemplar un par de ojos no es suficiente para que te sumerjas en el delirio que convidan, entonces repasemos algunas de sus más coquetas particularidades.

Por ejemplo, un estudio de la Universidad de Dartmouth encontró en la mirada el principal distintivo entre una persona muerta y una viva (o en este caso una ficticia, simulada en computadora, y una real). Es decir, eso que en diversas tradiciones se conoce como la energía vital (llámese chi, prana, etc.), parece hallar en los ojos un depositario idóneo para proyectar su presencia.  

En otro plano, existen razones para sugerir que uno de los actos más catárticos, o al menos terapéuticos, que tenemos a nuestra disposición es, simplemente, mirarnos a los ojos en un espejo. Algo así como una destilación autorreferencial voluntaria pero incontenible. 

Ahora a este pequeño acervo de delicias oculares, podemos añadir otra particularmente linda. Investigadores de la Universidad de Leiden recién descubrieron que cuando dos personas interactúan sus respectivas pupilas concertan un encuentro mimético. La dinámica, que por cierto nos sugiere un risueño rasgo de fisiología empática, consiste en una tendencia a igualarse en tamaño. Y cuando esto sucede, entonces la confianza entre ambas personas crece.

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A fin de cuentas, y aunque el Diablo habita en la periferia, las pupilas, como primer centro del ojo (el segundo es el iris, y así, hasta el infinito), la pupila genera una particular atracción. Ahí, en este eje, se condensan las mayores virtudes estéticas del órgano ocular y se guarda una cantidad de información notable no sólo conductal, también bioquímica. 

Al respecto, Mariska Kret, quien encabezó el estudio, afirma:

Las personas generalmente subestiman la importancia de las pupilas, a pesar de que miramos en ellas cotidianamente. La pupila provee una rica fuente de información –podemos forzar una sonrisa pero no podemos forzar a nuestra pupila a que se contraiga o se dilate. Nuestros hallazgos muestran que los humanos sincronizan el tamaño de sus pupilas con otros, y que este comportamiento –sobre el cual no tenemos control voluntario– influye las decisiones sociales.

La investigación, que se describe en PsyPost, nos recuerda que durante un intercambio entre personas realmente se desencadena un cúmulo de interacciones, a distintos niveles, y cuya suma termina por definir la experiencia mucho más allá de nuestra interpretación racional de la misma. Tal vez por esto es que las relaciones humanas siguen siendo, en buena medida, un franco misterio. En cada trato, en cada encuentro, se están activando numerosos emisores y receptores de ambas partes, lo cual da vida a una coreografía interactiva que resulta en una sensación de confianza, un enamoramiento o una indeleble aversión.

En todo caso, la próxima vez que trates con una persona recuerda que buena parte de la danza se está gestando en sus pupilas, en las tuyas y en las suyas. 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis