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Si estás en contra de las drogas, debes apoyar más que nunca la legalización de la cannabis

Por: pijamasurf - 03/21/2015

La legalización gradual y programada no sólo compromete los ingresos del crimen organizado sino que permite que ese dinero pase del narco hacia el Estado

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En una reciente entrevista con Vice el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se refirió a uno de los asuntos más urgentes para los jóvenes occidentales, la legalización del consumo de cannabis y su paulatina descriminalización. Como buen político, Obama abordó el tema afirmando que "legalizar no implica fomentar" el consumo, además de considerar un cambio de paradigma judicial donde las comunidades vulnerables (especialmente las de color) no enfrenten penas de prisión tan largas (y costosas para el Estado) por crímenes relativamente menores, como el hecho de fumarse un porro.

Y es que la gradual legalización del consumo de cannabis en más y más estados de la Unión Americana es un ejemplo invaluable para el resto de las jurisdicciones acerca de los retos potenciales y de los patentes beneficios: desde 2011 hasta 2014, el tráfico de marihuana se redujo 24%.

Expertos en narcotráfico como Roberto Saviano y Edgardo Buscaglia ven en estas cifras una prueba contundente de que la legalización en Colorado y Washington está rindiendo frutos, y no sólo en términos de una reducción de la violencia y los arrestos como resultado del decomiso de marihuana ilegal: la recaudación fiscal por concepto de venta de cannabis alcanzó una cifra histórica de más de 800 millones de dólares, de los cuales el gobierno de Colorado probablemente deba devolver algo a la comunidad.

En palabras de Obama, "es posible que veamos progresos por el lado de la descriminalización", pero depende de que "suficientes estados" adopten la medida. "Sólo entonces el Congreso podría reclasificar la marihuana". A principios de este mes, tres senadores estadounidenses introdujeron una propuesta de ley para reclasificar la marihuana de droga Tipo I (alto potencial de abuso sin valor médico) a Tipo II (bajo potencial de abuso y beneficios médicos reconocidos).

Hasta el momento 19 estados de EE.UU. han descriminalizado la posesión de pequeñas cantidades de marihuana para uso personal, 23 para fines médicos y cuatro estados han legalizado su uso recreativo. Como en el caso de Uruguay (donde hay mucho que se puede aprender, incluso antes de que la marihuana sea de libre acceso), la disponibilidad de la sustancia no implica una permisividad mayor del gobierno; algunos críticos piensan que de hecho el gobierno está demasiado involucrado, al grado de vigilar y llevar un registro puntual de los consumidores.

Roberto Saviano ha escrito que "después de tantos debates ideológicos se tiene la prueba de que la legalización es un instrumento real de respuesta contra el narco-capitalismo. En Colorado y en Washington existen distintas restricciones: la marihuana puede comprarse si se es mayor de 21 años, se puede tener posesión de hasta poco más de 28g, está prohibido consumirla públicamente (como el alcohol) y está prohibido conducir bajo sus efectos (suspensión de registro por 1 año y detención si se reincide)". Se espera que California adopte la legalización de la cannabis en 2016, con lo que, según los expertos, otras jurisdicciones de EE.UU. adoptarían la medida.

La descriminalización de la cannabis no es sólo una cuestión moral, sino una respuesta social a un problema fundamentalmente económico: la oferta y demanda, que en su conjunto es mucho menos dañina que el alcohol o el tabaco (pensando en gastos médicos cubiertos por el Estado por concepto de accidentes o tratamientos de rehabilitación), y que incluso tiene un potencial médico que vale la pena desarrollar.

¿A quién conviene la prohibición?

La existencia de un mercado ilegal conviene no sólo al crimen organizado sino a las autoridades que administran elevados presupuestos de seguridad, prevención y proceso judicial a causa de los delitos asociados con el narcotráfico. En un mundo feliz donde la corrupción a todos los niveles no impulsara leyes absurdas que infantilizan a la población, un argumento racional por parte de los antilegacionistas sería el aumento del mercado de consumidores (como dice Obama, "fomento del consumo"), los accidentes viales o el aumento de la criminalidad.

En la experiencia real de la legalización en EE.UU., la experiencia ha mostrado lo contrario. En Denver la tasa de delitos incluso ha bajado 4%. Colorado solía emplear unos 40 millones de dólares anuales combatiendo el narcotráfico y procesando traficantes, y desde la legalización del consumo su recaudación fiscal alcanzará un tope histórico de 175 millones de dólares, de los cuales reembolsaría hasta 30 millones en excedentes fiscales. Como dice Saviano, "el dinero que terminaba en el bolsillo de los narcos mexicanos y de los bancos cómplices, ahora está a disposición del Estado. Esos ingresos fiscales convencieron a otros estados a iniciar el proceso de la legalización: Alaska, Oregón, Florida y Washington D. C. están por decidir".

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Por si fuera poco, la legalización en EE.UU. es benéfica para México porque detiene el flujo de "capital criminal" que vuelve al país en forma de armas y corrupción: las remesas no son lo único que alimenta el sistema financiero mexicano sino que el dinero de la venta de drogas regresa a México para corromper autoridades y políticos, además de para mantener el flujo de cannabis a todo lo largo de la cadena productiva. Enfrentar el narcotráfico desde una perspectiva económica y no moral --es decir, en una lógica francamente neoliberal, como se abordan tantas otras cosas en este país-- cortaría de tajo los debates ideológicos acerca de un mercado que existe y seguirá existiendo a pesar de tales debates.

Lo que se legaliza no son las plantas, sino el mercado que existe y opera de cualquier forma. La diferencia está en el costo social que los Estados siguen pagando a costa de los ciudadanos cada año: sólo en EE.UU., se encuentra 25% de la población presidiaria del mundo, compuesta en su mayoría por delitos asociados a las drogas y de poblaciones negra y latina primordialmente. El componente racial de la guerra contra el narcotráfico ha sido abordado por Noam Chomsky en diferentes ocasiones. Se trata de una cuestión estadística: Latinoamérica no sólo exporta mano de obra barata a EE.UU. a cambio de flacos beneficios económicos, sino que alimenta la máquina judicial que sigue criminalizando la pobreza y la diferencia racial.

Obama cree que los jóvenes deberían interesarse en otros problemas además de la cannabis, "como la economía, el cambio climático, el empleo, la guerra y la paz"; pero si los jóvenes en EE.UU. y Latinoamérica no impulsamos una agenda de legalización, heredaremos no sólo los prejuicios morales de las legislaciones precedentes sino también el círculo vicioso del mercado negro y sus atroces consecuencias sociales y económicas. En palabras de Saviano, el prohibicionismo es el mayor aliado de los capos y los narcos, por lo que "es el momento de promover la legalización como batalla de legalidad y combate contra la economía criminal, y sacarlo del debate moral, aunque este también sea necesario. Precisamente quien está contra todo tipo de droga debe apoyar la legalización".

Nuestra realidad es un simulacro en donde sólo somos marionetas (Philip K. Dick sobre la naturaleza de lo real)

Por: pijamasurf - 03/21/2015

En un ensayo de 1978, Philip K. Dick notó cómo eso que llamamos realidad es una ilusión creada ex profeso por agentes de poder con propósitos específicos

alix¿La realidad es real? Esa pregunta ha circulado por la mente humana desde tiempos remotos. Hay algo en la realidad o en la relación de nuestra mente con el mundo que nos hace dudar y preguntarnos cuál es la naturaleza auténtica de lo que percibimos. ¿La realidad es una ilusión? ¿La realidad es un velo que podemos correr para descubrir lo que se oculta detrás? ¿Nuestros sentidos pueden engañarnos?

Este problema puede ser respondido de diversas maneras y desde distintos puntos de vista. También desde distintas circunstancias. Ontológica y epistemológicamente, desde la religión o desde la ciencia. También social y materialmente, sobre todo en nuestra época en que la realidad se ha convertido en un mecanismo complejo y delicado en donde se superponen múltiples planos, como una suerte de laberinto de espejos en donde es muy fácil perderse y después decir dónde estamos realmente, qué es realmente la realidad.

Hacia finales de los años 70, el gran Philip K. Dick ya lo había notado e incluso lo anunciaba con profética lucidez. Un poco en el sentido del hiperrealismo de Jean Baudrillard, Dick se dio cuenta de cómo la “realidad” de su época se había convertido en una red tejida cuidadosamente por agentes de poder con propósitos específicos. ¿Qué tan real, por ejemplo, es nuestra intención de comprar algo y qué tanto es una ilusión creada por un conjunto de marcas para las cuales nuestro consumo es imprescindible? ¿Qué tanto los trabajos que realizamos a diario son reales o sólo invenciones sostenidas por un engaño colectivo y necesario para mantener en funcionamiento una maquinaria también ilusoria?

En Cómo construir un universo que no se derrumbe en dos días, el escritor expone esta situación que en nuestra época ha alcanzado un grado de refinamiento que podría rayar en lo espeluznante. En efecto, como bien ha explicado Slavoj Zizek, actualmente pareciera no existir una realidad fuera de esta realidad, un lugar fuera de la ideología. En otras palabras, no existe un velo que nos oculte el mundo tal como es: nuestra realidad es ya su simulacro. Escribe Philip K. Dick:

Siempre tuve la esperanza, cuando escribía novelas e historias donde surgía la pregunta “¿Qué es la realidad?”, de que alguna vez obtendría una respuesta. Esta era la esperanza de muchos de mis lectores, también. Los años pasaron. Escribí más de 30  novelas y alrededor de 100 historias, y seguía sin saber qué era real. Un día una estudiante universitaria en Canadá me pidió que le definiera la realidad, era para un artículo que escribía en su clase de filosofía. Ella quería una respuesta de una sola frase. Yo pensé al respecto y finalmente dije, “La realidad es lo que no se esfuma cuando dejas de creer en ello”. Esto fue todo lo que pude decir. Era 1972. Desde entonces no he sido capaz de definir la realidad de una manera más lúcida.

Pero el problema es real, no un mero juego intelectual. Porque hoy vivimos en una sociedad en la cual realidades espurias son creadas por los medios, por los gobiernos, por las grandes corporaciones, por los grupos religiosos, grupos políticos --y existe el hardware electrónico necesario para llevar estos pseudo-mundos directamente a las cabezas del lector, del espectador, del oyente. Algunas veces cuando observo a mi hija de 11 años ver televisión, me pregunto qué le están enseñando. El problema es el desvío de la señal; piensen en eso. Un programa de televisión producido para adultos es visto por un niño pequeño. La mitad de lo dicho y hecho en un drama televisivo es probablemente malinterpretado por el niño. Quizás todo es malinterpretado. Y la cosa es, ¿cuán autentica es la información de cualquier modo, aun si el niño la entiende correctamente? ¿Cúal es la relación entre el sitcom promedio y la realidad? ¿Qué hay de los programas de policías? Coches que continuamente se desbocan fuera de control, se estrellan e incendian. La policía siempre es buena y siempre gana. No ignoren ese punto: La policía siempre gana. ¿Cuál es la lección? Tú no debes confrontar la autoridad, y si lo haces, perderás. El mensaje ahí es, sé pasivo. Y coopera. Si el oficial Baretta te pide información, dásela, porque el oficial Baretta es un buen hombre y es de fiar. Él te ama, y tú debes amarlo.

Y entonces yo me pregunto, en mi escritura, ¿qué es real? Porque incesantemente somos bombardeados con pseudo-realidades creadas por gente muy sofisticada usando mecanismos muy sofisticados. Yo no desconfío de sus razones; desconfío de su poder. Tienen mucho. Y es un poder inmenso: ese de crear universos enteros, universos de la mente. Yo lo tengo que saber, hago lo mismo. Mi trabajo es crear universos, una novela tras otra. Y debo construirlos de tal manera que no se derrumben a los dos días. O al menos eso es lo que mis editores esperan. Sin embargo, les voy a revelar un secreto: A mí me gusta construir universos que se derrumban. Me gusta verlos deshacerse, y me gusta ver cómo los personajes en las novelas lidian con ese problema. Tengo un amor secreto por el caos. Debería haber más. No crean --y lo digo en serio-- no asuman que el orden y la estabilidad son siempre buenos, en una sociedad o en un universo. Lo viejo, lo caduco, siempre debe hacer espacio a nuevas vidas y el nacimiento de nuevas cosas. Antes de que las nuevas cosas nazcan, las viejas deben perecer. Reconocer esto es peligroso, porque nos dice que nosotros, tarde o temprano, partiremos con gran parte de lo que nos es familiar. Y eso duele. Pero eso hace parte del guión de la vida. A menos que seamos capaces de acomodarnos psicológicamente al cambio, empezamos a morir. Lo que quiero decir es que los objetos, las costumbres, los hábitos, y modos de vida deben perecer para que el auténtico ser humano pueda vivir. Y es el ser humano auténtico quien más importa, el organismo viable y elástico que puede rebotar, absorber, y hacer frente a lo nuevo.

“La realidad es lo que no se esfuma cuando dejas de creer en ello”, nos dice Philip K. Dick, pero quizá actualmente cabría preguntarse si esa última visión no es también un glitch, un holograma, la imagen residual de algo que nunca existió realmente.

Puedes leer el ensayo completo y traducido en este enlace. Asimismo, en Biblioteca Pijama Surf contamos con un post dedicado al autor, en donde se encuentran digitalizadas varias de sus novelas más conocidas y celebradas.