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Te compartimos el secreto para poder beber alcohol sin emborracharte

Buena Vida

Por: pijamasurf - 04/29/2014

Por fin, el remedio que todos esperaban, la receta que te permitirá beber alcohol sin emborracharte (si es que eso tiene sentido).
Swimming Drunk, por Brian Rea "Swimming Drunk", por Brian Rea

Bueno, aunque no lo crean, parece que existe un método secreto, revelado por Esquire, para beber alcohol sin emborracharse. ¿Cómo? Muy fácil, sólo tienes que comer un poco de levadura activa antes de empinar la botella. Basta con una cucharada por cada cerveza que planees tomar (sí, lo sentimos, pero necesitas un plan) y entonces podrás retomar las riendas de tu cuerpo desbocado evitando el probable ridículo (aunque puedes seguir echándole la culpa al alcohol si algo sale mal).

La explicación: la levadura tiene una enzima llamada deshidrogenasa alcohólica, la cual es capaz de romper las moléculas de alcohol en sus elementos constituyentes (carbón hidrógeno y oxígeno). Esto es lo mismo que sucede cuando tu hígado metaboliza el alcohol, pero el proceso sucederá antes de que alcance el torrente sanguíneo y, por lo tanto, a tu cerebro.

Así, la levadura aminora los efectos del alcohol y protege tu hígado. Es probable que bebas porque te gusta emborracharte un poco, pero no te costará imaginar escenarios en que este consejo te pueda ser útil: algún evento familiar, una cita de trabajo, o quizá tienes algo importante que hacer el día siguiente, pero no quieres ofender a tu anfitrión rechazando su hospitalidad. Quién sabe, tal vez la bebida te sirve como placebo y logras sintonizarte con los demás retornando a tus estados primitivos, pero con la ventaja de poder despertar sin sentir que la fiesta sucedió dentro de tu cabeza.

Incluso la mujer que inventó el Día de las Madres odiaba la fecha por su consumismo desbordado

Buena Vida

Por: pijamasurf - 04/29/2014

Anna Jarvis pasó a la historia porque un día se le ocurrió celebrar a la Madre y reconocer así los logros de la mujer, sin darse cuenta que su idea sería transformada en una oportunidad más para lucrar y obtener ganancias económicas.

madresLa Madre es, fuera de toda duda, un símbolo poderoso, no siempre con los mejores efectos sobre la psique o la cultura pero importante en todos los casos. En algún momento de la historia de la humanidad, la fertilidad de la mujer se equiparó con la fertilidad de la tierra y ambas se veneraban como divinidades, a veces sintetizadas en una sola, como paradigma de la generación y sustento de la vida.

Con el tiempo, sin embargo, y en buena medida a causa del avance del sistema patriarcal, la Madre pasó a un segundo plano, quizá todavía venerada pero al mismo tiempo relegada a las alturas de un altar, marginada de la vida activa y las decisiones comunes. Entonces, para compensar, alguien inventó el Día de las Madres, por considerar que no se les reconocía como era debido.

Ese alguien, al menos en Estados Unidos, fue una mujer, Anna Jarvis, un personaje un tanto enigmático que tuvo la ocurrencia de organizar en una iglesia metodista de West Virginia el primer Día de las Madres de la historia, en 1908. Al comprobar el éxito de su convocatoria, Jarvis se apresuró a escribir y enviar unas cuantas cartas e impulsar así una campaña nacional de celebración materna a través de gestos simples pero emotivos: regalar un clavel blanco a tu madre, visitarla o acudir a la iglesia.

Para sorpresa de Miss Jarvis, su iniciativa fue bien recibida, aunque pronto se convirtió en algo que nunca quiso. Ya desde los primeros años del siglo XX, el sistema se apropió de la efeméride y, según su propia lógica, la convirtió en una más de sus mercancías. El Día de la Madres pasó entonces a ser un carnaval de consumismo, una inyección sentimental al mercado, la demostración del afecto por medio de las compras desenfrenadas: flores, chocolates, comidas costosas en restaurantes o, en tiempos más recientes, muebles, electrodomésticos, joyería, autos y muchos productos más.

Jarvis, es cierto, fue un tanto ingenua, pues en su momento recibió el apoyo del dueño de Wanamaker's, una de las tiendas departamentales más importantes de su época, quien seguramente se acercó a la mujer con propósitos claros en mente, los de la ganancia y las muchas ventas para sus almacenes.

Con todo, Miss Jarvis intentó desfacer lo provocado y en 1914, en los meses previos a que el Congreso de Estados Unidos otorgara al Día de las Madres carácter de fiesta nacional, realizó una segunda campaña pero ahora para impedirlo, criticando con encono a todo aquel que se lucraba con el afecto materno para provecho propio.

Pero el daño estaba hecho. Y con el tiempo incluso las madres aprendieron a medir el afecto de sus hijos a partir del precio del regalo que recibían.