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Álter-instructivo: cómo escapar de las esposas de plástico (VIDEOS)

Por: pijamasurf - 04/01/2015

Este es el tipo de información que uno espera almacenar al fondo del cerebro y no necesitar jamás. En caso necesario, mejor tenerla presente

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Las esposas de plástico (zip-ties o cable ties) tienen aplicaciones prácticas en casa o en una construcción, pero también pueden ser usadas para privar ilegalmente de la libertad a las personas. Este sencillo invento ha sido utilizado en secuestros, asaltos a bancos y casas-habitación, en caso de que los asaltantes tengan tiempo para restringir la movilidad de sus víctimas.

Lo más importante en cualquier caso es oponer la menor resistencia posible a la sujeción, y hacerle saber a los agresores que no presentas ninguna amenaza para ellos. Mantener la calma en todo momento. En la parte práctica del plan de escape lo primero es presentarles las manos de manera que el dorso quede hacia arriba, los pulgares y muñecas juntas.

De esta manera será más sencillo probar a deslizar una mano entre los bordes. Si esto no resulta exitoso, prueba alguno de los siguientes métodos. Todos involucran un conocimiento mínimo del mecanismo de sujeción, que consiste en una tira de plástico dentada que embona en un candado que asegura el diente. Este plástico es extremadamente resistente (puede cargar hasta 175 libras). Sin embargo, romperlas es relativamente sencillo cuando conoces su punto débil.

El método más sencillo es apretarlas lo más que puedas y juntar tus muñecas para forzar el candado con un movimiento preciso y veloz hacia atrás, como si quisieras romper una pared imaginaria con tus codos:

 

El mismo principio funciona con dos esposas de plástico:

 

Si las condiciones te lo permiten (o los demás métodos no funcionan), puedes tratar de hacer una sierra de fricción con agüjetas.

Tardado, pero efectivo.

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El compulsivo magnate brasileño que está comprando todos los vinilos del mundo

Por: pijamasurf - 04/01/2015

El Trastorno Obsesivo Compulsivo es un desorden psiquiátrico difícilmente controlable; sin embargo, existe la posibilidad de suavizarse notoriamente con ayuda de la música

magnate brasileño vinilos

¿La música puede producir Trastorno Obsesivo Compulsivo? Si se examina desde el contexto de un magnate brasileño que ha comprado todos los vinilos que encuentra durante 50 años, probablemente así sea. Zero Freitas, un millonario de 63 años, ha gastado buena parte de su fortuna comprando acetatos de todos los géneros y subgéneros musicales desde 1964. Tiendas de música completas, colecciones de gran costo subastadas en internet y agentes enviados a todo el mundo para adquirir cada vinilo que encuentren a su paso, son algunos de sus métodos para encargarse de que toda la música realizada alguna vez bajo este formato de reproducción esté en sus manos: "He ido a terapia durante 40 años para tratar de explicarme por qué hago esto”, dice.

El Trastorno Obsesivo Compulsivo se caracteriza por el empeño desmedido al realizar una acción (tal como lo dicta el coleccionar objetos de manera inmoderada) y la preocupación excesiva por satisfacer una ansiedad, generalmente ligada a un patrón de perfeccionismo (que en el caso de Freitas se traduce en la compra compulsiva de discos, incluyendo duplicados). Sin embargo, un estudio publicado por la revista Nature Neuroscience ha demostrado que la estimulación cerebral, específicamente en el núcleo accumbens --al cual se atribuye el efecto placebo-- es capaz de restaurar las defunciones provocadas por el TOC en el cerebro. Se sabe que el núcleo accumbens reacciona extrañamente al escuchar música, y lo hace liberando dopamina como una sensación de recompensa. Dicho en otras palabras, la música (de nuestra preferencia) es capaz de controlar el trastorno, suavizando la ansiedad sin necesidad del uso de medicamentos. Zero Freitas, en este sentido, parece no sólo saber que la música se escucha mejor en vinilo, también que es medicina.

vinilosNo obstante, para el aficionado millonario Freitas, llegó el momento crítico en que su colección lo llevó a decidir qué era más importante, si el peso metafísico o el peso existencial de sus vinilos; si era asunto de ansiedad o felicidad interna. En la bodega en que almacena su ostentosa colección se encuentra una docena de universitarios categorizando cerca de 500 discos por día (mientras llegan 100 mil más). Y aunque se calcula que su colección es tan grande que tardarían 20 años en organizarla completamente, el magnate de São Paulo está ideando un propósito que va más allá de un trastorno psiquiátrico: digitalizar cada uno de sus acetatos, especialmente los conseguidos en zonas como Brasil, Cuba o Nigeria, donde cerca de 80% de la música grabada a mediados del siglo XX no está digitalizada y se encuentra en riesgo de desaparecer de la historia musical. 

Freitas pretende crear también una biblioteca de consulta musical abierta al público: el Emporium Musical, influenciado en The ARChive of Contemporary Music de Bob George (con más de 2.2 millones de cintas, vinilos y discos compactos), con la finalidad de que todo el mundo pueda acceder, sin ánimos de lucro, a la música de cualquier país y de cualquier tiempo. 

Hasta ahora no es posible probar que la música produzca TOC (más sí la compra compulsiva), y si se examina desde el contexto de un magnate brasileño que ha comprado vinilos durante toda su vida para crear un espectacular acervo musical, tal vez esto nunca suceda.