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El Papa Francisco llama a una autocrítica de la razón secularizada de Occidente

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Hace unos días publiqué un artículo sobre mi lectura de los ataques de Charlie Hebdo, con la intención de abrir un proceso de autocrítica de lo que me parece es "la hipocresía y el fanatismo ateo de Occidente". Evidentemente el tema es complejo y, debido a que se suele tomar un partido y polarizar la discusión, es casi imposible no herir susceptibilidades, como si criticar la línea editorial de Charlie Hebdo fuera igual a hacer una apología de los ataques y la violencia religiosa. Dicho esto, y de nuevo condenando los hechos que sitúan a ciertas facciones extremistas dentro del Islam en una exacerbada y franca guerra contra Occidente --pero también a varios gobiernos e intelectuales de Occidente en una disimulada guerra contra el Islam-- discutamos estas ideas bajo una rendición más lúcida, encontrada sorpresivamente (al menos para mí) en la voz del Papa Francisco.

Mi introducción a esta idea del fanatismo ateo en los mismos términos casi, surge de leer una reciente entrevista en el Paris Review en la que el autor italiano Roberto Calasso discute su interés por lo sagrado, por lo divino que sigue aconteciendo en el mundo "no como trascendencia sino como poderes que nos rodean" y hace referencia a lo que llama "fanatismo [o intolerancia] secular" (secular bigots, en inglés). Este mismo concepto, ciertamente no nuevo, ha estado en el tintero en el caso de Charlie Hebdo. Mehdi Hasan, editor musulmán del Huffington Post de Gran Bretaña, habla de "los fundamentalistas de la libertad de expresión" y el Papa Francisco ahonda más y habla de la intolerancia de la razón secularizada y la necesidad que tiene el pensamiento racional, como máximo estandarte de la inteligencia occidental, de hacer un proceso autocrítico. Necesario hacer un proceso autocrítico no sólo porque al defender la libertad de expresión se pone en el predicamento de no respetar la libertad religiosa, sino porque ha comprobado un doble estándar en su juicio de lo que es libertad de expresión y lo que es violencia verbal o "apología del terrorismo". Un ejemplo es el caso del joven arrestado en Francia la semana pasada acusado de "apología del terrorismo" por hacer una parodia de una portada de la revista Charlie Hebdo que se había burlado de los manifestantes de Egipto y también el caso del caricaturista Sinet despedido por una columna antisemita. Lo cierto es que tampoco hay libertad absoluta de expresión en Occidente y quizás no tendría por qué haberla, de la misma forma que no se permite el bullying, pero que tampoco se castiga igual lo que se dice que lo que se hace.

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Parodia: "El Corán no detiene las balas"... "Charlie no detiene las balas".

Más allá de repetir este importante concepto para una autocrítica de la razón secularizada, mi intención es presentar aquí un resumen de las declaraciones del Papa Francisco a lo largo de su visita a Sri Lanka y las Filipinas, en clara alusión al caso de Charlie Hebdo, y donde se deduce ya "una doctrina católica contra el terrorismo", basada en el diálogo interreligioso e intercultural.

El Papa Francisco dijo que "matar en el nombre de Dios es una aberración" y así manifestó una clara condena al terrorismo religioso, en este caso perpetrado por extremistas islámicos. Pero profundizando y yendo hacia la hermenéutica de lo ocurrido manifestó que:

La cultura del rechazo siempre implica violencia por quien la esgrime y puede provocar respuestas violentas por quien se ofende.

No es exclusiva de las religiones y también está muy presente en la razón secularizada occidental que excluye con desdén a las religiones.

Esta violencia encuentra su raíz en la incapacidad de reconocer a los otros “como hermanos en humanidad”, hasta reducirlos a objetos de burla o de muerte.

En la confrontación ninguno de los protagonistas pueden clamar inocencia. Uno provoca y otro responde acelerando la espiral de las agresiones.
 
Por lo anterior, el derecho a la libertad religiosa y de expresión son fundamentales y no deben ser lastimados por abuso o exclusión, ni plantearse como enfrentados. En una auténtica convivencia humana ambos deben ser respetados y tutelados.

 

En lo anterior seguramente podemos ver un saco que les queda no sólo a los agresores de Charlie Hebdo y a los mismos caricaturistas que, aunque sea sólo por insensibilidad e incapacidad de colocarse en el lugar del otro, mostraron un tajante rechazo, pero también a muchos de nosotros que vemos con desdén las costumbres y las prácticas religiosas y no religiosas de distintos grupos sociales y étnicos, y por lo tanto somos incapaces de reconocer al otro como un ser humano importante y valioso.

El Papa nota una "radicalización de la sacrofobia" de Europa occidental. Esto es, en palabras del investigador de la UNAM Jorge Traslosheros la "casi obsesiva aversión a lo sagrado que se hace presente en todo el espectro político sin excepción, y que dispensan con distintos grados de violencia simbólica y actual contra judíos, cristianos y musulmanes". Para ser justos debemos notar que ciertos grupos dentro de estas religiones también ejercen violencia simbólica y concreta contra personas no religiosas y sobre todo entre sí. Ahora bien, los gobiernos seculares racionales de Occidente también ejercen violencia concreta a una escala sólo superable quizás por los regímenes de Stalin o de Hitler, sólo que esta violencia supuestamente no es racial, es "políticamente correcta" y las invasiones son llamadas "liberaciones". El filósofo Giorgio Agamben nota que hasta la modernidad, el poder en Occidente estaba fundamentado en una dialéctica "entre el poder espiritual y el poder temporal" o más tarde en "derecho natural y en el derecho positivo". Pero: "Las democracias modernas y los Estados totalitarios del siglo XX se fundan, por el contrario, en un principio único del poder político, que se vuelve de este modo ilimitado. Lo que conforma la monstruosidad de los crímenes cometidos por los Estados modernos es que son perfectamente legales". Agamben agrega, sobre nuestra incapacidad de diferenciar al otro:

A este respecto, la responsabilidad de los medios de comunicación es flagrante. La indiferencia y la confusión que producen nos hacen de este modo olvidar que nuestra solidaridad con Charlie Hebdo no tendría que impedirnos ver que el hecho de representar de forma caricaturesca al árabe como un tipo físico perfectamente reconocible trae consigo el recuerdo de lo que hacía la prensa antisemita bajo el nazismo, en la cual fue forjado en este mismo sentido un tipo físico del judío. Si hoy se aplicara este trato a los judíos, un escándalo tendría lugar.

El Papa Francisco retomó las ideas de Benedicto XVI, quien había descrito a la racionalidad secularizada de Occidente como una corriente "post-positivista" a la que se le debe exigir una autocrítica. Según Traslosheros, quien recoge las declaraciones del Papa Francisco, esta racionalidad secularizada consta de una "mentalidad que desprecia a las religiones por considerarlas una especie de mal habida subcultura en permanente guerra contra la razón la cual, en el mejor de los casos, podría ser tolerada en el estricto ámbito de la vida privada" y "una repulsa constante que lleva a la inteligencia occidental a mostrarse ciega y sorda haciendo imposible un encuentro, ya no digamos el diálogo, generando constante hostilidad contra las personas que profesan alguna religión y contra las religiones".

De aquí que se experimente una especie de "colonización ideológica" en la cual la razón occidental relativiza el valor de todas las personas que no dan por sentado la superioridad de sus ideas, "un fanatismo que por ser políticamente correcto" pocos se atreven a denunciar. Este llamado autocrítico se empaña un poco por venir de la Iglesia Católica que ha practicado anteriormente la colonización ideológica y el exterminio de la otredad religiosa. Si bien, hay que decir que Francisco antes de criticar a esta "razón secularizada" ha iniciado un proceso autocrítico al interior de la Iglesia, celebrado enormemente por la razón secularizada de Occidente. En este sentido el Papa cumple una labor de pontífice (de puente) entre el mundo religioso y el mundo secular llamando al diálogo incluyente entre las minorías migrantes y las mayorías de países occidentales y predica con el ejemplo, aunque no se pueda olvidar del todo el lastre histórico de la Inquisición y la intolerancia de algunos miembros eminentes de la Iglesia Católica que en buena medida es la causa de que la "razón secularizada" le tenga tantas reservas y sea intolerante de las personas religiosas.

Twitter del autor: @alepholo

 

 

 

Estos son los países más felices del mundo según la ONU

Política

Por: pijamasurf - 01/26/2015

El ranking anual de la ONU tiene a Suiza y a los países escandinavos en los primeros sitios

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La Organización de las Naciones Unidas recientemente publicó su reporte anual de la felicidad mundial, en el que mide el bienestar conforme a una serie de variables estadísticas y percepciones individuales. En su reporte, la ONU sugiere que existe una tendencia política mundial a tomar en cuenta indicadores de bienestar (o el término altamente subjetivo de "felicidad") en las medidas públicas que realizan los gobiernos de distintos países.

Este año el país que aparece en primer lugar es Suiza, desde siempre visto como un pacífico oasis con una de las economías más sólidas del mundo. La economía parece ser uno de los factores importantes en los resultados, pero ciertamente no el único determinante. En segundo lugar aparece Islandia, un país que se destaca por su gran participación civil e independencia real de los organismos internacionales, además de una particular relación de cercanía y afecto con la naturaleza; le siguen Dinamarca, Noruega y Suecia: queda claro que los países escandinavos son líderes en el mundo en calidad de vida.

En América Latina, Costa Rica en el 12, México en el 14 y Brasil en el 16 ocupan los primeros lugares. Curiosamente México está un escalón arriba de Estados Unidos en este ranking, aunque los mexicanos migran a ese país de manera masiva.

Los países más infelices (Togo, Burundi, Siria) reflejan el malestar de la pobreza y, en casos como Siria y Afganistán, también el azote de la guerra.

 

 
 
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