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Álter-instructivo: cómo escapar de las esposas de plástico (VIDEOS)

Por: pijamasurf - 04/01/2015

Este es el tipo de información que uno espera almacenar al fondo del cerebro y no necesitar jamás. En caso necesario, mejor tenerla presente

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Las esposas de plástico (zip-ties o cable ties) tienen aplicaciones prácticas en casa o en una construcción, pero también pueden ser usadas para privar ilegalmente de la libertad a las personas. Este sencillo invento ha sido utilizado en secuestros, asaltos a bancos y casas-habitación, en caso de que los asaltantes tengan tiempo para restringir la movilidad de sus víctimas.

Lo más importante en cualquier caso es oponer la menor resistencia posible a la sujeción, y hacerle saber a los agresores que no presentas ninguna amenaza para ellos. Mantener la calma en todo momento. En la parte práctica del plan de escape lo primero es presentarles las manos de manera que el dorso quede hacia arriba, los pulgares y muñecas juntas.

De esta manera será más sencillo probar a deslizar una mano entre los bordes. Si esto no resulta exitoso, prueba alguno de los siguientes métodos. Todos involucran un conocimiento mínimo del mecanismo de sujeción, que consiste en una tira de plástico dentada que embona en un candado que asegura el diente. Este plástico es extremadamente resistente (puede cargar hasta 175 libras). Sin embargo, romperlas es relativamente sencillo cuando conoces su punto débil.

El método más sencillo es apretarlas lo más que puedas y juntar tus muñecas para forzar el candado con un movimiento preciso y veloz hacia atrás, como si quisieras romper una pared imaginaria con tus codos:

 

El mismo principio funciona con dos esposas de plástico:

 

Si las condiciones te lo permiten (o los demás métodos no funcionan), puedes tratar de hacer una sierra de fricción con agüjetas.

Tardado, pero efectivo.

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Todo lo que siempre quisiste preguntarle a Google sobre sexo (y tu pareja también)

Por: pijamasurf - 04/01/2015

El tamaño del pene y el olor de la vagina parecen ser las búsquedas más angustiantes para los usuarios de Google. Sin embargo, el trasfondo de comunicación de pareja es lo que resulta más interesante de nuestros hábitos de búsqueda

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Si nuestros padres querían saber cómo preparar pastel de zanahoria o consultar un marcador deportivo, probablemente le preguntaban a sus amigos o vecinos. Nuestra generación utiliza Google para estas tareas, y no sólo para estas: las dudas sexuales constituyen una gran parte de las búsquedas. No se trata sólo de gente buscando porno (que también), sino de dudas que probablemente deberían hacerse a un psicólogo, un sexólogo o a la propia pareja.

Hombres y mujeres tienen, sin embargo, algo en común: recurren a Google para ventilar sus inseguridades, perplejidades y confusiones. A manera de oráculo, recurrimos a Google no para saber más, sino para depositar nuestras dudas de manera cruda y, curiosamente, honesta. Como dice el dicho, no preguntamos para saber sino para ampliar nuestras dudas. En el caso de Google, probablemente la gente no salga sintiéndose mejor respecto a sí misma o ni siquiera con la información que entró a buscar, pero la suma de data puede ayudarnos a perfilar una vista de conjunto de cuáles son las obsesiones sexuales más googleadas.

Seth Stephens-Davidowitz (Seth, para abreviar) es un economista y fanático del big data que ha realizado algunas interpretaciones interesantes sobre lo que la gente googlea acerca de sus hábitos genitales, y en menor medida sobre los de su pareja. Su recuento no es exhaustivo y está sujeto a múltiples interpretaciones, pero su metodología es interesante (puedes revisarla aquí). La mayoría de los datos están referidos a encuestas y datos de Google en Estados Unidos, pero tal vez podamos identificar ciertas tendencias globales.

En cuanto a sexo, todos mentimos

Para empezar resulta interesante que las encuestas sobre sexo seguro sean incompatibles con las ventas de condones. Según la Encuesta Social General, entre hombres y mujeres se utilizan 1.6 mil millones de condones por año en relaciones heterosexuales; pero según Nielsen, se venden menos de 600 millones de condones por año. 

Los estadounidenses mienten acerca de cuántos condones usan al año, pero también sobre cuánto sexo practican en general. Los hombres solteros menores de 65 años afirman usar un promedio de 29 condones al año, lo que sería más que el total del número de condones vendidos en Estados Unidos.

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Las búsquedas de Google parecen revelar la verdad a este respecto: en realidad la gente tiene menos sexo del que dice tener.

La búsqueda más asociada a "matrimonio" es "asexual" (sexless), seguido de "infeliz", "sin amor", "sediento de sexo" y "sin sexo" (no sex). En búsquedas asociadas a "relación", la falta de sexo aparece sólo detrás de "relación agresiva".

Los lugares comunes son falsos: la cultura popular afirma que las mujeres siempre tienen pretextos para no tener sexo, pero Google parece desmentir esto. Aunque es difícil saber si la búsqueda es realizada por hombres o mujeres, existen más búsquedas sobre "mi novio no quiere tener sexo" que "mi novia..." en la misma situación. Hay 16 veces más quejas de un marido que no quiere tener sexo que de un marido que no quiere hablar.

Menos sexo, mayor ansiedad

Sumando diferentes tendencias, Seth arroja una cifra del número promedio de relaciones sexuales de los estadounidenses al año: 30 veces, o una vez cada 12 días. Esta cifra, a decir del investigador, puede deberse más a la neurosis masculina que a la femenina.

Las búsquedas "mi pene____" ensombrecen las búsquedas de todas las otras partes del cuerpo, incluyendo pulmones, hígado, pies, orejas, nariz, garganta y cerebro combinadas. Los hombres buscan todo lo relacionado al tamaño de sus penes mucho más de lo que buscan cualquier otra cosa. Parece que una de las preguntas más buscadas en Google por los hombres es si el pene se vuelve más pequeño a medida que pasa el tiempo.

La ansiedad y preocupación masculina por el tamaño del pene no tiene correlato directo en las mujeres. Es decir, a las mujeres rara vez les preocupa el tamaño del pene de su pareja, a menos que sea MUY grande. Más de 40% de las búsquedas asociadas al dolor durante el sexo provienen de un pene demasiado grande. El top 5 de "____durante el sexo" se completa con "sangrar", "orinar", "llorar" y "pedorrearse".

Sólo 1% de las búsquedas para cambiar el tamaño del pene buscan información sobre cómo hacerlo más pequeño.

Otra preocupación recurrente del hombre es la duración de los encuentros. Pero nuevamente la data arroja una correlación negativa: los hombres buscan cómo durar más, mientras las mujeres preguntan por qué los hombres no se vienen, además de cómo hacer que se vengan más rápido.

[caption id="" align="aligncenter" width="500"] En cuanto a sexo, el común denominador parece ser la creencia de que todos lo estamos haciendo mal[/caption]

 

La vanidad masculina no es menor que la femenina, sólo está oculta en un clóset más profundo: en búsquedas asociadas a belleza y fitness, Seth calcula que un 42% son hechas por hombres, 33% en "pérdida de peso", y 39% en cirugías cosméticas. En las búsquedas tipo "how to" asociadas a "senos", 20% pregunta cómo deshacerse de los senos de hombre.

Las inseguridades de las mujeres no parecen compatibles con la idea que los hombres tienen de ellas, especialmente si son sus parejas. Aunque se realicen 7 millones de búsquedas anuales sobre implantes de seno (procedimiento por el que 300 mil mujeres atraviesan en Estados Unidos cada año), existe igual cantidad de búsquedas sobre cómo convencer a la esposa para que se opere los senos, y cómo convencerla de que no lo haga.

Aunque las búsquedas de porno de "grandes senos" ocupan 12% del espectro de porno no-genérico, cerca de 3% especifica que quieren ver grandes senos naturales. Una búsqueda frecuente es "Amo los senos de mi novia", aunque Seth no está seguro de qué es lo que se espera encontrar con esta búsqueda.

La vagina es un signo de interrogación

Mientras la preocupación de los hombres está centrada en el tamaño de los genitales, las mujeres se preguntan acerca de cientos de cosas acerca de ellas mismas. Las búsquedas a menudo se relacionan con aspectos de salud, pero también sobre técnicas de depilación, sobre cómo hacerla estrecha e incluso sobre cómo cambiar su sabor. Una de las búsquedas más comunes es sobre cómo mejorar su olor.

Según las búsquedas más comunes, las mujeres están preocupadas de que su vagina huela a:

  1. pescado
  2. vinagre
  3. cebolla
  4. amoniaco
  5. ajo
  6. queso
  7. humor corporal
  8. orina
  9. pan
  10. detergente
  11. heces
  12. sudor
  13. metal
  14. pies
  15. basura, y
  16. carne podrida

Los hombres buscan cosas sobre el olor de la vagina, pero sobre todo acerca de cómo decir algo sobre el olor de sus parejas sin ofenderlas... Otras búsquedas masculinas sobre el olor vaginal revelan inseguridades, como la forma de detectar olor a condón o de semen de otro hombre, buscando sorprender a sus parejas siendo infieles. Fuera de lo mencionado más arriba, las mujeres rara vez buscan cosas sobre el pene de sus novios/esposos.

La conclusión del estudio es que "de hecho, estamos tan ocupados juzgando nuestros propios cuerpos que queda poca energía restante para juzgar el de otras personas". A manera de corolario esperanzador, podríamos agregar junto a Seth que "tal vez si nos preocupáramos menos por el sexo, tendríamos más".