*

X

¿Hay luz al final del túnel? Joven que ha muerto 36 veces habla al respecto

Por: pijamasurf - 04/03/2015

Una rara enfermedad hace que una joven inglesa de 21 años haya sido declarada clínicamente muerta en 36 ocasiones, por lo que tiene ya cierta siniestra familiaridad con ese instante último.

light-at-endEn uno de los momentos más impactantes de Evangelio según Jesucristo, José Saramago da un giro narrativo a la conocida historia bíblica de la resurrección de Lázaro; en la tradición cristiana, Jesús llega hasta el sepulcro de su amigo, pide que remuevan la piedra que servía de entrada y después de pronunciar unas cuantas palabras dramáticas remata su breve discurso con el imperativo “Levántate y anda”. Saramago sigue la historia hasta este último momento pero en vez de recontar la vuelta a la vida de Lázaro, hace que María Magdalena se acerque a Jesús para detenerlo y pedirle que no lo resucite, porque “nadie en la vida tuvo tantos pecados que merezca morir dos veces”.

El episodio es estremecedor porque, en efecto, el trance de la muerte es tan terrible como incomprensible, tanto, que experimentarlo una sola ocasión parece más que suficiente. Sin embargo, existe una rara enfermedad que hace a quienes la padecen morir muchas veces.

Ese es el caso de Sara Brautigam, una joven inglesa de 21 años que hace cuatro fue diagnosticada con síndrome de taquicardia ortostática postural(PoTS, por sus siglas en inglés), el cual provoca la aceleración del ritmo cardiaco con actos tan sencillos como cambiar de postura, levantarse de la cama, pasar de pie cierto tiempo o alzar los brazos para alcanzar algo. Como resultado de la taquicardia el corazón puede detenerse, lo cual, en dichos cuatro años, le ha sucedido a Sara Brautigam 36 ocasiones, mismo número que los médicos que la han atendido la han declarado clínicamente muerta.

Después de tan elevado número de episodios, la joven tiene ya cierta familiaridad con la muerte, o al menos con los signos que la preceden: mareos, cansancio, somnolencia repentina. Después, la pérdida fulminante de conciencia, con ciertos resabios de lo último que sucede en este mundo: voces que se alarman por lo que sucede, como un último eco antes de que todo se extinga.

¿Y una luz al final del túnel? No precisamente. Según Sara, que ha estado tantas veces muerta (aunque esto parezca un contrasentido), en ese instante fatal no surge una luz que indique hacia donde sigue el camino. Por el contrario, no hay más que oscuridad: "Me lo han preguntado mucho, pero definitivamente no hay una luz brillante; todo simplemente se vuelve oscuro", dijo Sara al sitio BT.com.

Curiosamente, lo dicho por la joven confirma la intuición de Wittgenstein a propósito de la posibilidad de experimentar ontológicamente la muerte; el filósofo escribió:

Podemos experimentar la muerte tanto como podemos ver más allá del campo de nuestra visión; en la total ausencia de luz no vemos oscuridad, simplemente no vemos nada.

 

También en Pijama Surf:

¿Dónde reside la vida? Retratos de personas un instante antes de morir

Por qué no podrás experimentar el instante de tu muerte

Las pruebas del cielo: doctor de Harvard presenta “evidencia” de la vida después de la muerte

Las orgías clandestinas de políticos y rockstars (o cómo experimentar la vida de un rico y famoso)

Por: pijamasurf - 04/03/2015

El reciente juicio contra el proxenetismo de Dominique Strauss-Kahn pone en discusión a psicólogos y antropólogos sobre la libertad sexual de los más poderosos

Strauss-Kahn-MotleyCrue

Las orgías, las fiestas eróticas swinger y las oscuras “veladas libertinas” de los más poderosos han cobrado especial pronunciamiento en los últimos años. Uno de los principales pioneros: el expresidente del Fondo Monetario Internacional y candidato a la presidencia de la República en Francia, Dominique Strauss-Kahn, acusado de proxenetismo en las reuniones sexuales organizadas secretamente entre 2008 y 2011. Proxenetas y prostitutas han declarado en su reciente juicio los detalles sobre los gustos violentos del político francés, quien además ha alegado desconocer que se trataba de mujeres pagadas y/o forzadas a formar parte de su divertida juerga de la que en ningún momento negó formar parte. Una de ellas describió las escenas como “carnicería con colchones apilados en el suelo”. 

Y como si se tratase de una costumbre peculiar en la historia de la política, encontramos también el caso del multimillonario inversionista Jeffrey Epstein, acusado de instruir a menores de edad a tener relaciones con camaradas en las orgías escabrosas de su isla caribeña. Este asunto contiene, además, algunos detalles sobre un supuesto jet privado de nombre Lolita Express, en el que también se disfrutaba de estas veladas con poderosas personalidades del medio gubernamental. 

Frente a este par y un arsenal más de casos político-sexuales, la antropóloga Katherine Frank, experta en orgías organizadas por famosos y autora del libro Play Well in Groups. A Journey Through the World of Group Sex, dio algunos puntos de vista sobre las diferencias entre las fiestas eróticas de los políticos, de los rockstars y de la gente común. Katherine acentúa que Strauss-Kahn no es uno de los viciosos pervertidos más notorios del ámbito internacional; de hecho, la antropóloga, quien ha presenciado las orgías de la banda Mötley Crüe y de Sir Ivan en los Hamptons nos dice que las fiestas sexuales en grupo no son exclusivas de los más ricos, más sí el enigma de por qué se realizan. 

Detrás de cada fiesta erótica hay mucho más que sexo. Ya sea si se arregla en un motel barato o en un castillo en Bruselas, los participantes desean vivir una experiencia única y de primer mundo que, como nos suelen vender los medios, figuran frecuentemente en la cínica vida de un rockstar. Para un mesías del rock, conseguir chicas que quieran acostarse con él en una orgía no es problema; para un político millonario tal vez tampoco lo sea por el simple hecho de ser rico (el dinero es poder), sin embargo, les será más difícil mantener la privacidad de su vicio. En este sentido, Strauss-Kahn tendría mucho más que perder —contrario a Nikki Sixx, si se le ocurriera vagar por Las Vegas con pantalones de cuero entallados en busca de una apetitosa orgía. He aquí que surge un punto importante para Katherine: las fiestas sexuales no tienen precisamente al sexo como factor primario. 

Celebridades influyentes y políticos poderosos suelen ser perfeccionistas y elitistas en sus gustos, ya que tienden a conseguirlo todo fácilmente. En este caso, es más sencillo que lleguen a la insatisfacción y aburrimiento de las situaciones, específicamente de las relaciones. El sentimiento de encontrarse por encima del bien y el mal es uno de los factores por los cuales consiguen su adicción a la lujuria y quizás también a lo prohibido. Otro elemento que denota necesidades además de la carnal en ricos y famosos es la violencia sexual que, en palabras del psicólogo Paul Piff —quien nos habla sobre el síndrome del efecto imbécil en los poderosos, se da porque se sienten superiores frente a los demás y, por tanto, más dignos de merecer privilegios.

Los encuentro sexuales en grupo también varían dependiendo el statu quo. Por ejemplo, una fiesta de chicos ravers de clase media se transforma en orgía luego de mucho alcohol, drogas y música. Sin embargo, el factor primario que la llevó a cabo no fue sino la socialización de personas bajo un mismo contexto. Los individuos con un perfil económico más alto, nos dice Katherine, difícilmente pueden encontrar personas con gustos afines para lograr algo parecido; no pueden llegar a una fiesta en el Hard Rock e intentar encontrar parejas sexuales, por tanto su libertad se ve condicionada a lo prohibido y, para un rico y poderoso, lo prohibido es elixir. 

El sexo también es poder, nos dice Katherine, y específicamente las orgías no sólo pueden darnos un poco de “estatus” mental en donde figuren drogas y quizás champaña, también son una manera psicológica de experimentar la vida de un rico y famoso cuando no se es rico y famoso.