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Mujer feminista decide abortar sólo porque su futuro hijo sería hombre

Salud

Por: pijamasurf - 02/11/2015

Por considerar insoportable que un hombre más llegara a este mundo, una mujer decidió interrumpir su embarazo

ecografia

¿Hasta dónde puede llegar una persona que cree en una idea y parece dispuesta a todo para volverla realidad? Hay personas que han muerto por defender lo que creen, otras han sido encarceladas y torturadas, otras más han entregado su vida de diversos modos a eso en lo que creen fervientemente.

En uno de esos casos extremos en que la creencia parece convertirse más bien en fanatismo, este día ha corrido la noticia de una mujer que aseguró haber abortado cuando se enteró del sexo de su hijo: hombre.

La información al respecto surgió del sitio Injustice Stories, en donde una mujer identificada como Lena escribió este texto en donde dio a conocer su decisión y las razones que tuvo para tomarla o, mejor dicho, la razón, en singular, porque esta se debe casi exclusivamente a su firme convicción feminista. Esto fue, en parte, lo que escribió la mujer:

No odio a los hombres. Odio el patriarcado, en qué se convierten los hombres e incluso algunas mujeres. No iba a dejar que eso le sucediera a mi progenie, y las probabilidades eran mayores si fuera un hombre. Era inaceptable. Si la maldición regresa, haría exactamente lo mismo, una y otra vez.

No obstante, este suceso parece ser un hoax por parte del sitio original. En el mismo se publicaron sólo partes clave que alteraron la historia original de la supuesta chica llamada Lena. Por ejemplo, se dijo que ella era una mujer desempleada que viajaba por el mundo; cuando, en realidad, ella se refería a que, a pesar de la ausencia de una carrera profesional, sus experiencias la han llevado a diferentes partes del mundo para continuar luchando contra el machismo. 

Quejarte podría ser la etapa previa de la felicidad (pero sólo si es una queja constructiva)

Salud

Por: pijamasurf - 02/11/2015

La queja tiene consecuencias sobre nuestro estado emocional y, sobre todo, sobre nuestro momento presente

Todos nos quejamos, algunos más que otros, pero todos lo hacemos o lo hemos hecho. Nos quejamos del gobierno, de un servicio poco amable en un restaurante o del comportamiento de un amigo. ¿Pero esperabas que esto tuviera un efecto sobre tu salud emocional? De acuerdo con un estudio reciente, la queja tiene un alcance mayor de lo que esperaríamos.

Robin Kowalski es profesora de psicología en la Universidad Clemson, en Carolina del Sur, Estados Unidos y, junto con otros colegas, realizó una investigación para encontrar el vínculo entre la salud física, emociones como la felicidad y la queja y la “atención presente”, un término con el que podríamos traducir mindfulness, esa capacidad de enfocarse mentalmente en el momento presente. Para esto, tomaron un grupo de 410 voluntarios, hombres y mujeres, y por medio de dos cuestionarios tomaron registro de las “manías” que cada uno de ellos tenía cuando se encontraba en una relación de pareja y, por otro lado, analizaron su estado emocional actual, con preguntas orientadas para medir su felicidad, su tristeza, su atención presente, la satisfacción con su relación de pareja y su satisfacción con respecto a la vida en general.

Entre otros resultados, el estudio encontró que aquellas personas que se quejaban con cierta regularidad eran más felices que quienes no lo hacían, pero con una condición: sólo cuando la queja tenía como objetivo obtener un resultado específico, y no cuando se incurría en el quejarse por quejarse.

¿Pero cuál es la relación entre la queja y la atención presente? De acuerdo con Kowalski, las personas con mayor sensibilidad del momento presente tienden a quejarse pero sólo cuando esto sirve a un propósito, es decir, moderan el número de sus quejas según este criterio. Por el contrario, quienes no tienen tan desarrollada su atención presente se quejan más pero con un efecto mucho menor sobre su realidad inmediata. En cierta forma, se trata de un juego de expectativas y posibilidades: una queja bien formulada, coherente con la realidad, tiene más probabilidad de provocar el efecto deseado, lo cual conlleva una sensación de éxito; por el contrario, una queja vaga, general, usualmente se queda en el nivel discursivo, no genera ninguna consecuencia, no altera el estado del mundo, lo cual puede conducir a la frustración.

En un estudio anterior, Kowalski observó que las personas con una autoestima elevada y una notable confianza en sí tendían también a quejarse con más frecuencia, lo cual mostraba un vínculo entre la queja y la creencia de que hablar podía volver una situación favorable a los propósitos y deseos de quien lo hacía.

Quejarse es entonces, en cierto sentido, una etapa previa de la felicidad, pero sólo si sabemos por qué nos quejamos y qué queremos lograr con eso.

¿O será que ya éramos felices antes de quejarnos?